Los celebrity chefs se convirtieron en nuevos líderes de opinión que influyen en las masas y producen mucho dinero.
¿Cómo terminó aceptando que le sirvieran pescado crudo en un sushi? ¿De dónde provino el deseo de su vecina por comprar una máquina para hacer pan? ¿En qué momento su amigo (sí, ese que era tan exitoso en las finanzas) renunció a un “puestazo” para abrir un restaurante? Si le resulta familiar cualquiera de estas situaciones es porque ha sido testigo de la importancia que en dos décadas cobró la gastronomía en nuestra sociedad, al pasar de ser un asunto netamente alimenticio a convertirse en todo un movimiento cultural que encontró en los medios de comunicación la oportunidad de expandirse por los cinco continentes.
En este camino, los programas de cocina han sido un pasaporte definitivo para abrir la puerta de intercambios culinarios entre culturas y dar nacimiento a la figura del celebrity chef, cocineros de relativo éxito local que gracias a la cobertura de los canales de televisión por cable se convirtieron en figuras reconocidas internacionalmente. Tal es el caso de nombres como Mario Batali o Emeril Lagasse quienes fueron los primeros “niños mimados” de la cadena Food Network, una de las pioneras en transmitir espacios culinarios 24 horas al día. Fue tanta la acogida por parte del público que no hizo falta mucho tiempo para que Latinoamérica se uniera a la fiebre y aparecieran las primeras señales dedicadas a temas de recetas y estilo de vida como El Gourmet, Utilísima o Casa Club. Fue entonces cuando personajes como Dolli Irigoyen, Donato de Santis o Sumito Estévez se tomaron las pantallas con sus preparaciones de cocina-estudio que se convertían en algo mucho más agradable gracias a un elemento clave: el carisma.
“Quiero estar en la cocina”
Con ese tipo de espacios se fue desmitificando un poco la cocina como un terreno difícil, pero además se modificó la percepción que muchos tenían del oficio de chef, especialmente en nuestro continente. Para Alejandro Manrique Escallón, director general del Instituto Superior de Gastronomía Mariano Moreno en Colombia, “la aparición de los chefs en la televisión nos mostró que no solo se podía adoptar la cocina como una forma de vida, sino que además, con una buena combinación de talento y disciplina, se alcanzaba el éxito. Antes, a las escuelas de cocina llegaban profesionales de otras carreras, que luego de alcanzar cierta estabilidad optaban por cumplir su sueño de ser chefs. Ahora acuden más jóvenes decididos a ejercer la gastronomía como su primera opción profesional, con todo el apoyo de sus padres”. La carrera de cocinero no es la única alternativa, sino que hay periodistas y consultores culinarios, enólogos, y otras actividades para quienes desean dedicarse a la gastronomía. El ejemplo más claro son los denominados foodies o fanáticos de la comida (podría traducirse en algo así como “comidistas”), individuos generalmente aficionados también a las redes sociales y nuevas tecnologías que, a diferencia de los gourmet, no se enfocan solo en la cocina refinada, sino que están al día en todo tipo de tendencias gastronómicas, desde carros de comidas hasta noveles chefs. Los foodies marcan tendencias, impulsan negocios o incluso pueden acabar con ellos a punta de malas críticas.
Gastronomía Inc.
De la afición del público por los espacios de cocina se derivó un segmento económico muy interesante. Empresas de comercio on line como Amazon.com reportan mensualmente un incremento en las ventas de sus divisiones de accesorios y productos de gastronomía, solo comparable con el de tecnología y entretenimiento. Cada vez hay más cocineros aficionados, sobre todo en el mundo masculino. Saber de cocina se ha convertido en un sinónimo de estatus, y muchos encuentran muy apetecible el plan de reunirse con los amigos a picar, pelar y mezclar, a tal punto que los apartamentos y casas con espacios contemporáneos cuentan en sus diseños con cocinas abiertas, involucradas intencionalmente con la sala o el comedor.
Hoy en día son pocos los chefs que no han publicado libros de recetas, o han prestado su nombre para una línea de cocina o de ingredientes gourmet. Personajes como Nigella Lawson o Rachael Ray han levantado verdaderos imperios bautizados con su nombre. En Colombia está el caso de los hermanos Jorge y Mark Rausch, quienes también han tenido su espacio en la pantalla chica con su programa Hermanos en la cocina y el reality-concurso Cocineros al límite. Los creadores de Criterión, considerado uno de los mejores restaurantes de Latinoamérica, hicieron su alianza estratégica con un reconocido supermercado que distribuye su línea de productos, e incluso aceptaron intervenir el menú de una multinacional de hamburguesas con sus versiones de menús y postres. En este tipo de dinámicas es inevitable plantearse la pregunta de hasta dónde los cocineros están dispuestos a poner su nombre a cambio de un beneficio económico, teniendo en cuenta que miembros de su mismo gremio como el chef inglés Jamie Oliver o el desaparecido cocinero español Santi Santamaría han enfocado su fama y carreras a promover la conciencia frente a la mala calidad de la comida que se sirve en algunos restaurantes de comidas rápidas. O por el contrario, si será positivo que un cocinero de renombre, cuya razón de ser es la buena mesa, ingrese a estos cuestionados escenarios “industriales” para implementar productos de mayor nivel.
Del fogón al infierno
Si bien el éxito de los programas de cocina parece haber contribuido al estatus de la profesión de los chefs, hay quienes consideran que esta figura se ha deteriorado con el formato de reality, que es la apuesta más reciente de algunos productores de programas gastronómicos, motivados por la misma exigencia de los televidentes que ya no se conforman con los programas de recetas. Tal es el caso del chef Gordon Ramsay con sus “gastro-shows” Hell’s Kitchen y Kitchen Nightmares. Este último ha sido reproducido en España con el título de Pesadilla en la cocina bajo la batuta del cocinero Alberto Chicote, quien al igual que el furibundo escocés escarba en las cocinas de restaurantes que van en declive, y les “saca los cueros al sol” para ayudarles a resurgir. El formato ha sido cuestionado por algunos críticos de televisión como Mikel Zorrilla, para quien “se notan mucho los hilos que mueven cada episodio”, y al mismo tiempo hay otros como el periodista gastronómico Iñigo Galatas, para quien los contenidos son acertados en la medida en que no están muy lejos de la realidad del negocio de la hostelería. “Podemos creer que es un montaje, pero en realidad sabemos que hay mucha más porquería en algunas cocinas de lo que nos parece desde el comedor. Un paseo por las mismas antes de sentarnos a comer, evitaría muchos males”, concluye.
Los más “taquilleros”
Según la revista Forbes, en el año 2012 estos fueron los chefs que más dinero hicieron:
- Gordon Ramsay: US$38 millones. Con su estilo agresivo, este chef nacido en Escocia cuyos restaurantes ostentan en conjunto más de 14 estrellas Michelin, ha logrado convertirse en el rey del rating de los realities culinarios. Sus dos programas más exitosos han sido Hell’s Kitchen (primero en versión inglesa y luego en Estados Unidos) y Kitchen Nightmares.
- Rachael Ray: US$25 millones. Es la diva consentida del canal Food Network. Su éxito ha radicado en las recetas de cocina rápida. Su primera edición de 30 minute meals (Comidas en 30 minutos) vendió en la primera semana en las librerías cerca de 10.000 ejemplares. Fue considerada en 2006 por la revista TIME como una de las cien personalidades más influyentes. Es imagen de marca de empresas como Nabisco y Dunkin’ Donuts.
- Wolfgang Puck: US$20 millones. Este chef australiano saltó a la fama como creador del famoso restaurante Spago, considerado desde hace más de una década uno de los mejores de Estados Unidos. Su emporio ha montado más de 25 restaurantes en diferentes lugares del mundo. Aparte de presentar sus propios programas de cocina, ha participado en series como CSI, Los Simpson, El show de los Kardashians e incluso prestó su voz para el personaje de pitufo cocinero en la película animada.
- Paula Deen: US$17 millones. Empezó vendiendo sándwiches puerta a puerta, luego de divorciarse de su primer esposo y quedar con 200 dólares en el bolsillo y dos hijos pequeños. Con sus recetas clásicas de la cocina sureña, esta ama de casa y empresaria se echó al bolsillo a la audiencia de los programas de cocina. Ha recibido muchas críticas por sus recetas donde abundan la mantequilla y el azúcar.
- Mario Batali: US$13 millones. Fue una de las primeras estrellas del canal Food Network que cautivó a la audiencia con su dominio de la cocina italiana tradicional. Su nombre está en una completa línea de utensilios de cocina y es el líder de una fundación para combatir el hambre infantil en el mundo. Es famoso por criticar a Gordon Ramsay y afirmar que “su cocina es bastante aburrida”.


