Revista Diners
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Fernando Cárdenas habla sentado en un sillón de tela roja, frente a una biblioteca de madera y metal que no deja un hueco libre. Viste camiseta negra, junta las manos cuando busca una palabra y, a su lado, hay plantas y una taza. Así aparece en el video con el que presenta su libro. Nació en Santiago de Chile en 1972, fue reportero internacional, escribió para más de 25 medios y se instaló en Colombia, donde hoy es docente de la Universidad Externado y trabaja con colectivos de comunicación en zonas de conflicto.
¿Qué lo motivó a qué la naturaleza fuera la protagonista del libro?
Durante muchos años recorrí Colombia como periodista, documentando las huellas que dejaba el conflicto armado. Pero en esos viajes descubrí que había una historia que pocos habían contado: que el conflicto no solo dejó víctimas humanas, también dejó ríos contaminados, bosques destruidos, animales desplazados y ecosistemas profundamente heridos. Revisé mis viejas crónicas, las volví a leer y supe que debía investigar de nuevo, poniendo el foco en un nuevo protagonista: la naturaleza.

Usted siempre contó la guerra desde las personas. ¿Qué cambió?
Siempre he trabajado en zonas de conflicto y, por lo general, uno se focaliza en las víctimas, en sus afectaciones. Esta vez quise darle una mirada desde otra orilla del periodismo: ver a la naturaleza como víctima del conflicto armado, una víctima silenciosa.
Una de esas crónicas guardadas ocurrió en la zona del Darién colombiano. En sus días como reportero, Cárdenas viajó a esa selva con el fotógrafo Carlos Villalón, también chileno, y vivió un tiempo en un campamento maderero. Entonces escribió sobre el tráfico de personas y los cultivos ilícitos. Años después, al releer sus notas, vio lo que se le había escapado: allí, dice, «los árboles financiaban la guerra».
¿Por qué un cómic para un tema tan serio?
Yo antes trabajaba la crónica con el texto como protagonista, y eso era para audiencias ilustradas. Al visitar proyectos en Cauca, en Chocó, en el Pacífico nariñense, en Guaviare, en Catatumbo, en el sur de Bolívar, en Sucre, me di cuenta de que el texto y la gente no conviven de una manera armoniosa. Allá se expresan con el dibujo, la música, el canto, las emisoras comunitarias. Son temas serios que afectan al país, pero se pueden contar con un lenguaje más versátil para esas audiencias.
¿A quién le habla el libro?
A mis estudiantes, a las nuevas audiencias que tienen la conciencia del scroll. El cómic siempre es una puerta para entrar a las profundidades de los temas. Un verde más oscuro se lee en unas horas, y eso lo hace un ejercicio válido tanto en las zonas rurales como en las ciudades.
El recorrido pasa por las aspersiones aéreas en Tumaco, la coca dentro de los parques nacionales, el burro cargado de dinamita en Chalán, Sucre, y los manatíes muertos por las voladuras de oleoductos. También por los hipopótamos de Pablo Escobar, una historia que Cárdenas siguió desde que visitó la hacienda Nápoles, cuando sólo había cinco o seis animales africanos. Cada capítulo cierra con una visualización de datos que lleva el caso al panorama nacional.

¿Cómo se cuenta un río como víctima?
La JEP hizo un informe muy juicioso sobre cómo los ríos son usados como cementerios, con unas cifras absurdas. Yo hice el recorrido por el río Cauca, por todo el norte del Valle; es un road trip en el que vas encontrando cadáveres. Pero son las mismas comunidades las que hablan, las que habitan el territorio y se expresan como testigos, como diálogos, como viñetas.
¿Cómo se convierte una fotografía en viñeta?
Desde las fotografías originales de esas crónicas hicimos todo un proceso de transformación para llegar a las viñetas y contar las historias desde otro ángulo. En una parte trabajamos con inteligencia artificial; en otra, a mano: la colorización a dos tintas, solo con verde, los personajes, el storyboard. Las herramientas digitales todavía no son perfectas y hace falta la parte creativa, artesanal.
Durante los últimos años, mientras fortalece procesos de comunicación en los territorios, Cárdenas ha caminado trochas, veredas y montañas con un morral a la espalda y una sonrisa cálida que conecta de inmediato con los colectivos que visita en Nariño, Cauca o el sur de Bolívar. Allí les enseña a narrar su territorio con sus propias palabras y saberes, desde los micrófonos de sus emisoras y desde sus propias historias. Esa es también la esencia del libro: volver a los lugares donde ocurrieron los hechos y devolver las historias a las manos de sus verdaderos protagonistas.
El libro aborda otra mirada, ¿quizás desde la esperanza?
No quería que el mensaje fuera tan deprimente, así que cuento historias de comunidades en resistencia. Una profesora en Miraflores, Guaviare, trabaja la conciencia ambiental con sus alumnos a través de una cámara fotográfica que se le había dañado y que desde Bogotá ayudamos a recuperar. Hacen un álbum de captura de especies y ya tienen más de cien aves mapeadas. Esas historias le dan un poco de esperanza al epílogo, para que el libro se cierre en punta.
¿Qué espera que quede después de leerlo?
Queremos que esta historia contribuya a construir memoria y una conciencia ambiental.
¿Cuál es el impacto que espera tener de este libro?
Que vuele alto muy alto. Conversando con amigos me gustaría animarme en un futuro a hacer Un verde oscuro Latinoamérica documentando la naturaleza cómo víctima en Brasil o la Amazonia. Ya veremos.
Ya son 25 años en Colombia y no piensa devolverse a Chile: «Me voy a quedar aquí, en mi vejez». Aquí, donde los ríos y las selvas todavía esperan que alguien cuente su historia.
El libro llega a los lectores de la mano de Mediapluma Editorial, un sello independiente fundado por el editor Juan Sebastián Sabogal que en los últimos años se ha ganado un lugar en el mercado editorial colombiano con títulos de no ficción sobre el país, como ¿Quién manda en Colombia? Con Un verde más oscuro, la editorial apuesta por el cómic periodístico como otra forma de contar el conflicto y abrirle espacio a una víctima que rara vez aparece en los libros: la naturaleza. El libro ya está disponible en Librería Nacional, Fondo de Cultura Económica, Búsqueda Libre, Panamericana, Tornamesa y otras librerías que se pueden consultar en la página web del libro.
(Continúe leyendo: El que es Caballero, tres veces repite)


