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“El de Bogotá fue el último concierto que hice con público sin mascarillas”: Jorge Drexler

El cantante y compositor uruguayo estrenó Tinta y tiempo, su primer álbum en cinco años. Diners habló con él sobre su proceso de creación.

Foto: Cortesía Sony Music

El cantante y compositor uruguayo estrenó Tinta y tiempo, su primer álbum en cinco años. Diners habló con él sobre su proceso de creación.

Cuando Jorge Drexler toca en vivo la canción Silencio, hay una parte de la presentación en la que todo para. El público se queda inmóvil, sin hacer ningún ruido, casi sin respirar. Él también se calla, se queda quieto y las luces se apagan. Todo permanece así por unos segundos y luego la canción se reanuda. Esto pasa tres veces durante la interpretación. 

La experiencia del mutismo colectivo a un nivel más o menos masivo es conmovedora: da calma, pero también ansiedad. Envuelve, en todo caso, mucho más que la algarabía. Y siempre da la sensación de que algo raro va a pasar. 

Así pasó cuando la interpretó en Bogotá el 7 y 8 de marzo de 2020: ese incómodo y extendido momento de silencio anunció el principio de una dura época sin precedentes de la que todavía estamos saliendo: la pandemia. 

Jorge Drexler estuvo en un tour que se llamó Gira Silente que duró un año y que lo llevó a más de 80 ciudades.  Luego, se presentó en Colombia y viajó a Costa Rica, en donde seguiría su recorrido. Pero ahí cayó la pandemia del COVID-19 y todo se trastornó.

En esa gira, el médico, músico, compositor, guitarrista y cantante uruguayo tocó canciones seleccionadas de los 11 álbumes de estudio que había lanzado desde 1995, cuando dejó la medicina y se fue a España a vivir de la música con el impulso de Joaquín Sabina —cantante, poeta y pintor español—. 

En 2020, Jorge Drexler ya había empezado a escribir algunos bocetos de canciones de su siguiente álbum, pero con todo lo que pasó, Tinta y tiempo pudo ver la luz dos años después de su visita a Bogotá y del principio de la pandemia en esta parte del mundo.

Así es el álbum

Tinta y tiempo es un álbum de diez canciones. La primera, El plan maestro, la canta con Rubén Blades. Esta es una de las cuatro colaboraciones que tiene el proyecto. Las otras tres son con C. Tangana, Noga Erez y Martín Buscaglia. 

Varias de las canciones tienen a una orquesta sinfónica que acompaña los instrumentos fijos, con diferentes ritmos. En esta colección de canciones, Jorge Drexler trata algunos temas recurrentes en su carrera de casi tres décadas: diferentes formas del amor, reflexiones sobre el arte y la escritura. También sobre la tecnología. 

A propósito del lanzamiento de este nuevo proyecto —que, según Drexler, corrió el riesgo de nunca llegar a existir— y del anuncio de su concierto en Colombia, Diners habló con él sobre las dificultades que representó componerlo y grabarlo. Esto dio pie para conversar acerca del ejercicio de escribir y de cómo encontrar una voz propia, alejada de los referentes, entre otros temas. 

Su último concierto antes del encierro fue en Bogotá…

El de Bogotá fue el último concierto que hice en mi vida con gente sin mascarillas. Fue la última vez en la que después de la presentación salimos a festejar sin ningún tipo de restricción. 

Usted suele sacar un disco cada dos años, aproximadamente, pero esta vez pasaron cinco…

Los procesos de hacer discos se han ido alargando no por otra razón diferente a que cada vez tengo más giras, cada vez me requieren más para dar conciertos en diferentes partes. 

A mis discos les ha ido mejor progresivamente. Cuando hice Vaivén (1996), el primer álbum que grabé aquí en España, a la semana ya se sabía que iba a ser un fracaso comercial. Me dijeron: ‘Si tienes más canciones, hacemos otro’. Grabé Llueve casi inmediatamente después, porque no tuve que salir a dar conciertos. Que se vaya estirando el periodo entre discos es un indicador de que las cosas están saliendo bien, de cierta manera. Quiere decir que hay trabajo. 

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¿Y esta vez se alargó un tiempo extra por cuenta de la pandemia?

Sí. Tendría que haberme metido a hacer el disco en 2020, que fue cuando se nos desbarataron los planes a todos. Viví ese tiempo con mucha incertidumbre, como todo el mundo. Pero para alguien que se dedica a escribir canciones, esa incertidumbre se extendió al área creativa. 

¿Cómo se manifestó esa incertidumbre?

Durante el encierro tuve una dificultad bastante grande para componer porque sin mostrar las canciones, sin compartirlas, me costaba mucho terminarlas. Me di cuenta de que la composición no sería posible sin el otro. Antes de esto, yo no era consciente de hasta qué punto tenía presente a las personas como espejo o reflejo mientras escribía las canciones. Se me reveló la importancia de estar en contacto con los demás incluso para un acto solitario como el de escribir. 

¿Cuál diría que es el tema de Tinta y tiempo?

Mira, todavía no tengo una percepción muy establecida del disco, aunque te parezca mentira por haber sido yo el que lo hizo. Desde que lo terminamos, solo lo he vuelto a oír entero una vez, hace unos días, y me quedé muy contento porque ya le había perdido la pista. Pero todavía no le tengo un recuento temático. De hecho, no suelo escribir los discos por temas. 

¿Entonces cómo?

Para mí, para Jorge Drexler, el acto de escribir una canción es parecido al de hacer un collar: agarro una cuenta de un color que me gusta, la pongo en un hilo y busco otra que combine con esa. Cuando ya he hecho medio collar, me doy cuenta de que hubo un patrón en común entre las cuentas, pero no lo noto en el momento de hacerlo, sino después. 

Pero sí hay algunos temas recurrentes en este álbum y en toda su discografía, en general. 

Son la identidad, la relación con el acto de escribir canciones y el amor como fuerza motriz genérica. Más allá del amor de pareja, en El plan maestro, la canción que abre el disco, hay una historia biológica del amor: hace 1.600 millones de años, una célula, por primera vez, se unió a otra para producir un organismo. 

Ahí nació todo: el amor, el sexo. Estalló la naturaleza y en muy pocos millones de años la diversidad biológica se multiplicó exponencialmente. 

Luego también intento tratar otras formas del amor. Corazón impar o Cinturón blanco exploran el amor de pareja y sus complejidades. El día que estrenaste el mundo es una canción dedicada a la primera foto que se saca uno con su hijo.

La impronta de Jorge Drexler se nota en otras cosas, no solo en los temas: el otro día oí una canción interpretada por alguien más e identifiqué que era una composición suya sin conocerla de antes… ¿qué piensa de eso?

Pues antes que nada me pone muy contento: todos aspiramos a tener un sello, un sonido, algo que la gente pueda reconocer. Está bien si uno logra en su propia voz, pero mejor si se reconoce incluso en la voz de otro, porque eso quiere decir que hay un estilo compositivo marcado. 

¿Qué se necesita para lograrlo?

Sobre todo, creo que un autor necesita persistencia. Al principio, las composiciones tienden a parecerse a algún modelo específico. Las primeras canciones que yo escribía o eran muy de Jorge Drexler, más bien estaban divididas en dos mitades: medio Jaime Roos y medio Fernando Cabrera, que eran los dos músicos uruguayos que yo tenía como referentes absolutos. Uno podía oír una de mis canciones y, muy fácilmente, identificar cuál era el fragmento Roos y cuál era el fragmento Cabrera. Era muy gracioso. 

Muchas veces hago ese ejercicio cuando oigo a un artista: intento descomponerlo y saber qué parte de sus canciones fue basada en cuál referente. Cuando oí por primera vez a Djavan, un artista brasilero que tiene una personalidad completamente propia y definida, pensé: Ah, es una mezcla de Milton Nascimento y Gilberto Gil. Y no es así. 

O sea que no siempre se acierta al buscarle los referentes a un artista…

Exacto. Eso quiere decir que, si bien los compositores tienen referencias concretas, el público también tiene unas predisposiciones basadas en asociaciones con cosas que ya conoce. Recuerdo que una vez vi un cuadro de un pintor japonés del siglo XVIII que se fue a visitar una campiña inglesa. 

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Sus imágenes me parecían paisajes japoneses, pero es porque yo ya estaba acostumbrado a ver sus pinturas de lugares orientales, así que me negaba a ver su cuadro de la campiña inglesa como algo europeo. La belleza y la identidad también están en el ojo del testigo. 

Usted ha contado que haciendo otros discos se ha autoimpuesto limitaciones para exprimir su creatividad, como hacer Salvavidas de hielo solo con guitarras.  Incluso ha citado una frase de Stravinsky…

Entre más me limito, más me libero. 

Esa. ¿Para este disco se puso alguna limitación a propósito? 

No que recuerde. El mundo nos impuso en tal grado un número tan grande de limitaciones que fue más trabajoso eludirlas que disponerme a recrearlas. Fue muy raro mi proceso de composición y muy extendida la producción. Pasé, como mínimo, por cinco etapas de búsquedas sonoras bastante definidas. 

¿Cuáles?

La primera fue aquí, yo solo, en mi estudio, aquí mismo donde estoy hablando contigo; la segunda, con mi hijo, Pablo, y con C Tangana; otra fue con Didi Gutman, en su estudio, haciendo una primera maqueta de gran parte de las canciones; una cuarta fase fue en el maquetado general con Campi Campón y una quinta fue en el estudio de grabación cuando entraron los instrumentistas fijos, la batería, el bajo y, sobre todo, la orquesta, que nos revolucionó el mundo del disco y nos dejó en un lugar nuevo. Fue un álbum largo de hacerse, engorroso. Corrió la posibilidad de que no llegar a existir. 

En este álbum tiene una canción que se llama ¡Oh, algoritmo! En ella, da una visión crítica de los usos que les damos a la tecnología, como ya lo ha hecho en otras canciones. ¿Qué opina de este tema?

Creo que todo esto debe ser visto sin dramatismo. Hay que entenderlo con el tamiz de que las épocas cambian, la manera de oír música cambia y eso está bien. No hay que tenerle miedo a eso, no hay que tener discursos apocalípticos sobre la información o la música. Esa es una opinión nueva mía. 

¿Por qué? 

Apenas cuando estamos saliendo de una pandemia, se ha declarado una guerra en Europa de magnitudes insospechadas todavía, con una catástrofe humanitaria, dos millones de ucranianos desplazados y la posibilidad de una escalada mundial de este conflicto. Entonces llevo un par de días pensando en que deberíamos relajarnos un poco con nuestros juicios sobre las redes sociales. En este momento tenemos algunas cosas más graves por las que deberíamos preocuparnos. Pero lo que sí puedo decirte es que el enemigo de la música no es una red social, tampoco la música que hagan otros colegas. 

¿Cómo entiende Jorge Drexler las redes sociales? 

Las redes sociales son herramientas, así que usémoslas bien. Intentemos que nos hagan mejores personas, nos ayuden a trabajar y a vincularnos con las personas que nos interesan. No hay que dejarse tragar por la capacidad de seducción y adicción que tienen. Hay que tener cuidado. También hay que pensar en que el ser humano es una especie que siempre ha sabido buscar adicciones. 

Para terminar, ¿puede poner un ejemplo de esas adicciones?

Tenemos la misma relación con las redes sociales que con el alcohol, que ha generado kilómetros de buenos versos y ratos agradables, pero también una gran cantidad de problemas dramáticos y de muchos sacrificios. Hay que saber relacionarse con la tecnología, porque nos hace humanos. 

Somos humanos porque somos conscientes del carácter efímero de nuestra naturaleza y porque usamos herramientas para complementar las cosas que les faltan a nuestros organismos. Hoy, hasta los curas tienen computadores, así que hay que saber usarlos. 

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Abril
22 / 2022

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