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¿Qué son los NFT y por qué valen millones de dólares?

El auge de los tokens no fungibles (NFT) va más allá del deseo de coleccionar obras digitales. Es un universo en pleno apogeo y Diners le explica en qué consiste. 

Foto: Ilustraciones por Jorge Ávila / Instagram @jorgetukan

El auge de los tokens no fungibles (NFT) va más allá del deseo de coleccionar obras digitales. Es un universo en pleno apogeo y Diners le explica en qué consiste. 

El 11 de marzo del 2021 el mundo del arte se sacudió con la venta de Everydays: The first 5.000 Days, que alcanzó los 69,3 millones de dólares en una subasta de la casa Christie’s y rompió los récords de obras digitales; aunque, en realidad, no era una sola obra, sino un collage de dibujos y animaciones realizado por Mike Winkelmann, más conocido como Beeple, en los últimos cinco mil días. 

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Casi un mes antes, en febrero, el meme del Nyan Cat, un felino animado que a medida que avanza hacia la derecha de la pantalla deja un rastro de arcoíris, llegó a los 580 mil dólares en una puja. Sin embargo, no se trataba de ninguna novedad, pues este gato fue creado por Chris Torres más de una década atrás y se ha compartido millones de veces. 

Más tarde, el 21 de marzo, Jack Dorsey, cofundador y director ejecutivo de Twitter, vendió el primer trino que se publicó en esa red social y que salió de su propio perfil: @Jack, por 2,9 millones de dólares. En él se leía Just setting up my twttr’ (configurando mi cuenta Twttr). 

Así que al terminar marzo, Kevin Roose, columnista de tecnología del New York Times escribió sobre el repunte de los NFT, “La moda más polémica en el mundo de las criptomonedas”. La convirtió en NFT, la puso en subasta y después de más de treinta ofertas, vendió la columna por cerca de 560.000 dólares. 

¿Qué son los NFT?

Los cuatro ejemplos fueron vendidos en la forma de NFT o token no fungible (Non-Fungible Token, por sus siglas en inglés).

En términos simples, el token es una unidad de valor, que corresponde a una moneda de intercambio (en estos casos se trata de una criptomoneda, como bitcóin, ethereum o tezos). Y no fungible significa que esa pieza es única e incorruptible. Que no puede ser reemplazada, independientemente de que se haya visto y compartido antes o de que se vaya a seguir viendo y compartiendo infinitamente a posteriori

De esa manera, cuando un autor o creador “tokeniza” una pieza digital y la pone a la venta como NFT, esta se convierte en la pieza original. ¿Por qué? Porque el el NFT es el certificado de autenticidad, contenido en un archivo indisoluble a la obra y almacenado en una cadena de bloques o blockchain, una gigantesca base de datos global, de acceso público, en la que se registran todos los datos de la obra. Entre ellos, la firma digital del artista, la fecha y el lugar de creación, y todos los movimientos y transacciones relativos a ese NFT. Incluido un certificado digital de propiedad del comprador, una vez ha sido pagada en la criptomoneda respectiva. 

NFT
Ilustración por Jorge Ávila / Instagram @jorgetukan

¿Equivalentes al Guernica de Picasso?

El Nyan Cat tokenizado, por ejemplo, sería el equivalente de una pintura original como Guernica, de Picasso. Y los cientos de reproducciones y copias que se han hecho de ella (tarjetas postales, catálogos, camisetas, libros, etc.) se equipararían a las veces que ha sido compartido virtualmente

Sin embargo, al tratarse de una pieza digital, el comprador no recibe ningún soporte físico ni material. Aunque excepcionalmente es posible que reciba un archivo descargable de alta o baja resolución con la imagen que acaba de adquirir.

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Esto significa que el NFT de esa pieza queda guardado en la billetera digital del nuevo dueño, la misma desde la que han salido las criptomonedas con las que pagó el NFT. 

¿Por qué pagar tanto por algo tan etéreo?

Precisamente, a causa de esa desmaterialización se ha planteado la pregunta acerca de cómo se puede comprender el deseo del ser humano por sentirse poseedor de una obra de la que no existe ningún soporte físico concreto y por la que se puede llegar a pagar mucho dinero.

“En efecto, es tener algo sin tenerlo. Es la virtualidad de la virtualidad, ya que en primer lugar se trata de obras digitales, y en segundo, el certificado NFT es virtual. A pesar de ello, sí se puede hablar de una especie de materialidad, pues tanto la obra como el certificado están almacenados en servidores gigantes, con forma de galpones. Algunos de ellos se encuentran, por ejemplo, en Islandia, pues el clima frío favorece que las máquinas que almacenan todos estos datos no se recalienten”, explica Jorge Sanguino, filósofo de la Universidad Javeriana e historiador del arte de la Universidad Humboldt de Berlín. 

En todo caso, la materialización de esta virtualidad, representada en el funcionamiento de estos servidores ha sido uno de los talones de Aquiles de los NFT, puesto que los costos ecológicos que implica hacer movimientos en ethereum son enormes. Producen un gasto energético altísimo, a tal punto que se estima que una transacción equivale a conducir alrededor de 700 kilómetros e incluso al nivel del consumo anual de energía de Irlanda, por lo que muchos artistas y coleccionistas migraron a plataformas tezos

Comprender en qué consiste este universo

De todos modos, no se puede ignorar que, en el contexto actual, la mayoría de seres humanos pasan más tiempo frente al computador que en la sala de su casa, donde es posible que cuelgue algún cuadro.

De ahí que no resulte exagerado asegurar que es factible que se haya visto más veces la imagen del escritorio de la pantalla del computador o del fondo del teléfono, que bien podría ser una obra digital “tokenizada”. Esto se verá reforzado en generaciones mucho más jóvenes que tienen una relación más directa con el mundo virtual. 

Por ejemplo, el artista e ilustrador chileno Alberto Montt, conocido por sus series Ansiedad y Dosis diarias, y quien recientemente ingresó al mundo de los NFT, asegura que después de haber comprendido en qué consiste este universo, descubrió que los coleccionistas de NFT tienen pantallas en las que ponen a rotar los que han adquirido para verlos y mostrarlos. 

Parte de lo que la gente está comprando es el relato, creo que para muchos es tan importante decir que tienen un NFT, como mostrarlo y verlo. Es un fenómeno rarísimo, que apela a lo esnob del ser humano; aunque también puede entenderse desde la necesidad de contar algo novedoso, algo diferente de lo que vemos y oímos hasta saturarnos en los medios y en las redes. Entonces, compran el relato de lo que hubo detrás de esa compra, que, de hecho, es un proceso largo, costoso y dispendioso”, comenta Montt. 

Necesidad de poseer y ser recordados

Por su parte, el artista colombiano Joaquín Restrepo sostiene que los miembros de las civilizaciones antiguas dejaron testimonios “de esa territorialidad del ser humano, ligada a la necesidad de sentir que tiene pertenencias. Los egipcios, por ejemplo, llenaban las tumbas de cosas para que el muerto pudiera llevárselas al otro lado”. 

Desde esa misma vía también puede entenderse como la posibilidad de ser recordados. “Es como cuando los mecenas de los museos hacen una contribución importante –dice Restrepo–, les pegan en un lugar privilegiado una placa con el nombre. Aunque hoy parezca tonto, el mundo digital del futuro podría reconocer a los precursores de los NFT, pues teniendo en cuenta que la blockchain actúa como una especie de archivo, en el que todos los movimientos quedan registrados, los nombres de los titulares de estos primeros NFT van a ser preservados”.

TOTEMs no fungibles
Cernere (2020), Joaquín Restrepo.

Otros caminos

Hay quienes creen que comprar actualmente un NFT podría considerarse una inversión con un gran potencial a largo plazo, puesto que más adelante podrían convertirse en lo que son hoy las primeras ediciones de grandes clásicos de la literatura, por ejemplo. 

En ese sentido, para algunos, comprarlos es esencialmente una inversión en piezas digitales. A propósito, Sanguino recuerda que en el coleccionismo de arte existen las famosas bodegas Freeport, en las que muchos coleccionistas “dejan guardadas obras de arte costosísimas que compran por inversión y nunca las van a llevar a su casa ni se van a interesar por su estado. Esto se debe a que el coleccionismo de arte es un instrumento financiero”.

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De ahí que Sanguino se pregunte si la adquisición de NFT está relacionada con “una necesidad de colección o si lo que están haciendo es tratando de crear instrumentos financieros a través de la colección”. 

Primero se pensó como método de certificación

De hecho, no hay que olvidar que el primer uso que se había pensado para la “tokenización” era certificar el objeto material de una obra digital. Es decir, para incrementar la confianza de los coleccionistas que adquieren video, fotografía u otro arte digital, pues el certificado de originalidad quedaba soportado en la blockchain y no en la galería misma.

“Ello, teniendo en cuenta que son artes reproducibles y para algunos no tienen el mismo valor que una pintura, por ejemplo, pues les genera la idea de que esas obras carecen de algo. Es lo que decía Walter Benjamin, la originalidad como el aura de la obra de arte. Así que el NFT, en el arte, lo único que está abriendo es un nuevo mercado, como si la certificación se hubiera vuelto la obra de arte”, apunta Sanguino. 

“Algo en nosotros nos obliga a querer tener el original, el único. La escasez nos es atractiva y nos hace darles a las cosas un valor que siempre es abstracto, siempre es una convención. ¿Por qué habría alguien de pagar por algo a lo que le puede sacar un pantallazo o ver gratuitamente en YouTube? Creo que la lógica es la misma que la de la gente que decide comprarse un par de zapatillas de marca y no su copia en el mercado negro”, complementa Montt.

Sin intermediarios

En esa dinámica de búsqueda de lo escaso y lo original, no hay que perder de vista que los NFT les ofrecen a los artistas la posibilidad de entrar en contacto directo con el mercado, en la medida en que no se necesita de intermediarios, como las galerías. 

Este mundo democratizó el arte porque les entrega las herramientas a los artistas para que hagan la promoción y difusión de su propia obra. Para mí es el paso siguiente, pues después de que terminaba, por ejemplo, una exposición virtual, podía eventualmente vender una parte, pero el resto, que me había tomado años hacer, quedaba guardado en discos duros. Así que los NFT son una manera de darle continuidad al trabajo. Es más, algunos coleccionistas planean hacer una especie de museos de sus NFT”, explica Restrepo.

En abril, Restrepo vendió su NFT Intimus I por 0,71 ethereum.

«Se revalorizan los contenidos» 

Montt sostiene que lo que considera más atractivo es el hecho de valorizar los archivos digitales a través de las blockchain. “Un amigo podía hacer un trabajo con papel y se demoraba una hora, pero ese trabajo era percibido con más valía que el mío por ser digital, a pesar de que yo había invertido tres horas en él. Entonces, siempre sentí que era injusto. Era como si la gente sintiera que no existía, que era basura que se compartía y que no tenía por qué pagarlo. Para mí, lo valioso es que se haya generado este espacio en el que se revalorizan los contenidos a través de estos certificados de autenticidad”.

Sin embargo, Restrepo precisa que, paralelamente, “existen unos efectos secundarios con los que toca lidiar; el primero es que hay que aprender cómo funcionan las blockchain y entender de criptomonedas. Los artistas no estamos para jugar a Wall Street, sino para crear obra».

«A eso se le suma el hecho de que la autopromoción es muy complicada», complementa, «porque se tiene que lograr llamar la atención de los coleccionistas. Eso requiere mucho tiempo en redes sociales, pues los NFT cogen fuerza y generan ventas a medida que se tiene una comunidad alrededor; entonces, hacer todo eso puede implicar quitarle tiempo a la creación; aun así, no deja de ser novedoso y, por eso mismo, fascinante”.

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Montt coincide, pues asegura que haber entrado en este mundo le ha obligado a estudiar animación. “Es algo que nunca había hecho y lo estoy haciendo para esto. Me atraen los lugares donde tengo que empezar a jugar. El mercado de los NFT es un espacio donde me siento ahora como niño en una caja de arena. Quiero que la gente se enganche. Que tenga ganas de coleccionar cosas. Que quien conocía mis ilustraciones pueda conectarse desde este espacio y me diga ahora esta es mía. Me gustaría pensar que alguien está dispuesto a coleccionar lo que le gusta… Al final, de eso se trata”, remata.

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Septiembre
29 / 2021

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