‘La línea rosa’: diez historias de personas queer alrededor del mundo

En una reciente visita a Bogotá, Diners conversó con el escritor sudafricano Mark Gevisser sobre ‘La línea rosa’, un libro en el que comparte las historias de personas queer en territorios y condiciones únicas.
 
‘La línea rosa’: diez historias de personas queer alrededor del mundo
Luis Cortés / Unsplash /
POR: 
Adrián Osorio

Queer, cuir o kuir. Un término corto, sonoro, en ocasiones incómodo, pero definitivamente poderoso. No importa cómo la escriba, esta palabra se ha convertido en la bandera de todos aquellos que se relacionan con una identidad de género y sexual diferente a la heterosexual y cisgénero. De allí proviene la Q que se integra en las siglas LGBTIQ+; sin embargo, acoge también al resto de letras e identidades debido a su origen plural.

Esta corta palabra es la génesis de un movimiento social en torno a la orientación sexual y a la identidad de género que ha llegado a dividir el mundo de una manera completamente nueva. De hecho, según señala el libro: “no existe ningún movimiento social en la historia que haya logrado cambios tan rápidos y con resultados tan variados como este”.

Mientras en siete paises de Latinoamérica el matrimonio gay ya es legal, en otras partes del mundo se fortelecen leyes para penalizar la homosexualidad y la inconformidad de género. Estas discrepancias son las que aborda el escritor sudafricano Mark Gevisser en su libro La línea rosa: Un viaje por las fronteras queer del mundo.

La línea rosa Mark Gevisser

El libro es una recopilación de perfiles sensibles y sorprendentes de personas queer en distintos lugares de esta “línea rosa” que propone Gevisser, una línea divisoria entre las leyes de un territorio y las de otro. “El objetivo dominante de este libro, si lo tiene, es mostrar que no hay una sola manera de existir”, escribe el sudafricano.

Así, entonces, presenta a 10 personas en distintos países. Aunty, una refugiada de Malaui en Sudáfrica, Michael, un refugiado en Uganda, Amira y Maha en El Cairo, Pasha en Rusia, Zaira y Martha en Guadalajara, Nadav y Fadi en Israel, y Liam Kai en Estados Unidos.

A propósito de su gira por Latinoamérica y de su visita a Bogotá, Diners conversó con Mark Gevissser sobre los siete años que tardó recolectando la información para La Línea Rosa, que se publicó por primera vez en 2020 y que este año llegó en español bajo el sello de Tendencias de Ediciones Urano.

Aunque lo menciona varias veces en el libro, quiero volver a preguntarle… De forma sencilla, ¿cómo define ‘la línea rosa’?

La línea rosa es una línea que divide, describe, define y divide el mundo entre aquellas partes del mundo que cada vez más respetan y aceptan los derechos de las personas queer y aquellas otras que, en reacción, se están volviendo más severas en su respuesta.

Para mí es un concepto importante porque define también a las personas queer. En una parte de la línea rosa, somos vistos como agentes extranjeros y personas que traen esta malvada cultura y amplitud secular. Desde el otro lado somos vistos como víctimas que necesitan ser salvadas. 

¿Cuáles fueron sus primeras intenciones con La línea rosa y qué tan similar es el resultado que obtuvo?

Como hombre gay que salió del armario en la década de 1980 y que estaba casado -porque Sudáfrica legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo en 2006- era consciente de que había una nueva conversación global sobre la orientación sexual y la identidad de género que estaba dividiendo el mundo.

Realmente no tenía una tesis pero sí buscaba entender dos cosas. En primer lugar, ¿por qué sucede tan rápido? y en segundo lugar, ¿qué impacto estaba teniendo en las personas que vivían en diferentes partes del mundo donde la conversación era diferente?

El concepto de la línea rosa llegó durante el proceso de investigación. Y el resultado son muchas respuestas a una misma pregunta. También encontré nuevas preguntas, porque en el proceso el debate cambió muy significativamente y los derechos de las personas transgénero se convirtieron en la nueva línea rosa. Mientras que los derechos de gays y lesbianas parecen estar bastante asentados en muchas partes del mundo. El mundo sigue cambiando. 

Mark Gevisser
Foto cortesía Ediciones Urano

Básicamente, su vida se detuvo y se enfocó durante siete años en la investigación y la escritura de este libro…

Para mí, el mayor regalo de mi trabajo es que me da la oportunidad de viajar y ser infinitamente curioso. Así que fue un momento de gran descubrimiento. Nunca antes había estado en lugares como México y fue fascinante encontrar los puntos en común, pero también ver las intensas diferencias de un lugar a otro.

En cierto modo la investigación de campo es la parte fácil. La parte realmente desafiante es cuando llevo todo a casa y lo pongo en mi escritorio. Eso tomó mucho más tiempo que viajar. Pero gracias a la revolución digital pude permanecer en contacto con todas las personas sobre las que escribía. Así que, de alguna medida, la investigación y la escritura estaban ocurriendo simultáneamente.

Al comienzo de la lectura deja claro que escribió este libro debido a la deuda que tiene con el amor. ¿Cómo es eso? ¿Por qué le debe algo al amor?

Creo que lo que nos da el amor, particularmente el amor romántico por la persona que amamos y el derecho de expresar ese amor, es una de las cosas que nos hace más humanos. Y esa es mi deuda con el amor. Tengo la suerte de que puedo expresar este amor en una pareja, y aunque alguien no tenga esa fortuna, o no esté buscando eso, solo saber que puede hacerlo es humanizador.

Entonces mi deuda con el amor es una deuda con una emoción que nos hace humanos y una deuda con una lucha que ha obtenido la victoria.

En el epílogo también dice que no todos los personajes queer de los que escribe eran sus primeras opciones ¿Cómo los eligió entonces?

Como periodista sabes que puedes planificar las cosas con mucho cuidado pero luego suceden de otra. Así que muchas de las decisiones fueron aleatorias. Como ¿por qué fui a México en lugar de Colombia? Estaba investigando sobre Medellín, pero salía más barato viajar a México.

Fui a Rusia por la forma en que Putin estaba tratando a la política de la línea rosa. Y elegí una historia de Uganda porque es conocido como el peor lugar del mundo para ser gay. Y Estados Unidos porque me parecía que había una nueva línea realmente interesante alrededor de las personas transgénero y, en particular, sobre los jóvenes y niños transgénero.

Fue una combinación de planificación y algunas decisiones bastante aleatorias. Me gusta pensar que encontré 10 historias emblemáticas.

Mark, ¿cómo lograr, o al menos intentar, que las difíciles historias que encontró no afecten su estado emocional? ¿Es siquiera posible?

No, no es posible, pero lo intentas. Hay un concepto de psicoterapia que uso como periodista y es el de empatía profesional. Este concepto significa que cuando estás en la habitación hablando con una persona estás totalmente allí, pero tienes que poder dejarlo cuando sales de ese lugar.

Hubo momentos en los que fallé y escribo eso en el libro. Por ejemplo, cuando me involucre en ayudar a Michael. Pero también creo que es natural dejarte afectar. Cuando comencé a trabajar como periodista en Sudáfrica, era un momento de agitación política, y mi editor me dijo que si yo iba a ser periodista tenía que desarrollar una piel gruesa. Y estoy en desacuerdo, creo que ser un buen periodista es tener la piel fina y ejercer la empatía profesional.

Aunque es un libro que reúne historias de otras personas, entre ellas también se cuenta la suya propia…

Este libro no es mi historia. No quiero que sea mi historia. Pero creo que el tipo de periodismo que hago siempre resulta mejor para el lector si pones tu cuerpo en la habitación. Si le haces saber quién eres.

En parte es una estrategia narrativa decirle al lector que vamos a emprender un viaje y que puede confiar en mí como su guía. Pero también siento que, debido a que crecí y cambié en este viaje, quiero que mi lector entienda eso.

Me sorprendió leer un par de veces sobre Colombia en el libro. Y sobre todo la claridad con la que resumió los hechos sobre las manifestaciones en torno a la identidad de género en el país. ¿Qué tanto investigó sobre las personas queer en Colombia?

Hace un tiempo conocí a José Fernando Serrano, un profesor de la Universidad de los Andes, porque escribió su tesis doctoral comparando los procesos de paz en Colombia y Sudáfrica. Desde entonces sigo de cerca su trabajo y me informo sobre Colombia. 

Y precisamente la gira de La Línea Rosa lo trajo a visitar el país…

Sí, estoy súper emocionado porque siempre me ha interesado Colombia. Estoy interesado en la forma muy particular en que la sociedad colombiana ha llegado a la diversidad legal y judicialmente. Al igual que en Sudáfrica, en Colombia hay una gran brecha entre la reforma legal y el cambio social, porque estos últimos son mucho más lentos.

Pero también es emocionante venir a un país donde hay esperanza y optimismo por un nuevo gobierno que está abrazando la paz, la reconciliación, la diversidad y la justicia social. También estoy muy interesado en la forma en que la ley colombiana acaba de permitir la identidad legal no binaria y espero conocer a algunos de los activistas que están trabajando en eso porque Colombia se está consolidando como un líder en la región.

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diciembre
13 / 2022