Enotria, el paraíso de los vinos italianos

En tiempos antiguos era considerada la fuente inagotable de los vinos mediterráneos. ¿Qué pasa hoy en sus tierras? descúbralo aquí.

La antigua Grecia, cuna de la civilización occidental, nos confirió el primer sistema de gobierno democrático. También nos iluminó con disciplinas como la filosofía, la ciencia y la medicina, y con uno de los más largos listados de deidades divinas para conectarnos con la espiritualidad y el más allá.

Entre los cientos de palabras con raíces griegas está oinos (vino). De esa raíz se desprenden expresiones como enología, o sea, la ciencia consagrada a la elaboración, crianza y cultura del vino. Oinos fue también el punto de partida de Enotria, rótulo con el que los griegos bautizaron a Sicilia y la región del sur de Italia, paraíso de encantadores elixires.

En Enotria, cada habitante mantenía, alrededor de su morada, un jardín donde, además de flores y arbustos, tenían protagonismo un pequeño viñedo y un modesto olivar, dos insumos, junto con el pescado, de la sacrosanta dieta mediterránea.

A la hora de elaborar vinos, a Italia hay que verla como fuente de inagotable creatividad. Tiene, por un lado, conexión directa con los días primigenios de la bebida. Por otro, la península es albergue de la mayor cantidad de variedades de uva dedicadas a producir vino. Se calcula que superan las cuatro mil.

Desde su frontera norte hasta el mar Mediterráneo, Italia es apta para el cultivo de la parra, gracias a sus múltiples altitudes, latitudes y microclimas. Eso permite desarrollar estilos originales, que impiden la imposición de un estilo único. Si los vinos franceses nos evocan fineza y elegancia, los italianos transfieren un carácter propio e inimitable.

Parte del encanto yace en el subsuelo, compuesto por cenizas volcánicas y extensas manchas de caliza. Estas condiciones facilitan la elaboración de caldos de prolongada longevidad.

Los enólogos italianos gozan, además, de una amplia selección de estilos que van desde secos, semisecos, dulces, tintos, rosados, blancos y espumosos, hasta fortificados y dulces, cuyas uvas han sido deshidratadas bajo el sol.

Es cierto que, a partir de los sesenta, las casas productoras italianas buscaron entrar en la moda de los vinos frescos y fáciles de tomar, como los de Argentina, Australia, California, Chile y Nueva Zelanda. Pero a partir de los años ochenta, un grupo de jóvenes enólogos volvió la mirada al pasado, en un intento por rescatar el viejo carácter.

En materia de vinos blancos con personalidad, vale la pena explorar la zona norte donde sobresalen el Soave, el Verdicchio y el Pinot Grigio. Entre los tintos nada sería completo sin probar los vinos de la Toscana, hechos con la variedad sangiovese. También están los complejos Nebbiolo de Piamonte.

En general, los tintos italianos cubren una amplia gama de estilos: desde los sedosos y frágiles hasta los intensos y potentes.

Un elemento generador de confusión en Italia es la tendencia a juntar el nombre de la variedad con el del lugar de origen, así se trate, genéticamente, de la misma uva. Además, los hacedores más consagrados añaden nombres de pequeños poblados y distritos, complicando aún más la lectura de las etiquetas.

La confusión aumenta en la medida en que el consumidor se encuentra con un panorama sobrecogedor de zonas y etiquetas. Son más de 447 legalmente autorizadas: 23 Denominaciones de Origen Controladas y Garantizadas (DOCG), 309 Denominaciones de Origen Controladas y 115 Indicaciones Geográficas Típicas (IGT).

Ante este escenario, al que se le suma la imposición de estrictas normas de elaboración y manejo, un grupo selecto de bodegas de la Toscana decidió abandonar, en los años setenta, el sistema oficial. No les importó que las expulsaran y las agruparan bajo el despectivo calificativo de Vinos de Mesa. Conocidos hoy como los Supertoscanos, estos “vinos de mesa” son los más caros del mundo dentro y fuera de su categoría.

La característica principal de dicho movimiento es que se adoptaron parcial o totalmente variedades de uva no italianas, como las francesas cabernet sauvignon y merlot. Si el presupuesto se lo permite, vale la pena probar cualquiera de los cinco grandes Supertoscanos: Tignanello, Solaia, Sassicaia, Masseto y Ornellaia.

Queda así sobre la mesa la invitación para atreverse con Italia. Porque sin probar los vinos de este país, es difícil apreciar el trasfondo de una milenaria leyenda.

Foto: Julián Carvajal /Producción: Juliana Uscátegui.

Buscando los mejores

Para orientarse en relación con las mejores Denominaciones de Origen Calificadas y Garantizadas (con sus respectivas subzonas), tenga en cuenta 12 de las 23 más reconocidas:

-Piemonte (Barolo, Barbaresco,Brachetto)
-Lombardía (Franciacorta)
-Veneto (Recioto di Soave, Soave Superiore)
-Friuli (Picolit, Ramandolo)
-Emilia Romagna (Albana di Romagna)
-Marches (Conero)
-Toscana (Brunello di Montalcino, Chianti, Chianti Classico, Vino Nobile di Montepulciano)
-Abruzzo (Montepulciano d’Abruzzo)
-Umbría (Montefalco Sagrantino)
-Campania (Fiano di Avellino)
-Sicilia (Cerasuolo di Vittoria)
-Sardinia (Vermentino di Gallura)

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