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Tras las huellas del inventor de Cartagena

El cartagenero Juan Carlos Lecompte decidió rescatar el legado de su tatarabuelo, Luis Felipe Jaspe, artífice de varios íconos arquitectónicos de la Ciudad Amurallada.

Foto: David Rugeles

El cartagenero Juan Carlos Lecompte decidió rescatar el legado de su tatarabuelo, Luis Felipe Jaspe, artífice de varios íconos arquitectónicos de la Ciudad Amurallada.

Si los amores contrariados son los más persistentes, los que surgen en medio de las adversidades y desafían los avatares del tiempo deparan glorias futuras para las descendencias. Del encuentro de un embajador francés, que huía desconsolado de la peste del cólera, con una distinguida dama cartagenera criada en los caserones solariegos bajo la tutela de institutrices, surgiría el linaje de los Lecompte-Lemaitre

El idilio, salpicado con las suspicacias y rumores de la picaresca parroquial, superaría las predicciones que lo creían la aventura fugaz de un europeo asediado por los arrebatos del trópico. Con el paso de los días se afirmaría como la unión originaria de una estirpe de talento e ingenio. 

Don Enrique Lecompte Lemaitre, obstinado en otorgar a la ciudad la dosis de glamur que los cruces de foráneos con aristócratas locales reclamaban, decidió fundar la Perfumería Lemaitre. Como reivindicación de su abolengo francés, y empeñado en espantar la fetidez emanada de los efluvios marinos y la rudeza de los hombres, viajó a la cuna de las esencias.

Cartagena
Bosquejos de algunos de los diseños de Jaspe, como el Mercado Municipal. / Foto: Cortesía Juan Carlos Lecompte

En las ondulaciones de los Alpes, el poblado de Grasse, situado al sur de Francia y cerca de Niza, aloja la Ecole du Perfumerie y V. Mane Fils. En estas dos mecas de la industria, junto a su socio Daniel Lemaitre, formuló la composición química de la que sería la colonia más popular de América Latina. El Menticol, la loción tópica convertida en Colombia en la socorrida fórmula para el tratamiento de infinidad de dolencias y malestares, se decantaría en el sopor del Caribe para luego extenderse por las farmacias de pueblos y veredas. 

Reconstruyendo la historia

Siempre que reconstruye esta historia y la genealogía de su familia, Juan Carlos Lecompte evoca los nombres de sus ancestros con un orgullo que se revela en las espontáneas gesticulaciones de su rostro.

Creció en el barrio Bocagrande de Cartagena, y aunque su apariencia no sea la de un raizal, en los recovecos de su memoria, como imborrables postales de infancia, se asoman las tardes crepusculares en las que corría por la playa tras una rueda.

Tuvo al mar como patio trasero y creció escuchando la música de las olas como el susurro que acompañaba los relatos de las matronas. En los intrincados lazos sanguíneos de sus antepasados aparece la bisabuela de Simón Bolívar, y el hombre que lo cautivó desde el día en que lo mencionó su abuelo: Luis Felipe Jaspe. 

El arte

De la infancia feliz de retozos y añoranzas, pasó a una adolescencia con un marcado interés por todas las manifestaciones artísticas. De su mamá, Zeyda Pérez, heredó el amor por las palabras, que en ella nacían renovadas gracias a una facultad de invención de vocablos como si el bautismo de los hechos y las cosas le hubiera sido otorgado por un designio divino. Y de todos los mayores que lo cuidaron, el culto a la memoria y la fascinación por la creatividad.

Por las rendijas de las arcadas y claraboyas de renovado añejamiento de la ciudad, afloraba una luz primigenia que para él equivalía a un llamado vocacional. Quien había forjado la identidad de la ciudad que resistió los embates de maleantes e invasores, era su tatarabuelo, que con formación de autodidacta y una insaciable búsqueda de saberes y estéticas, rehízo de las ruinas el puerto que se convertiría en la latitud ineludible para los viajeros continentales

Cartagena
Catedral Santa Catalina de Alejandría, también diseño de Luis Felipe Jaspe Franco. / Foto: Cortesía ProColombia

Tortura y libertad

Los caprichos que por obra de los mandatarios se hacen normas, y las deformaciones que en manos de los poderosos se convierten en adefesios, coincidieron para que su mamá, que había nacido en el palacio de la Inquisición, fuera expulsada de este lugar.

En este espacio, en el que la tortura y la sevicia se perfeccionaron en una macabra técnica de expiación de las culpas de brujas y supersticiosos, su mamá llegó al mundo confirmando el vínculo de la parentela con la historia de la ciudad.

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Como feliz premonición del acto libertario al que se consagrarían, lo que para otros sería el equivalente al destierro o la expulsión, en Juan Carlos Lecompte y su familia mutó en arraigo y afecto.

Hoy su mamá es una mujer octogenaria que libra una lucha con una isquemia cerebral que la ha aletargado, enmudecido y condenado a una inalterable postración. Pero él se ha dedicado a estudiar y divulgar cuanto vestigio encuentra de Jaspe. 

Cartagena
Luis Felipe Jaspe fue el encargado de crear un nuevo diseño para la Torre del Reloj en 1888. / Foto: Cortesía ProColombia

Una búsqueda pendiente

Después de polemizar con uno de sus profesores en la Universidad Javeriana, Juan Carlos Lecompte, para aquel entonces estudiante de Arquitectura, viajó a Cartagena a corroborar el dato que atesoraba desde niño gracias a las lecciones de su abuelo.

Con tozudez, el académico le atribuía la construcción de la Torre del Reloj a un arquitecto distinto a Luis Felipe Jaspe. El altercado le sirvió para convencerse de la necesidad de reivindicar el legado de su bisabuelo.

De don Enrique Lecompte Jaspe, su abuelo, conservaba la semblanza relatada un día que platicaban en torno a la figura del ancestro: “Conviví con él mis primeros once años de vida, era un hombre delgado y bajito, ojos claros, color aceitunado, sus bigotes caían retorcidos, amarillentos y verdosos por el tabaco bajo su boca, nariz larga y su calva casi completa, lo recuerdo en la casa con su saco de seda china, su chaleco, sus monedas siempre a la mano para sus nietos, su grueso reloj y su no menos gruesa leontina de oro».

Antiguo Convento de San Diego
Fachada del Antiguo Convento de San Diego. / Foto: Cortesía Juan Carlos Lecompte

«En la calle con su saco de alpaca negra, su cuello de pajarita y su corbata negra que se quitaba y colgaba cuidadosamente tan pronto llegaba al hogar. Tenía su estudio de pintor y arquitecto en el entresuelo de la casa que habitaban, allí estaban sus tres armarios llenos de libros, planos, diseños; su caballete, su mesa de dibujo, sus reglas, dos sillas y un sillón con asiento y respaldo de paja y su mesa-escritorio”.

Orgullo familiar

Pero el estudio y rescate de la obra de ese hombre que constituía un orgullo en su ascendencia familiar le tomaría años. Nunca dejaba de sorprenderlo el desconocimiento y la infravaloración de alguien que no vacila en comparar con el arquitecto español Antoni Gaudí:

“No me parece desproporcionada la analogía. Los dos se concentraron en ciudades portuarias y pensaron la modernización del entorno urbano desde una concepción artística. Jaspe en Cartagena y Gaudí en Barcelona representan la consagración absoluta de dos hombres a la transformación de sus respectivas poblaciones. Ellos entendieron la arquitectura como un arte en el que también es posible encontrar un lenguaje único”.

Más que una curiosidad en su árbol genealógico, el nombre de Luis Felipe Jaspe se le convirtió en un proyecto al que ha volcado todo su ímpetu. Por eso ha dedicado días enteros a escudriñar en archivos, pinacotecas, hemerotecas y museos, cualquier rastro que le revele un nuevo pliegue de la que fue una vida artística con una producción copiosa

Teatro Heredia
El teatro Heredia fue inaugurado el 11 de noviembre de 1911. / Foto: Cortesía ProColombia

La Cartagena de Jaspe

Así nació el catálogo La Cartagena de Jaspe, que documenta con rigor cronológico y conceptual cada una de las obras del arquitecto que nació el 3 de abril de 1846.

Juan Carlos Lecompte espera que esta pieza divulgativa sea el punto de partida de una exposición itinerante que agrupe muestras representativas de los distintos periodos de su vida y divulgue la importancia de Jaspe en la historia de la transformación urbana de Cartagena. 

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Juan Carlos admira la arquitectura de ensamble que Luis Felipe Jaspe convirtió en su impronta. El eclecticismo, tan estudiado por los académicos, el arquitecto cartagenero lo tradujo en un lenguaje que recuperaba las estructuras vetustas de la ciudad y las acoplaba a construcciones nuevas.

Fue este el método que aplicó en la Torre del Reloj y en el teatro Heredia. Las tapias apisonadas de la iglesia de La Merced sirvieron de mojones para una obra en la que, de la cúspide al telón, del camerino a la tarima, los estilos republicano y colonial confluyen en acabados y espacios concebidos para albergar la pureza del sonido.

Audaz y proteico, como el anfibio que se mimetiza con el color del terreno, la mixtura de su arquitectura configura una singular hibridación de estilos y técnicas. En obras como el Mercado Municipal, la ermita del Cabrero, la catedral de San Jerónimo y el camellón de los Mártires, luces y sombras se hacen días cálidos y noches de plenilunio, con el aprovechamiento integral de los elementos naturales en proporciones simétricas.

El legado

Convencido de la necesidad de reavivar la figura de Jaspe y convocar en torno a ella diversas expresiones que tributen su legado, hoy Juan Carlos Lecompte dedica sus días a preparar muchas actividades.

Imagina un desfile en el camellón de los Mártires, con diseños de Hernán Zajar, que en cada una de las prendas estile los rasgos de la obra de Jaspe. También proyecta un concierto que fusione la champeta con los ritmos clásicos como expresión metafórica de la fusión artística que logró el pintor y arquitecto.

Lecompte
Lecompte revisa en el Museo Nacional algunos de los cuadros que su tatarabuelo pintó. / Foto: David Rugeles

Para ello le ha pedido a Fernando Montaño, el bailarín nacido en Buenaventura que triunfa en el Royal Ballet de Londres, la preparación de una coreografía que sirva de analogía rítmica para explicar los incesantes aprendizajes de su ancestro.

Para darle sustento académico a esta labor de rescate patrimonial, Juan Carlos dedicó 16.000 horas a consultar las tesis de grado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, que hicieran alguna alusión a la obra de su tatarabuelo. De esta labor surgió la idea de crear un Premio Nacional de Arquitectura que exalte los mejores estudios sobre el artista cartagenero. 

Pasión y amor

Mientras contempla los cuadros de Jaspe que reposan en el Museo Nacional, es fácil advertir el impulso sanguíneo y telúrico que motiva a Lecompte a divulgar la obra de quien hizo de la modestia y la discreción una forma particular de apreciar y disfrutar el arte.

Con la negativa a firmar sus cuadros y a esculpir su nombre sobre la obras que millones de viajeros han admirado y fotografiado, Luis Felipe Jaspe, sin proponérselo, delegaba para alguno de sus descendientes la misión de recuperar, no solo un nombre, sino una visión artística que se propuso hacer menos tempestuoso el paso de los hombres por la vida.

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Diciembre
30 / 2021

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