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Caribe colombiano: energía consciente, una forma más pausada de viajar

Conozca la nueva forma de viajar por el Caribe colombiano: 4 lugares para reconectar consigo mismo y disfrutar de un intercambio cultural.

Foto: Cortesía Gitana del Mar Beach Resort

Conozca la nueva forma de viajar por el Caribe colombiano: 4 lugares para reconectar consigo mismo y disfrutar de un intercambio cultural.

Es el mismo Caribe colombiano. Son las mismas playas, unas más atrevidas con olas fuertes y otras más turquesas y contenidas. Allí están esas palmeras torcidas frente al océano. Aparecen las sillas y los toldos azules de la orilla para escapar del sol picante del mediodía. Es el plan de descanso saleroso de la costa: a veces se divisa un vendedor ambulante que vocea “ceviche fresco” o “butifarra”, al compás de una champeta o de un vallenato de los de ahora. Y a unos metros hay un grupo de turistas en traje de baño riendo a carcajadas.

En resumidas cuentas, es el típico panorama de vacaciones en el trópico, salvo por un detalle singular que pasa casi de cuclillas: más allá de esa postal playera hay un mercado de viajeros invisibles que, estando en el mismo Caribe colombiano, huyen de todo lo anterior. Y que en términos turísticos se clasifican como viajeros conscientes o con propósito, los mismos que se pueden agrupar bajo el paraguas de un concepto más amplio: turismo transformador.

Caribe colombiano El turismo transformador plantea un estilo de viaje con más conciencia y sostenibilidad. / Foto cortesía Gitana del Mar Beach Resort


Ellos, los que buscan desenchufarse del fárrago citadino y vivir una experiencia en un entorno indómito, persiguen otros aspectos del bienestar, de la salud y del contacto energético con los territorios que visitan. Esos aventureros, apenas se bajan del avión esquivan el balneario de sol y playa y el “todo incluido” y arriban a unos lugares más preservados, más camuflados de ese Caribe colombiano que poco a poco se hace indispensable en las guías de estos viajeros.

Solo para aclarar el asunto a algún despistado: no se trata solo de descanso, de naturaleza salvaje o de lujo en una terraza mirando las olas. Es una realidad que supera con creces la correría de serpentear un río, ya que plantea un estilo de viaje con más conciencia y sostenibilidad. De alguna forma ofrece un abrazo fraterno con las bellezas y los traumas de la zona y un vuelco para encontrarse consigo mismo. Como lo explica el italiano Daniele Bertolote, dueño del hotel Dos Aguas, en la costa de Sucre: “Nos dimos cuenta de que el viajero debe tener una experiencia conectada con la realidad y entender el impacto que deja su viaje –con las botellas de plástico, por ejemplo–, y cómo se debe ayudar a mejorar el planeta”.

Amigas Esta tendencia se ha posicionado en destinos como Bali y Tailandia. / Foto Luca Broglia cortesía Dos Aguas


Una manera más consciente de viajar

Esta oferta turística paralela en el Caribe colombiano es algo que ya ocurrió hace algunos años en otros puntos del globo, cuando se empezó a tener presente el cambio climático, además de los cuidados personales. Los destinos más posicionados en estas cuestiones del alma son Bali, Tailandia, India, el sur de España o Irlanda, por nombrar algunos y dejando de lado a México o a Costa Rica, que llevan algo de ventaja en nuestro continente. Cada uno de ellos se destaca por determinados atributos especiales: se premian los retiros de yoga, las charlas grupales, el trabajo en pareja, las terapias holísticas y los tratamientos de belleza. También, experiencias sostenibles con el entorno natural, como visitas a pueblos nativos o acceder a un menú más cargado a lo macrobiótico o flexivegano, que privilegie los productos locales: nada importado.

Carambola Los productos locales son imprescindibles para quienes buscan sostenibilidad. / Foto cortesía Gitana del Mar Beach Resort


Quizás por los efectos inmediatos de la pandemia, una parte del turismo caribeño se ha focalizado en recibir a turistas que se quedaron encerrados en el país o que han buscado una recarga energética con algo de lujo ante tanta presión psicológica. Los hoteles crearon áreas de coworking, con buen internet en sitios donde la señal del celular es un privilegio, y espacios comunes de descanso, con hamacas, mesas largas y sofás, para compartir con otros nómadas digitales.

De alguna forma, esta oferta caribeña viene a morder un pedazo del mercado que estaba bien concentrado en hoteles rurales del Eje Cafetero y en algunos puntos de Boyacá, como Villa de Leyva y Paipa. En el lugar que sea, no solo se trata de un descanso espiritual. “Es dios y la naturaleza, son varias dimensiones que se conjugan para el mindfulness, como el hacer cambios y transformaciones personales”, dice Ruth Arroyo, experta en el tema y docente de la Universidad Externado.

Hotel blanco Estos viajeros optan por retiros de yoga, charlas grupales y terapias holísticas. / Foto cortesía Gitana del Mar Beach Resort


Proyecto exitoso

hamaca Una característica de estos hoteles son los espacios comunes de descanso. / Foto cortesía Dos Aguas


Parte del éxito de estos proyectos turísticos, sostiene la especialista, obedece al diálogo de todos los actores que intervienen en un proyecto, como los operadores del destino, sus gentes, los proveedores de comida y los hoteles. “La comunidad debe ser partícipe del proyecto”, agrega, en el que los turistas y los habitantes del lugar deben interactuar y convivir en armonía para que los viajeros puedan acceder a una experiencia auténtica y sin contratiempos.

La buena noticia es que este turismo transformador constituye una de las tendencias destacadas de turismo en el futuro inmediato y con proyecciones de crecimiento de 44 % en 2022, según el Global Wellness Institute.

Caribe colombiano El turismo transformador proyecta crecer 44 % en 2022. / Foto cortesía Gitana del Mar Beach Resort


La historia reciente de Verónica Bastidas, profesora de yoga que se mueve entre Santa Marta y La Guajira, es un ejemplo claro de la transformación que se produce al buscar este estilo de vida más pausado. Ella abandonó su cargo comercial en un retail chileno en Colombia, y en octubre de 2020 decidió encontrar otro propósito frente a la calma del océano. Primero entró al mundo de las regresiones, luego se certificó en yoga y ahora, tras dejar la ciudad, además de ser cantante y masajista se gana el sustento como profesora de viajeros que quieren momentos de relajación. “Hay que descubrir qué nos gusta hacer. Así nos damos el tiempo de parar, pensar y descubrir otras habilidades como seres humanos”, dice.

El Caribe colombiano presenta una gran ventaja frente a otros sitios: su cercanía con la Sierra Nevada de Santa Marta, que según los cuatro pueblos indígenas que la habitan (kogui, wiwa, arhuaco y kankuamo), es el corazón del mundo. Desde ese lugar, estos pueblos mantienen tradiciones ancestrales y están comprometidos a restaurar el equilibrio de esa montaña de 5.775 metros de altura mediante rituales y meditaciones a la madre naturaleza. Los rituales de pagamento son una ocasión especial para conocer sus saberes o escuchar sus voces en defensa de las selvas y bosques, por ejemplo. En definitiva, ese conocimiento es algo que está al alcance de los viajeros cuando visitan estas tierras repletas de energía para una reconexión del cuerpo y el alma.

Estos son cuatro lugares recomendados para hacer un viaje transformador en esta zona del país.

Piedras

La comunidad y sus tradiciones son fundamentales para estos proyectos turísticos. / Foto cortesía One Santuario


Nómadas en Minca

Esta historia, que comienza en Inglaterra hace seis años, es la del productor creativo Dylan Satowo, cuando andaba por el mundo con su mochila al hombro y recorría Suramérica. Como parte del viaje, él tomaba notas y escribía sobre sitios y restaurantes para una revista inglesa. Hasta que en su bitácora apareció Santa Marta y uno de sus clientes le preguntó por un inversionista para manejar un hotel. Satowo, sin dudarlo, dijo que él.

Así nació el proyecto Siembra, a finales de 2019, unos meses antes del encierro de la pandemia por culpa del virus. A pocos kilómetros de Santa Marta quedaba el hotel, aunque ellos le dicen ahora hostel, en el pueblo de Minca, en las alturas de la sierra, desde donde se puede conectar de forma mágica con el entorno sagrado de esa montaña.

Restaurante Siembra abrió sus puertas a finales de 2019. / Foto cortesía Siembra Boutique Hostel

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En Minca hay una variada oferta de este tipo de turismo: visita a cultivos de café, planes de yoga, hoteles pequeños en medio del bosque y cascadas de ríos que bajan pasivos desde las alturas.

También hay un puñado de extranjeros y locales que conviven con un turismo que cada vez toma más fuerza, atraídos por la experiencia del senderismo y el avistamiento de pájaros endémicos.

Aunque la primera idea de Dylan y sus socios fue desarrollar un cultivo de marihuana medicinal, el proyecto Siembra terminó siendo un sitio hotelero de cuatro hectáreas, en el que se cultivan veinte tipos de vegetales como maíz, yuca, frutas y hierbas. La huerta tiene un protagonismo especial, que invita a ser autosostenible en su menú, muy recomendado por los visitantes en redes sociales. “La calidad de la comida es superior, es casi orgánica. Y el sabor es diferente. Tenemos un plato nuestro: champiñones con ajo y miel de la huerta”, explica Dylan y comenta que sus proveedores son todos de la zona.

Cascada Minca es la capital ecológica de la Sierra Nevada de Santa Marta. / Foto Dayana 1598 – Shutterstock


Con esta misma premisa, el hotel tiene todo un proyecto de reciclaje, evita los plásticos y compra todo a la comunidad cercana de los alrededores de Minca. “No queremos dañar más el mundo”, dice Satowo. Quizás por eso, ellos saben que no todos los viajeros se asoman por Minca, donde hay una ola de turismo consciente enfocado en hacer felices a los huéspedes. “Vivimos aquí por la energía. Antes vivíamos en grandes ciudades y Minca nos cambió espiritualmente”, agrega.

Además de trabajar con guías locales para las experiencias de senderismo y visitas a lugares, Siembra se destaca por ser, en plena pandemia, un refugio especial para estadías largas de nómadas digitales. “Cuando se quieren relajar ofrecemos experiencias de masajes espirituales o trabajamos con la comunidad en talleres de cacao”, explica. Lo concreto es que en esa casona con piscina dedicaron áreas sociales para compartir, conocer amigos o trabajar con un portátil mediante una fibra óptica personalizada, que evita problemas de conexión y genera un ambiente ideal para el coworking.

comida típicaEn Siembra cultivan algunos de los productos de su restaurante. / Foto Cortesía Siembra Boutique Hostel


Santuario en la Sierra

Caribe colombiano El trayecto desde Santa Marta dura alrededor de 1 hora y 30 minutos. / Foto cortesía One Santuario


Pese a que el lugar queda muy cerca del pueblo de Palomino, donde comienza La Guajira, One Santuario se aleja del concepto de balneario y de estar en la playa. Desde la troncal del Caribe colombiano, que comunica Santa Marta con Riohacha, hay que subir unos 30 minutos a las faldas de la Sierra Nevada para llegar a este refugio natural de 80 hectáreas de selva virgen y desconexión con el mundo exterior.

Caribe colombiano El río Palomino desciende de los picos nevados. / Foto cortesía One Santuario


Es el mismo lugar donde a veces se esconden algunas personalidades o parejas cansadas del estrés de las avenidas y los semáforos. O que lo cuente el dueño de Microsoft, Bill Gates, quien recorrió la reserva en 2017, cuando llegó en helicóptero en una visita relámpago por las playas del parque Tayrona.

playa Caribe One Santuario es un refugio natural de 80 hectáreas. / Foto cortesía One Santuario


En este lugar se respira tranquilidad. Hay ruido del bosque, del agua dulce mientras se realizan experiencias de significado espiritual. El río Palomino, que desciende de los picos nevados y desemboca a pocos kilómetros en el mar, es un actor de este viaje y sirve de postal para capturar imágenes de la selva y de la nieve. Si va a la ribera, puede hacer un pícnic a pocos pasos de unas cabañas diseñadas con el estilo de las ciudadelas indígenas de la sierra. Si quiere quedarse, en sus instalaciones hay una zona de descanso con biblioteca y un set de música, para las tardes, que aglutina voces de todo el mundo.

palmas En la ribera hay una zona para pícnic y cabañas. / Foto cortesía One Santuario


Sin contar que la oferta hotelera en Palomino presenta grandes posibilidades más cercanas al descanso, como en Aité o Finca Coraje, lo más potente de One Santuario es su proyecto de conservación: además del ritual para parejas con equilibrio de energías, tratamientos y masajes holísticos con piedras volcánicas, se ofrecen caminatas y avistamiento de aves en la reserva.

habitación Un servicio destacado son los masajes holísticos con piedras volcánicas. / Foto cortesía One Santuario


“Buscamos transmitir el poder de la naturaleza. La mayoría de nuestras bases botánicas y baños son de plantas de nuestra huerta”, dice Leyla Cure, una de las creadoras del hotel. En la oferta para parejas se trabajan en varios días el vínculo, la unión, la interacción a través de masajes y baños rituales con gaitas.

piedras caribe colombiano La idea del hotel es permitir la desconexión con el mundo exterior. / Foto cortesía One Santuario


La huerta es un tema muy significativo para el lugar. Gracias a este proyecto que busca la ecodependencia alimentaria, ofrece una cocina abierta con recetas de ingredientes nativos de la sierra y de hortalizas endémicas. Esto lo mezclan con una red de proveedores indígenas y locales que llevan pescados artesanales, café orgánico, cacao, frutas tropicales, entre otras especies. “Hacemos un vínculo con la tierra profunda del mundo”, explica Cure, sin dejar de mencionar las residencias artísticas, un proyecto en el que apoyan a músicos para conectarse con las comunidades de la sierra y generar un conocimiento mutuo.

cabañas One Santuario ofrece también residencias artísticas. / Foto cortesía One Santuario


Retiros de yoga

Yoga El hotel ofrece clases de yoga diarias. / Foto cortesía Gitana del Mar


La conexión espiritual es un asunto vital para viajar a este tipo de lugares. Si de yoga y meditación se trata, el hotel Gitana del Mar, ubicado en Buritaca, al extremo de la sierra que mira al Caribe colombiano y a una hora y quince minutos del aeropuerto de Santa Marta, es un lugar indicado. En el hotel dicen que sus huéspedes reclaman cuando hacen una parada corta, de dos a tres días, ya que siempre quieren más tiempo para recargar energías.

piscina Gitana es ideal para retiros espirituales y bodas ceremoniales. / Foto cortesía Gitana del Mar

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El entorno ayuda a generar un espacio de buena energía. Su diseño arquitectónico y el contexto de naturaleza que lo rodea, con vista al mar y abrazando la selva, ayudan a que los momentos experienciales cumplan su promesa de valor: recargar el espíritu. Se trata de un viaje dedicado al bienestar interior. La cartelera dice lo siguiente: “Yoga, pilates, curación ayurvédica, limpieza, desintoxicación e, incluso, cocina”. Con unas cabañas ecológicas, spas y una maloka de grupo, este sitio es ideal para retiros espirituales o bodas ceremoniales dirigidas por sabios (mamos) koguis.

Caribe colombiano El lugar cuenta con cuatro tipos de bungalows. / Foto cortesía Gitana del Mar


Todas las mañanas hay clases de yoga, y en las tardes, justo antes del ocaso, en sitios abiertos con el ruido de las olas. Verónica Bastidas dicta algunas de ellas, incluidas las que pertenecen a algún retiro espiritual de varios días. El lugar se ha especializado en estos encierros temáticos, un yoga retreat center, como explican ellos. Un espacio para que guías espirituales traigan a sus pupilos desde la ciudad para avanzar en sus temas de sanación o de crecimiento personal. En el calendario de este año aparecen retiros de reconexión natural, yoga y el mar, danza primal y meditación.

Caribe colombiano En Buritaca puede disfrutar las bondades del río y el mar. / Foto cortesía Gitana del Mar


El contacto diario con la naturaleza y las diferentes aventuras en cascadas, recorridos por la sierra y visitas al parque Tayrona forman parte de la experiencia. “Compartimos el mensaje de los indígenas de la sierra en una forma respetuosa y delicada a nuestros huéspedes –dice Nina Arias, gerente de Gitana del Mar–. Los llevamos a que aprendan de nuestros hermanos mayores en un intercambio cultural”.

Caribe colombiano El contacto con la naturaleza es la mayor atracción del hotel. / Foto cortesía Gitana del Mar


Tambores de Palenque

Caribe colombiano Espacios para yoga, meditación y coworking forman parte del hotel. / Foto cortesía hotel Dos Aguas


Suenan los tambores. Hay fiesta en el pueblo y la gente goza. Cuando hay parranda el pueblo sucreño de Rincón del Mar, la cultura del afrocolombiano se expresa con colores y alegría. Y de inmediato, en el hotel, avisan a los viajeros para que vayan a recorrer sus calles. Que se pierdan en medio de la champeta y el contacto cultural con descendientes de africanos que llegaron a esta orilla del Caribe en siglos anteriores, escapados de los grilletes.

lago Recorrer el manglar es un plan infaltable durante su visita. / Foto cortesía hotel Dos Aguas


Así lo entendieron Daniele Bertolote y su esposa Dania, quienes en 2016 se embarcaron en un viaje por las entrañas del continente hasta que se enamoraron de este lugar costero, en medio de la naturaleza extrema y de una tradición singular. En esa búsqueda personal se cuestionaron su papel de turistas y decidieron emprender con un proyecto social y sostenible: el hotel Dos Aguas.

Dos Aguas Este es el proyecto de Daniele Bertolote y su esposa Dania. / Foto cortesía hotel Dos Aguas


Se instalaron en el pueblito Rincón del Mar, muy cerca de San Onofre, Tolú e isla Múcura, y de inmediato empezaron a llegar los curiosos que eludían el turismo de masas y querían descansar del bullicio. Eso sí, no sentían la necesidad de estar aislados de la experiencias locales. Parte del plan era sentir de cerca la forma de vida de ese pueblo afro, pesquero, ganadero y con vida campesina en el monte.

Las habitaciones siguen tradiciones y técnicas ancestrales de manos locales. / Foto cortesía hotel Dos Aguas


Hoy, los turistas visitan el lugar por ambas cuestiones: naturaleza salvaje y una cultura real. “Los nativos celebran sus fiestas –dice Daniele–, por lo que sales como turista y te unes a la fiesta sin modificar las tradiciones. Te tomas una cerveza en la tienda. Almuerzas el pescado frito de las señoras del pueblo. Esa energía hace que la gente se conecte”.

Caribe colombiano Al hotel llegan extranjeros y familias cansadas de la ciudad. / Foto cortesía hotel Dos Aguas


Si no consideramos la emergencia de la pandemia, los que llegan son extranjeros y familias cansadas de la ciudad. Algún nómada que siempre está en movimiento y que quiere una estadía larga sin turismo de masas. Ellos prefieren estar en contacto con los dos ecosistemas que ofrece el hotel. O sus dos aguas: el mar, con espacios para el descanso y muchas hamacas, y el manglar, que ofrece otra vegetación y fauna, muy abundante por el calor del trópico y especial para las clases de yoga. En ambas hay espacio para el coworking, la meditación y el yoga. “La idea era hacer un negocio social, sostenible y que funcione”.

Los creadores del hotel llevan al turista a interpretar su experiencia y a cuestionarse sus hábitos. / Foto cortesía hotel Dos Aguas


Esta pareja tiene una pedagogía filosófica con sus huéspedes: llevar al turista a un contexto, acompañarlo en un recorrido de interpretación de lo que va a experimentar. Dania dice que quiere explicar su impacto en el planeta y generar curiosidad por medio de mensajes en pequeños letreros. “Plantear las problemáticas de la zona y entregar mensajes con preguntas, por ejemplo, del agua potable”, explica.

El diseño de Dos Aguas está pensado para que la naturaleza sea la protagonista. / Foto cortesía hotel Dos Aguas


El lujo, para los dueños, es sinónimo de conexión con el entorno, por más que el diseño bioclimático de sus instalaciones tenga un buen concepto. No hay agua caliente o aire acondicionado. Los techos son de palma y las áreas sociales brillan por las hamacas y las flores, sin contar con el paisaje del mar y del manglar, llenos de vida. “Estamos en un lugar hermoso, pero no es tan evidente para descubrir ese manglar y el bosque”, aclara.

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Mayo
03 / 2021
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