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Guía inteligente para saber comprar seguros según el momento de su vida

Si piensa que comprar seguros de vida es de mal agüero, piénselo dos veces, pues pueden aportarnos tranquilidad y proteger nuestro patrimonio.

Foto: Ilustraciones Sindy Elefante @SINDYELEFANTE

Si piensa que comprar seguros de vida es de mal agüero, piénselo dos veces, pues pueden aportarnos tranquilidad y proteger nuestro patrimonio.

El artículo ‘Guía inteligente para saber comprar seguros según el momento de su vida’ se publicó originalmente en la edición impresa de febrero de 2021 de la Revista Diners.

En noviembre del año pasado mi sobrino Pedro, de 29 años, se convirtió en uno de los 941.000 colombianos que el Dane reportó como desempleados en Colombia, cuando el banco para el que trabajaba le informó que daba por terminado su contrato laboral. Por fortuna, él no tiene hijos, es soltero, cuenta con ahorros para afrontar por lo menos un semestre sin ingresos y, además, hizo efectivo un seguro de desempleo que paga desde hace más de una década.

“Cuando tenía 18 años empecé a trabajar como aprendiz en una empresa que vende productos de tecnología, y me contactaron de una cooperativa que ofrecía pólizas, auxilio funerario y ahorro programado. Con todo el tema de pandemia el año pasado me empezaron a enviar correos electrónicos que promovían los productos y recordé mi seguro, así que hice el trámite y me aprobaron el beneficio”, dice.

En términos generales, mi sobrino recibe el equivalente a un salario mínimo legal vigente, algo menos de 1 millón de pesos, y aunque representa apenas una cuarta parte de su sueldo anterior, está contento porque con ese ingreso puede cubrir gastos básicos durante cinco meses –el tiempo aprobado para el beneficio–, y “comerse” más despacio sus ahorros mientras consigue un nuevo trabajo.

Ilustración: Sindy Elefante @SINDYELEFANTE


Lo ha valido

Me sorprendí de lo previsivo que resultó mi sobrino y pensé que podía ser un rasgo de familia, pues también tengo seguro para el carro, el apartamento y desde hace más de 25 años pago la medicina prepagada de mi familia y mis padres porque es, de cierta forma, mi póliza frente a cualquier eventualidad de salud.

Y ese dinero se ha devuelto con creces: me han operado por lo menos tres veces, mis dos hijos nacieron con la prepagada, a mi mamá le han realizado tres cirugías y la atención para el tratamiento de cáncer de mi padre ha sido oportuna y de calidad.

Sin embargo, muy pocos colombianos tienen esta perspectiva de los seguros. Juan Manuel Pinzón, gerente general de la firma corredora Protección de Riesgos, señala que “la penetración de los seguros en Colombia es más alta que hace veinte años, ya que en 2000 era de 1,78 % y 2019 cerró en 2,84 %, pero esta cifra es menor que la penetración promedio de Norteamérica (7,17 %) y la de economías desarrolladas de Europa, Oriente Medio y África (7,61 %)”.

Seguros para la vida

Juan Manuel y su madre, Rosa Elena, han visto pasar cientos de historias en su negocio durante las tres décadas que llevan con la firma; además, conocen al dedillo los vericuetos técnicos y las ofertas de todas las compañías aseguradoras en el país y en el exterior.

Está claro que su negocio es vender pólizas, pero ¿cuándo y a quién? Pinzón opina que los seguros deben estar presentes, incluso, desde antes de nacer, pues contar con una buena cobertura para salud resulta fundamental, se trate de una póliza, una medicina prepagada o un plan complementario de salud.

“Yo he analizado el sistema de salud en Colombia y es uno de los mejores del mundo, pero tener una póliza brinda tranquilidad adicional y mejora los niveles de servicio”, asegura.

En la siguiente fase de la existencia y desde la perspectiva de una familia aparecen los seguros de vida que benefician a los hijos y al cónyuge en caso de que ocurra un siniestro. Este es el mismo producto de siempre, con diferentes vestidos; en los colegios se comercializa con el nombre de seguro estudiantil, asegura el experto, porque aplicaría para cubrir los años académicos pendientes si el padre de familia llegara a faltar.

Es mejor aportar sobre el salario real

Pero en este punto, Pinzón hace un comentario algo contradictorio para su negocio: “Aportar a la seguridad social por el ciento por ciento del ingreso es el mejor seguro que se puede tener”, lo que me hizo recordar el caso de un empresario que durante más de veinte años aportó sobre un salario mínimo, aunque sus ingresos eran cercanos a los 10 millones de pesos mensuales.

Si bien su intención era aliviar la carga de gastos de su pequeña empresa, cuando enfermó gravemente a los 50 años y quedó incapacitado para seguir trabajando, sus hijos tuvieron que pagar su sostenimiento porque la empresa se acabó y la pensión era demasiado pequeña.

Revisé las cifras del Dane para el trimestre septiembre-noviembre de 2020 y verifiqué que en Colombia la informalidad laboral se ubicó en 48,7 % y que de la población ocupada apenas el 49,9 % aportó a pensión, datos que evidencian el alto riesgo que enfrentan miles de familias colombianas cuyos miembros económicamente activos no aportan para una pensión o lo hacen por un valor inferior al de su ingreso real.

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Lo más grave es que la ley permite que los independientes aporten a la seguridad social sobre el 40 % de sus ingresos totales, lo que de entrada los expone en caso de que sufran un siniestro que los deje incapacitados para trabajar, pues recibirán una pensión muy inferior a su ingreso real.

Asegurar la educación

Mi amiga Marcela y su esposo fueron padres por primera vez ya pasados los 40 y, sin dudarlo un segundo, compraron un producto que asegura los pagos por la educación universitaria de su hija mayor, que hoy tiene 11 años, en la mejor universidad del país o del exterior.

Juan Manuel Pinzón me aclaró que este producto es, ni más ni menos, un fondo programado con destinación específica para cubrir los gastos académicos.

Lo cierto es que existen otras alternativas para cubrir la educación de los hijos, como adquirir un inmueble que se podría vender cuando el joven termine el colegio, o abrir una fiducia.

Así lo tiene planeado Fernando, un ingeniero independiente que tiene dos apartamentos, uno para la educación de su hija y otro para su hijo menor. “Por ahora estoy pagando los créditos hipotecarios y los tengo arrendados, pero cuando mis hijos entren a la universidad se venderán para cubrir los gastos académicos”, señala.

Seguros para cada situación

Después vienen los seguros que todos conocemos, como el de riesgo para el carro, en el que lo más importante es la cobertura de responsabilidad civil que responde por los daños ocasionados a terceros. Mi sobrino Pedro también lo tiene porque conoció historias de compañeros de trabajo que accidentalmente atropellaron a un motociclista en carretera y perdieron hasta la camisa porque no tenían esta cobertura.

Y después entran en juego el seguro de vida para los que compramos casa con deuda, y el que cubre terremoto e incendio, que incluye cobertura de daños y asistencia en el hogar. Este último me salvó de un gasto grande cuando se reventó un tubo del lavadero y el agua se filtró por el techo del vecino del piso de abajo. Con una llamada llegó el fontanero que arregló el daño en cuestión de horas.

Este servicio también me ha resultado útil en esta época de pandemia, pues con la fiebre de airfryer y la preparación de postres he ocasionado más de tres apagones en el edificio, que han sido resueltos por los técnicos de mi compañía de seguros.

Los seguros no son atractivos

Pero siendo honestos, a nadie le gusta pagar por un producto que solo se puede disfrutar cuando a uno le pasa algo malo. Este es el caso de la abuela de 70 años, que después de pagar un seguro de vida durante más de veinte años llegó a la oficina de Juan Manuel Pinzón a reclamar la plata de su póliza.

“La señora estaba perfecta y me tocó explicarle que para reclamarlo tenía que morirse. Por supuesto, se puso muy brava conmigo, pero no había nada que hacer”, cuenta.

Precisamente porque el seguro no es atractivo, las compañías buscan la manera de agregarle otros elementos que lo hagan menos tedioso.

Este es el caso de Seguros Bolívar, que ofrece pagar el transporte de sus asegurados hasta el aeropuerto, o el de Sura, que brinda la revisión sin costo para quienes tienen asegurado su vehículo y planean viajar en él.

Otra oferta que resultó muy interesante para los asegurados fue la reposición de llaves –asegura Pinzón– pues su costo puede llegar a superar el medio millón de pesos.

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Tomé muy en serio el tema de los seguros después de que mi hijo estrelló mi carro contra una piedra mientras bajaba por una montaña en Suesca; reventó la llanta y torció el rin, entre otras afectaciones.

Por fortuna, solo hubo daños materiales y nadie resultó lesionado, pero saber que tenía un servicio de grúa y que el daño lo cubría en un 90 % la aseguradora me dio una tranquilidad inmensa.

¿De verdad quiere un seguro?

En este punto quiero confesar que durante la conversación con Pinzón dudé realmente de su compromiso con la industria de aseguramiento, pues me lanzó algunas frases magistrales como la siguiente: “Comprar un seguro rara vez es un negocio, esto sirve cuando a uno le pasa algo realmente malo”.

Pero después de una hora larga de conversación concluí que este asesor en realidad es el mejor vendedor de seguros que he conocido, pues hace sentir la necesidad de salir corriendo a conseguir el seguro funerario, “porque morirse en Colombia sale carísimo y una póliza de exequias vale solo 300 mil pesos al año y cubre hasta ocho personas”.

Su humor resulta un poco negro, pero no se puede esperar más de una persona cuya labor es analizar los riesgos de sus clientes y recomendarles, en función de lo peor que les podría pasar, qué producto les aporta tranquilidad y cubre sus expectativas.

Ilustración: Sindy Elefante @SINDYELEFANTE


El caso es que hoy las empresas de seguros están más pendientes de cómo cambian las necesidades de sus clientes y las tendencias de vida para diseñar soluciones específicas, como el seguro de bicicletas y el de mascotas, que se han puesto muy de moda por el boom de la tenencia de animales de compañía en esta cuarentena, y el interés de evitar el transporte público por temor al contagio del COVID-19.

Póliza colectiva

Al final de nuestra charla, Pinzón soltó una recomendación valiosa para quienes cuentan con el beneficio de póliza colectiva por parte de la empresa empleadora: “En esos casos, el seguro solo puede cancelarlo la empresa que lo toma y es un riesgo para el trabajador, porque si se retira de la compañía puede perder los beneficios o tener preexistencias que no cubriría otra empresa aseguradora, así que es mejor verificar las condiciones”.

Con genuino interés le pregunté qué tan convenientes son los seguros de vida con ahorro, pues hace muy poco me ofrecieron esta alternativa con la perspectiva de hacer un ahorro a diez años para pagar la universidad de mi hija. De nuevo su respuesta franca me resolvió las dudas:

“Por lo general, no son un buen negocio porque el costo financiero de tener el ahorro a largo plazo en este tipo de alternativas es muy alto y seguramente podría generar mayor rentabilidad con otras opciones, como el fondo de pensiones voluntarias”.

¿Conclusiones? Los seguros son odiosos, nos hacen pensar en lo frágiles que somos y en lo efímera que puede ser nuestra existencia, pero definitivamente aportan un alto grado de tranquilidad cuando nuestra prioridad es garantizar la calidad de vida de nuestra familia y proteger nuestro patrimonio.

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Marzo
04 / 2021
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