Ruta por la calle de los anticuarios de Bogotá: un lugar de memoria y tradición

La calle de los anticuarios se ha convertido en uno de los referentes de moda y diseño de la ciudad. Esta es la historia de su transformación.
 
Ruta por la calle de los anticuarios de Bogotá: un lugar de memoria y tradición
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Revista Diners

Algunos detalles de la calle de los anticuarios parecen congelados en el tiempo. Sus fachadas conservan la arquitectura de finales del siglo XIX, cuando se construyeron las primeras edificaciones en el terreno que era propiedad de Carlos Holguín Mallarino, presidente de Colombia entre 1888 y 1892. Esta vía estrecha, empinada y cerrada, está ubicada en la calle 79 B entre carreras novena y séptima.

Si recorre esta calle usted se sentirá en otra época: las vitrinas de antigüedades, algunas calles empedradas y lujosos restaurantes que despertarán su curiosidad y querrá descubrir los secretos que se esconden en cada una de las casas.

La calle de los anticuarios

Una vez consolidados los anticuarios, a principios de la década de los 90, esta zona empezó a ser mucho más reconocida porque parecía responder al dicho de “todo tiempo pasado fue mejor”, ya que residentes y coleccionistas iban frecuentemente a adquirir piezas que no se podían encontrar en ningún otro lado de Bogotá.

Sin embargo, con el paso de los años, algunos de los negocios cerraron, pero esto no impidió que la conocida calle Santa María de Los Ángeles, dejara de ser, desde ese momento, la calle de los anticuarios.

Uno de los establecimientos que ha estado presente desde sus inicios es Novecento. Este lugar conserva cuadros, sillas, mesas, lámparas, esculturas y un sin fin de piezas de la época colonial hasta 1960. Su propietaria, Carla Sigismund, llegó de Milán a Colombia a finales de los años 80, ¿la razón?: el amor de su vida era colombiano.

“Llegué con él porque el país me parecía muy bonito y montamos el primer negocio en Cartagena, en la calle de Santa Teresa y Santo Domingo. En ese momento esta era una calle de anticuarios, estábamos con algunos cartageneros, un francés y yo”

En 1991 decidieron mudarse a Bogotá. Desde entonces Novecento se consolidó como uno de los anticuarios más importantes de la zona, pues además de tener accesorios únicos como aretes, pulseras, anillos y cadenas de Valentino y Dior, se pueden comprar diéresis antiguedades originales, sin copias ni réplicas.

“Las piezas las consigo en avalúos de casas. Con mi experiencia la gente me conoce, entonces me llaman y voy a las casas cuando hay división de bienes, cuando alguien fallece o a veces compro cuando me parecen muy atractivas” afirma Sigismund.

Novecento

Foto: @Anticuarionovecento


 

Los precios

Los objetos que se pueden conseguir aquí van desde $ 300.000 hasta 20 millones. Ocasionalmente hay rebajas a final de mes y, según la propietaria, estos son los momentos en que más jóvenes llegan para comprar.

Sus piezas favoritas son los muebles art deco y para ella lo mejor de su trabajo es la investigación: “A veces uno consigue piezas que son difíciles de examinar, pero el proceso es una de mis cosas favoritas”.

H&S anticuario y Antigüedades AGP son otros lugares que ofrecen piezas originales con precios que oscilan entre los $ 20.000 y más de $ 60 millones. Sus artículos van desde el siglo XIX hasta inicios del siglo XX y sus fachadas de ladrillo, con puertas y rejas vintage reflejan los más de 30 años que llevan en esta calle.

Tiendas de diseño

Además de los almacenes que albergan antigüedades, la calle de los anticuarios se ha fortalecido con boutiques y algunas tiendas de diseño independiente que han convertido casas viejas en modernas gracias a obras de arte, mobiliario contemporáneo y otras piezas.

Es el caso de Dessvan, un almacén que da la bienvenida con un amplio jardín y cuyos ventanales exhiben sillas, mesas y lámparas con diseños modernos desde 2005.

Juan Carlos Nieto, uno de sus propietarios compartió con Diners que la tienda cuenta con unas colecciones de mobiliario “hechas a medida”, y que cualquier persona que desee tener diseños exclusivos, o incluso restaurar o intervenir esa pieza con historia y memoria, puede visitarlos.

“Aunque hacemos nuestros propios objetos también tenemos mobiliario desde mitad del siglo XX, algunas cosas desde la década de los años 50”, comenta. Al igual que Carla Sigismund, propietaria de Novecento, para Juan Carlos la investigación es fundamental y única, y ver en revistas las cosas que ha vendido ha sido uno de los logros más satisfactorios.

Si lo que está buscando es un lugar exclusivo para decorar su casa, De Arboleda es la tienda perfecta. Manteles, vajillas, servilletas de tela, comedores rústicos, colchas, sábanas y hasta camas son algunas de las variedades de este negocio liderado actualmente por María José Arboleda, quien asegura que “todo lo que tenemos en la tienda es diseño colombiano. Hay algunos artistas que han hecho piezas de decoración solamente para nosotros”.

Uno de los consejos que más recuerda de su mamá es el de “no hay que casarse con una tendencia sino encontrar los objetos que se pueden acomodar a la casa. Entender la tradición y la memoria detrás de los muebles”, y con estas costumbres, Arboleda atiende y asesora a los interesados en comprar algo en su tienda familiar.

Igualmente, Casa Santamaría es una de las tiendas de diseño de moda más antiguas y conocidas de la calle. Desde hace siete años ha creado un público único, pues cuenta con más de 10 marcas de emprendedoras colombianas.

De Arboleda

Foto: @dearboleda


 

Oferta gastronómica

Unos pasos después de la carrera novena, por su camino a la calle de los anticuarios, usted encontrará dos de los restaurantes más conocidos de la zona. Por un lado está Lorenzo el Griego, un restaurante de comida mediterránea que ofrece uno de los gyros de pollo, cerdo y vegetariano mejor logrados de Bogotá, según los comentarios de la plataforma Tripadvisor.

La novedad de este lugar es que el yogur griego es completamente artesanal y fabricado por ellos mismos: “nos encargamos de, diariamente, producir un yogur especial para venderlo a los comensales o ponerlo en cada uno de los platos”, comparte Camila Restrepo, recepcionista del restaurante.

Otra de las opciones que no se puede perder es Il tinello ristorante bar, que además de conquistar a los visitantes con antipastos, pizzas artesanales y pastas cocinadas frente al comensal, amenizan el rato con un piano de cola blanco que es uno de los grandes atractivos.

Además de las sillas de madera antigua y las botellas de vino decorando las paredes, su primer piso recrea los típicos restaurantes italianos con una terraza y un jardín privados, perfectos para pasar la noche con amigos, o para citas románticas.

Píldora para la memoria:

La calle de los anticuarios se encuentra en el barrio El Nogal desde principios de los años 90, cuando extranjeros y residentes empezaron a habitar las casas y a convertirlas en exclusivos negocios de antigüedades, al punto de tener un total de 35 anticuarios con venta de piezas únicas y originales. También cuenta con galerías de arte y marqueterías, todas enfocadas en el cuidado de objetos antiguos.

Pero este sendero tan particular, sin andenes y con arbustos en ambos lados no sería lo mismo sin la capilla de Santa María de los Ángeles, ubicada sobre la carrera séptima.

Esta pequeña iglesia pertenecía a la familia Holguín y fue construida en 1920.

En su interior aún se conservan intactos los lienzos de la virgen María junto a San José, obras que Margarita Holguín y Caro, hija de la familia presidencial, pintaron especialmente para ese lugar.

Durante muchos años esta capilla estuvo de moda para matrimonios, bautizos y eventos religiosos. En 1948 la familia la puso al cuidado de los hermanos agustinos. Actualmente, en los extremos del altar de encuentran las tumbas de Carlos Holguín y Margarita Caro de Holguín.

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febrero
26 / 2020