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El tropicario más grande de Sudamérica está en Bogotá

El Jardín Botánico de Bogotá alberga el tropicario más grande de Sudamérica: un circuito de invernaderos a escala real que apuestan por el cuidado, la conservación y la divulgación del patrimonio vegetal de Colombia.

Foto: Cortesía Jardín Botánico de Bogotá, 2022

El Jardín Botánico de Bogotá alberga el tropicario más grande de Sudamérica: un circuito de invernaderos a escala real que apuestan por el cuidado, la conservación y la divulgación del patrimonio vegetal de Colombia.

En septiembre del año pasado su imagen estaba en todos los medios de comunicación del país. Su llegada había sido esperada durante meses y su aparición fue precedida por un aroma similar al de la piña con el que había acicalado su nuevo reino. La victoria regia, una de las plantas acuáticas más grandes del mundo, floreció por primera vez en el tropicario del Jardín Botánico de Bogotá, a más de mil kilómetros de su hogar natural en la selva amazónica.

El tropicario es un circuito de cinco invernaderos donde se reproducen las condiciones bioclimáticas originales de un ecosistema, con el objetivo de conservar y propagar las especies vegetales que presenten algún grado de amenaza y que pudieran eventualmente desaparecer. 

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Colombia es el hogar de más de 27.000 especies de plantas, de las cuales 796 están categorizadas en alguna escala de amenaza. En el tropicario se albergan 1.463 vegetales, de 338 especies, de las cuales 206 tienen algún grado de vulnerabilidad y 31 de ellas están en peligro crítico.

El tropicario del Jardín Botánico de Bogotá

Martha Liliana Perdomo, directora del Jardín Botánico de Bogotá. Foto: Jorge Oviedo.

“El principal objetivo de este espacio es la conservación de la biodiversidad, la preservación de plantas de ambientes diferentes a los ecosistemas alto andinos y de páramo, y garantizar un banco de germoplasma permanente”, señala Martha Liliana Perdomo, directora del Jardín Botánico de Bogotá. 

“En torno al tropicario desarrollamos procesos de investigación para la conservación y educación ambiental, que nos permiten sensibilizar a los visitantes sobre la riqueza natural y cultural que tenemos en Colombia. Para nosotros es de mucha valía que nuestros visitantes, en un recorrido relativamente corto, puedan encontrar en Bogotá un pedacito de Colombia”, agrega.

Como las plantas, el tropicario también se tomó su tiempo para florecer. En 1955, el fundador del Jardín Botánico, el sacerdote y biólogo Enrique Pérez Arbeláez, creó el primer tropicario con el objetivo de recolectar especies propias del ambientes cálidos y tropicales, por ello su nombre. Posteriormente, en la década de 1970, este espacio sería ampliado. 

El proyecto del nuevo complejo fue concebido en 2014 durante el gobierno del exalcalde Gustavo Petro. La administración de Enrique Peñalosa avanzó en temas arquitectónicos y finalmente en la alcaldía de Claudia López se logró la implementación y consolidación de las colecciones botánicas y su apertura al público.

Un hito arquitectónico

El recorrido por el tropicario dura alrededor de una hora.

Este complejo es un orgullo para la arquitectura colombiana ya que fue galardonado con el Premio Mundial Hábitat Social y Desarrollo 2020, otorgado por la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito, y recientemente con el Premio a la Excelencia en la Arquitectura Sostenible en el 37° Congreso Colombiano de Arquitectura y Urbanismo.

El diseño, desarrollado por la agencia De Arquitectura y Paisajes –DARP–, creada por los arquitectos Jorge Buitrago y Jaime Cabal, contempla seis domos de cristal en una extensión de 2.721 metros cuadrados. Allí se representan los ecosistemas de superpáramo, de selva húmeda tropical, de bosque seco tropical, el grupo de plantas útiles y la Colección Especializada para la Conservación. Además, se tiene un salón para exposiciones itinerantes denominado Biodiversario.

La victoria regia solo puede abrir su flor si está en condiciones naturales como las de la selva amazónica.

Esta megaobra cuenta con sistemas automatizados de riego, temperatura y ventilación. Por ejemplo, un calentador garantiza que el agua para la victoria regia siempre esté a una temperatura de 28 grados centígrados. Un sistema de flotadores especiales asegura las fluctuaciones en el agua necesarias para que los manglares tengan el “oleaje” característico de las zonas litorales y un sistema automático de apertura de ventanas permite la aireación en las altas temperaturas.

Plantas de Colombia en el tropicario

Las plantas que componen la colección llegaron a través de diferentes expediciones botánicas realizadas por los biólogos y ecólogos del Jardín y también por intercambio y donación de los jardines botánicos de Ibagué, Medellín y Cartagena, la represa de Betania en el Huila y el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas –Sinchi–, entre muchos otros.

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“Hay muchas plantas con las que la gente queda maravillada y son orgullo nuestro. El visitante puede encontrarse el cacao con frutos, la papaya, el maíz, el café con sus granos; plantas de otras partes del país y que la gente se sorprende al encontrarlas en el tropicario. Alguien de Armero se emocionó mucho de ver la planta con copos de algodón a 2.600 m.s.n.m.”, cuenta la directora.

El recorrido por Colombia

La estructura de cristal del tropicario surge entre el paisaje como si se tratara de una aparición del futuro. Su modernidad contrasta con la escenografía natural de su alrededor, pero como las buenas obras de arquitectura, se funde y la complementa. Ubicado al frente de la rosaleda, uno de los puntos favoritos de los visitantes del Jardín Botánico, parece que el público se transportara a un paisaje europeo. 

Los visitantes pueden efectuar el recorrido de forma autónoma en aproximadamente una hora, aprovechando la señalética y los códigos QR en cada planta. Cuando hay alto flujo de personas se organizan visitas guiadas cada 20 minutos, con una inscripción previa.

El recorrido inicia en el superpáramo, un ecosistema que se encuentra por encima de los 3.800 m.s.n.m. Este escenario presenta la montaña escarpada donde la piedra y las bajas temperaturas son los protagonistas. Este espacio de poca cobertura vegetal parecería modesto a simple vista, pero es muy representativo, ya que Colombia cuenta con el 50 % de los páramos del mundo y el más grande del planeta: el páramo de Sumapaz.

Del Chocó al Amazonas

La siguiente parada es la selva húmeda tropical, con una representación de los ecosistemas del Chocó y el Amazonas. Al entrar, los sonidos grabados de los animales, que se despliegan desde la cúspide del domo a 26 metros de altura, transportan a los visitantes y los ponen en sintonía para disfrutar de una colección de plantas alucinante.

La aristoloquia sorprende por sus tonos morados y su forma de saxofón.

La aristoloquia, conocida en el Chocó como “capitana”, descresta por la belleza de sus tonos morados y casi dorados cuando está abierta. Y su forma similar a la de un saxofón cuando está cerrada. Los visitantes también quedan maravillados con la mafafa, un tipo de planta de la familia de las aráceas. Estas hojas pueden llegar a medir más de un metro. También afrontan el reto de quebrarse fácilmente por las condiciones climáticas y por ser las favoritas de los insectos.

Pero, sin duda, la que se roba todas las miradas es la victoria regia, o victoria amazónica. Esta con hojas circulares que alcanzan hasta un metro de diámetro y que pueden llegar a soportar hasta 26 kilos de peso (algunos aseguran que hasta 40).

La vida del tropicario

En el tropicario se albergan 1.463 plantas, de 338 especies.

En esta planta primero madura su parte femenina y luego su parte masculina. El único que puede hacer el proceso de polinización es un escarabajo, que es atrapado en las noches y liberado en la mañana para que transporte el polen. Como en Bogotá no se cuenta con estos escarabajos del Amazonas, el proceso de polinización lo hace manualmente el biólogo Mauricio Bernal, experto en este tipo de procedimientos. 

Este espacio cuenta con un ascensor que permitirá en un futuro observar el dosel, es decir, la parte alta del bosque. Por ahora, estructuras artificiales hechas con afrecho de coco, alambre y fibra de vidrio ayudan al desarrollo de las plantas que necesitan de otra como soporte para crecer, por ejemplo, las orquídeas, los cactus, las bromelias y los helechos. 

En el tercer domo se representa el bosque seco tropical. Su cúpula mide 12 metros de altura, por lo cual el calor aumenta y crea el ambiente ideal para recrear los ecosistemas que se encuentran en zonas de La Guajira, Tolima, Huila y Santander.

Especies endémicas en el tropicario

En esta área la estrella es la planta endémica conocida como “el barrigón”, un árbol que se da exclusivamente en el cañón del Chicamocha, en Santander. Y que se encuentra gravemente amenazado. Los visitantes también pueden apreciar plantas muy llamativas como los cactus de cresta roja; la “dormilona”, que al tocarla cierra sus hojas, y la planta cascabel, que simula el sonido de este tipo de culebras al moverla.

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“De todas las plantas que hay en Colombia, 6.383 son endémicas, es decir, sus ecosistemas naturales solo están en el país y no en otros. Por ejemplo, tenemos 1.467 orquídeas que únicamente aparecen en nuestros ecosistemas”, agrega la directora del Jardín Botánico.

El sacerdote Pérez Arbeláez, fundador también del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional. Escribió en 1956 el libro Plantas útiles de Colombia, una de las obras cumbre de este tema en el país e inspiración para la cuarta estación del tropicario.

De semillas y frutos

Colombia es el hogar de más de 27.000 especies de plantas.

En plantas útiles se encuentran las especies cuyas semillas, frutos, hojas y flores se han convertido en fuente de alimento, fibras y hasta medicinas. Esta es una de las colecciones más interesantes para los visitantes porque logra conectarlos con el verdadero origen de los productos que consumen a diario. Si entre sus sabores favoritos están la vainilla o el chocolate. En este espacio podrá ver tales frutos en su estado natural, así como las plantas de café, de corozo y hasta de algodón.

Las “plantas de poder”, o “plantas sagradas”, son otros de los tesoros que alberga este domo. Durante el recorrido se puede aprender sobre las características. Y los usos ancestrales de especies vegetales que forman parte de la tradición indígena en Colombia como la ayahuasca, el tabaco, las daturas, la coca y el yopo.

Por último, el visitante accede al invernadero que guarda las Colecciones Especializadas para la Conservación –Cepac-. Aquí se reúnen algunas de las plantas con algún grado de amenaza en Colombia a causa de actividades como la deforestación, el cambio climático o los monocultivos.

La conservación natural

En este espacio, el Jardín Botánico ha querido llamar la atención sobre las plantas, sus polinizadores. Y el efecto de las acciones de los seres humanos en su conservación. Durante el recorrido se puede aprender sobre el papel vital de los murciélagos, colibríes, moscas, abejas, escarabajos y ranas como propagadores naturales para diversas especies. 

Dentro de esta colección se destacan dos especies que, debido a su alto grado de amenaza, cuentan con un plan diseñado para su conservación. A pesar de ser la flor nacional de Colombia, la orquídea registra algún tipo de vulnerabilidad en 207 de las 4.270 especies que se registran en el país. Y las zamias, plantas primitivas que vivieron con los dinosaurios y de las que Colombia posee la mayor variedad del mundo, con 20 de las 79 especies del planeta, según el Instituto Humboldt.

El tropicario es una experiencia sensorial que logra conmover a propios y extraños. No solo por la diversidad y la belleza de las especies que alberga, sino porque a través de la labor pedagógica que realizan sus guías se genera un reconocimiento de los problemas ambientales que enfrentan los diversos ecosistemas. Y cómo nuestros hábitos cotidianos pueden contribuir a frenar o a incrementar el deterioro del ambiente.

“Después de visitar el tropicario, la gente sale con ideas como: ¡qué linda es Colombia!, ¡qué biodiversidad la que tenemos! y ¡cuánta necesidad de cuidarla para que no desaparezca! Creo que lo más bonito es que sale sensibilizada sobre el cuidado y conservación de nuestro patrimonio natural y cultural”, puntualiza Perdomo.

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Andrea Vega es coordinadora Experiencias Davivienda y periodista de Revista Diners.

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Marzo
16 / 2022

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