Retratos de jóvenes artistas que desafían la era digital

En un mundo invadido por la tecnología, Bianca, Lina, Mar y Camila son cuatro jóvenes que cada una por su lado encontró en el arte, y especialmente en la pintura, una forma de expresar sus sentimientos más profundos. Estas son sus historias.
 
Retratos de jóvenes artistas que desafían la era digital
Foto: Bianca Ferrari pintando en su estudio de arte en Bogotá. Foto. Camilo Medina Noy / Revista Diners /
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Revista Diners

Los estudios son diversos; algunos indican que los jóvenes pasan más horas y otros un tanto menos, pero todos coinciden en que pasan más tiempo del que deberían usando el celular. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se recomienda no más de 120 minutos al día, mientras que los estudios más optimistas señalan que los jóvenes lo hacen hasta seis horas en promedio.

En este contexto, es cada vez más raro, incluso sorprendente, encontrar jóvenes que dediquen parte de su tiempo a actividades distintas a tomarse fotos, grabar videos, chatear, jugar en el celular o realizar las innumerables cosas que se pueden hacer con estos dispositivos. Y si vamos más allá, es aún más extraño encontrar jóvenes que dejen el celular a un lado y dediquen horas enteras al arte, especialmente a una técnica que algunos consideran “vieja”: la pintura.

No es cuestión de satanizar la tecnología, como señalan expertos, es una herramienta más que está y que es necesario aprender a usar. Sin embargo, es importante resaltar y contar que el arte en general, pero aún más en su forma clásica, como lo es la pintura, se convierte en una contraposición a esta tendencia de digitalizar todo. Es una forma de lograr una desintoxicación digital. Como señalaba el psicoanalista Carl Jung, pintar genera tranquilidad y sosiego, “tanto a las personas psiquiátricamente sanas como también a los enfermos”.

Con base en este contexto, en Diners decidimos buscar a jóvenes para quienes el arte juega un papel fundamental en sus vidas, especialmente cuando hablamos de pintar. Aunque fue difícil encontrarlas, les presentamos la historia de Bianca, Lina, Camila y Mar. 

Bianca y el color como una forma de vida 

Desde muy joven, Bianca mostró una pasión inquebrantable por el arte. Su primer cuadro, un tierno prendedero que pintó a los siete años, fue un regalo para su padrino que aún hoy adorna su hogar. Sentada en la sala de su casa, recuerda ese primer intento, “yo estaba súper chiquita… es bastante bonito, muy tierno”. Fue el inicio de una carrera artística marcada por la curiosidad y la dedicación.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Su amor por el arte comenzó en serio cuando sus padres la inscribieron en clases de pintura. “Me inscribieron… y ahí empecé a pintar”, relata. Bajo la guía de sus profesoras, María de Pilar Lánchez y su hija Valentina, aprendió las técnicas y el uso del color copiando obras de artistas reconocidos. “Siempre me impulsaron y me apoyaron mucho… era muy habilidosa”.

A medida que crecía, su habilidad y confianza también lo hacían. La pandemia de 2020 presentó un nuevo desafío, cerrando las clases presenciales. Sin embargo, Bianca continuó pintando de manera independiente, mostrando su amor por el arte. “Empecé a pintar sola… es como una expresión mía”, dice con una sonrisa.

Su entorno siempre estuvo lleno de inspiración. “Mis papás siempre me han inculcado la importancia de la cultura”, comenta, destacando la influencia de su hogar lleno de libros de arte de todas las épocas. Su herencia italiana también jugó un papel importante, con su padre enseñándole sobre la rica historia artística de Italia. “La belleza artística que tiene, la arquitectura, la música… siempre ha estado presente en mí”.

Bianca encontró consuelo y alegría en el color. “Me ha gustado mucho retratar cualquier cosa que tuviera colores”. Sus influencias incluyen a Van Gogh y artistas japoneses, admirando su uso audaz del color y los contrastes. Para ella, el color, más que una elección estética; es una forma de vida.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

A pesar de su pasión, Bianca enfrentó la incomprensión en su entorno escolar. En su colegio, muchos de sus compañeros no apreciaban el arte. “Me decían que era algo para desperdiciar el tiempo”, recuerda sorprendida. Pero esta falta de apreciación no la detuvo. En la universidad, ha encontrado un mix de admiración y desdén hacia el arte, pero sigue firme en su camino.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Hoy, está por comenzar a estudiar Diseño Industrial, después de haber explorado Arquitectura e Ingeniería de Sistemas. “El arte siempre me ha gustado… es como una manera de desahogarme”, explica. Su viaje artístico es una mezcla de autodisciplina, amor por el color y un entorno familiar que siempre la ha apoyado.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Bianca continúa pintando, explorando nuevas formas de expresión y desarrollando su arte con cada pincelada. Para ella, el arte no es solo una actividad; es una parte esencial de su ser, una forma de ver y dar color al mundo.

Mar Triana y el don de ver la música 

A sus 22 años, Mar Triana García se describe como una “niña rara”, siempre sumergida en sus propias reflexiones y apasionada por el conocimiento. Su infancia estuvo marcada por la introspección y una intensa conexión con las artes, que la definieron desde temprana edad. “Siempre sentí las artes como algo que me hacía, que me definía”, recuerda.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Mar vive con sinestesia, una condición neurológica que hace que los sentidos se crucen. “Yo la música la veo”, explica, “escucho una canción y veo colores”. Esta experiencia única ha influido profundamente en su arte, permitiéndole crear obras que no solo se ven, sino que también se sienten de una manera casi sinestésica.

Desde joven, Mar estuvo inmersa en el arte, comenzando con teatro y luego avanzando al teatro musical con la compañía MISI. Sin embargo, la muerte de María Isabel Murillo, fundadora de MISI, la llevó a cambiar de rumbo y a inscribirse en Literatura. “Siempre he sido muy ñoña”, admite, pero la estructura rígida de las lecturas obligatorias la hizo buscar algo más. Así, inició una doble carrera con Artes Visuales, aunque finalmente se graduó en esta última, abandonando Literatura en el sexto semestre.

En 2023, Mar publicó su primer libro, “Bocetos de ti, esto que tú y yo no tenemos”, con la editorial Peregrina. “Partía mucho del capricho de que pude publicar sin la carrera”, dice con una sonrisa. Su obra literaria y visual está profundamente influenciada por su sinestesia y su exploración del color, especialmente los colores complementarios, como enseñaban Kandinsky y La Bauhaus. “Siempre me he concebido como naranja”, afirma, explicando cómo este color representa una carencia que ella ha explorado en su obra.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Para Mar, todos los colores son luz, y ningún color carece del otro. Esta filosofía la lleva a jugar con contraposiciones y figuras geométricas en su arte. “El arte para mí es una forma de vida, respiro arte”, dice con convicción. Su proceso creativo no es solo el momento de pintar, sino una constante reflexión y conexión emocional.

Mar ha encontrado en el arte una manera de sobrevivir. “Mis procesos creativos se han vuelto una manera de sobrevivir”, explica, viendo el arte como una forma de lidiar con las expectativas personales y la presión social. 

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Sus obras son, en gran medida, autorretratos. “Yo considero mi obra como un autorretrato”, afirma, usando el arte para expresar y procesar sus emociones. Su cuadro más grande, un imponente lienzo de 1.90 por 1.40 metros en tonos naranjas, es un testimonio de su viaje personal. “El arte no necesita ser entendido para ser admirado”, reflexiona, viendo en su obra una manera de expresar su vida y emociones.

Mar también ha encontrado inspiración en la música, que influye en su percepción del color y la forma. “A veces pinto con jazz, o con música cero pretenciosa, como Vetusta Morla”, dice, describiendo cómo la música moldea su experiencia artística. Su vida, marcada por los colores naranja y azul, es una danza entre la calma y la intensidad.

Lina y el arte como una conexión espiritual 

Para Lina Sofía Zambrano Sarmiento , el color es mucho más que una simple característica visual; es una manifestación de la luz y una herramienta para transformar el mundo. “Nada es una sola cosa, todas las cosas del mundo pueden ser cualquier cosa. El color nos permite transformar nuestro entorno”, dice. Esta percepción del color como una expansión de la luz ha influido profundamente en su arte, convirtiéndose en un ritual sagrado en su proceso creativo.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Desde los 4 o 5 años, su madre le enseñó a pintar, y esta temprana introducción a las artes marcó el inicio de una pasión que ha definido su vida. “Siempre me han obsesionado las figuras”, comenta Lina, reflexionando sobre su evolución artística. Es así como Lina Sofía Zambrano Sarmiento, de 21 años, siempre ha sentido una profunda fascinación por los colores y los paisajes. 

Los colores que más resuenan con Lina en este momento son el amarillo y el blanco, los colores del cielo. “Estos colores me han llevado a regresar a mi”, explica, señalando cómo su observación del cielo y el paisaje la ha llevado a una reflexión profunda sobre el origen y lo verdadero en la vida. Este ejercicio de contemplación le permite conectarse con el viento y la esencia de la existencia, transformando su arte en una búsqueda espiritual y una forma de sanación interna.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Lina ve el arte como una manera de aprender a quedarse con lo que le pasa y florecer a partir de ello. “Somos tierra fértil, y del amor que siembre cosecharé lo suficiente para el camino”, afirma. Esta filosofía se refleja en su trabajo, donde combina técnicas mixtas para transmitir sensaciones que van más allá de lo visual. Le interesa que sus obras no solo se vean, sino que también huelan y tengan temperatura, creando una experiencia sensorial completa.

Su proceso creativo es una danza entre el espíritu, la mente y el cuerpo. “Cuando pinto es un trance, hay un montón de sensaciones y voces que no corresponden a Lina sino a algo dentro de Lina”, explica. Para ella, el arte es una correspondencia armoniosa que requiere un profundo respiro y una conexión interna.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Lina sueña con crear un espacio para espíritus que se están buscando, un lugar de tranquilidad y bienestar. Aunque aprecia la tecnología como una herramienta, reconoce su impacto en la creatividad. “Instagram me ha atrofiado mi capacidad de imaginación y gestión del tiempo”, confiesa, abogando por un uso moderado y consciente de las pantallas.

Ella observa que su generación de artistas tiene una fascinación por lo análogo y lo hecho a mano, una tendencia que se fortaleció durante la pandemia. “Nos pusimos muy existenciales todos”, dice.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Una de sus series que está trabajando y que es de sus favoritas actualmente es la de una niña viajera, una reconexión con su infancia donde la niña se siembra desde su ombligo con la tierra y camina plantando remolachas. Esta serie simboliza la conexión de Lina con sus raíces y su continuo viaje de autodescubrimiento a través del arte.

Camila y el arte de fagocitar 

Camila Arcos Mejía, una joven de 24 años, encuentra en el arte un refugio y un desafío constante. Su travesía desde Tenjo a Bogotá marcó un cambio significativo en su vida. Camila encontró su pasión por el arte inspirada por su madre, quien siempre quiso ser artista pero terminó vendiendo seguros. “Ella me inspiró para intentar acercarme a esa vida de artista y de creación”, comenta. Este deseo de explorar una vida diferente a través del arte la llevó a desarrollar su talento a través del esfuerzo y la práctica, enfrentándose a la intimidante blancura del lienzo sin bocetos previos, dejando que su instinto y su creatividad la guíen.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

“Me gusta pegar las cosas en la pared y empezar a manchar, entonces se traspasa a la pared la pintura. Es bonito ver esa huella que deja la pintura de mi trabajo”, explica. Esta interacción íntima con su espacio de trabajo refleja su proceso creativo, donde la pintura y los dibujos teñidos con café dejan marcas tanto físicas como emocionales.

“Me gusta mucho el carboncillo… me gusta ensuciarme, a medida que me voy ensuciando me voy convirtiendo en eso que quiero hacer”, dice. Recientemente, ha estado explorando la idea de fagocitar, inspirada por el proceso celular de alimentación. Esta exploración surgió de una clase de performance donde experimentó con la idea de comer y no poder tragar, dejando que la comida se desbordara de su boca. “Eso me hizo ver la idea de fagocitar… algo más hacia un tema más de atrás… estoy explorando la palabra fagocitar”, explica.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Camila evita pensar en el futuro, prefiriendo centrarse en su presente creativo. “Intento no pensar en el futuro porque me da miedo”, dice. Su objetivo es compartir su trabajo y sus ideas con el mundo, saliendo del rinconcito de su cuarto para conectar con otros.

El arte es para Camila una forma de exorcismo personal, un medio para sacar sus miedos y realidades internas. “Siento que en el arte existe Camila persona/Camila artista. Logro sacar mis miedos en el papel”, comenta. Este proceso se volvió aún más significativo cuando se lesionó la mano derecha, su mano dominante, y comenzó a dibujar con la izquierda, liberándola de prejuicios y descubriendo una nueva forma de expresión.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

Su madre ha sido un pilar fundamental en su vida artística, apoyándola desde que comenzó a dibujar a los 14 años. “Ella iba conmigo a clase”, recuerda Camila con gratitud. Este apoyo constante le ha dado la confianza para explorar su arte y compartirlo con el mundo.

Foto: Camilo Medina Noy / Revista Diners

En cuanto a la tecnología, Camila la ve como una herramienta valiosa para el arte. “Podríamos usarla para expresar cosas nuevas”, dice. Una clase sobre el uso de inteligencia artificial en el arte cambió su perspectiva, viéndola como una oportunidad para fagocitar algoritmos y expandir su creatividad.

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julio
10 / 2024