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Freddie Mercury: homenaje a un grande del rock que partió hace 30 años

El 24 de noviembre se cumplen 30 años de la muerte de este genial e irreverente artista británico, vocalista de la banda Queen. Diners le rinde un homenaje con este sentido texto.

Foto: Jean-Claude Coutausse / AFP - Freddie Mercury canta en Live Aid de 1985 e inscribe la fecha en la historia como su mejor concierto

El 24 de noviembre se cumplen 30 años de la muerte de este genial e irreverente artista británico, vocalista de la banda Queen. Diners le rinde un homenaje con este sentido texto.

Dos hombres caricaturizados de policías civiles aparecen en el escenario. Piden silencio al público, solicitan que bajen el volumen. Que hay ancianos en la zona y la música, tan alta, tan estridente, perturba su descanso. Las voces que hace unos minutos coreaban Madison Blues al ritmo de The Destroyers, gritan más fuerte. Aúllan, chiflan, braman. Los policías, fieles al guion que han escrito para ellos, fingen olvidar el nombre de la siguiente banda, revisan sus notas y, finalmente, se quitan los cascos, alzan los brazos y anuncian: “¡Our Majesty! ¡Queen!”.

Es el 13 de julio de 1985, casi media tarde en Londres, Inglaterra. Frente al escenario del estadio Wembley hay 74.000 personas y, frente a las pantallas de sus televisores, 1.500 millones. Más de 60 bandas de músicos recorren el backstage. Led Zeppelin, Mick Jagger, Paul McCartney, Sting, U2, David Bowie, Patti LaBelle, The Who, Ozzy Osbourne. Todos dispuestos a cantar para combatir el hambre en Etiopía. 

Cada banda tendría 18 minutos sobre el escenario. El público, ansioso por ver la reunión de The Who o escuchar la voz de Paul McCartney, que sumaba ventas con sus álbumes en solitario, no se mostraba especialmente emocionado por la presencia de Queen. Su fama parecía haberse desdibujado y esa revolución performática, con la que habían sacudido la década anterior, no tenía ya la misma fuerza. 

“¡Queen!”, repiten con más fuerza los falsos policías mientras Freddie Mercury sube corriendo al escenario. Saluda al público y agita los puños pidiendo más gritos, más desenfreno, más histeria. Brian May lanza un par de riffs en su guitarra y Freddie deja escapar desde el piano los primeros acordes de Bohemian Rhapsody. Ajusta el volumen y, con un cabezazo, marca la entrada para el resto de los músicos: 

Mama… just killed a man

Dieciocho minutos que se vuelven veinte. Bohemian Rhapsody, Radio Ga Ga, Hammer to fall, Crazy little thing called love, We will rock you y We are the champions. Freddie Mercury al piano; alza el micrófono como el cetro de un rey, de espaldas a Brian May, con solos de guitarra en el aire, cantando en coro junto a 74.000 personas. Freddie Mercury canta en Live Aid de 1985 e inscribe la fecha en la historia como su mejor concierto. 

Acto I

We are the champions…

of the world

“Están muy locos, es una locura. ¿Qué estación de radio va a emitir una canción de seis minutos?”, pregunta Elton John, con los últimos cincuenta segundos de Bohemian Rhapsody sonando aún. Había obtenido la cinta de manos de John Reid, mánager de la banda, quien repartió algunas copias entre sus amigos con la intención de censar la opinión de los expertos. Este iba a ser el sencillo de promoción para Night at the Opera, el nuevo disco de Queen.

No era una canción convencional, de estrofa-puente-coro-estrofa, letras poéticas y ritmos claros. Era casi una suite barroca, una colección de danzas con distintos aires, formas e intenciones. O una ballada de Chopin, con cuatro ideas diferentes que se unen para contar una historia que cada quien interpreta a su antojo. Una historia escrita por Freddie Mercury cuando aún conservaba su nombre de pila, Farrokh Bulsara, y que contra todos los pronósticos se convirtió en la más escuchada del Reino Unido para 1975.

Queen Freddie Mercury
Mercury nació el 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar, una región de Tanzania. / Foto DB – DPA – AFP

Escena 1

Is this the real life?

Is this just fantasy?

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Un coro a capela se hace la misma pregunta que persiguió al escritor Pedro Calderón de la Barca: ¿y si todo es fantasía y nada es real? ¿Y si la vida es sueño? Mercury comenzó a pensar en lo que sería Bohemian Rhapsody mientras estudiaba en Earling Art College. Un rompecabezas de melodías, a las que provisionalmente llamó The Cowboy’s song, se repetía una y otra vez en su cabeza sin mucha claridad. 

Años más tarde, cuando ya era la voz líder de Queen, llevó a uno de los ensayos un montón de apuntes en hojas de mensajes telefónicos, los pegó en el atril del piano y comenzó a golpear las teclas como si fueran los parches de una batería. Por momentos giraba hacia los demás músicos y les explicaba que ahí venía un coro lírico, a manera de una ópera miniatura. Brian May fue el primero en considerar la idea y el encargado de convencer al resto. 

La grabación fue todo un reto. Las voces de Mercury, May y Roger Taylor tenían que doblarse y cantar en diferentes registros emulando un coro de sesenta personas. John Deacon, el bajista, prefirió no cantar. Para entonces, la tecnología de los estudios de grabación solo permitía 24 pistas análogas y Bohemian Rhapsody necesitaba 180. Fusionaron grabaciones hasta comprimir todo en dos cintas. Durante semanas enteras en el estudio grabaron diez horas diarias y deshicieron lo grabado al día siguiente, pero Mercury tenía muy claro lo que había imaginado, una canción que marcaría una nueva forma de hacer rock en el mundo. 

Bohemian Rhapsody
Bohemian Rhapsody fue la primera canción de una banda británica en superar 10 millones en ventas en EE.UU. / Foto: Tony Mottram – AFP

Escena 2

Put a gun against his head, pulled my trigger, now he’s dead…

Mama, life had just begun

“Mamá, he matado un hombre”. Meursault es un francés joven, escéptico y apático a su propia vida, que enfrenta la muerte de su madre, el amor de una mujer y el asesinato de un árabe. Es llevado a juicio y condenado por no llorar en el funeral, tener relaciones sexuales antes de terminar los respectivos días de duelo y disparar al árabe solo porque la luz del sol le hacía doler la cabeza. 

Los intentos por entender a Freddie Mercury son tantos como las interpretaciones que sus seguidores dan a su música. Para algunos, Mercury es Meursault, el personaje principal de El extranjero, la novela de Albert Camus; y los versos de Bohemian Rhapsody un coqueteo abierto con la filosofía del absurdo y el pensamiento existencialista. Para otros, es una declaración de identidad del propio Mercury, en la que se reconoce a sí mismo como un hombre diverso que se siente atraído por otros hombres, que “asesina” como metáfora de renacimiento: se acaba un Freddie y comienza otro. “Halé el gatillo y ahora está muerto. Mamá, mi vida acaba de empezar”. 

Escena 3

I see a little silhouetto of a man,

Scaramouch, Scaramouch, will you do the fandango!

Freddie Mercury con jean celeste y musculosa blanca, marca con los pies los tres golpes de We will rock you. Freddie Mercury con minifalda de cuero y pendientes rosa aspira la alfombra de una casa ochentera bajo la consigna que defendió siempre: I want to break free. Freddie Mercury, de chaqueta amarilla y pantalón blanco, hace corear al público del Wembley Stadium en 1986. Freddie Mercury, con el torso desnudo y una capa roja de terciopelo, se despide del público mientras, al fondo, suena el himno de Inglaterra.

Es difícil definir a Mercury con una imagen icónica porque todas sus imágenes lo son de alguna manera. Hizo de sí mismo su propia obra: un frontman inconfundible que se apoderaba de cualquier espacio. Una deconstrucción de los estereotipos de masculinidad y una reinvención de la figura del rockstar de 1980. Una amalgama única de música, performance y performer, que en su momento resultaba inentendible y al mismo tiempo absolutamente seductora. 

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Tal como ocurre con sus letras –Thunderbolts and lightning, very, very frightening me, ¡Galileo!– su figura era un mantra que el público repetía una y otra vez por necesidad. Que, como la droga a un adicto, producía abstinencia cuando se ausentaba. No existía, entonces, otra explicación racional para el fenómeno Mercury, que la misma que dio Brian May cuando le preguntaron por la letra de Bohemian Rhapsody: “No creo que alguna vez sepamos de qué se trata, pero estoy seguro que les va a estallar la cabeza”. 

Escena 4

So you think you can stone me and spit in my eye

So you think you can love me and leave me to die

En mayo de 1987, las portadas de los periódicos ingleses parecieron ocuparse exclusivamente de Freddie Mercury. Paul Prenter, exmánager de la banda y expareja sentimental de Mercury, vendió la historia por 32 mil libras de la época. El primer día, The Sun publicó que dos de sus amantes habían muerto de sida. El segundo, un entrecomillado de Prenter abrió la página: “Es más fácil ver a Freddie caminando sobre las aguas que saliendo con mujeres”; el cuerpo de la noticia narraba con minucia cómo Mercury, después de cada concierto, se iba a dormir con algún hombre que conocía en las celebraciones de la noche. Y el tercero, un doble página con fotos de Freddie abrazando a diferentes hombres y un título que decía “All the Queen’s men”, terminó de hacer violentamente público lo que ya era evidente. 

Hasta entonces, la sexualidad de Freddie Mercury era algo de lo que sus seguidores y los medios conjeturaban, pero sin confirmación alguna. Y se habría quedado como un asunto irrelevante de no ser porque, en 1991, cuando la salud física de Mercury se deterioraba vertiginosamente y los periódicos, de nuevo, irrumpían en su vida privada en busca de razones, Paul Prenter murió de VIH. A los pocos meses, un comunicado confirmó que Freddie también era positivo: “En virtud de la enorme atención que la prensa ha brindado al asunto en las últimas dos semanas, deseo confirmar que he dado positivo de VIH y que por lo tanto padezco de sida”.

Freddie Mercury
La última vez que Queen se presentó con Freddie Mercury como vocalista fue el 9 de agosto de 1986 en Inglaterra. / Foto: Werner Baum – AFP

Coda

Any way the wind blows…

Al día siguiente, 24 de noviembre de 1991, murió su majestad, Freddie Mercury. Pasó sus últimos días en compañía de Jim Hutton, su pareja, y de Mary Austin, “el amor de su vida”. Los integrantes de Queen volvieron a grabar Bohemian Rhapsody y, de nuevo, esa canción de seis minutos que rompía con todas las reglas de una canción comercial, se ubicó en los primeros puestos de los rankings.

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Noviembre
24 / 2021

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