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La fábrica de cretinos digitales: pantallas versus el desarrollo cerebral

Diners conversó con Michel Desmurget, autor de La fábrica de cretinos digitales, un libro sobre los peligros de permanecer mucho tiempo frente a una pantalla.

Foto: Ilustración hecha por Daniel Liévano

Diners conversó con Michel Desmurget, autor de La fábrica de cretinos digitales, un libro sobre los peligros de permanecer mucho tiempo frente a una pantalla.

El artículo ‘La fábrica de cretinos digitales: pantallas versus el desarrollo cerebral’ fue publicado originalmente en la edición impresa de la Revista Diners de marzo

Cuando Michel Desmurget, doctor en neurociencias e investigador del Inserm, Instituto Nacional de Investigación en Salud y Medicina de Francia, hace referencia al término nativos digitales, le es inevitable pasar de la ironía a la cólera.

Explica que los estudios científicos han demostrado que “los nativos digitales son un mito de la cabeza a los pies” y que las competencias intelectuales que se les atribuyen, como la capacidad para desarrollar tareas simultáneamente, procesar datos en paralelo, sintetizar enormes flujos de información y una desbordada aptitud para trabajar en equipo también son “un mito útil para los ingenuos”, pues en conjunto eso significaría que se está frente a un grupo de personas con cerebros más rápidos.

Sin embargo, realmente le enfurece que se den por ciertas esas teorías y que el entusiasmo que generan sirva para estimular la exposición a las pantallas, a sabiendas de que su uso desproporcionado ocasiona daños irreversibles en el desarrollo de niños y estudiantes, y que además, los medios de comunicación promueven estas tecnologías de forma acrítica a partir de discursos benévolos. “No comprendo cómo la sociedad tolera que podamos hacerles eso a nuestros niños”, asegura.

Cretinos digitales Michel Desmurget ganó el prestigioso premio Femina de las letras francesas con La fábrica de cretinos digitales.


¿De qué va el libro?

Diners conversó con Desmurget a propósito de su libro La fábrica de cretinos digitales (Ediciones Península), donde aborda minuciosamente cada uno de estos mitos para deconstruirlos a partir de investigaciones emprendidas por respetadas universidades.

También explica los problemas de desarrollo que causa el hecho de que el consumo medio de tecnología de las nuevas generaciones sea absolutamente desproporcionado: “Con solo dos años de edad, se sitúa en torno a las tres horas. De los ocho a los doce, la media se acerca a las cinco horas. En la adolescencia, la cifra se dispara casi a siete horas, lo que supone más de dos mil cuatrocientas horas al año en pleno desarrollo intelectual”. Todo ese tiempo en lo que él define como “industria recreativa, que pasa por las series, videojuegos, televisión, comercio electrónico, mensajes de texto, videoclips y redes sociales”.

¿Por qué escribió La fábrica de cretinos digitales?

El punto de partida fue hace más de diez años, cuando, en mi rol de investigador, comencé a interesarme por la televisión. Lo que aparecía en los medios y lo que afirmaba la literatura científica era contradictorio.

En los medios hablaban supuestos especialistas que, en vez de informar, hacían propaganda a los canales o a ciertos programas, así que escribí TV Lobotomía, acerca de los efectos nocivos de la televisión en los niños. Desde entonces me tildan de alarmista, exagerado, culpabilizador… solo puedo decir que mi intención es brindar información exacta y honesta, por muy molesta o incómoda que resulte y al final del libro propongo alternativas.

¿Influyó el hecho de ser padre?

Claro, y también que trabajo en una unidad de neurocirugía y cuando los niños pasaban por cirugías importantes, los padres pensaban que les hacían bien poniéndoles videos para distraerlos.

Con eso, los niños dejaron de ir a las salas de juego; entonces nos dijimos que estaría bien suspender los videos al menos por algunas horas y ahí apareció el problema central de las pantallas: estas han reemplazado a los humanos. Si las quitábamos, necesitábamos más humanos en la sala de juegos; es decir, contratar más enfermeras y personal para ocuparse de ellos. Así que no lo logramos.

Luego se empezó a hablar de la televisión por demanda y sus “maravillosos” contenidos, y me pareció importante poner eso al día e incluir las nuevas pantallas.

A eso se sumó que empecé a escuchar en los medios a los pseudoexpertos hablar de la inteligencia desmedida de los nativos digitales y todos los nombres que les cuelgan: millennials, e-generation hasta Google generation, y me harté porque no se debe jugar con el desarrollo de nuestros niños. Que les quieran vender cualquier cantidad de cosas no me molesta, pero venderles cosas nocivas para su desarrollo y que además traten de convencer a los adultos de que son positivas… Eso es algo que, como sociedad, siento que no deberíamos dejar que tocaran.

En su libro explica que las nuevas generaciones no tienen un nuevo cerebro; es decir, que no es diferente al de las generaciones precedentes; entonces, ¿el cerebro está preparado para la sobreexposición a las pantallas?

El cerebro es viejo, no hay ninguna novedad en los actuales. Tal como fue modelado por la evolución, el cerebro necesita, primero, interactuar con humanos. No reacciona de la misma manera a una sonrisa vista en persona que a través de una pantalla.

Segundo, moderación sensorial; es decir, no está hecho para la sobreestimulación, pues eso le provoca problemas de atención y de aprendizaje.

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Tercero, sueño. Los estudios han demostrado que las pantallas alteran la cantidad y la calidad del sueño.

Por último, necesita que el cuerpo se mueva y las pantallas aumentan el sedentarismo. Todo eso significa que el cerebro humano no está hecho para el mundo en el que estamos haciendo crecer a nuestros hijos, y aunque es verdad que esta máquina maravillosa se adapta, no va a lograr desarrollarse cuando no tiene ninguna de las condiciones necesarias para hacerlo, pues la sobreexposición a las pantallas altera todas esas condiciones.

Por el contrario, no conozco ningún estudio que diga que hay efectos negativos por no exponer a los niños a una pantalla.

Ilustración: Daniel Liévano


¿Por qué escogió la palabra cretino para el título del libro?

Porque hay tanto lobby y propaganda que sentí que era necesario agitar las aguas, despertar a la gente y subrayar a través del título que se trataba de un verdadero problema de desarrollo y de salud pública.

La inteligencia humana depende del lenguaje, de la atención y de la cultura; me refiero a lo que los estadounidenses llaman background knowledge, es decir, conocimientos esenciales que permiten funcionar como ciudadano e interpretar las cosas que se ven y se leen.

Esos tres elementos son altamente alterados por las pantallas, así que ese título sugiere que estamos jugando con la inteligencia de nuestros hijos. La idea de: “Googléalo. No hay necesidad de saber más”, es lo más estúpido que se ha dicho y una muestra de que se desconoce por completo cómo funciona el cerebro.

En el libro aclara que no desprecia a los niños, ¿por qué esa precisión?

Si digo que nuestros niños son cretinos no es por faltarles al respeto, sino para indicar que como adultos tenemos una responsabilidad que no estamos asumiendo bien y que si continuamos por esa vía afectaremos gravemente su desarrollo. Si fuera verdad que desprecio a los niños ya me habría incorporado a la nómina de alguna sociedad digital para escribir exactamente lo contrario: que los juegos de videos son geniales para la lectura y para la atención.

Neil Postman decía que los niños son el mensaje vivo que enviamos al futuro; en ese sentido, estoy agradecido con quienes vivieron antes de mí y me legaron una lengua, cultura, saberes, porque gracias a ellos hoy tengo las herramientas para pensar y reflexionar.

Faltarles al respeto a los niños es hacerles creer que se puede hacer y tener todo sin esfuerzo, sobre todo sin esfuerzo intelectual. Un ejemplo de ello es el departamento de publicidad de Microsoft, que hace unos años sacó un estudio que mostraba que las nuevas generaciones tenían dificultades de concentración y de atención. En vez de advertir para que se hiciera algo al respecto, dijo que se debían hacer publicidades muchísimo más cortas. Sus palabras literales fueron: “Nuestros niños tienen la atención de un pescado dorado”.

Con solo dos años de edad, el consumo medio se sitúa en torno a las tres horas. En la adolescencia, la cifra se dispara casi a siete horas, lo que supone más de dos mil cuatrocientas horas al año en pleno desarrollo intelectual. Así lo explica La fábrica de cretinos digitales.


En La fábrica de cretinos digitales hace referencia a cómo la facilidad se ha impuesto con el lema del Plug and Play (conecta y juega). ¿Qué consecuencias tiene eso?

Les han hecho creer a estos niños y a sus padres que son grandes genios de la informática porque son capaces de utilizar Google, Facebook, Instagram, Netflix y todas esas aplicaciones desde muy pequeños, pero lo cierto es que todo eso está hecho para que pueda ser utilizado por un macaco de laboratorio, perdón por la expresión, pero son cosas extremadamente fáciles de utilizar. Alguien de Google dijo alguna vez que es una herramienta hecha para ser tan fácil de utilizar como un cepillo de dientes, eso lo resume todo.

¿Qué piensa de la violación a los derechos de la intimidad ya no de los adultos, sino de los niños y adolescentes que utilizan ciertas aplicaciones en los teléfonos móviles y en los computadores?

Creo que hay una convergencia de dos mundos. Por un lado, el de Aldous Huxley en Un mundo feliz, donde la gente es embrutecida con la soma y, por otro, el de George Orwell en 1984, que habla del mundo de la vigilancia, donde nada escapa al Gran Hermano.

No soy un experto en ese tema, pero sí puedo decir que observamos una especie de servilismo y embrutecimiento voluntario, que pasa por todo lo recreativo a través de un desproporcionado número de horas y que empieza en la niñez. Además, entrena a los niños en el consumismo, se fortalecen en la adolescencia y en la adultez no se pueden desprender de ahí. Estamos frente a organizaciones que son capaces de recoger todos los datos de los usuarios, sin importar la edad, para emplearla contra nosotros mismos.

No olvidemos el caso de Cambridge Analytica. Ellos tienen todas las herramientas posibles para influenciarnos porque el cerebro es una esponja. Nos creemos muy astutos y suponemos que reaccionamos en función de nuestras ideas y convicciones, pero la verdad es que somos muy influenciables, a lo que se suma que ellos también saben que nuestra capacidad de pensar el mundo se está reduciendo. La diferencia es que el cerebro de los adultos ya tuvo la oportunidad de formarse, el de los niños apenas lo está haciendo.

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En La fábrica de cretinos digitales habla, incluso, de la pérdida de la democracia…

El filósofo Nicolas de Condorcet planteó que para que una democracia marche bien, es necesario que sus ciudadanos estén despiertos.

Hoy vemos claramente que, con el bombardeo de información, hay gente que no sabe diferenciar entre una información verdadera y una fake news o una “información” creada como publicidad. El espíritu crítico se va a perder todavía más porque, simplemente, desde el comienzo no hay lenguaje suficiente para comprender ni capacidad de atención para leer. Si no se comprende, cómo se va a criticar.

La fábrica de cretinos digitales alerta sobre los peligros de permanecer mucho tiempo en frente de una pantalla. / Ilustración: Daniel Liévano.


¿Por qué se sigue creyendo que la tecnología es sinónimo de progreso?

Los informes PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) muestran que entre más se ha digitalizado la educación, los resultados se han vuelto peores.

La calidad de un sistema de enseñanza está dada por la contratación de los profesores. Para muchos gobiernos resulta más barato darles a los niños un computador con un software supuestamente educativo, que pagar, capacitar y contratar a buenos profesores.

Además, hoy los estudiantes saben usar las herramientas no para aprender, sino para esforzarse menos. En una tarea de idioma extranjero emplean el traductor de Google para que les haga todo.

Creo que, en sí misma, la herramienta es maravillosa, pero sería ideal que hicieran el trabajo y luego verificaran con el traductor si quedó correcta. Uno de los aspectos que más cuenta en la educación es el esfuerzo, pero aquí se anula.

¿Qué va a pasar cuando tengan que enfrentarse a algo que no sea fácil?

No soy ultrapesimista, pero cuando veo a estos chicos, pienso que es una generación en la que solo una pequeña fracción, es decir, la que está en un medio favorable, va a tener realmente capacidades, mientras que la gran mayoría va a tener un dedo pulgar muy sofisticado. Saber utilizar aplicaciones no la hace una generación prometedora.

A raíz de la pandemia, los niños han tenido que dejar de ir al colegio para recibir sus clases de manera virtual. ¿Cuáles pueden ser las secuelas de esto?

Cuando alguien se rompe una pierna, le dan muletas y una vez que la pierna está sana de nuevo, se deben dejar de usar. Las pantallas en la pandemia fueron eso, muletas temporales.

No se debe pensar que, porque fueron una ayuda en ese momento, se deben seguir usando como si fueran un reemplazo ideal de los profesores. Las más altas autoridades han reconocido que la “educación virtual” fue un desastre pedagógico y que era urgente reabrir las escuelas.

Hay casos en los que la digitalización puede ser extraordinaria, pero a la vez la pandemia mostró que tiene enormes limitaciones, como la multiplicación de las desigualdades sociales. Con todo esto, quiero aclarar que no estoy haciendo una campaña de tecnofobia. Todos utilizamos y necesitamos la tecnología, el problema es que les damos tecnología a los niños para usos recreativos, que van en contra de su desarrollo.


¿Qué opina de la entrevista con el autor de La fábrica de cretinos digitales? Déjenos saber en nuestras redes sociales.

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Abril
06 / 2021

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