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Verano Mundialista

Rusia será sede del próximo mundial de fútbol. Por sus imponentes paisajes, opciones de entretenimiento y, por supuesto, su riqueza cultural, Diners seleccionó a Moscú, San Petersburgo, Volgogrado y Sochi, cuatro de las once ciudades que recibirán este evento, para que las conozca, se anime a alistar maletas y emprenda el viaje.

Foto: La plaza roja Foto: Tatiana Popova/Shutterstock

Rusia será sede del próximo mundial de fútbol. Por sus imponentes paisajes, opciones de entretenimiento y, por supuesto, su riqueza cultural, Diners seleccionó a Moscú, San Petersburgo, Volgogrado y Sochi, cuatro de las once ciudades que recibirán este evento, para que las conozca, se anime a alistar maletas y emprenda el viaje.

Mito: en Rusia hace frío todo el año.
Realidad: en verano, algunas ciudades como Sochi o San Petersburgo alcanzan más de veinte grados centígrados y generan el ambiente perfecto para ir a la playa.
Mito: los rusos son rudos y parece que andan de mal genio siempre.
Realidad: en palabras de un colombiano que vivió dos años en Moscú, “tienen un humor interesante, aunque cuando uno los está conociendo hablan fuerte, cortante, toman mucho del pelo”.
Mito: en Rusia beben mucho vodka.
Realidad: beben muchísimo vodka, aunque en los últimos años han iniciado campañas para desestimular el consumo, pues en 2011 la Organización Mundial de la Salud realizó un informe en el que lo ubicó como el tercer país donde más se toma alcohol (15,76 litros por persona al año). Según datos del Gobierno ruso, el consumo se ha reducido hasta un 80%

El interior de la estación Komsomolskaya/Foto: Popova Valeriya/Shutterstock

La literatura, el cine estadounidense y hasta la política de algunos países de Latinoamérica nos han dado ideas, algunas más acertadas que otras, de Rusia y su cultura. El próximo mundial de fútbol, que se celebrará del 14 de junio al 15 de julio, puede ser el escenario en el que usted, como viajero, pueda aterrizar más sensaciones sobre este país y agregar, a partir de su experiencia, otro par de ejemplos al ejercicio de mito vs. realidad del comienzo.

Moscú y San Petersburgo por ser, entre otras cosas, las ciudades más grandes del país; Volgogrado, debido a su historia y cantidad de planes para realizar a orillas del río Volga; y Sochi, reconocida como el destino para pasar el verano en Rusia, son los cuatro lugares (de los once que recibirán la próxima edición del mundial de fútbol) seleccionados por Diners para emprender el viaje (los otros son Kazán, Kaliningrado, Ekaterimburgo, Nizhni Novgorod, Rostov del Don, Saransk y Samara). Además, conversamos con algunos colombianos que han vivido de cerca cómo es estar en estas urbes, que saben de primera mano cómo resulta vivir allí y, por supuesto, nos cuentan qué es lo que no se puede perder si decide visitarlas, tenga en cuenta que estarán en verano para la época del mundial.

Moscú: imponente y cosmopolita

Héctor Iván Hurtatis, politólogo, no sabía ruso, ni conocía el país, ni tenía parientes o amigos que hubiesen estado allá alguna vez, aun así aplicó a una beca para estudiar la maestría en Política Pública Global en la Russian Presidential Academy of National Economy and Public Administration. Pasó, empacó sus maletas y se fue. “Me recogieron en el aeropuerto Domodédovo, hice el trayecto hasta la universidad en metro. Nunca había visto algo así, esas estaciones parecen, literalmente, museos (al metro de Moscú se le conoce como el Palacio Subterráneo), hay unas partes elevadas que pasan sobre el río Moscú, fue alucinante. Llegué en verano, donde anochece casi a las 8 p. m. y hacía una temperatura de 25 °C. ¡Qué gran destino escogí!, pensé».

Foto Yana Ermakova/Shutterstock

Uno de sus lugares favoritos es el parque Gorki, nombrado en honor al escritor Máximo Gorki, ubicado al suroccidente del Kremlin y que en verano se vuelve uno de los espacios preferidos de los locales, en donde “ponen música y bailan salsa. Oyen salsa cubana, por la historia cercana que tienen”, cuenta Héctor.

Entre los planes imperdibles se encuentra caminar por la calle Arbat, de un kilómetro de largo y una de las más antiguas y famosas de la ciudad, pues su construcción se remonta, por lo menos, al siglo XV, y fue un espacio comercial que tuvo que reconstruirse luego de un incendio provocado por el paso de las tropas de Napoleón, y que después se convirtió en el lugar que frecuentaba la nobleza rusa durante los siglos XIX y XX. Tampoco puede dejar de visitar el Kremlin y sus cuatro palacios para igual número de catedrales. Por otro lado, en la Plaza Roja, una de las insignias de la ciudad, puede encontrar la Catedral de San Basilio, un templo ortodoxo construido por orden de Iván el Terrible.

Sin embargo, el templo más importante para los ortodoxos –la religión mayoritaria en Rusia– es la Catedral de Cristo Salvador, que se construyó en el siglo XIX, pero en 1931 se destruyó para comenzar la edificación del Palacio de los Sóviets, un fallido proyecto de la Unión Soviética que consistía en levantar una estructura con una estatua de Lenin de cien metros. El interés en otras megaobras y los problemas financieros que dejó la Segunda Guerra Mundial, a pesar de la victoria rusa, anularon el proyecto y se decidió reconstruir la estructura original de la iglesia durante los años noventa.

A través de la ciudad pasa el río Moscú. Aquí una vista panorámica del Kremlin

Foto: Baturina Yuliya/Shutterstock

El río Moscú es uno de los protagonistas de la ciudad, y aunque caminar por su orilla y contemplarlo es ya un plan inigualable, puede mejorar, sobre todo, si lo recorre en barco. El Radisson Royal Moscow, que cuenta con una flotilla de lujo, puede ser una buena opción.

Después de vivir dos años en Moscú, Héctor resalta una curiosidad sobre la gente de la ciudad, y es que “a los rusos les encantan las flores, tienen floristerías 24 horas. Llevar flores es como comprar el pan para las onces, es impresionante”. Además, para subrayar la diferencia entre moscovitas y quienes viven en otras regiones explica que, por ejemplo, “Volgogrado y otras ciudades son más tradicionales, Moscú es cosmopolita, se le siente el peso de ser la capital, es imponente, bella, única. No tiene comparación, aquí puedes ver su destrucción y reconstrucción histórica”.

Un hotel: Radisson Royal Moscow
Un bar: City Space
Un restaurante: Café Pushkin
Un sitio para ir de compras: GUM

San Petersburgo: la Venecia del norte

En el momento de la entrevista telefónica, un día de febrero, Gustavo Cubillos, pintor de 29 años, advierte que la temperatura está a –19 °C y que llegará a –22 °C. “Esto es duro hasta para los rusos, por lo general me pongo dos camisetas, dos buzos, doble par de medias y de guantes. Bogotá es caliente en comparación de acá”, cuenta entre risas. “Pero la ciudad en verano se transforma, tiene mucha vida”, se apresura a decir, “todo el mundo sale, hay músicos tocando en cada lado, las fuentes se prenden y las personas pasan las madrugadas en la calle. Sucede un fenómeno muy bonito, que son las noches blancas, no oscurece”.

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El palacio Peterhof queda a 29 kilómetros de San Petersburgo / Foto: Roman Evgenev/Shutterstock

A pesar de ser una de las ciudades más jóvenes de Rusia (fundada por Pedro el Grande en 1703), desde su origen ha sido determinante para la historia de su país, pues se convirtió en la capital del Imperio ruso durante más de doscientos años. Era la joya para mostrar al mundo occidental, por eso se convirtió en un centro cultural ejemplar, que se jacta de tener entre sus más destacados atractivos el museo del Hermitage, formado, principalmente, con las colecciones privadas de los zares, que alcanzan a recopilar más de tres millones de piezas.

“Algunos dicen que para recorrerlo completo dedicándole un minuto a cada obra de arte, se necesitan siete años, otros dicen que once”, apunta Gustavo, quien también hace las veces de guía turístico en la ciudad, y añade que del museo recomienda prestar atención al Palacio de Invierno, “aunque el museo tiene trabajos de Da Vinci, Rembrandt, Picasso, etc., no tiene sus obras más importantes, así que el valor agregado se encuentra en la arquitectura del palacio, es lindo ver cómo vivían los zares, sus cuartos decorados con piedras preciosas”.

Interior de la catedral de Pedro y Pablo, ubicada en la fortaleza de Pedro y Pablo, donde se fundó la ciudad / Foto: Art Konvalova/Shutterstock

Gustavo, quien realiza restauración de arte monumental (restauración de pinturas al fresco), resalta que la gran cantidad de canales que recorren San Petersburgo la hacen merecedora del título de la Venecia del norte. Cientos de puentes que se alzan sobre numerosos canales dan cuenta de su belleza. La página de internet www.tour-moscow.com/es/tours-spb/ ofrece un paseo de dos horas por los canales, que recorren ríos como el Neva, el Moyka y Fontanka. Normalmente cuesta 105 dólares por persona (6.405 rublos), pero durante el mundial de fútbol su valor estará alrededor de los 300 dólares por persona (18.300 rublos).

“Acá sucede que la gente se asombra si uno a mi edad no está casado. Llegué con 26 años y ya me preguntaban por qué no tenía esposa, si uno no está casado a los 22 o 23 se ve como algo extraño. Otra cosa clave para entenderlos es que no se habla o saluda a menos que uno quiera comenzar una conversación. Es de mal gusto decir ‘hola’ y seguir el camino; ‘para qué me saluda si no me va a hablar más’, dicen”.

La catedral de San Isaac es un templo ortodoxo construido en el siglo XIX/ Foto: Sailor/Shutterstock

En sus recorridos guiados, destaca varios imperdibles de la ciudad: la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, uno de los símbolos de la ciudad, que cuando el sol resplandece hace que las cúpulas, bañadas en oro, brillen intensamente. También menciona visitar el fuerte de Pedro y Pablo, donde se fundó la ciudad; la Catedral de San Isaac y la Catedral de Kazán, donde se encuentra el ícono de Nuestra Señora de Kazán, la advocación mariana más venerada de los ortodoxos, que fue robado, reapareció en Estados Unidos, se le entregó a la Iglesia católica y fue devuelto en 2004 por el papa Juan Pablo II. El museo de Fabergé, y el Palacio Yusúpov, donde mataron a Rasputín, son otros recomendados.

Un restaurante: Gras (cocina contemporánea)
Un sitio para ir de compras: Great Gostini Dvor
Un hotel: The State Hermitage Museum Hotel
Un bar: Dictator

Volgogrado la ciudad heroica

La estatua de la Madre Patria se alza sobre la colina Mamáyev Curgán. De ochenta y cinco metros de altura, elaborada en hormigón y metal. No solo representa un imponente trabajo escultural, sino que da cuenta de la victoria clave de los rusos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas del Eje (Japón, Alemania e Italia) intentaron avanzar a través de este territorio entre agosto de 1942 y febrero de 1943. El Ejército Rojo pudo resistir y detuvieron el avance de las tropas, aunque a un alto costo. Se le conoció como la batalla de Stalingrado, nombre de la ciudad en aquel entonces, y en honor a los cientos de miles de caídos y desaparecidos se erigió esa estatua.

La estatua Madre Patria tiene una altura de 85 metros. Foto: Oleg Dimitrov/Shutterstock

Volgogrado resistió, y sigue resistiendo. No a una amenaza militar, sino a cualquier cambio sustancial en sus tradiciones. «Es una cultura más conservadora que la que uno puede encontrar en cualquier otra ciudad rusa”, aclara Erick Duarte, quien vivió allí durante un año mientras aprendía a hablar el idioma local. “Al principio me sentía extraño y perdido al ver los carteles y estantes de las tiendas sin poderlos comprender, pero no me costó darme cuenta que era un lugar espectacular, su arquitectura me recordaba las películas de cine arte europeo, tiene una atmósfera especial”.

Durante el verano, con temperaturas que pueden alcanzar los 35 °C, una de las actividades favoritas de los locales es la progulka, que se entiende como dar una vuelta y pasear por la ciudad. “Puedes ver a la gente sonriente, pero bueno, tampoco perderán la naturaleza tosca que los caracteriza”. Caminar por el malecón, recorrer la Plaza de los Soldados Caídos (de los pocos lugares que no se vieron sustancialmente afectados por la guerra) y realizar paseos por el río Volga están entre uno de los planes contemplativos más atractivos, donde se puede apreciar la costa y ver los cientos de estatuas y monumentos que hay en la ciudad.

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Las ruinas del molino Gerhardt, uno de los símbolos de la batalla de Stalingrado. Foto: Popoudina Svetlana/Shutterstock

El museo Panorama es un referente turístico trascendental en Volgogrado, se encuentra ubicado a orillas del río Volga y reúne algunos artefactos de la Segunda Guerra Mundial, como una pintura panorámica del campo de batalla y aviones de la época. Tampoco puede perderse del Metrotram, un tranvía de alta velocidad que conecta a cinco de las ocho zonas de la ciudad a través de una línea de 17 kilómetros, que dicho sea de paso, lo puede llevar al Volgogrado Arena, el estadio en el que se disputarán algunos partidos del mundial.

“Nosotros (los colombianos) somos demasiado cariñosos, es normal ver parejas besarse en la calle, acá es bastante raro, con los dedos de la mano podría decir que vi rusos besarse en la calle.

La definición de amistad es muy distinta, un amigo para nosotros es alguien que siempre está para escuchar y ayudar, en cambio, los rusos no se interesan mucho en si necesitas ayuda, pero aun así te consideran su amigo. Son personas muy puntuales, siempre van a estar 20 o 15 minutos antes de la hora acordada; también son muy honestos, recuerdo que perdí un gorro, y una semana después lo vi sobre un mostrador de la universidad, luego me acordé de que me lo había quitado en ese mismo lugar, muchas veces si pierdes algo en Rusia ten por seguro que estará ahí en el sitio donde lo dejaste, nadie se lo va a llevar”.

Un restaurante: Knyagininsky Dvor
Un hotel: Park Inn By Radisson
Un sitio para ir de compras: Europa City Mall
Un bar: Druzya

Sochi la capital del verano

Un año antes, como antesala al mundial de fútbol, el país anfitrión realizó la Copa Confederaciones, y una de las sedes del torneo que se disputó en 2017 fue Sochi, allí viajó Camilo Montoya, el periodista colombiano que trabaja para Telemundo. Realizó el cubrimiento del evento y anotó ciertas particularidades en sus reportajes, en los que destaca, por ejemplo, que aunque pueda ser un día gris y lluvioso, la gente no deja de ir a la playa, “quizás esta no es la imagen a la que estamos acostumbrados en un sitio veraniego, pero es que en Sochi el clima resulta tan impredecible como en las demás donde se realiza dicho torneo”, cuenta en uno de sus informes.

Uno de los atractivos de Sochi es que de un lado tiene playas y del otro una vista a las montañas del Cáucaso Foto: Sergey Sizov/Shutterstock

Se le conoce como la capital de verano, pues es uno de los destinos preferidos por los rusos para pasar esta temporada. Su tradición hotelera se remonta desde finales del siglo XIX, incluso, comenzando el siglo XX, Iósif Stalin instaló una de sus dachas (casas de campo), cerca de Sochi. Actualmente, este lugar se encuentra abierto al público (no hay tanta suerte con Bocharev Ruchei, la casa de verano de Vladimir Putin) y es uno de los atractivos que se destaca, aparte de playas como Adler y otras tantas que se ubican sobre el mar Negro.

Montoya señala en su cubrimiento que no puede dejar de visitar el Sky Park, que cuenta con uno de los puentes colgantes más largos del mundo, que se eleva sobre el valle de Krasnaya Polyana y mide 439 metros de largo. Una buena opción de hospedaje se encuentra en este mismo lugar, se trata de Skypark Apart Hotel, que cuenta con una vista panorámica de las montañas.

Es precisamente allí donde se complementa la oferta de actividades, pues luego de visitar las playas en la mañana, en la tarde puede tomar un automóvil e ir a la zona del Cáucaso, que queda más o menos a una hora. En algunas ocasiones, cuando comienza el verano, aún continúa habiendo partes de las montañas cubiertas de nieve, lo que configura un paisaje sin igual.

Vista aérea sobre la sota de Sochi hacia el mar Negro Foto: Dmitriy Kandinsky/Shutterstock

Durante el invierno, Sochi es uno de los destinos más frecuentados para practicar esquí. La realización de los pasados Juegos Olímpicos de Invierno, en 2014, le dejó una imponente infraestructura. Sin embargo, en verano la oferta no desaparece, las montañas que hacía unos meses eran escenarios ideales para practicar snowboarding, ahora son perfectas para acampar, visitar cascadas y caminar alrededor de fuentes de agua mineral.

Otros de sus atractivos son subir al monte Ajún, que cuenta con una torre construida en su cima y desde la cual puede tener una vista completa de Sochi. Si le gusta caminar puede visitar el Jardín Botánico, o Dendrarium, que posee más de mil seiscientas especies de árboles, plantas, y es el hogar de ardillas, avestruces y faisanes. Tampoco puede dejar de visitar el Parque Olímpico, donde se encuentra el estadio olímpico Fisht.

Un restaurante: La Luna
Un hotel: Skypark Apart Hotel
Un sitio para ir de compras: Adrel Market
Un bar: O’Sullivan’s Irish Pub

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Marzo
28 / 2018

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