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50 años de Artesanías de Colombia

Pocas veces una entidad reúne en sí misma tanto simbolismo y genera tan profundos retos como Artesanías de Colombia para el país. ¿Cómo debe ser en el próximo medio siglo de esta entidad?

Foto: Cortesía libros Maestros del arte popular colombiano (Grupo Sura)

Pocas veces una entidad reúne en sí misma tanto simbolismo y genera tan profundos retos como Artesanías de Colombia para el país. ¿Cómo debe ser en el próximo medio siglo de esta entidad?

Doña Elvira sigue dedicándome una sonrisa cuando me ve y ha pasado ya una docena de años desde que nos conocimos en una edición de Expoartesanías. Ella es famosa, una celebridad en serio, y sus ojos quedan sumidos cuando se ríe, como si su rostro fuera un solo pañuelo arrugado. Desde que se ganó el reconocimiento como Mujer Cafam en el año 2000, a doña Elvira le habla todo el mundo. Y ella, que es “conversadorcísima”, hace de cualquier charla una madeja bien gruesa de palabras. Está acostumbrada a hilar. Lo ha hecho toda la vida, para deshacerse de un marido tremendo que no la dejaba ser y para sostener después a sus hijos, como madre cabeza de familia. Una colombiana, campesina, llena de obligaciones y optimista. Como tantas que hay en el país. Pero doña Elvira posee algo más que su extraordinaria personalidad: es artesana del hilo de gusano de seda. Y de sus manos y de las del resto de mujeres con las que comparte oficio de tejedora en su pueblo de Timbío (Cauca) salen chales, bufandas, ruanas, chaquetas desde hace tres décadas. Pertenecen a Corseda, entidad que las representa, y en 2012 el diseñador Jorge Duque las acompañó, por ejemplo, para experimentar otros productos a partir de su materia prima, los gusanos que se alojan en los patios de sus casas. Sin embargo, Elvira Guzmán, a sus ochenta y cinco años, afirma que “lo mío que yo tengo, nadie me lo ha enseñado. Está en mi cabeza” y mientras lo dice me desliza un capullo de los que exhibe en su stand entre las manos. ¿Cómo se compagina la tradición con la evolución? La pregunta aflora silenciosa desde la trenza larga que luce doña Elvira, Elvirita.

“Hay que darles sofisticación y variedad a las piezas. Esos cambios son difíciles porque la resistencia en las comunidades es grande. A veces, absorber esta nueva información resulta complicada para ellos. Pero todo tiene que evolucionar. Nos tenemos que ajustar a una demanda. Si el valor agregado de la cerámica de El Carmen de Viboral es una reconocida decoración a mano, ¿qué pasa si las piezas de la vajilla son producidas por una compañía especializada que reduce costos a la cuarta parte y los artesanos siguen pintando cada pieza? Tenemos que encontrar esa línea media. Los tejidos wayúus pueden ser aplicados a otras piezas: más allá de las hamacas y las mochilas, por ejemplo. La patente de las artesanías, por otro lado, es lo único que garantiza proteger estas tradiciones colombianas”, sopesa Aída Furmanski, directora de Artesanías de Colombia. La entidad cuenta con los Laboratorios de Diseño (aspiran a consolidar 32, uno por departamento, a finales de 2015) y el programa de “Diseño Colombia” para apoyar esta tarea a la que se refiere Furmanski y la que ha experimentado doña Elvira como otros miles de artesanos indígenas en el país.

“No es fácil responder al mercado. Además nos afectan tanto el invierno como el verano para producir hilo de seda suficiente. Por eso, ahora estamos mirando a ver si nos metemos en el negocio del hilo de seda dental”, me dijo en otra edición de Expoartesanías Amparo Navarro, coordinadora del grupo que integra guambianos, paeces y negritudes en el Cauca.

Al pasar las páginas de Maestros del arte popular colombiano, el más reciente libro publicado por el Grupo Sura para celebrar los cincuenta años de Artesanías de Colombia, no es difícil deducir cuántos factores, además de los ambientales, afectan diariamente el fortalecimiento de este sector cultural que pesa muy poco en la economía nacional (a juzgar por su escaso presupuesto, esta entidad mayoritariamente pública solo recibe 18.000 millones de pesos al año). Las fotografías y textos de setenta y cuatro artesanos colombianos –la mayoría pertenecientes a comunidades indígenas distribuidas por todo el país– dan cuenta de la geografía difícil que les circunda, del escaso acceso a derechos básicos que tienen y del asombro que producen sus filigranas, ausentes del escenario comercial en las principales ciudades. Desde la creadora de esculturas Rosalee Watson de Pomare (San Andrés) hasta la tejedora Lucía Inciarte que vive en Uribia (La Guajira) integran un fabuloso repertorio de oficios y destrezas, de fisonomías y vestimentas, de miradas y actitudes. Este libro cierra una trilogía iniciada con dos volúmenes anteriores que también aborda el lenguaje creativo de las etnias indígenas en Colombia. “No deja de sorprender la creatividad, el ingenio, la recursividad y la inteligencia práctica de los artistas populares”, escribe en la introducción del libro Cecilia Duque, responsable de las ediciones anteriores y exdirectora de la entidad.

Arte y parte

¿Debe Artesanías de Colombia ser “arte y parte” de la comercialización de estos productos, crecer su red de almacenes de venta? La pregunta se torna indispensable al calibrar los escasos circuitos comerciales con que cuenta la artesanía para seducir al mercado local en primer lugar. “Hemos creado una unidad del conocimiento y una subgerencia de promoción comercial porque nosotros no podemos ser competencia de los empresarios independientes que quieran vender artesanías en el país. No deberíamos comercializar, pero lo cierto es que no hay canales reales y suficientes para exhibir las piezas artesanales. Vas a México y te das cuenta de que nos falta mucho por hacer”, asegura Furmanski con una mezcla de pragmatismo empresarial y desasosiego ante los múltiples retos que entraña su misión, emprendida desde 2011.

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Para la viceministra Carolina Soto, miembro de la junta directiva de la entidad, el foco sobre la renovación de la entidad es claro: “Se debe cambiar su naturaleza. Artesanías de Colombia debe ser una entidad similar a Proexport, concentrada en el fomento de las artesanías, más que una empresa industrial y comercial del Estado. Resulta muy complejo para la entidad operar empresarialmente porque la carga y la gestión la alejan de su objeto”.

Por otro lado parecería lógico que un país, cuna de más de ochenta comunidades indígenas con sus respectivas lenguas y tradiciones milenarias, tuviese un vínculo vigoroso con el sector de la moda. El segmento del lujo, para no ir muy lejos, se define por el valor estético y la calidad del trabajo hecho a mano. ¿Cuánto no podría ofrecer Colombia en este nicho al unir su saber milenario con el talento creativo contemporáneo? Pero la realidad es que la moda mantiene una relación poco clara con las técnicas artesanales nacionales. Nunca se han apreciado lo suficiente y el desconocimiento generalizado que mantiene el público sobre las mismas afecta también a los creadores de moda; el trabajo conjunto contiene unas exigencias que pocos quizá estén dispuestos a cumplir (paciencia, lejanía, intercambio de conocimiento). Con muchas de estas respuestas se puede especular. Para Pepa Pombo, creadora de la marca de punto artesanal que lleva su nombre, el asunto toma otro derrotero adicional. “Se han producido demasiadas copias en las artesanías durante mucho tiempo. Afortunadamente hace poco comenzó una labor de identidad, de creación de piezas propias, sin copiar obsesivamente al vecino. Hay un sentido de creación más fuerte porque la exigencia y la motivación han crecido. Si no mezclas lo comercial con la conciencia artesanal, no puedes competir. La relación diseñador-artesano es positiva porque lleva a exigir finalización de producto exquisito, por ejemplo, y el aprendizaje es mutuo en todo caso”, afirma la diseñadora.

Doña Elvira mantiene intacta su sonrisa inteligente. Ella, como nadie, sabe de la cuenta pendiente que tiene el país para afrontar el destino de sus tradiciones, la protección de sus comunidades artesanales y el desarrollo de un verdadero mercado que aúne técnica y diseño de manera competitiva. El próximo medio siglo cuenta ya con diagnósticos, resulta inevitable urgir las soluciones.

EXPOARTESANO, La memoria 2014 (del 5 al 11 de julio en Medellín)

Con el símbolo de dos manos entrelazadas y teñidas de colores se presenta este año la quinta versión del encuentro que reúne artesanos, diseñadores, empresarios, prensa y público en el recinto de Plaza Mayor, en la capital de Antioquia. “Las manos significan también creatividad e innovación, necesarias para desarrollar cualquier idea. Es un símbolo permanente de creación. La razón que incide fundamentalmente en la creación de Expoartesano 2014 radica en rescatar la memoria de nuestros saberes. Ahora que estoy metida en esto, me doy cuenta del desconocimiento que tenemos de nuestros orígenes. No sabemos de dónde venimos y es una enorme responsabilidad despertar el interés del público”, asegura Alicia Mejía, directora del evento.

A través de seis espacios diferentes, la feria mostrará el variado repertorio de productos artesanales, desde la gastronomía y sus utensilios hasta lo artesanal ligado al diseño de vanguardia. “Los indígenas viven de que les compremos sus productos, pero también queremos que la cercanía con ellos vaya mucho más allá que los intercambios comerciales. Por eso proponemos experimentar con ellos para podernos reconocer ante los indígenas, comunidades que no sabemos siquiera ubicar en el mapa. Traemos a la memoria del público el país a través de sus sabores y oficios”.ante los ind doy cuenta del descemos a la memoria del lpmapa. Asn ellos para podernos reconocer ante los ind doy cuenta del desc

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Los niños contarán en Expoartesano, La memoria 2014 con un espacio pensado para ellos. Una decisión que Alicia Mejía se tomó de manera muy personal: “Soy una abuela que tiene seis nietos y que no quiere que ellos crezcan sin saber cómo es su país. Es un lugar donde van a poder experimentar también su país indígena. Mis momentos emocionales con la familia van a ser una realidad que adquiere forma con el apoyo educativo del Parque Explora”.

Alicia Mejía lidera por segundo año consecutivo esta cita con las tradiciones artesanales –tanto de indígenas como de afrocolombianos– y su vinculación al mundo del diseño contemporáneo. No es raro ya que Medellín y esta mujer emprendedora sean un tándem exitoso. Alicia Mejía estuvo dieciséis años al frente de Inexmoda (la entidad que promueve la moda en el país con dos de sus eventos más reconocidos internacionalmente: Colombiatex y Colombiamoda). Su capacidad de gestión y un olfato único para abrirle mercados y exposición al diseño en el país fueron claves para que fuera designada por Artesanías de Colombia como la directora de Expoartesano, la versión de “mitad de año” en Medellín de la ya famosa Expoartesanías que, cada diciembre, se celebra en Bogotá. “Dos veces al año se comercializan los productos y se visibilizan además a sus creadores. Espero que podamos superar los cinco mil millones de pesos en ventas y los veintidós mil visitantes. Contamos con el apoyo del Fondo de Turismo Nacional para convocar al público colombiano y entusiasmarlo para venir desde otros lugares del país a Medellín como destino comercial y un lugar donde nos podamos mirar los unos a los otros.”

¿Dónde? Plaza Mayor, Medellín.
Horario: 11.00 a. m. a 8.00 p. m.

Más información en www.expoartesano.com.co

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Junio
26 / 2014

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