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Roman Robroek y sus impactantes fotos de lugares abandonados

Plantas nucleares abandonadas, pueblos fantasma, palacios de 800 años de antigüedad. Para sentir de nuevo cómo hemos vivido y dejado atrás lo que hemos construido, basta echarle una mirada al libro ‘Patrimonio abandonado’, del fotógrafo holandés Roman Robroek. Diners conversó con él.

Foto: Roman Robroek

Plantas nucleares abandonadas, pueblos fantasma, palacios de 800 años de antigüedad. Para sentir de nuevo cómo hemos vivido y dejado atrás lo que hemos construido, basta echarle una mirada al libro ‘Patrimonio abandonado’, del fotógrafo holandés Roman Robroek. Diners conversó con él.

En algunas fotos de Roman Robroek el obturador demora hasta treinta segundos en cerrar el paso de la luz para atrapar el instante. Son fotos lentas, que hablan de tiempos idos y lugares olvidados, pero que han sido capturadas solo bajo la luz natural por el ojo sensible de un hijo de estos tiempos frenéticos, acelerados y de clics instantáneos.

Tal vez por eso el efecto de estas fotos sea tan hipnótico: un piano yace en el suelo de una habitación suntuosa y casi pueden verse flotar con el polvo las notas musicales que alguna vez emitió; las tuberías oxidadas de una antigua fábrica de lana forman una maraña de hierro en una imagen de verdadera arqueología industrial; solo las hierbas observan el altar desde la nave central de una pequeña iglesia gótica que, a pesar del silencio, sigue desplegando su solemnidad en el ambiente.

Roman Robroek nació en Holanda hace 35 años cerca de la frontera con Alemania y Bélgica. Creció en la única región de los Países Bajos que no es totalmente plana y a menudo exploraba los bosques de esas colinas pobladas de la flora y fauna que habitaron su niñez.

Al crecer, se apasionó por la arquitectura y la herencia cultural en decadencia, y ahora les rinde homenaje en su libro Patrimonio abandonado, originalmente publicado en inglés con el título Oblivion (olvido). Su trabajo también se puede encontrar en internet.

Desde Italia, donde vive, Roman Robroek habló con Diners sobre su pasión por capturar lo que queda de un lugar después de que ha visto la vida humana pasearse, brillar, sufrir y apagarse entre sus muros.

¿Qué recuerdos de infancia fueron importantes para descubrir su destino como fotógrafo?

En ocasiones mi infancia fue desafiante, con mucha inseguridad, bullying y drama familiar. Es un periodo de mi vida que trato de olvidar; sin embargo, todo eso me hizo independizar desde muy temprano, lo que resultó en la persona en la que me convertí, alguien de quien estoy orgulloso.

¿Recuerda cuáles fueron sus primeras fotografías? ¿Qué lo motivó a dedicarse a esta profesión?

Mis primeras fotografías las tomé durante las vacaciones. Yo las llamaría fotos comunes que todo el mundo hace cuando está de paseo: almuerzos, cenas, museos, escenas de la naturaleza que disfruté, etcétera. Todas eran tomadas desde el mismo ángulo y aún no había creatividad en ellas, simplemente capturaba recuerdos a través de la cámara, apreciando el hecho de que una foto es un recuerdo. Eso me llevó a dedicarle mi vida a la fotografía. Los capturo ahora a menudo, están al borde del colapso y a punto de ser destruidos y olvidados para siempre, y guardar el recuerdo a través de una foto es mi forma de dejar algo valioso que espero nunca se olvide.

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¿Cuándo fotografiar lugares abandonados se convirtió en un impulso tan fuerte?

Comenzó hace poco más de diez años, cuando buscaba desesperadamente algo que hacer para escapar del ajetreo de la vida cotidiana. Siempre me han fascinado la historia y la arquitectura y recuerdo que un día, cuando conducía por Alemania con mi expareja, conversaba con él sobre mis intereses, mi pasión y mi deseo de encontrar un escape. Él me dijo que estábamos cerca de una antigua fábrica de piedra en la zona en la que él había crecido y me propuso echar un vistazo. Ese mismo día me asaltaron las ganas de hacer algo para preservar la memoria de estos lugares. Entonces decidí volver más tarde con una cámara, en un intento de crear un recuerdo eterno. Después de eso descubrí una comunidad en internet que comparte mi pasión y eventualmente encontré más y más de estos lugares.

¿Qué satisfacciones le han dado sus fotografías?

Lo primero que busco es sentirme orgulloso, feliz, emocionado y realizado cuando he creado y procesado una foto. Lo segundo es que disfruto muchísimo cuando una de mis fotografías evoca una respuesta emocional o desencadena un recuerdo en uno de mis seguidores. Me satisface cuando puedo compartir mi pasión por los lugares a través de mis fotos y mis seguidores sienten lo mismo.

¿Cómo se desarrolla un día típico cuando Roman Robroek fotografía un lugar? ¿Prefiere una hora determinada?

Mientras fotografío un lugar abandonado prefiero un día nublado o lluvioso. De esa manera, tengo menos posibilidades de que la luz del sol entre por las ventanas o partes abiertas del edificio y cause posibles puntos quemados en la imagen. Así que trato de adaptarme al clima y la luz tanto como puedo para lograr condiciones óptimas. Puedo pasar entre 15 minutos y 5 horas en un lugar abandonado. A veces visito edificios con muchas habitaciones, donde el exterior es tan hermoso como el interior, con muchas historias que contar y fácilmente puedo pasar varias horas adentro para emerger por completo y crear la historia visual que quiero. Trato de no apresurarme, quiero disfrutarlo, sentirlo, olerlo y emerger en él antes de irme.

¿Cómo logra esos resultados solo con luz natural?

Dado que solo utilizo luz natural y que, a menudo, el interior del edificio está oscuro, utilizo tiempos de obturación más prolongados de lo habitual. Algunas de las fotos se exponen hasta 30 segundos para crear una imagen con la que puedo trabajar en el procesamiento posterior. 

¿Qué son el tiempo y la belleza para usted?

Para mí, el tiempo y la belleza están representados en los lugares que visito y en las fotos que tomo. Capturo escenas donde el tiempo se detiene… Son un recuerdo del pasado y una vista de lo que alguna vez fue hermoso, y tal vez, todavía lo sea. Es asomarse por una rendija para echarle un vistazo a la historia. La gente solía vivir aquí y crear sus propios recuerdos en la habitación, o los trabajadores solían laborar en el escritorio, o un músico practicaba para su próxima interpretación de piano.

Usted ha fotografiado estructuras que han estado en pie durante siglos. ¿Cuál es su reacción como fotógrafo ante lugares muy nuevos y modernos?, ¿le interesan? 

No me atraen los lugares más modernos en absoluto. No es el estilo de Roman Robroek. Las estructuras nuevas y modernas, en mi opinión, carecen de alma, emoción y de un carácter histórico. Sin embargo, me gusta fotografiar ciudades y naturaleza de vez en cuando. Más o menos, una de cada cien fotos que tomo no es de un lugar abandonado. Lo mismo ocurre con la fotografía de retratos, algo que personalmente no me gusta. A menudo me piden que fotografíe una boda, por ejemplo, pero no me gusta la presión de tener que actuar o dar instrucciones, porque eso influye en mi creatividad y el resultado no me satisface.

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¿Cómo fue la experiencia de fotografiar Chernóbil? ¿Le preocupaba la radiación?

El área es mucho más grande de lo que esperaba y el ambiente en Pripyat (la ciudad abandonada donde vivían miles de personas antes del desastre) no se parece a nada que haya experimentado. Mientras estuve allí tuve muchos sentimientos encontrados. Por un lado, la estaba pasando bien con mis amigos y encontré todo “increíblemente hermoso” para fotografiar, pero por otro lado sabía que estaba cerca del lugar donde ocurrió el peor desastre nuclear del mundo. Un lugar de tristeza y muerte. Para ser honesto, no estaba preocupado por la radiación. Me hacían pruebas varias veces al día y tenía un guía conmigo que sabía a dónde ir y a dónde no. Curiosamente, me enfermé mucho después de mi visita a Chernóbil, pero por una intoxicación alimentaria del almuerzo que tuve en el restaurante de allí. 

¿Alguna vez interviene en un espacio o siempre lo fotografía exactamente como lo encuentra? 

La mayor parte del tiempo no intervengo en un espacio ni toco objetos en absoluto. Hago todo lo posible para capturar un espacio exactamente como lo encuentro. Sin embargo, eso no significa que alguien antes que yo haya movido o colocado algo para crear una mejor foto, creo que eso sucede. Y para ser justos, en algunas ocasiones retiro una desagradable bolsa de basura de la escena porque no agrega valor a la historia que voy a contar con la foto.

¿Por qué, normalmente, usted no revela las locaciones de sus fotos, a menos de que ya sean demasiado conocidas?

Es una tentativa de evitar que el vandalismo, los ladrones o los artistas del grafiti encuentren los edificios. Esto es algo que pasa más de lo que uno quisiera para un lugar o un objeto hermoso. Yo quiero preservar los lugares y fotografiarlos como están para crear memoria y protegerlos lo más que se pueda.

¿Qué lugares del mundo –que le gustaría fotografiar– no ha visitado Roman Robroek? ¿Ha estado en Colombia? 

Todavía no he ido a Colombia, pero desde hace algunos años quiero ir. ¡Y podría suceder este año o el próximo! La arquitectura me intriga mucho y creo que hay muchas historias que contar. Aparte de eso, me gustaría mucho visitar Japón y Tailandia. A esta última iré a fines de año. También deseo ampliar mi asociación con The Heritage Management Foundation, que me encomendó ir a Beirut tras la explosión en el puerto y que me enviará a Turquía a finales de este año. 

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Abril
06 / 2022

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