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Polite: la marca de ropa del realismo sofisticado

Carlos Polite es el hombre detrás de uno de los sellos más refrescantes del circuito de moda colombiana. Sus fórmulas hablan sobre una marca de principios globales y una fuerza conceptual infrecuente en el país.

Carlos Polite es el hombre detrás de uno de los sellos más refrescantes del circuito de moda colombiana. Sus fórmulas hablan sobre una marca de principios globales y una fuerza conceptual infrecuente en el país.

El espacio es limpio, de cortes modernos e iluminado. Los racks, alineados cerca a los ventanales, revelan un repertorio cromático que se reparte entre naranja, negro, piel y azul pastel. Carlos Polite es un hombre de facciones jóvenes, discurso delicado, con matices españoles en el acento. Lo acompañan sus hermanas, Diana y Natalia, ambas luciendo composiciones estéticas de notar: una falda de terciopelo azul en una, un top de cuero estructurado en la otra. Carlos, por su parte, ha conjugado negro, naranja, un corbatín y una chaqueta de cuero. El augurio luminoso de la lluvia bogotana se cuela por los marcos abiertos del espacio de Polite.

En la pasada Plataforma K, en medio de un certamen escenificado en un recinto hecho para matrimonios y comparsas, Polite exhibió una colección cargada de maestría detallista poco habitual en las pasarelas colombianas. Las chicas, que portaban sobre las frentes cascos transparentes, caminaban gentilmente ataviadas en ensambles mandarina, pastel azulado y negro en versiones potentes. Tops tipo peplum en cuero, abrigos de poder constructivo con siluetas limpias, arquitectónicas y atemporales; chaquetas tipo boxy, de cortes angulares y mangas de contornos redondeados. Cualquier espectador con el mínimo conocimiento habría reconocido en la muestra de Polite una sintonía con el espíritu de la moda actual. Las formas y siluetas reflejaban esta conexión, los colores y los estampados hablaban, sin embargo, de un punto neurálgico de creatividad propia.

Desde su surgimiento, hace tres años, revistas y blogs de moda colombianos se han volcado a resaltar a Polite como uno de los sellos más avanzados de la escena local. Han llenado las páginas impresas de Fucsia; Cromos ha destacado sus creaciones y formato de escenificación; y han sido respaldados por la revista In Fashion.

En julio del año pasado, durante el desfile inaugural de Colombiamoda, Gloria Saldarriaga -uno de los referentes estilísticos más notorios del país- llevó un vestido singular construido sobre la base de un bustier, con transparencias, falda pitillo y lunares. Era una pieza Polite.

No obstante, el ruido mediático no parece haber diseccionado con mayor hondura la esencia de una casa cuyos cimientos se rastrean a 1994, a un pequeño atelier de confecciones en Ibagué. Allí, la madre de Carlos construía modestas ideas de ropa deportiva y trajes de baño. El taller ‘Natalia Exclusivo’ – llamado así por la hermana menor de los Cortés – fue intervenido unos años después por Diana, cuyas apariciones públicas tienen la distinción de exhibir siempre ensambles de la marca. El nuevo proceso de tecnificación sucedía mientras Carlos se educaba en bellas artes en España.

“Estar afuera te abre la mente”, explica, “pienso que la moda es una búsqueda de la identidad propia.”. Con 17 años, Carlos partió para enfilarse como estudiante de arte en la Universidad Complutense de Madrid. La sensibilidad que lo persiguió desde la primera infancia y su obsesión por la pintura lo impulsaron a cazar la creatividad artística. Hasta hoy, los vestigios de su formación pueden palparse en las colecciones que diseña para Polite. El uso del azul y el naranja aluden a una de las enseñanzas máximas que recibió de sus maestros en España: un artista es capaz de potenciar su uso del color sólo cuando logra la cohabitación de dos colores complementarios. Su mayor afición siempre fue la pintura, que lo mantuvo con fijado interés en la historia del arte.

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Hoy, a los 37 años, Carlos evoca sus referencias estéticas más influyentes: la cultura japonesa con su búsqueda del individuo, la creencia de que la imperfección también hace belleza, la obsesión con el movimiento de las telas, pensar que lo inacabado también es bello. “Uno no nace del azar, siempre he tenido una inquietud por el pensamiento humano. Y hay algo muy importante, cuando naces en un matriarcado, rodeado de mujeres, al final terminas vistiéndolas. La moda siempre estuvo implícita en todo”.

Desde la distancia, Carlos intervenía tácitamente en las vicisitudes del taller. A pesar de estar persiguiendo los terrenos de la pintura y el arte, en España vislumbró las compuertas hacia un universo que tal vez ya intuía debido a la atmósfera de máquinas de coser y mujeres que componían su familia. En el fondo, también, latía en él un impulso embrionario por hacer algo distintivo en la moda colombiana. Y al cabo de familiarizarse con varios puntos en el espectro de la moda española – como escaparatista, dependiente y diseñador – Carlos se propuso esculpir una identidad para el pequeño taller. Primero, tradujeron la palabra de su apellido – Cortés – a su versión inmediata en inglés: Polite.

No es una rareza que en el mundo de la moda las mentes más ‘provincianas’ posean un intrínseco sentido de lucidez universal. Un sentido tanto o más global de aquellos que se crían en las grandes urbes, rodeados por vanguardias. Como Riccardo Tisci, el diseñador de modas de Givenchy, que nació en Taranto, un pueblo marinero del sur de Italia, en la modesta pobreza de una familia católica donde era el menor de ocho hermanas. O como Jaime Rubiano, un colombiano nacido en Cerrito, Valle, que ha sido forjador de imagen para Chanel y Ungaro. Estas criaturas, que nacen apartadas de las metrópolis, parecen estar vinculadas de una forma intrínseca a un destino mayor. Y su manera de conceptualizar el mundo es la expresión más fuerte de cómo intuyen y canalizan su propia vanguardia.

Como Coco Chanel, que empezó inventando un lenguaje de opciones deportivas, los Polite pasaron de la pequeñez de un taller familiar al terreno de la sofisticación. Y lo han hecho precisamente porque entienden la creación estética de una forma que poco tiene que ver con el reciclaje, la mediocridad y el conformismo de la industria colombiana de la moda. “Los buenos trabajos funcionan y son fruto de grandes reflexiones’, cavila Carlos.

Es allí donde Polite fulgura en el terreno de la moda colombiana. Sus colecciones reflejan un espesor conceptual infrecuente entre los diseñadores locales. Generan siluetas con una lectura más global. La ropa refleja una obsesión por el movimiento. El lenguaje estilístico se centra en los tejidos. Hay una preocupación por la confortabilidad. Desarrollan sus propios estampados. Algunas de sus piezas más exquisitas tienen técnicas del antiguo taller de ropa deportiva. Las siluetas clásicas se encuentran con elementos contemporáneos e innovaciones tecnológicas. “No vendemos moda”, asevera Carlos, “vendemos estilo”.

Las últimas dos colecciones confirman este principio. La primera de ellas, Toxic, era una reflexión sobre los alcances – valga la redundancia – tóxicos del amor. Carlos hiló la historia a través del color para evocar los estados del enamoramiento. Primero venía el rosa como metáfora del primer encuentro; le seguía el rojo como tono reflexivo de la pasión; el nude encarnaba el estadio del equilibrio; el negro una representación de la oscuridad, la tormenta, la separación. El último de ellos, el azul, simbolizaba la liberación del individuo.

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Para Toxic Two, la colección más reciente exhibida en Plataforma K, Carlos retomó al mismo individuo roto y liberado en la catarsis del amor. Entonces concibió la posibilidad de explorar el ser que rebasa al individuo humano: el superhéroe. Más específicamente, el diseñador acarició la idea de la Mujer Maravilla, la semidiosa televisiva que inundó su imaginario de infancia. “Se trata de una representación de la mujer actual”, explica, “una mujer que no aspira a compararse o a adquirir un status masculinizado, una mujer que no necesita aislarse de su feminidad para ser poderosa y conquistar el mundo”. En vez de recurrir a la literalidad del rojo y el azul del personaje, Carlos se inclinó por versiones menos evidentes. El naranja, uno de los tonos más poderosos para 2012, y el azul azucarado que coincide con los conceptos de la colección anterior. Esta ausencia de literalidad muestra el alcance de la reflexión a la hora de construir un repertorio de prendas. Hay desmenuzamiento, interpretación, ingenio y poetización.

La metáfora de una Mujer Maravilla, además, se adapta fluidamente a las expectativas que recaen sobre la mujer posmoderna. La ropa evoca las necesidades de un tipo de mujer que requiere piezas asertivas, cargadas de fuerza atemporal, funcionalidad y realismo. Una mujer individual que busca siluetas que sobrevivan los años.

El estilo genuino rehúye las fuerzas fugitivas de la moda y las tendencias. Las piezas de Polite reflejan este lineamiento; algunas pueden evocar la fuerza arquitectónica de Balenciaga mientras que otras encarnan el poder de la disección conceptual.

Las flechas que componen los estampados de la última colección dan cuenta de ello, son elementos que hilvanan la coherencia de la historia: la búsqueda de un individuo por su camino, el cruce de caminos con los otros. El camino de los Polite en la industria colombiana es atreverse a una fórmula inusitada y refrescante: ser diferente.

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Mayo
24 / 2012

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