POR: Revista Diners

“Piña madurita, oro miel, la piña, es la promoción del día”, grita un joven que arrastra su carretilla de madera, llena de esta dulce fruta. Es medio día y mientras algunos clientes entran al restaurante La Pampa, parrilla argentina, la vida de Laureles, uno de los barrios de mayor tradición en Medellín, transcurre sin prisa, pero sin pausa. Sin embargo, la dinámica cotidiana se ha agitado por la llegada de decenas de restaurantes de distintos estilos y propuestas, que han promovido la presencia de más vecinos en sus calles.

A los más antiguos, Crispino con sus pastas, Fenicia y su propuesta árabe, o el típico Mondongos, se sumaron “los grandes”: Hamburguesas del Corral, Crepes & Waffles, McDonald’s y poco a poco unos y otros fueron dando cuenta del tesoro que había para disfrutar: calles amplias y arborizadas que invitan a caminar, a descubrir (lo que en paisa se llama “loliar”). Esto lo sabe bien Paola Hincapié, una laureliana de siempre, responsable con su agencia El Grifo de la propuesta Laureles Gourmet, que hoy cuenta la deliciosa cotidianidad del lugar en redes sociales, con crecimiento sin pausa.

Recorriendo el barrio a pie o con ellas a través de Internet, uno encuentra Manzzino, una repostería charrúa, uruguaya, donde se venden empanadas y tarta charruitas, alfajores y otras delicias para acompañar con café. Hacia la Universidad Pontificia Bolivariana está Flora, que desde hace un año florece en una esquina de la carrera 73 con su propuesta artesanal, orgánica y saludable –no vegetariana– de sándwiches, pastas y ensaladas con vegetales frescos, para lo cual tienen una red con campesinos de las veredas de Medellín. Mexicanos hay para elegir: desde Milagros, posicionado en otros lugares de la ciudad, pasando por Green Hot Chili Peppers, hasta el DF y Tacuate. Hay peruana rápida y de muy buena calidad en Perú Mix; pizza artesanal en Olivia; reposterías varias como El Portal y El Astor, de toda la vida, y nacientes como Masamor; está La Wafflería, con propuesta de sal y de dulce; El Caminito, un lugar de choripanes que promueve el uso de la bicicleta y da beneficios a sus usuarios y La Eskinika, de tapas y paellas.

La lista es interminable. Cada día más garajes se convierten en un espacio acogedor con buenas propuestas de cocina. Nada de esto tendría encanto si no fuera por el barrio y su dinámica: personas de todas las edades que van y vienen y en cualquier esquina se topan con un conocido y descargan sus compras para conversar; mascotas que han hecho de sitios como De Lolita y Tea Market negocios pet friendly  y que llevaron a Carulla a adaptarles una terraza mientras sus amos hacen las compras.

Tampoco sería único sin la venta de fresas en cada esquina, las tiendas para “cerveciar”, el paso del camión de las frutas y verduras martes y jueves o el carro de mazamorra que tiene en los porteros a sus mayores clientes. Ahora se viene el Mercado Campesino, una iniciativa de la Alcaldía que ya se encuentra en otros sectores y que estará en el primer parque de Laureles todos los domingos de 8 a. m. a 1 p. m. Este es solo un abreboca. Deje su carro en casa, vístase cómodo, arme su recorrido mental y váyase a probar delicias a Laureles. Al mejor estilo del tapeo español, aquí también podrá pasar de local en local y elegir pequeño para probar mucho; o echarle ojo a su terraza favorita y sentarse allí a ver pasar el ritmo del barrio en calma mientras come algo rico.

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julio
22 / 2014