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¿Por qué es bueno invertir en arte en tiempos de crisis?

El arte colombiano pasa por un momento saludable y vale la pena aprovecharlo, es hora de invertir.

Foto: Randy Mora

El arte colombiano pasa por un momento saludable y vale la pena aprovecharlo, es hora de invertir.

En febrero pasado, en plena efervescencia de la mayor exhibición simultánea de artistas colombianos que se haya dado en tierras foráneas, la feria ARCOmadrid en la que el país fue invitado de honor, el llamado joven maravilla del arte actual, el colombiano Óscar Murillo, exhibía dos obras: la tela A.P.C., que se vendía por 150.000 euros, y la videoinstalación Jetlag, únicamente accesible para museos. Para sus piezas en David Zwirner, la galería que lo representa en Nueva York, había lista de espera.

Pero ARCO, feria que reúne a la crema y nata de coleccionistas, curadores, museos e instituciones de los diferentes continentes, no solo evidenció el buen momento que atraviesa el arte contemporáneo colombiano, al tener una amplia exposición de una veintena de artistas plásticos criollos y la participación de diez galerías locales. El calendario artístico colombiano también es un termómetro que permite medir la actividad de este sector y ha estado muy movido en lo que va corrido de este año.

En marzo y junio se llevaron a cabo en Bogotá las Noches de galerías 2015, que contaron con la participación de 14 espacios de exhibición. Esta idea de hacer una ruta nocturna del arte ha tenido tanto éxito que en septiembre se realizará otra jornada. También está Prisma, un ciclo temático que reúne obras de artistas colombianos que reflexionan sobre problemáticas de la ciudad; los salones de arte, ART/Cartagena y ahora llega octubre, que se configura como el mes del arte en el país.

Durante una semana los interesados en artes plásticas y visuales se dan un festín con ARTBO, la feria más importante del calendario, que se ha convertido en uno de los dinamizadores del sector, al ocupar un lugar destacado en este ámbito en América Latina, al punto que en su edición de 2014 recibió 31.000 visitantes y contó con la presencia de más de 60 galerías, 80 % foráneas. Su directora desde 2012, María Paz Gaviria, ha sostenido que la feria ha sido determinante para el mercado del arte en el país, y esto se evidencia en el creciente número de galerías interesadas en participar, que solo el año pasado se incrementaron en 30 %, lo que refleja la salud de la demanda.

También están ferias ya consolidadas como Odeón, que este año celebra su quinto aniversario, La Otra y la Feria del millón, cuya particularidad es que ninguna de las obras que allí se exhiben tiene un costo superior a un millón de pesos colombianos. Por si fuera poco, el año pasado se inauguró la primera casa de subastas del país, Bogotá Auctions, que busca realizar cuatro subastas al año y hacer más dinámicas las transacciones de esta industria.

“El arte colombiano está viviendo un buen momento en términos de visibilidad internacional y circulación comercial, lo que se ha visto reflejado en distintos frentes; exposiciones individuales de artistas colombianos en el extranjero como la de Doris Salcedo en el Guggenheim y la de Óscar Muñoz en el Jeu de Paume; la circulación a nivel individual de artistas; un aumento en la cantidad de subastas que se hacen en el país al año –aunque casi todas sean de caridad–; los diversos viajes de investigación curatorial hacia Colombia, y un aumento en los precios del arte moderno y contemporáneo colombiano, dentro y fuera del país”, indica el crítico de arte y curador independiente Halim Badawi.

En este mercado emergente y vital para la escena artística local, pero de volatilidad en los mercados, ¿es aconsejable invertir en arte? Según la Encuesta de Consumo Cultural del Dane, solo el 10 % de la población colombiana asiste a exhibiciones de arte. Pero el interés por adquirir obras viene creciendo entre un público cada vez más joven. Y no los atrae el mero efecto de obtener un retorno por su inversión. El informe más reciente de Arte & Finanzas, de la consultora Deloitte, indica que la gran mayoría de los compradores de arte en el mundo no miran sus compras como un vehículo de inversión –solo el 3 % de los coleccionistas sondeados este año dijeron que lo habían hecho por esta única razón–, aunque todos sí están pendientes del comportamiento futuro de las obras que coleccionan.

“El deseo de coleccionar es el mejor aliciente para impulsar esta práctica, porque hace que cualquier efecto económico favorable que se puede desprender del goce de convivir con una pieza, sea interpretado como una enorme ganancia”, sostiene el curador de la Fundación Misol para las Artes, Jaime Cerón. Agrega que quienes han labrado fortunas con esta actividad, que a su juicio no es la razón más importante para llevarla a cabo y quienes no son los más interesantes referentes, han encontrado vínculos distintos al incremento de su capital en el coleccionismo y han apostado a apoyar a diversos artistas jóvenes que despertaron su interés, adquiriendo obras suyas a lo largo de varios años.

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«En momentos de alta volatilidad, el arte siempre ha demostrado que como inversión constituye un magnífico activo ‘refugio’”.

 

Otro punto importante para tener en cuenta es que el nuevo comprador de arte dista mucho del clásico señor trajeado con vestido de paño y corbata. En ARTBO, por ejemplo, el mayor porcentaje de visitantes está entre los 18 y los 25 años. Carlos Hurtado, curador y director de la galería Nueveochenta, espacio que abrió sus puertas hace ocho años con un énfasis en la difusión del arte contemporáneo latinoamericano, indica que el arte es interesante en cualquier momento como inversión. “Las obras de arte solo tienen un comportamiento de valor creciente, en el peor de los casos el precio de una obra se mantiene constante –en términos reales– con los años”.

Y el curador sostiene que es justamente en momentos de alta volatilidad cuando el arte “siempre ha demostrado que como inversión constituye un magnífico activo ‘refugio’, pero más allá de esto, está el placer de vivir con obras de arte y explorar este fascinante mundo”. Recomienda a la hora de adquirir obras no perder de vista a Kevin Mancera, José Olano y Marcela Cárdenas como artistas jóvenes, “y sin duda creo que es muy interesante e importante lo que está pasando con John Castles y Ana Mercedes Hoyos”.

Ximena Gama, curadora del programa de artes plásticas de Odeón, la principal feria alternativa de arte contemporáneo del país, especializada en proyectos contemporáneos que impulsan artistas emergentes y de mediana trayectoria, indica que la compra de arte siempre será una inversión segura, pues la obra es un objeto que no se devalúa. “Sin embargo, hay que tener mucho cuidado antes de hacer la compra; hay que informarse bien sobre la trayectoria del artista, la galería con la que trabaja y el posicionamiento que tienen ambos en ese momento”, advierte.

En su criterio, en lo que al arte colombiano respecta, los artistas jóvenes más cotizados son la cartagenera María Isabel Rueda, que centra buena parte de su obra en la relación del paisaje con el cuerpo humano y quien en 2009 recibió el premio Beca de Creación por parte del Ministerio de Cultura, y ha expuesto en el Art Museum of the Americas en Washington, en el Museo Conde Duque y en Casa de América de Madrid, entre otros.

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Otro de los destacados por Gama son Máximo Flórez, joven artista bumangués reconocido por sus telares geométricos, que ha participado en las exposiciones “Nuevos nombres/lugar no lugar, el espacio entre las cosas”, de la BLAA Casa Republicana, en el XXXVIII Salón Nacional de Artistas, Claustro La Merced, Cartagena, y en el IX Salón Regional de Artistas, Zona Centro-Oriente; Elkin Calderón, artista plástico cuya obra se desarrolla principalmente en video y ganador de la beca para publicación periódica sobre Artes Plásticas y Visuales 2012/13, proyecto Li*Lo*Lu, Cain Press, y selección del video Dodgy, para la Videonale 14, Festival For Contemporary Video Art de Bonn en 2013.

También están Daniel Salamanca, artista visual bogotano, que ha expuesto en el espacio cultural NoMíNIMO en Guayaquil en 2014 y ha participado en dos exposiciones colectivas en São Paulo (Festival Videobrasil 2011 y Transfronteiras contemporáneas 2010) e hizo parte de dos proyectos gráficos llevados a cabo en la Casa de América de Madrid, uno de ellos en colaboración con la editorial de La Fábrica (2014-2015).

Por último, la curadora destaca a Leyla Cárdenas, escultora y maestra en bellas artes de la UCLA y cuyas exposiciones más recientes incluyen Removido #3, Museo La Tertulia en Cali, 2014; Voces y silencios. Soledad Acosta de Samper, 100 años, Biblioteca Nacional, 2013-2014; Saber Desconocer, 43 Salón (Inter)Nacional de Artistas, Medellín, 2013; LARA 2012 (Latin American Roaming Art), NC-arte, Bogotá, 2013; Artesur, Collective Fictions, Palais de Tokyo, París, 2013; y a Evelyn Tovar, maestra en artes plásticas y una de las representantes de Colombia en la feria JustMad6 de febrero pasado con las esculturas Terraplén, construidas desde la idea del paisaje.

Los maestros que mantienen su valorización son Antonio Caro, Delcy Morelos, Alicia Barney y Luis Roldán. Pero existe todo un contingente de artistas emergentes que van consolidando su trayectoria.

Por eso, prepare su agenda para la movida semana de arte que trae los primeros días de octubre. Eso sí, no piense en que la obra le combine con el color de la pared de la sala o el tapizado de los muebles; infórmese, investigue por su cuenta y asesórese.

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Septiembre
28 / 2015


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