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Natalie Murray Beale: “Faltan oportunidades para que hayan más mujeres dirigiendo orquestas”

Diners conversó con Natalie Murray Beale, una de las directoras de orquesta más prometedoras del momento, quien estará en el Cartagena Festival de Música.

Foto: Cortesía Cartagena Festival de Música

Diners conversó con Natalie Murray Beale, una de las directoras de orquesta más prometedoras del momento, quien estará en el Cartagena Festival de Música.

La casa de Natalie Murray Beale siempre estuvo llena de sonidos, de música y de discos. Cada día tenía una banda sonora, cada momento una melodía propia. Pero hay dos que se quedaron con ella y que aún lleva en su memoria: la de La Mer, de Claude Debussy, y la de West Side Story, de Leonard Bernstein. Las escuchaba todo el tiempo y se obsesionó con poder tocarlas, tanto que convenció a sus padres de pagarle clases de flauta, pero como no había flautistas en su pueblo, tuvo que empezar por el piano. “Me volví increíblemente dedicada y fue precisamente este instrumento el que me llevó a descubrir la dirección”, cuenta.

Natalie Murray es “una de las directoras de orquesta más prometedoras del momento” según la crítica europea. Esta australiana, de 42 años, ha trabajado con compositores como John Barber, Sally Beamish y Christian Henson. Es la directora creativa de la Independient Opera en Sadler’s Wells, una compañía que le apuesta a la producción de dramas contemporáneos, y la primera mujer en dirigir una orquesta principal en el Cartagena Festival de Música.

Este año, Murray Beale estuvo al frente de la Philharmonia Orquesta de Londres y de cinco conciertos en los que condujo obras de Bach, Schubert, Ligeti, Bártok, Debussy, Haydn y Philip Glass. Compartió el escenario con solistas como la arpista Gwyneth Wentink y los pianistas Angela Hewitt y Víkingur Olafson. Se bajó siempre entre aplausos, con la certeza de haber conmovido a su público y la satisfacción de haberles regalado una banda sonora para su día.

¿Todavía toca piano?

Sí, aunque no mucho en concierto, es más siento que cada vez toco menos. Pero siempre uso el instrumento en mis ensayos. Si hay solistas, los acompaño y toco las partes de la orquesta, y si no, lo uso como herramienta para dar ejemplos de interpretación.

¿Cuál fue su primer concierto?

No me acuerdo del primero, pero si me acuerdo de uno cuando era niña. Estaba al piano, tocando Children’s Corner, una pieza que Debussy compuso inspirándose en los juguetes de su hija. Esta que tiene un movimiento para la muñeca, otro para el libro de ejercicios de música, otro para el elefante de peluche… Son seis en total. Yo tenía 9 años y ese es uno de los recuerdos más antiguos que guardo en el escenario. Tal vez por eso es que para mí Debussy es tan especial, porque me devuelve al pasado, a la niñez.

¿Haber sido pianista es una ventaja al momento de dirigir?

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Sí y no. Una de las cosas maravillosas de ser pianista es que uno estudia varias líneas melódicas al tiempo y puede tocar todas las partes de la orquesta en el piano. Pensar en armonías simultáneas y en estructuras. El asunto es que cuando dejas de ser pianista y te conviertes en director tienes que cambiar físicamente lo que haces, tienes que aprender cómo moverte y cómo no moverte. Es un cambio muy brusco de hábitos.

En este Festival tuvo la oportunidad de dirigir conciertos con tres pianistas: Angela Hewitt, Víkingur Ólafsson y Nikolay Khozyainov. ¿Es más exigente cuando tiene solistas al piano?
Me encanta dirigir pianistas porque puedo identificar rápido sus errores. Incluso en los movimientos rápidos y llenos de notas en los que podrían esconderse un poco. Esto me gusta porque me permite reaccionar rápido, corregirlos y dedicarle más tiempo a lugares más importantes.

¿En qué momento descubrió la dirección?

Fue cuando trabajada como pianista en la Welsh National Opera. Yo acompañaba a los cantantes y leía de las reducciones de orquesta para piano, pero poco a poco me fui aburriendo y comencé a leer del score completo. Eso me dio una habilidad especial para entender no solo mi parte sino la de todos los que tocaban conmigo y me fue antojando de llevar la batuta. A eso hay que sumarle que una de las mejores cosas de trabajar en un compañía de ópera es que cuando el director se enferma, su trabajo lo hace el pianista, así que comencé con encargos pequeños y luego me fueron asignando compromisos más grandes.

¿En qué piensa un director justo antes de marcar el comienzo de una obra?

Yo imagino el sonido y pienso en el carácter. Por ejemplo, cuando dirijo piezas de Haydn, las imagino ligeras y graciosas. Si son de Schubert las pienso más cantables y elásticas. Con Philip Glass, que es mucho más reciente y no fue escrito para interpretarse en orquestas de cámara, pienso en imágenes cinematográficas, porque entre otras cosas, dentro de su música hay muchas. De eso trata interpretar, de crear todo esto y transmitirlo.

Y cuando dirige Bach, ¿en qué piensa?

Pasa que en Bach todo es importante. La estructura es como la arquitectura de una casa: necesita estar ahí y nosotros necesitamos entender todas sus partes. Pero esa estructura sin la inspiración, no sería tan bella. Entonces, pienso en la forma en que dialogan los instrumentos, en cómo alguno crea una melodía hermosa y los demás le responden de forma aún más hermosa. Es este elemento, la inspiración, lo que da vida a la interpretación.

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En más de 60 años de vida sinfónica, Colombia ha tenido solo tres mujeres dirigiendo orquestas profesionales: Cecilia Espinoza, Ligia Amadío y Carmen Moral. Algo similar sucede en el resto del mundo, solo el 30% de las orquestas están a cargo de una mujer. ¿Por qué cree que pasa?

Bueno, es una cosa de historia. Tradicionalmente las orquestas estaban conformadas solamente por hombres, ese ya es un peso muy grande. El primer cambio fue recibirlas y lo dimos. Si hablamos de instrumentistas, en este momento la mayoría tiene un número muy cercano de hombres y mujeres. El segundo paso, es que ocupen todas las posiciones, incluyendo la del director, en ese seguimos aún.

¿Qué hace falta para que haya más mujeres directoras?

Oportunidades. Que te digan: “Ven, construye tu trabajo, haz tu música”. Es muy fácil seguir modelos, pero si nadie lo ha hecho antes no tienes a quién seguir. Hace falta alguien con la imaginación o la osadía de ser el primero, de ser ese que piensa diferente. Y la responsabilidad es de todos: de los patrocinadores, de los músicos y del público. Esa batalla es de muchos.

¿Cuántas veces le han hecho esta pregunta?

(Risas). Bastantes. Pero me gusta porque siempre me obliga a responder con argumentos diferentes. A veces, es difícil para mí dar con ellos porque mi experiencia con los músicos, las orquestas y los conciertos ha sido maravillosa. Nunca he tenido un mal rato por ser mujer, pero la discusión existe y hay que participar de ella. Quizá ese es mi propio activismo, mostrar que es completamente normal ver a mujeres dirigiendo orquestas, que no hay nada distinto, ni mejor ni peor.

Si tuviera que recomendarle 3 sinfonías a alguien que jamás ha escuchado una en su vida, ¿cuáles elegiría?

¡Uf! Buena pregunta. A ver lo pienso… La Sinfonía No. 5 de Beethoven, la No. 40 de Mozart. Luego, elegiría algo un poco más brutal, no sé… no me decido por cuál, pero una de Shostakovich o una de Sibelius.

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Enero
13 / 2019


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