Tim Robbins en Bogotá

El actor, director y escritor ganador de un premio Oscar, Tim Robbins trae al Festival Iberoamericano de Bogotá su obra “1984”, basada en la novela de George Orwell.
 
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Gabriela Sáenz Laverde

Imagínese un mundo donde las televisiones siempre están prendidas y las cámaras persiguen a los ciudadanos, donde las telecomunicaciones se pueden controlar permanentemente, donde los gobiernos y las corporaciones tienen acceso a datos privados de los ciudadanos. ¿Le suena conocido? Es el universo de la novela 1984, que George Orwell publicó en 1948, y que ahora el actor  y director Tim Robbins (ganador del Oscar como Mejor actor secundario en 2004 por la película Mystic River y nominado al Oscar como mejor director por la película Dead Man Walking en 1995) trae, en adaptación a teatro de Michael Gene Sullivan, con su compañía The Actors Gang al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.

Para Robbins, acérrimo defensor de los derechos humanos, el argumento de la obra está hoy más vigente que nunca. “Es peor que en el mundo de Orwell. La gente no parece querer tener privacidad”, dijo a los periodistas en rueda de prensa en Bogotá. El exceso de reality shows en la televisión, los “teléfonos inteligentes” a los que la gente está conectada permanentemente y la polarización de la vida política en los Estados Unidos, parece sacada directamente de la novela: “Cada vez que modificamos nuestro comportamiento porque creemos que nos va a meter en problemas, estamos dándole el poder al Gran Hermano”.

Y es que Robbins mismo se ha sentido a menudo parte de ese mundo distópico que se narra en “1984”. Cuenta, por ejemplo, que un día se descubrió a sí mismo gritándole al televisor por dos horas cuando vio a un personaje de una inclinación política diferente a la suya. Sintió que estaba viviendo un episodio como los “Dos minutos de odio” de 1984, y decidió en ese momento deshacerse de su televisor. Además, asegura que quisiera vivir aún más desconectado del resto del mundo. “Mi sueño es vivir en una finca con un teléfono de disco”, dice, “porque si tienes un teléfono te pueden encontrar en cualquier momento y en cualquier lugar”.

¿Cuál es la solución para este mundo caótico? Para Robbins la respuesta es sencilla. Las artes y el amor. “Un gobierno inteligente debería siempre apoyar las artes, para que la gente que está por debajo de la línea de pobreza tenga acceso a las artes. Cuando ese apoyo no está ahí, es la obligación del artista encontrar la forma de presentarle su arte a estas personas, para inspirarlas”. Y recuerda, también, que en 1984 “el máximo acto de rebelión contra el régimen es el amor, y la capacidad de amar a quienes quieres amar. Si puedes aferrarte a esto, y puedes mantener tus creencias en lo que consideras la verdad, puedes ser libre inclusive en la sociedad más opresora”.

 

 

         

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abril
3 / 2012