Las hazañas históricas de la Selección

Primer gol de Colombia ante soviéticos en Arica. El balón está adentro y Yashin no lo puede creer. Fue el famoso 4-4 del Mundial de Chile.
 
POR: 
Eduardo Arias

Publicado originalmente en Revista Diners No. 240, marzo de 1990

Aunque Colombia es un país que vive y muere por el fútbol, apenas en los últimos años se ha podido sentir orgullosos de sus selecciones nacionales. Todo el mundo sabe de aquella solitaria hazaña en el mundial de Chile, cuando Colombia empató 4 a 4 con la URSS.

Pero de 1962 hasta nuestros tiempos, si se exceptúa la brillante actuación en la Copa América de 1975, todas las intervenciones colombianas tuvieron al común denominador del fracaso y la improvisación. Algunas selecciones preolímpicas sacaron la cara por el fútbol colombiano, que estuvo presente en los Olímpicos de México 1968, Munich 1972 y Moscú 1980. También se recuerdan las selecciones juveniles como la de 1967, que perdió el título ante Paraguay a cara y sello. Pero antes de 1985, pocas palabras generaban más desconfianza que la Selección Colombia.

En 1985 se inició una nueva etapa en la historia del fútbol colombiano. Fue a partir de ese año que, más allá de los triunfos o las derrotas, comenzó a jugar de igual a igual con sus rivales del continente y a mostrar un estilo propio y una personalidad que poco a poco le ha hecho ganar respeto y admiración en Suramérica y el mundo.

Los tiempos del 4-4

Para seguir el rastro de las selecciones colombianas es necesario retroceder a 1945. En aquel entonces América Latina era uno de los pocos lugares del continente conde la Segunda Guerra Mundial no había causado estragos y el mejor fútbol del mundo se jugaba allí, especialmente en Argentina, Uruguay y Brasil. Colombia asistió al Suramericano de aquel año, jugado en Santiago de Chile. Entonces no existía aún el fútbol profesional en nuestro país. Bajo la dirección de Roberto Meléndez, quien también era jugador, Colombia se presentó con la nómina del Atlético Junior. Ganó un partido ante Ecuador, perdió con Brasil y Chile y soportó dos goleadas ante Argentina (9 a 1) y Uruguay (7 a 0).

Dos años más tarde Guayaquil, el técnico Lino Taioli convocó un equipo en el que se destacaban, entre otros, Carlos Arango y el arquero Efraín “El Caimán” dejó una muy buena imagen, hasta el punto de que fue contratado por San Lorenzo de Almagro, uno de los equipos más importantes de Argentina.

En 1949 el torneo se celebró en Brasil. Ya era la época de El Dorado, y Colombia se había convertido en la Meca del fútbol suramericano. Pero los jugadores nacionales, salvo contadas excepciones, no tenían cabida en los grandes equipos de entonces. Una vez más Colombia fue representada por el Atlético Junio y ocupó la última posición.

Colombia reapareció en el máximo torneo del continente en 1957, y mejoro levemente su actuación. En este Suramericano Colombia ganó su primer partido ante uno de los grandes de Suramérica, Uruguay, equipo al que enfrentaría pocos meses después en la eliminatoria al Mundial de Suecia. Esta se jugó ese mismo año, y los uruguayos se vengaron de Colombia al ganarle en Montevideo. Sin embargo, el empate a un gol entre ambos seleccionados en El Campín decidió la clasificación en favor de Paraguay, equipo que derrotó a Colombia en los partidos de ida y vuelta. Dos años después llegaría la primera gran satisfacción. Fue ante Perú, en las eliminatorias para el Mundial de Chile. El técnico era el argentino Adolfo Pedernera, vieja gloria de la época de El dorado.

En el partido de ida, jugando en El Campín de Bogotá, Colombia ganó 1 a 0 con gol de Eusebio Escobar. En Lima, los peruanos se fueron en ventaja a los tres minutos, pero faltando 20 minutos para el final, Héctor “El Zipa” González empató de cabeza y logró la gran hazaña.

En realidad nadie esperaba que Colombia clasificara. No cumplió un papel especialmente notable, en parte por la mala preparación que tuvo el equipo. El técnico Pedernera, una vez lo9grada la clasificación, intentó concentrarlo con varios meses de anticipación. Sin embargo, las presiones por parte de la prensa deportiva, que creía innecesario que el equipo trabajara todo un año para prepararse, obligaron a Pedernera a disolverlo, y el trabajo en serio se inició con bastante retraso. A pesar del apoyo ofrecido por la Federación Colombiana de Fútbol, eran épocas mucho más difíciles, en las que los jugadores tenían que rebuscarse la manera de conseguir el dinero para comprar uniformes y pagar el desplazamiento.

A pesar de las dificultades, Colombia  realizó un esfuerzo notable en el Mundial de Chile. En el primer partido contra Uruguay fueron víctimas de la violencia de los rivales. En aquella época no estaban permitidos los cambios, así que Colombia terminó jugando con dos hombres menos. Los uruguayos se impusieron 2 a 1, luego de ir perdiendo 1 a 0. En el segundo juego, Colombia logró un empate histórico ante la Unión Soviética.

Para el periodista inglés Brian Glanville, “en Arica los rusos fueron la desilusión, y Colombia una sorpresa. Cuando ambos se enfrentaron, Lev Yashin no se encontraba en su mejor momento y el resultado fue un 4 a 4, siendo Marino Klinger el mejor de la cancha”. La óptica fría del analista del Sunday Times, naturalmente no refleja el significado que tuvo para Colombia semejante empate. Haberle hecho cuatro goles a Lev Yashin, el mejor arquero del mundo en aquel momento, pagó el viaje. Tres días más tarde, Yugoslavia goleó a Colombia 5 a 0, pero no importaba. Los colombianos, a su regreso a Bogotá, fueron recibidos como héroes, y aún hoy en día se recuerda aquel partido como el más importante en los anales del fútbol nacional. Cualquiera pensaría que esta hazaña fue el comienzo de una historia marcada por los triunfos. Pero no fue así.

Un año más tarde, en el Suramericano de Cochabamba (Bolivia), la Selección Colombia volvió a padecer los rigores de la improvisación. Bajo el mando de Gabriel Ochoa Uribe, Colombia ocupó el último lugar, a pesar de contar con algunos de los héroes de Arica. Dos años después, la crisis fue a nivel de dirigentes. Una división entre la Dimayor y la Adefútbol hizo que Colombia jugara la eliminatoria al Mundial de Inglaterra con un equipo costeño. Colombia perdió sus dos partidos con Ecuador, luego fue goleado por Chile 7 a 2 en Santiago y cerró su participación con un triunfo ante los chilenos.

En 1967 la Copa América dejó de celebrarse en un solo país. En la primera ronda, el equipo dirigido por César López Fretes enfrentó de nuevo a Chile, perdió 5 a 2 en Santiago y empató sin goles en El Campín.

En 1968 la selección olímpica asistió a los Juegos de México y, un año más tarde, la de mayores tuvo que eliminarse con Brasil, Uruguay y Venezuela por un cupo al Mundial de 1970. De aquella confrontación lo único rescatable fue un triunfo 3 a 0 ante Venezuela. En el Maracaná, Brasil ganó 6-2. Dos años después, Colombia clasificó dramáticamente a los Olímpicos de Munich, donde el inexperto equipo colombiano tuvo que vérselas con las selecciones de Polonia y Alemania Democrática, las mismas que fueron dos años después al Mundial de Alemania. Colombia padeció dos goleadas, 5-1 y 6-1, que pasaron a la historia como el “5 y 6”.

En 1973 Colombia estuvo muy cerca de clasificarse al Mundial. Tuvo que enfrentar a Ecuador y Uruguay. Dos empates como local y un nuevo empate ante los ecuatorianos en Guayaquil hicieron que el histórico triunfo 1 a 0 ante Uruguay en Montevideo no fuera más que eso. Los uruguayos golearon a Ecuador en el último partido de la serie y fueron al Mundial de Alemania por tener mejor diferencia de goles que Colombia.

Paréntesis, fracasos y nueva era

En 1975 el fútbol colombiano volvió a vivir momentos de gloria. En la Copa América, el equipo dirigido por “El Caimán” Sánchez enfrentó en la primera fase a Ecuador y Paraguay. Ganó los cuatro partidos que jugó. En semifinales, Colombia le ganó 3 a 0 a Uruguay en El Campín y perdió 1 a 0 en Montevideo, en un dramático partido en el que el arquero pedro Antonio Zape fue el héroe. En la final, Colombia derrotó 1 a 0 a Perú en el Campín, y perdió 2-0 en Lima y 1-0 en el partido de desempate que se jugó en Caracas. Este subtítulo, junto con el 4 a 4 contra los rusos en Chile, fueron los caballitos de batalla que sirvieron para afrontar los siguientes diez largos años de fracasos que afrontó Colombia a nivel de selecciones de mayores.

A mediados de los setentas, sin embargo, comenzó una revolución silenciosa que daría sus frutos más adelante. La llegada a Colombia de los técnicos argentinos Oswaldo Zubeldía al Atlético Nacional y Carlos Salvador Bilardo al Deportivo Cali, junto con el trabajo cada vez más organizado que comenzó a hacerse en las divisiones inferiores, empezó a cambiar la mentalidad de los futuros futbolistas. Fue un trabajo muy lento, cuyo primer resultado relativamente exitoso estuvo a cargo de la Selección Juvenil de 1979, que le ganó a Brasil en el Suramericano de Asunción de aquel año.

A nivel de mayores las cosas seguían mal. Colombia sucumbió ante Brasil y Paraguay en las eliminatorias de 1977 al Mundial de Argentina. Una goleada 6 a 0 en el estadio Maracaná fue el argumento definitivo que convenció a técnicos, dirigentes, periodistas y aficionados de que el problema del fútbol nacional no se resolvía convocando jugadores nacionalizados, sino preparando futbolistas que fueran capaces de jugar sin complejos ante las grandes selecciones del continente. En la Copa América de 1979 Colombia fue eliminada en la primera fase por los chilenos, también por diferencia de goles. En aquel año el Deportivo Cali ya había sido subcampeón de la Copa Libertadores de América, y Gabriel Ochoa Uribe comenzaba su ciclo como director técnico del América de Cali.

Las palabras trabajo, disciplina y profesionalismo comenzaron a cobrar fuerza en los equipos y en las divisiones inferiores.

En 1980 se logró una nueva clasificación a los Juegos Olímpicos de Moscú. Carlos Salvador Bilardo fue convocado para que dirigiera la Selección Colombia y, por primera vez en la historia, se planeó un programa meticuloso de partidos internacionales ante equipos de gran jerarquía, como el Real Madrid el Nottingham Forest, la selección española y el Benfica de Portugal. Sin embargo, Colombia quedó de último en la serie, detrás de Perú y Uruguay. Este fracaso de Bilardo sumió al fútbol colombiano en un nuevo estado de depresión. Parecía técnica, física y mentalmente imposible  que Colombia clasificara a una Copa del Mundo.

En la Copa América de 1983, e equipo dirigido por “El Caimán” Sánchez tampoco pudo superar la primera fase y, gracias a una “Comisión de Notables” que prometió lo divino y lo humano, Gabriel Ochoa Uribe aceptó hacerse cargo de la Selección Colombia, que “esta vez sí se iba a clasificar”. Ochoa contó con el respaldo unánime de los dirigentes, la prensa y el público.

En enero de 1985, mientras tanto, y sin que nadie lo supiera, se iniciaba la nueva historia del fútbol colombiano. Una selección juvenil dirigida por Luis Alfonso Marroquín e integrada por unos jugadores de apellidos extraños (Ampudia, Tréllez, Higuita) y nombres muy paisas y muy caleños (John Edinson, John Jairo, José Romeiro), asombraba a propios y extraños con un fútbol exquisito. Al final no fueron campeones, pero señalaron la nueva ruta que, meses más tarde, tomaría el fútbol de Colombia. La Selección Juvenil participó en el Mundial de la Unión Soviética y logró clasificarse entre los ocho primeros del mundo. Mientras esto ocurría, la selección de mayores enfrentaba a Perú. Argentina y Venezuela. El equipo de Ochoa perdió sus dos partidos contra Argentina, le sacó tres puntos al Perú y pasó trabajos ante Venezuela. A pesar del pobre balance presentado por el equipo, Colombia tenía derecho a disputar una casilla extra contra Chile, Perú y Paraguay. Sin embargo, Gabriel Ochoa Uribe estaba más interesado en ganar la Copa Libertadores con el América que asumir el último esfuerzo. Desmanteló la selección original, basada en jugadores de Millonarios y del América, y convocó un equipo de emergencia que fue eliminado por Paraguay.

A pesar del nuevo fracaso, los aficionados no olvidaban a “su” selección juvenil. El futuro se hallaba en aquello jugadores. El trabajo hecho en las divisiones inferiores estaba produciendo futbolistas que, desde muy jóvenes, tenían fundamentos suficientes para jugar al fútbol.

En 1986 un equipo nacional dirigido por Jorge Luis Bernal fue segundo en el torneo suramericano de Odesur. Ese mismo equipo fracasó en los Juegos Panamericanos de 1987, año en el que apareció Francisco Maturana.

La historia reciente es más conocida. Copa América de 1987, Colombia tercero, Carlos Valderrama mejor futbolista de América. Gira por Europa en 1988 y empates ante Escocia e Inglaterra, triunfo ante Finlandia. 1989, actuación discreta en la Copa América y clasificación al Mundial de Italia luego de eliminar a Paraguay, Ecuador e Israel. A pesar de las amenazas que recibió la Selección hace algunas semanas, el trabajo continúa. Italia 90 se ha convertido en una obsesión, y el fútbol colombiano está más cerca que nunca de entrar en la gran historia.

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junio
11 / 2014