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"No nos damos cuenta de las concecesiones que hacemos para no molestar", Renée Zellweger

La actriz norteamericana interpreta a la legendaria Judy Garland y hace, sin duda, uno de los mejores papeles de su vida. Con Diners conversó sobre lo que significó este trabajo.

Foto: David Hindley, cortesía de LD Entertainment y Roadside Attractions

La actriz norteamericana interpreta a la legendaria Judy Garland y hace, sin duda, uno de los mejores papeles de su vida. Con Diners conversó sobre lo que significó este trabajo.

Renée Zellweger puede no lucir como la legendaria Judy Garland, pero parece la mujer ideal para interpretar a esta actriz y cantante. Durante toda su vida, sin saberlo, se preparó para este papel. En Katy, Texas, donde nació, no había una sala de cine, pero sus padres tenían un equipo de sonido “y Garland siempre estaba allí, sonando en el tocadiscos”, asegura. Cuando estuvo en Tokio, en una gira publicitaria de la película Bridget Jones, fue a un karaoke, tomó un micrófono y cantó Somewhere Over the Rainbow, una de las canciones más famosas de Garland, que interpretó por última vez en 1969, coincidencialmente el año en el que nació.

“¿No es gracioso? Es la única vez que he hecho karaoke”, explica Zellweger. Y cuando su papel de Bridget Jones le otorgó su primera nominación al Óscar a mejor actriz en 2002, su vestido de premiación fue un homenaje a Garland. “De una u otra forma, ella siempre ha sido un ícono para mí”.

Ahora, a los cincuenta años, es la protagonista de Judy, un biopic dirigido por el británico Rupert Goold sobre esta singular mujer, que se convirtió en leyenda desde muy joven. La cinta es una adaptación de la obra teatral de Broadway, Al final del arcoíris, escrita por Peter Quilter, y se desarrolla en 1969, cuando Garland, de 46 años, emocionalmente destrozada y separada de sus hijos, hace una serie de espectáculos en Londres.

Finn Wittrock interpreta a Mickey Deans, el quinto y último esposo de Judy Garland.


Para ese entonces la actriz bebía mucho, tomaba pastillas y se casaba por quinta vez, en esta ocasión con un embaucador; algunas veces asombraba al público, en otras, salía abucheada. En sus altas y en sus bajas, Zellweger, quien además actúa al lado de Michael Gambon, Jessie Buckley y Rufus Sewell, hace que su transformación para convertirse en esta mujer sea tan convincente, que resulta doloroso verla.

Diners conversó en Hollywood con la actriz sobre este trabajo, que ya ha sido elogiado por la crítica especializada y se vislumbra como una de las candidatas fijas a un nuevo premio Óscar.

Al ver esta película es evidente que cuando una mujer elige una profesión en el mundo del espectáculo está permanentemente bajo la lupa del control de su apariencia. ¿Qué aprendió de eso al interpretar a Judy Garland? ¿Siente que en su carrera ha tenido que capotear la crítica para alcanzar el éxito?

Sí, por supuesto, soy una mujer que vive en Estados Unidos (risas). Y en Hollywood, sin duda, la manera en que uno se ve siempre es una discusión pública permanente, en especial cuando tienes que transformarte para hacer diversos roles. Pero nunca en la medida en que alguien como Marilyn Monroe, por ejemplo, tuvo que tolerar. De ella había la expectativa de que actuaría de cierta manera cada vez que salía de su casa, que siempre sería el cenit del glamour y la belleza. Y creo que lo mismo sucedía con Judy Garland, se esperaba que nunca cambiaría hasta el final de su carrera. Y solo puedo imaginar lo abrumador que debe ser. No soy tan consciente de eso en mi propia experiencia, porque no me pongo a leer lo que la gente dice de mí y creo que eso es lo más saludable.

No es un secreto que Judy sentía una gran pasión por ser artista. ¿Se identifica con eso?

Es un poco diferente porque mis experiencias no suelen involucrar a una audiencia. En mi caso es la reciprocidad y la colaboración con un equipo de personas que se convierten en mi familia. Muchas veces siento que el público es el director y el director de fotografía, y compartimos un momento secreto, privado, donde damos vida a algo. Eso es efímero y esa colaboración es importante para mí. Eso lo entiendo. Y no sé si he nacido para ser actriz, pero sin duda, reconozco que es un componente fundamental cuando veo el panorama de lo afortunada que he sido en mi vida al llegar a serlo.

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La película narra el momento en el que la cantante acepta una gira por Londres y tiene que alejarse de sus hijos.


¿Fue muy complicada la transformación para este papel? ¿Cómo se sintió al verse en el espejo por primera vez como Judy Garland?

Fue muy divertido, porque al tratar de describir la experiencia me sentí muy diferente de cualquier otra película que haya hecho. Sentí que fue como una serie de experimentos, simplemente probábamos cosas. Éramos un grupo de personas, de diferentes departamentos, que intentábamos lograr un objetivo particular solo para ver si podíamos encontrar las pequeñas cosas que importaban y marcaban la diferencia. Y estuve muy feliz cuando me puse esas mejillas, me encantó. Cuanto más lejos me siento de mí misma, más auténtico me parece interpretar a alguien.

Pero, inevitablemente, eso se convirtió en una complicación y tomaría mucho tiempo solucionarla. Así que Rupert Goold sintió que más que una semejanza física, la emoción era esencial y quería que esto no fuera una imitación sino más una exploración hacia la comprensión. Y para hacer eso quería ver mi cara, mis arrugas, mis expresiones. Lo entiendo ahora y aprecio que haya tomado esa decisión.

La película es una serie de experimentos; entre los más grandes están esas interpretaciones en vivo, que son impresionantes. ¿Cómo se sintió sin realmente tener la experiencia como cantante?

Nunca he estado tan agradecida por tener un horario tan exhaustivo, porque muchas veces esos nervios me hacían dudar si podría salir bien. Pero teníamos que hacerlo, no había tiempo para pensar en eso, simplemente pensé “hazlo”. Y, afortunadamente, a lo largo de esa secuencia de la que hablas, hubo un par de cientos de actores que interpretaron a la audiencia. Y en ese periodo de filmación –supongo que fue una semana en el teatro The Empire–, nos convertimos en amigos. Éramos colaboradores y estábamos recreando esta charla sobre el entorno de la ciudad, compartiendo historias y las cosas favoritas sobre Judy. El denominador común era el afecto. Entonces, realmente no sentí que lo iba a hacer sola. Todos los que estábamos allí recreamos ese momento impulsados por el afecto y la admiración. En realidad fue muy especial.

¿Cómo fue ese proceso para entrar en el personaje?

Siento que todos tenemos una conexión con Somewhere Over the Rainbow. Esa canción es nostálgica, la sentimos porque se relaciona con nuestra infancia y lo que podríamos haber soñado la primera vez que la escuchamos, cantada por la voz de una mujer muy joven. A través de la vida de Judy, la canción adquirió un significado diferente, pues tuvo que vivir muchos desafíos que intentó capotear. Y, en ese momento, pensando en lo que esas palabras significaban, considerando las circunstancias con las que lidiaba, a pesar de todo, había alguna esperanza para un nuevo tipo de felicidad, y eso me conmovió profundamente. Creo que es una hermosa representación del espíritu de Judy Garland, tal como la he leído e interpretado, y es heroica en términos de lo que ha podido superar.

A través de las generaciones su influencia ha resonado, no solo por su voz, sino por el don de la empatía, su capacidad de relacionarse y reconocer el valor en el individuo marginado que se siente incomprendido.

La crítica está de acuerdo en que Renée Zellweger ha hecho una de las mejores interpretaciones de su carrera.


¿Cómo logró sacar esa voz para cantar?

No lo hice, mi voz es terrible (risas). Aprendí mucho sobre lo que no debes hacer al cantar y las repercusiones que eso tiene. Ahora sé sobre el sueño y sé por qué no puedes cantar 28 tomas de The Man Who Got Away en el ensayo, en un escenario frío e ir a trabajar al día siguiente y grabar música. Pero solo ahora lo sé.

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En su vida personal, ¿cuánto le gusta cantar?

Es gracioso, tendrías que preguntarles a mis perros, son los únicos con los que hago una especie de karaoke (risas). Se acurrucan al lado del piano y tenemos un par de sesiones al día. Sí, tienen sus favoritas y también las que desean que ya no cante más. Por supuesto, disfruto cantar, creo que todos hacemos. Deberíamos dejar afuera al juez y al crítico y simplemente cantar desde el corazón, porque eso nos trae alegría.

Judy tenía una gran voz, pero en su vida nunca tuvo una voz, nadie la escuchaba con excepción de cuando cantaba. ¿Cuándo encontró usted el poder de la palabra hablada?

Eso es muy interesante, porque creo que a veces no nos damos cuenta de las concesiones que hacemos para no molestar, para apaciguar o solo para ser amables. Entonces, en algunos momentos, o cuando una situación está fuera de tu control, te tragas las palabras y no dices las cosas que en realidad sientes. Y esta dificultad solo se reconoce en retrospectiva, así como el daño que genera.

Esto puede crear la manifestación física de un embotellamiento emocional, como creo que le sucedió a Judy Garland. Así que eso ha ido más allá del regalo obvio de haber tenido esta experiencia creativa. Los pequeños descubrimientos en el camino, que seguirán conmigo en el futuro, han sido invaluables.

Usted tiene cincuenta años de edad…

Yo sí que los tengo (risas) ¡Dilo más fuerte, cumplí cincuenta este año! (risas).

Y eso son tres años más que los que tuvo Judy Garland en su última gira. ¿Dónde se encuentra en su vida y cómo ha evitado que esta industria la abrume como le sucedió a ella?

Obviamente, era una generación diferente. Y las mujeres de mi generación tienen más autonomía y capacidad de participar en la trayectoria de sus carreras; de decir hacia dónde van las cosas, podemos hablar si algo se siente incómodo o si no queremos hacer algo. No sé si las mujeres de la generación de Judy se sintieron con derecho a eso e, incluso, si lo hicieron; no sé si eso marcaría una gran diferencia. Y tampoco tuve acceso a sustancias ni medicinas de niña, porque en esa época la gente simplemente no sabía los efectos de enviar a una joven por ese camino, y es devastador imaginarlo. Ahora hay una mejor comprensión de cosas como esas, y si alguna vez estuviese en algún riesgo emocional, tengo un círculo de amigos y mi familia, que seguramente me alertarían sobre cualquier peligro. Siento que Judy no estuvo protegida de esa manera.

Y de tener cincuenta, ¿cómo se siente?

Me encanta, me siento como una niña. Todo es nuevo otra vez, como que logré llegar a esto, ¿y ahora qué? Es muy emocionante. No puedo describirlo. Lo encuentro como una especie de renacimiento, estoy emocionada de entrar en este nuevo capítulo de descubrimiento, sin todas las lecciones que tienes que aprender cuando estás en tus veintes y tus treintas. ¡Así que me siento como una nueva chica! (risas).

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Diciembre
20 / 2019


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