Menena Cottin y el Libro Negro de los Colores: no hace falta ver para ver

"Cottin había escrito hacía años un libro que me pareció una preciosura, El libro negro de los colores. Se trata de la historia de un niño invidente que le cuenta a otro cómo son los colores, o cómo siente que son los colores".
 
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Dominique Rodríguez Dalvard.

Era la versión femenina de Gael García. Será por sus ojos verdes que la vi así, o por su acento mexicano. Quizá ni siquiera sea medianamente parecida, pero fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando la vi. A su lado, y con un aura de papá, el periodista venezolano Sergio Dahbar. Y más allá, la también escritora venezolana  Menena Cottin. Era una charla a la que soñaba con ir. Cottin había escrito hacía años un libro que me pareció una preciosura, El libro negro de los colores. Se trata de la historia de un niño invidente que le cuenta a otro cómo son los colores, o cómo siente que son los colores. Recuerdo que el amarillo era algo así como el calor que sientes cuando el sol te calienta.

No sabía que cuando escribió ese libro Cottin nunca había conocido personalmente a nadie invidente, tampoco que había escrito un libro nuevo, Cierra los ojos que vamos a ver, y que la chica de los ojos verdes era su protagonista. Ciega de nacimiento, Lucero Márquez nunca había sentido la necesidad de saber cómo eran las cosas que no podía ver porque simplemente le parecía inútil. Hasta que oyó a Menena en México. Les bastó un saludo para quedar conectadas para siempre. “Antes de ese libro, no me importaba ver, no observaba las cosas tan bonitas que ustedes ven con los ojos. Pero a partir del libro empiezo a percibir distinto. Fue una metamorfosis de un sentido que no tengo, es como algo que estaba dormido, y Menena alimentó esa hambre y deseo de querer observar muchas situaciones y experiencias”, cuenta con la voz más dulce del mundo. La historia nació entre ambas porque la escritora viajaba al Himalaya con su marido, y, de repente, tenía en mente a la mexicana, ¿Cómo explicarle a Lucero cómo son estas montañas? ¿Cómo es la nieve? Y así, durante dos semanas de viaje. De allí nació Esencia de Bután, y se lo dedicó a ella.

Siguió la emoción, un intercambio epistolar -cibernético por seis años en donde la escritora hacía que cada palabra adquiriera una forma para Lucero. ¿Cómo describirle un pino desde lo alto? ¿Qué tal decirle que es como un cepillo de dientes abierto? La amistad se hizo inmensa. “Menena advierte el poder de las palabras y la forma como rompen fronteras. Logra entrar en un mundo de oscuridad pero con otro tipo de luz”, cuenta Dahbar. Y eso inspiró a Lucero a decidirse a explorarlo todo. Ya sabía definir qué diamante era de mejor calidad que otro solo con tocarlo, pero eso no era suficiente. También podía resolverle a los clientes dilemas bancarios por teléfono, pero tampoco era suficiente. Quería probarse en lo imposible, así que aceptó participar en la expedición Más allá de lo imposible, que la hizo recorrer un trecho grande de su país, acompañada de su perra labradora Eiba, “su prolongación, sus ojos, su familia”, la que la hace escapar unas lágrimas por estar, en este momento, enferma. La que la empujó a seguir cuando estaba que botaba la toalla escalando una altísima montaña. La que, de seguro, le diría que no dejara de presentar el libro incluso si ella estaba ausente. La que la está obligando a entrar en una siguiente etapa: ella consigo misma.

Es claro que nos hipnotizó a todos. “Mi meta es ayudar a las personas a superar sus propios limites. Y si los médicos te dicen que tu hijo no va poder caminar nunca, no se empeñen en sanar al niño, empéñense en rehabilitarlo, porque tiene más habilidades que un par de piernas, o un par de ojos, no subestimemos a la gente con discapacidad, porque así no hablemos, tenemos habilidades y las debemos desarrollar. Debemos procurar que esas personitas se vuelvan independientes y que ellos puedan florecer para transmitirle al mundo lo que ellos tienen”, dijo enfática. Y la gente aplaudió. Ella era el ejemplo de esta frase. Y lo había logrado por el poder de la palabra, porque “Los libros son experiencias ficticias o reales que nos cambian la vida”. Y a ella se la cambiaron.

         

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enero
26 / 2013