El fado: la saudade hecha canción

Si hay algo que describa el alma portuguesa, cargada de nostalgia, es este género musical que cada día conquista más corazones en el mundo y se reinventa permanentemente.
 
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POR: 
Alejandro Convers

Nacido como ritmo popular, al ser oído por un conde se volvió aristocrático y a mediados del siglo XX encontró en Amália Rodrigues su mejor voz.

El fado, esa sombría canción de Lisboa que Pessoa definió como el cansancio del alma fuerte, la mirada de desprecio de Portugal al Dios en que creyó, es la música más famosa de este país y, desde 2011, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

Su sonido carga los rastros históricos de la nación: la canción de juglar del siglo X, voces que evocan la larga presencia mora en la península y ritmos que provienen del lundum, el canto de los esclavos brasileños durante el pasado colonial. Empezó como música barriobajera de bares, callejones y prostíbulos y sus letras, que hablaban de la vida diaria del trabajador humilde, eran una fuente de información para la población analfabeta.

Según la leyenda, todo cambió a mediados del siglo XIX con la cantante y prostituta María Severaquien con sus fados enamoró al conde de Vimioso. Se dice que María se suicidó o murió víctima de la tuberculosis a los 26 años de edad, pero su corta vida bastó para que el fado conquistara a la aristocracia portuguesa.

Cien años después, en 1920, Amália Rodrigues, “La Reina del Fado”, conquistó al mundo con una voz trágica y evocativa, y su apariencia de chal negro y guitarra portuguesa se convirtió en el ícono del fado que se tomó los espacios principales en la radio y el cine, y produjo grandes cantantes como Mary Alice y Carlos Ramos, y también uno de los mejores compositores e intérpretes de la guitarra portuguesa: Carlos Paredes.

Esa edad de oro del fado correspondió, infortunadamente, con la larga dictadura de Antonio de Oliveira Salazar y por eso el espíritu revolucionario de los setenta y ochenta lo despreció considerándolo retrógrado y deprimente. Pero estaba tan incrustado en la esencia de Portugal que habría sido imposible olvidarlo para siempre. A mediados de los ochenta el fado se asomó con sutileza en Madredeus, una banda que mezcla música tradicional de Portugal con elementos delfolk moderno y posteriormente, en los noventa, artistas como Mísia, Paulo Bragança, Dulce Montes, Mafalda Arnauth y Camané renovaron el repertorio al añadir nuevas composiciones, ampliar el formato tradicional (una voz, una guitarra clásica y una guitarra portuguesa) con pianos, trompetas, bajos y percusión, y liberarse de la clásica apariencia instituida por Amália trayendo incluso nuevas influencias del jazz y otras músicas del mundo.

Con ese nuevo fuego, el fado renació y para 1999, a la muerte de Amália, era de nuevo la música insignia de Portugal. Precisamente en sus homenajes póstumos surgió la nueva estrella del fado: Mariza, nacida en Mozambique, que en sus siete discos ha realizado un largo camino de exploración manteniendo siempre la esencia de la saudade, esa nostalgia mezclada con pérdida, fracaso, amor y distancia.

Una naturaleza que permanece y permite increíbles experimentos: en 2009 el disco más popular de Portugal fue Amália Hoje (Amalia Hoy) de Nuno Gonçalves, líder del grupo de rock The Gift, una reinterpretación de las clásicas canciones de “La Reina del Fado” con sonidos electrónicos, pop y orquestales.

Al lado de los experimentos, la tradición permanece. En Coimbra, la otra ciudad del fado, los estudiantes universitarios que escuchan a las más recientes fadistas como Ana Moura (que ha grabado con Prince) o a Carminho, celebran su graduación uniendo sus capas negras y sus voces en un enorme fado comunal que expresa el dolor de abandonar la vida universitaria. Un ritual de fado que se ha replicado durante siglos y que seguirá replicándose mientras siga haciendo surgir esa sensación de una fuerza superior a la voluntad personal que le ha dado al fado su grandeza.

IMPERDIBLES DEL GÉNERO

The Queen of Fado, de Amália Rodrigues (2011). Una recopilación de los más grandes éxitos de “La Reina del Fado”.

Sempre en Mim, de Camané (2008). El disco con mejor recepción hasta la fecha de, para algunos, el mejor fadista desde Amália.

Ruas, de Mísia (2009). Un disco doble, el primero dedicado al fado, el segundo a las influencias extranjeras de la autodenominada “Anarquista del Fado”.

Alma, de Carminho (2012). El disco más exitoso de fado del año pasado por la nueva revelación del género.

Terra, de Mariza (2008). Un disco que equilibra la tradición y las nuevas tendencias del fado, por la más famosa fadista contemporánea.

         

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marzo
11 / 2013