SUSCRIBIRME
INICIO//Cultura//Archivo Diners//Angelino Garzón: ¿Populista o popular?

Angelino Garzón: ¿Populista o popular?

El exvicepresidente se define como un hombre humilde que ha sufrido la humillación. Dice no haber usado el cargo para su agenda propia. Mirada a Angelino Garzón, un personaje controvertido.

Foto: Cancillería Ecuador/ (CC BY-SA 2.0)

El exvicepresidente se define como un hombre humilde que ha sufrido la humillación. Dice no haber usado el cargo para su agenda propia. Mirada a Angelino Garzón, un personaje controvertido.

Publicado originalmente en Revista Diners, año 2011.

En una tarde de martes, soleada y fría, el vicepresidente Angelino Garzón me recibe en su oficina. Se sienta en una silla alta, forrada en terciopelo granate, a todas luces menos cómoda que los sofás de cuero del despacho. “Es por la espalda”, me dice el personaje más polémico del gobierno, cuestionado porque se mueve como rueda suelta y no como ajustada pieza del engranaje oficial. “Si actuara en favor de los más ricos me llamarían estadista –dice-. Pero como lo hago en favor de los trabajadores y los humildes me llaman populista”.

Populista o popular, debo confesar que me produce sentimientos encontrados. Por un lado, me parece que no les juega limpio a sus coequiperos cuando les pisa callos en público, cuando controvierte posiciones oficiales de cara a la galería y no en privado, en los consejos de ministros, que sería lo políticamente correcto. Tengo la impresión de que, ni corto ni perezoso, aprovecha el cargo para mantenerse vigente y mantener vigente su agenda, y obtener réditos políticos. No dudo de que, terminado su período en el cargo, no se jubilará de la política. ¿Por qué habría de hacerlo?

Él niega estar usando el cargo en función de su propia agenda política: “El tiempo de uno como gobernante es el tiempo de la gente, de gobernar en función del conjunto de la sociedad, el de los candidatos es otro”, me dice. Pero lo cierto es que el movimiento Centro Independiente, oficializado la mañana misma en que fue inscrita la fórmula presidencial de la cual él es copiloto, está hecho a su medida y a la medida de sus aspiraciones –legítimas por cierto–, y su objetivo es convertirse en partido para las elecciones de 2014. Como es cierto también que tiene su fortín electoral y burocrático en el Valle, y que cuenta con el apoyo de la CGT. La política fue la forma de hacer y de hacerse que escogió Angelino.

Opinar y hacer por convicción

Pese a que me molesta el estilo para hacerse sentir, no para de dejar sentado que no es un convidado de piedra, que no renuncia ni a su derecho a opinar, ni a sus ideas, ni a su pasado. Igual, creo que el ‘vice’ opina lo que opina y hace lo que hace por convicción. Su trayectoria como líder estudiantil y dirigente sindical, como militante del Partido Comunista y de la UP, como miembro de la Comisión de Conciliación y gobernador del Valle, es la de un hombre comprometido con la defensa de los trabajadores, de los más humildes, de los más vulnerables, de las víctimas del conflicto armado.

Vea tambien: Colombia vista a través de los ojos de Félix de Bedout

Lo demostró cuando criticó el porcentaje del incremento del salario mínimo y pidió al presidente revisar la cifra; cuando cuestionó el Plan de Desarrollo porque un artículo con cara de ‘mico’ pretendía modificar la edad de jubilación; cuando respaldó las protestas de los trabajadores petroleros y exigió salarios justos y responsabilidad social de las empresas; cuando cuestionó las cifras de pobreza; cuando metió las narices en el escándalo de la la salud y anticipó la intervención de las EPS implicadas en el desfalco; cuando habla de paz y de solución negociada… Y es que a diferencia de sus compañeros de gabinete, la mayoría economistas graduados de prestigiosas universidades nacionales e internacionales, y la mayoría encopetados cachacos, él conoce la pobreza en carne y hueso, no en cifras estadísticas, y sabe de despidos y persecución por la actividad sindical.

Tal vez, como ninguno de ellos, ha tenido que guerrearse el pan y luchar contra la pobreza desde niño, en Buga, donde nació en 1946 y vivió sus primeros 12 años. “Éramos muy pobres, mi madre –Conchita– , era casi analfabeta pero de una enorme sabiduría popular. Tenía un puesto en la plaza de mercado, vendía frutas, gallinas… y cada tres días atendía en Cali un puesto en la Galería Belmonte. Era un negocio muy difícil, a veces daba y a veces no, pero que yo recuerde nunca nos acostamos sin algo de comer”. Tal vez, como ninguno de ellos, tuvo que trabajar sin siquiera haber llegado a la adolescencia: “Estoy trabajando desde niño, llevaba mercados, hacía mandados, vendía periódicos… Me gustaba tener oficio, y platica. La gastaba en dulces, en cine, y le ayudaba a mi mamá”. Tal vez como a ninguno, le faltó el padre: “Nunca lo conocí ni me preocupé por eso, nunca acepté tener papá, pero su ausencia me marcó para ser independiente”.

Tal vez, como ninguno, debió renunciar a la Universidad por falta de recursos. Y con absoluta seguridad es el único de ellos que fue caddy y cargó las talegas de golf de poderosos hombres de club; el único que se han sentado del lado la mesa donde se sientan los trabajadores, no los empresarios; el único que ha militado en el Partido Comunista y en la UP. El único que parece como mosco en leche en el gobierno de un presidente que representa la crema y nata del establecimiento y de la oligarquía bogotana.
Poco le importa. Sabe que fue por cálculo político, porque le agregaba valor a la fórmula presidencial, porque tenía los contactos con las bases populares que Santos no tenía, por lo que éste lo escogió de copiloto.

Está donde está porque Juan Manuel Santos así lo quiso. “Estaba tranquilo en la embajada en Ginebra cuando él me llamó y me invitó a ser su fómula presidencial –cuenta–. Conversamos privadamente e hicimos un acuerdo entre dos personas con historias políticas y sociales diferentes, que nos conocíamos de antes, un acuerdo sobre la base de tres ejes –derechos humanos, temas laborales y sociales y paz–, con un propósito de unidad en la diferencia para luchar por un país mejor. Ese fue el mensaje y es el que desarrolla el gobierno”.

¿Opositor o entregado?

El empresariado y sectores de la izquierda lo ven con reservas por contrarios motivos –unos porque juega de opositor, otros por “entregado” al establecimiento–, pero cabe reconocer que sus condiciones de mediador y su talante conciliador le han servido al gobierno para tender puentes y limar asperezas con las organizaciones sindicales y de derechos humanos.
No lo alteran las críticas o que lo llamen pragmático para descalificarlo por la voltereta que dio desde la izquierda hasta convertirse en funcionario de gobiernos de centroderecha como los de Pastrana y Santos, y de ultraderecha como el de Uribe. “Aprendí a ser pragmático desde niño, en mi casa nada se podía planificar, un día había y otro no –me dice–. Pero toda la vida he mantenido una misma línea. Con una anotación: esa línea es mucho más comprometida con los trabajadores y la gente humilde cuando tengo cargos de gobernabilidad, porque uno tiene más posibilidades de ayudar a la gente”.

¿Cómo se define?

“Como un hombre de centro izquierda católico –me dice-. –. Para mí lo fundamental es la sensibilidad social”. Católico de misa los domingos –cuando puede– y más religioso a raíz de la muerte de su hija Jenny. Respetuoso de las creencias ajenas, se declara de acuerdo con la sentencia de la Corte Constitucional que despenaliza el aborto en tres casos excepcionales y que –subraya– “no da libertad plena para abortar porque se necesita la autorización de una junta médica”. Devoto del Señor de los Milagros, le pregunto si le ha hecho alguno: “Sí, el de mantenerme con vida”.

Una vida de intensa actividad política, en buena parte de la cual lo ha acompañado Monserrat Muñoz, su esposa durante 32 años. “Mi amiga en los gozosos pero sobre todo en los dolorosos –afirma–. Ella es el centro, la izquierda y la derecha, el polo a tierra, la dulzura, la solidaridad, la mujer con quien no tuve hijos pero que quiere a los míos (tiene tres) como si fueran propios”. Angelino Garzón es un hombre bueno pero no ingenuo y no está libre de toda culpa como para tirar la primera piedra. Conoce el poder y sabe para qué sirve. Mientras el presidente no decida silenciarlo, seguirá haciéndose oír. La ambigüedad del cargo le permite mantenerse activo, ser protagonista, intervenir, controvertir, mostrarse diferente en medio de la “unidad nacional”. Y Juan Manuel Santos sabía que se metía en camisa de once varas cuando lo convirtió

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Octubre
10 / 2012


Send this to a friend