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Los 5 libros favoritos de Tomás González

Tomás González, una de las mejores plumas de este país, le contó a Diners los cinco libros que más lo han marcado en su vida. Su salvedad es que el orden alfabético es el único que admiten estos libros, porque ni Cien años de soledad es mejor que Pedro Páramo, ni Romancero gitano puede ser tercero en ninguna lista.

Foto: Carlos Sierra

Tomás González, una de las mejores plumas de este país, le contó a Diners los cinco libros que más lo han marcado en su vida. Su salvedad es que el orden alfabético es el único que admiten estos libros, porque ni Cien años de soledad es mejor que Pedro Páramo, ni Romancero gitano puede ser tercero en ninguna lista.

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez


Este libro fue para mí como un alucinógeno. Yo tenía tal vez veinte años. Lo leí de un tirón durante toda la noche y a las seis de la mañana seguramente tenía ojos de delirio, después de diez horas de lectura continua y en vilo. Leía, releía, me deslumbraba. Era una tragedia en la que perdía la muerte. La melancolía se manifestaba con exuberancia tal que se negaba a sí misma y se volvía alegría. Y el mundo todo se hacía leve, tendía a flotar, a irse para el cielo.

Romancero Gitano, Federico García Lorca

Romancero Gitano


Me hizo sentir orgulloso de ser prójimo de Federico García Lorca, es decir, orgulloso de mi condición de ser humano. Son grandes las maravillas que logra a veces este primate que, como Lorca bien lo supo, puede ser tan horroroso. Y es siempre entre todos, los vivos y los muertos, que se logran.

Robinson Crusoe, Daniel Defoe

Robinson Crusoe

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Cuando leí Robinson Crusoe yo era aún niño y no lograba entender por qué se quejaba Robinson de su suerte, si estaba viviendo en el paraíso. La he leído varias veces desde entonces y siempre me queda la sal del mar pegada de la piel y la arena entre los dedos de los pies.

La montaña mágica, Thomas Mann

La montaña mágica


Leí La montaña mágica durante mi convalecencia de un accidente que tuve frente a mi apartamento. Me bajé muy rápido de la camioneta en que venía con unos amigos, me caí y la camioneta me pasó sobre la pierna. No me la quebró de milagro, pero debí quedarme en la cama casi un mes con la pierna como un tronco de plátano.

Pocos libros tienen la capacidad de La montaña mágica para transportar al lector a otro lugar. Durante ese mes me fui a vivir al centro Berghof, en los Alpes, con Hans Castorp, Settembrini, madame Chauchat y demás elegantísimos tuberculosos de preguerra.

La calma con la que la novela va ganando profundidad y fuerza es pasmosa y ejemplar. ¡Qué tranquilidad, qué seguridad para escribir!

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Pedro Páramo, Juan Rulfo

Pedro Páramo


Todavía no he terminado de leer Pedro Páramo. Cada vez que vuelvo a la novela me doy cuenta de que no la había leído bien y detalles importantes se me habían pasado. Es elusiva como las sombras.

Comparte con la música mexicana o tal vez toma de ella esa melancolía, ese sentido trágico peculiar del país. “Vendaval sin rumbo, que te llevas tantas cosas de este mundo, llévate la angustia que produce mi dolor, que es tan profundo”, dice Javier Solís en versos de altísimo nivel lírico, igual al que se alcanza, de principio a fin y sin baches ni pausas, párrafo por párrafo, frase por frase, palabra por palabra, en Pedro Páramo.

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Enero
21 / 2020


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