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Maqroll: la antítesis de Macondo

Si García Márquez logró con Macondo cimentar las bases del realismo mágico, Álvaro Mutis logró con Maqroll exactamente lo contrario.

Foto: Jane_Lane/Shutterstock.com

Si García Márquez logró con Macondo cimentar las bases del realismo mágico, Álvaro Mutis logró con Maqroll exactamente lo contrario.

Se celebra este mes una nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. El “país” invitado de honor este año es el pueblo ficticio que García Márquez desarrolló en buena parte de su obra y que llamó Macondo.

Mientras leía el texto (a propósito de Macondo) de Jhonny R. Quintero sobre mundos imaginarios de la literatura, recordé a un personaje amado que tal vez aún sigue sin reclamar el lugar que debería tener en nuestra historia. Maqroll, el Gaviero.

Si García Márquez logró con Macondo cimentar las bases del realismo mágico, Mutis logró con Maqroll exactamente lo contrario. Nos entregó un personaje tan humano y defectuoso que se percibe irreal y lo ubicó en un mundo en extremo real y cotidiano.

Desde la (convenientemente) incompleta Oración de Maqroll hasta su embarco en las empresas y tribulaciones, Mutis nos muestra al Gaviero como una coyuntura cósmica sin mayor pretención, un hombre condenado a vivir. Sin edad, sin nacionalidad, sin arraigo, sin pasado y sin futuro, o mejor aún, con la carga de todos los pasados y la incertidumbre de todos los futuros.

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Su trasegar por el mundo no responde al devenir del tiempo, no es lineal ni espiral, tal vez sólo circunstancial. Sin mayores cuestionamientos aceptamos al Gaviero navegando el Xurandó (tal vez la única ficción del mundo maqrolliano), administrando un burdel en Panamá o extrayendo oro de la mina de Amirbar.

En cada situación es el mismo Maqroll el que se enfrenta a su desventura, sin importar cuántos años han transcurrido, como si su tiempo se detuviera mientras su universo girara arbitrariamente para ubicarlo nuevamente sobre un punto diferente.

Mientras Macondo es un universo de situaciones mágicas (que quizá la narrativa de García Márquez y la insensatez que mal llamamos “malicia indígena” nos hace creer verosímiles) que vinculan a seres reales e identificables, el universo de Maqroll no es más que la realidad misma en su versión más primaria, atormentando a un hombre inexistente que es todos los hombres y a la vez ningún hombre.

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Un marinero que busca un lugar en tierra que le permita morir. El Gaviero logra unir accidentalmente la apatheia y la apatía en su devenir, dotado con el pragmatismo del que se ha liberado de sus emociones pero a la vez cargado del sinsabor que deja el no querer nada más, como el mismo personaje diría en La nieve del almirante: «La familiaridad con el irse muriendo como oficio esencial de cada día».

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Maqroll se va revelando en cada empresa como una suerte de antihéroe (oh recurso desgastado éste) que simplemente acepta su existencia como un destino más, como un peregrino que se sabe extranjero en cada puerto al que arriba porque en realidad no tiene un origen o un destino. Su única lucha verdadera es por encontrar ese espacio firme que le permita morir, ya que el mar que tanto ama se encarga de traerlo de vuelta siempre, como en un irónico vaivén del que no logra escapar.

Lo mágico en Maqroll es que este devenir de derrotas y absurdas empresas no suponen una tragedia para sí. Mutis nos enseña al Gaviero como un personaje ajeno a sí mismo, similar al Meursault de Camus, que afronta el presente con un desdén inhumano, casi imposible, pero que incluso encuentra espacio para sentir misericordia por sí mismo sin llegar a ser condescendiente. De allí surge el Maqroll poeta, escritor y lector que conocemos en sus momentos de profunda soledad y enajenación del mundo. Ese místico personaje que la crítica intentó hasta el cansancio referir como el alter ego de Mutis y que el mismo autor negó hasta su muerte, pero que finalmente le sirvió para crear su obra con la total independencia del compromiso.

Recuerdo a Maqroll el Gaviero en su viaje a lomo de mula por la cuchilla de El Tambo, o entrando a Brighton con su falso pasaporte chipriote, o contemplando la aparición de San Petersburgo desde la península de Vironniemi y veo a un hombre mágico atado a la belleza de la realidad que le encargaron vivir y que nunca quiso cuestionar.

García Márquez sentencia su universo mágico llamado Macondo cuando afirma que las estirpes condenadas a cien años de soeldad no tendrían una segunda oportunidad sobre la Tierra. Maqroll simplemente intenta salir avante de esa primera oportunidad.

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Abril
28 / 2015

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