Un recorrido musical por el río Mississippi

El río Mississippi ha sido la cuna de la más rica tradición musical de los Estados Unidos. En sus orillas han nacido el jazz, el blues, el country, el bluegrass, el soul, el rock & roll, el gospel y el cajun. Un paseo por sus principales ciudades.
 
Un recorrido musical por el río Mississippi
Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0
POR: 
Carlos Arturo Rueda

El todopoderoso río Mississippi es una larguísima zanja vertical de cuatro mil kilómetros que divide a los Estados Unidos en dos y en ningún sitio de este país ha germinado más música que a lo largo de las tierras bañadas por él. Jazz, blues, country, bluegrass, soul, rock & roll, gospel, cajun, y, sin exagerar, un largo etcétera. Tal vez porque en pocos sitios de la nación hubo y llegó tanta gente con tanto para contar, lamentar, orar y conservar.

Los nativos, los inmigrantes, las sectas, los forajidos, los esclavos, los soldados, los expatriados, todos, llegaron atraídos, o forzados, por la geografía del centro americano, y así crearon comunidades, creyeron domar el río, lo sufrieron cuando fue caprichoso, se la volvieron a creer y en medio de todo esto le pusieron música a su vida.

En sus orillas se fundaron varias ciudades y vieron nacer ritmos musicales muy concretos. Viajemos de sur a norte a cuatro ciudades con los oídos finos. New Orleans: jazz y cajun; Memphis: blues y rock & roll; Nashville: country y bluegrass, y Chicago, alejada del río pero que a todos los recibió y los ayudó a crecer. Este es “El camino de la música”.

Comencemos en New Orleans. Ciudad bellísima, sin compromisos arquitectónicos contemporáneos, dura de sol, casi sumergida y tratando de ser atractiva por muchas otras cosas, pero sin poder escaparse –no es que lo quiera mucho– del compromiso tatuado que el destino le impuso de vivir cantando.

La Rue Bourbon en el barrio Francés es una calle que merece por lo menos una hora cualquier noche. Diez cuadras de solo bares y rumba intensa, un carnaval de sonidos, donde la gente puede beber sin problemas en la calle y las mujeres coleccionan collares levantándose la blusa. A veinte pasos de la esquina con St. Peter se encuentra una casa medio en ruinas donde funciona el mejor club de jazz del mundo: Jazz Preservation Hall. No toma reservas ni tarjetas, no hay micrófono, es una sala estrecha y tres bancas viejas y únicamente por tres horas, cada noche, tocan allí algunos de los más geniales maestros de este ritmo. Apenas termina “Bourbon”, desaparecen los turistas y llegan los locales a pasar la noche en un barrio magnífico: Faubourg Marigny, un secreto a gritos, que con cuatro calles únicas y una treintena de bares derrochando música en vivo le hacen feliz la noche a cualquiera.

Vamos a Memphis. “Si la música fuera religión, entonces Memphis sería Jerusalén y Sun Studio su más sagrada capilla”, se dice de esta ciudad, que no es bonita pero por su alma sí enamora, donde nació el blues y en la sala de grabación de Sun Studio, el rock & roll. Elvis Presley estableció su reino aquí y en su mansión añeja, su viuda creó el mayor centro de peregrinaje de la música mundial: Graceland. En las noches, la calle Beale, un poco más pudorosa que Bourbon, derrocha nostalgias en doscientos metros de bares interpretando blues. A la vuelta de la esquina tiene el fantástico Museo del Rock & Soul que le cuenta la historia sin parar de cantar.

Póngase las texanas porque sigue Nashville. ¡Qué ciudad! Verde esmeralda, la “Atenas del Sur”, “Musical City” y ya está como la quiero. Podríamos demandarla por acaparadora, demasiado talento en un solo sitio. En ningún lugar del país se produce tanta música. Concéntrese en los bares con música en vivo en Broadway entre las avenidas 6ª y 2ª y baile todo el country que quiera, beba feliz y si quiere más visite el Wild Horse, en la 2ª avenida, una sala inmensa donde le pulen los pasos al más puro estilo americano. En el día visite el Salón de la Fama de la Música Country, un edificio impresionante que tiene forma de piano y alberga los más preciados tesoros que la América profunda dibujó en un pentagrama.

Este es un viaje largo y si no tiene tiempo, no se defraude porque siempre está Chicago, que es la ciudad más amable y bella de Estados Unidos y le llenará de música las noches y los días de arquitectura y agua. Toque por favor la puerta en Buddy Guys Leyends. Si puede entrar, no va a querer salir… O vaya hasta la glamorosa calle Rush North y siéntese en Backroom a escuchar jazz o hágase llevar al barrio de Lincoln Park, que vive un serio romance con la noche y está lleno de garitos que funcionan, más que todo, por el placer de hacer lo que mejor saben hacer: música.

         

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marzo
8 / 2013