Rock al parque: el espíritu incesante del rock

"Prepárese psicológicamente, póngase ropa cómoda y alístese para disfrutar del festival en paz, ver a sus bandas preferidas, y ayudar a mejorar a Rock al Parque, para que ojalá dure hasta siempre."
 
Rock al parque: el espíritu incesante del rock
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POR: Revista Diners

Es imposible hablar de Rock al Parque sin amor cuando uno estuvo, esa primera vez, con el uniforme de su colegio de monjas, escapado, escuchando a Camilo Ferrans —esa institución del rock nacional que falleció a principios de este año— tocar un cover de “Paint It Black” de los Rolling Stones. Amor por un proyecto que luego de 20 ediciones sigue siendo un espacio de apertura y convivencia, pero sobre todo, sigue siendo una señal de identidad de Bogotá y de Colombia.

Expresiones como: “¡Alegría, alegría!”, “Raza furia”, “¡Que se sienta Bogotá!”, “A mover esas putas cabezas!”, “¡Que se caiga el cielo!”, se han quedado grabadas en el corazón de millones de jóvenes que año tras año han visto crecer a un festival que surgió como una alternativa para hacer visible la escena rockera de los 90 a la que los bares y las fiestas ya no le eran suficientes.

Rock al Parque comenzó en 1995 gracias a una idea de Mario Duarte —cantante de La Derecha— Julio Correal y Bertha Quintero, y se constituyó como un espacio en el que las bandas nacionales pudieron llegar a las mayorías, de manera gratuita, uniendo al Sur con el Norte, pero sobre todo, a las diferentes tribus urbanas de la ciudad; todas en un espacio de convivencia y cultura ciudadana en el que metaleros, punketos, rastafaris y ermitaños melómanos, lograron bailar y expresarse sin herirse, con un sentido de ciudad superior a las diferencias ideológicas y estéticas.

Por otra parte, uno de los elementos que ha permitido al evento consolidarse como el festival gratuito al aire libre más importante de Latinoamérica , es su rol como plataforma para las bandas nacionales que inician su carrera y como una plaza receptiva, amable y respetuosa para las bandas latinoamericanas de las últimas dos décadas. Su programación ha demostrado que el rock latinoamericano tiene un poder de convocatoria tan masivo como el de la música que se produce en Estados Unidos y el Reino Unido. Es así como La Pestilencia, Babasónicos, Café Tacvba y Jaguares, entre otras bandas, han logrado los mismo niveles de asistencia y recepción que Apocalyptica, Mutemath, A Place To Bury Strangers o Suicidal Tendencies.

Así pues, este año, cuando el festival llega a su adultez, es el momento para mirar hacia atrás y ver cuánto ha crecido: con ruedas de negocios que sirven a bandas, productores y festivales, una sólida programación académica que ofrece la posibilidad a los músicos bogotanos de formarse al lado de profesionales de gran trayectoria, y la exitosa Carpa Distrito Rock donde se encuentra un escenario comercial para los productos relacionados con el festival y los artistas, Rock al Parque es cada vez más maduro, organizado e importante, sin traicionar su carácter gratuito y su posición como política pública de la ciudad por la convivencia.

Del 16 al 18 de agosto, las bandas nacionales más importantes de los últimos 20 años presentarán shows diseñados especialmente para esta edición y se codearán con instituciones del rock como Black Label Society y Exodus. Vencedor ante el clima, las controversias, pero sobre todo ante el tiempo, Rock al Parque llega a sus 20 años como un estandarte del espíritu libertario del rock cuya principal característica, como dijo Mama Cass, es que nunca se detiene.

“Huella y camino”

Mis primeros pasos en Rock al Parque se dirigían hacía el sur de Bogotá, cerca al radialmente famoso Centro Policlínico del Olaya, en el Estadio Olaya Herrera, donde tocaron los Aterciopelados, banda insignia de la ciudad y de lo que constituía la escena alternativa en los 90. Con el éxito de “El Dorado” a cuestas, la banda dio en ese momento el salto hacia la escena internacional, que resultaría en el éxito que los mantiene vigentes luego de más de dos décadas de carrera. El regreso a casa de Aterciopelados, en el 98, en el 2000, en los 15 años del festival y ahora, en los 20, con el primer show oficial de su reencuentro, el de los “clásicos ventiaos” como dice Andrea Echeverri, es la muestra de lo importante de este escenario como testimonio de la evolución de la banda y del público que creció con ella a lo largo de los festivales.

Luego, dos años más tarde, avanzar hacia el centro, a la Media Torta, para ver por primera vez a A.N.I.M.A.L (Acosados nuestros indios murieron al luchar) de Argentina, quienes revolucionaron por completo el panorama musical latinoamericano con su álbum “El nuevo camino del hombre” que los convirtió en una banda masiva en la que el hardcore, el trash y los sonidos latinos, se combinaban con letras de denuncia social y sobre todo, de empoderamiento para los jóvenes del continente.

Seguir caminando, para encontrarse en el Parque Simón Bolívar con la Maldita Vecindad, que saludó a Bogotá diciéndole que había llegado su “pachucote”, y con Control Machete, la banda de rap mexicana que, aunque en ese entonces habrá causado “la polémica nuestra de cada año” — como señala la Revista Metrónomo sobre las críticas acerca de la presentación de La Etnnia en la presente edición— puso a saltar a los más radicales con el grito “¡Méndez comprendes, yo soy el control!”. Afortunados pasos los que me llevaron entonces a ver a bandas de hip hop con actitud rockera, libertaria y abierta, como esencialmente es el rock, y a salir de la cueva del radicalismo para avanzar y ser más feliz. Porque el camino que he recorrido estos 20 años como asistente a Rock al Parque me ha llevado a despojarme de prejuicios y, como señala Juan Francisco Jaramillo en el artículo de Metrónomo, retar mis propios límites. Sé que quienes valoramos “El ataque del metano”, esas letras salidas del 5-27 de Las Cruces, somos más.

La siguiente parada de este camino es en el 98, ese cuarto Rock al Parque que casi no se realiza, en el que todos esperábamos ver a Tenebrarum, la enorme banda de Medellín que con Divine War demostró que se podía, de verdad, hacer un álbum dedicado, sólido, preciso, con la calidad y el compromiso suficientes para sonar alrededor del mundo y llevar al rock colombiano al siguiente nivel: la experimentación, el perfeccionamiento técnico y la construcción de una audiencia fiel, como la formada por David Rivera en estos 20 años que se ven reflejados, por ejemplo, en el ensamble con la Filarmónica de Medellín en Altavoz 2010, momento que demostró por qué Tenebrarum es un hito en la historia musical del país. Son precisamente bandas como esta, Agony, Masacre, Neurosis, y los pioneros de La Pestilencia, los que han hecho “huella y camino” —como en la vieja canción de Kraken— para las bandas nuevas que, como Guerra Total, una de las distritales seleccionadas para esta edición, llegan 20 años después, a recibir el estandarte de los sonidos más pesados en el país; esos sonidos que satisfacen al público del metal, la audiencia más grande y más fiel de nuestra escena musical.

“El viejo cuento de tolerar, pero ahora puro y radical”

En el año 2000, Amós Piñeros, líder de Ultrágeno le preguntaría a la Razafuria qué iba a hacer con el nuevo siglo que se nos venía encima. Luego, en 2007, el año de su esperada y breve reunión, dejaría claro que aunque las cosas cambian “aquí estamos”, cobijados bajo ese mismo sentimiento de hermandad en la lucha para defender el goce de la vida, la energía de la música y la fuerza telúrica de nuestra identidad. Identidad que tiene, sin embargo, miles de rostros y sonidos diferentes, que evolucionan y se transforman a lo largo de los años. Así, lo que nació como un ejercicio ciudadano de tolerancia y convivencia por parte de los jóvenes y el distrito, enfrenta ahora el reto de compaginar su rol como señal identitaria de Bogotá con una propuesta de entretenimiento actual, en la que los sonidos que se apartan de lo convencional y de lo que tradicionalmente es considerado como rock, tengan lugar.

Todo esto, como diría Chucky García —nuevo programador y asesor artístico de Rock al Parque— hace un año en una columna del periódico El Tiempo en la que comparaba al festival con el anquilosado Parque Jaime Duque a las afueras de Bogotá: señalaba la necesidad de que el festival se proyecte hasta otros 20 años, con una programación más dinámica, pensada exclusivamente para él y no solo desde las giras de las bandas y sobre todo “abandonando el debate anacrónico de “qué es rock y qué no es rock” y considerando que entre más actuales son los artistas cabeza de cartel más visibilidad hay para los nuevos prospectos locales y mejores expectativas para la gente”.

Es innegable que el festival ha propiciado espacios de convivencia y tolerancia y que a pesar de la diversidad de su audiencia ha cumplido con su rol de ser “la mejor forma de empezar a exportar una juventud más pensante y racional”, como dijo Lucho Metales luego del experimento de 2001. En esa edición, Rock al Parque se tomó más lugares de la ciudad, como el Parque El Renacimiento, duró una semana completa y se la jugó por sonidos más afines a lo que sonaba en radio, en las fiestas, en la rumba: El gran silencio, King Changó, pero sobre todo Kinky y el Instituto Mexicano del Sonido, fueron la muestra fehaciente de que el festival no es sólo para los que crecimos con él sino para los jóvenes que van llegando, para los de ahora. El gran reto de no convertirse en un mero “show del recuerdo” y de adecuar su programación de manera acorde a la de los grandes festivales pagos del mundo, es lo que debe enfrentar la organización para los años venideros.

“Hay que estar en el baile, que para algo va tocando la orquesta”

El papel de Rock al Parque como vitrina y plataforma para las bandas de rock latinoamericanas es innegable y como dijeron las 1280 Almas en su canción “Pasado Animal”, la vida es bailable, como una fiesta, como este festival.
Es así como bandas y espectadores de distintos géneros se han dado cita en los días de “extrema convivencia” de este evento; y es que cuando uso “extrema convivencia” me refiero a la posibilidad única de compartir en un mismo día, para citar un solo ejemplo, la experiencia de la música entre seguidores de lo más pesado del metal como Mörbid Angel y el rock-pop de Plastilina Mosh.

Le han entrado al danzón las bandas que rompieron el rótulo ochentero de “rock en español” para darle paso a un rock verdaderamente latinoamericano: desde Café Tacvba —cuyo líder Rubén Albarrán llega a la presente edición con su nuevo proyecto, Hoppo!—, Catupecu Machu, Jaguares, Molotov —que ha sabido bailar entre el hip-hop, el rock y el pop—, Robi Draco Rosa, Resorte —cuya presentación es para mí, una de las mejores de la historia del festival—, Babasónicos, Desorden Público, Puya, Carajo y Los Amigos Invisibles, hasta el sonido reggae de Todos Tus Muertos, los colombianos de Skampida, Nawal y la banda tolimense Dafne Marahunta, invitada especial en 2004.
También han tenido su espacio las propuestas rebeldes y contestatarias de bandas como I.R.A, de Medellín, y Polikarpa y sus viciosas, que regresan para mostrar una vez más su relevancia en el panorama colombiano en estos 20 años, y que confirman una vez más que el festival es Bogotá y es Colombia, con su multiplicidad a veces contradictoria.

A pesar de las controversias y quejas de los sectores más radicales, la grandeza de Rock al Parque reside en ser una apuesta por la visibilización del trabajo de los músicos colombianos y latinoamericanos, permitiéndoles la comunicación con los medios, la promoción alternativa y el acceso a nuevas ventanas de producción y grabación. En esa medida no es de sorprenderse que las bandas principiantes sientan a Rock al Parque como una gran prueba de la cual pueden salir victoriosos a emprender una carrera sólida y duradera, replantear lo que está haciendo o cabalgar hacia el horizonte.

Ejemplos exitosos de este proceso son las bandas colombianas de sonidos fusionados con el folclor que han tenido en este festival la oportunidad de medirse y saltar a los grandes festivales del mundo: Systema Solar, ChocQuibTown y Bomba Estéreo, que además de aportarle a la cuota de diversidad del festival, han abierto el espectro musical de la audiencia y han logrado instalarse no solo en la radio pública, sino saltar a los medios establecidos e incorporarse a las nuevas formas de divulgación musical en línea.

Puede sonar muy optimista, pero hasta el momento, los resultados de la inclusión de nuevos ritmos y regiones del país indican que el festival, al menos en ese aspecto ha andado por buen rumbo y que debe mantenerse. Para este año, la presentación de la banda Job Saas & The Heart Beat, no solo es histórica por el vínculo entre Saas y Los Rebels, sino porque The Heart Beat viene con un show exclusivo para Rock al Parque que por primera vez presenta a una agrupación de San Andrés y Providencia en su tarima. Cabe mencionar también la propuesta Colombian Blues Society que interpretará canciones de las bandas más importantes de este género en Colombia, como The Black Cat Bone y Seis Peatones, pero además contará con la presentación de The Cornlickers la banda de Carlos Elliot Jr. que mantiene vivo el Mississippi Hill Country Blues.

“¿Hasta cuándo? ¡Hasta siempre!”

Con la llegada de cada edición del festival vienen también los rumores de que esta será la última. También aparecen los gritos de indignación por las bandas presentes en el cartel, los reclamos por la inclusión de géneros diferentes al metal y las innumerables quejas sobre la logística, muchas de ellas bien fundadas, por lo que la polémica será también una de las características fundamentales de Rock al Parque.

Sin embargo, la organización ha desmentido en diversos medios que el festival esté en peligro de desaparecer y aún más, ha señalado que este es el momento en el que Rock al Parque debe proyectarse a largo plazo. ¿Qué debe conservar y qué debe cambiar Rock al Parque para mantenerse durante otros veinte años?

Para Álvaro González, “El profe”, director de Radiónica: “Los 20 años le permitirán al festival generar muchas reflexiones sobre su ciclo, desde 1995 hasta la fecha muchas cosas han cambiado, desde la misma definición del rock, hasta el propio concepto de lo que es un festival, pasando por lo consumos sonoros. Por lo tanto, la fecha será importante para ese proceso necesario de reinvención. Por otra parte, Rock al Parque debe conservar esa mirada curiosa hacia el nuevo talento alternativo colombiano, esa es su garantía de existencia”.

Esta consideración sobre la necesidad de que la organización mantenga una mirada atenta a los nuevos sonidos y las bandas locales emergentes es reiterada y parece ser uno de los valores que tanto asistentes como músicos quisieran seguir viendo, junto con la apuesta continuada por los sonidos diversos. La postura de Gerson Toro, cantante de la banda bogotana Guerra Total, que abre el festival en esta edición, es un poco más crítica: “Rock al Parque ha venido evolucionando desde una festival con bandas emergentes hasta un festival internacional con distintos géneros de música, no solo rock. Tal vez esto ayudó en el renombre e importancia de este festival a nivel americano. La inclusión de otros géneros ha ayudado a la diversificación de publico que asiste y por lo tanto de los patrocinadores que apoyan dicho evento, cada vez se parece más a festivales internacionales como Coachela, Lollapalooza , Maquinaria o Rock en Rio; lo que sí deben mantener es la participación de bandas emergentes o bandas que no pertenecen al mainstream, en los últimos años le han dado importancia a aquellas bandas que llevan mucha trayectoria y que no han sido apoyadas en esta clase de eventos, otro punto importante es que no se mezclen los géneros en las tarimas, de la misma forma como lo han venido haciendo desde los inicios”.

Con tanto de largo como de ancho, todas las críticas apuntan a la necesidad de que el cartel anual esté cuidadosamente curado y que no vuelvan a levantarse los rumores de otros tiempos en los que el festival era conocido como “Rosca al Parque”.

Sin embargo, existen críticas de una índole un poco más práctica. Hace pocos días preguntaba a través de Twitter qué razones, además de las logísticas, tenían los usuarios de la red para no asistir a Rock al Parque; con excepción de una persona que habló de la programación, nadie supo explicarme. La mayoría de las respuestas se referían al tumulto, las requisas, los disturbios, entre una larga cadena de situaciones que se presentan en cualquier evento gratuito con público masivo, pero que al parecer se hacen más visibles en Rock al Parque.

Sin embargo es preciso que usted, lector, sepa a qué se atiene al ir a Rock al Parque: habrá filas —qué suelen ser ágiles— y requisas —a no ser que usted tenga mi cara de nerd— que lo obligarán a quitarse los zapatos, dejar la hebilla del cinturón y perder la sombrilla que su familia le aconsejó llevar, por la cosa de estos climas bogotanos tan temperamentales. No podrá entrar con comida ni bebidas y, como en todos los eventos masivos de esta ciudad, cualquier cosa le va a costar el triple adentro de lo que le costaría afuera. Sí, es cierto, la gente salta, se mueve, “poguea” y usted tiene que a hacerse a un buen espacio para que no me lo empujen ni me lo tumben, y aunque quisiéramos que no pasara —y no entendemos por qué pasa— va a escuchar, sentir y oler a vendedores que se atraviesan entre el público gritando: “¡agua, agua, agua, guaro, guaro, agua, agua!”. Por supuesto, esa es una de las cosas que debe cambiar, pero no solo de Rock al Parque, sino de todos los eventos masivos que se realizan en nuestra ciudad. Así que prepárese psicológicamente, póngase ropa cómoda y alístese para disfrutar del festival en paz, ver a sus bandas preferidas, parchar con sus amigos y ayudarnos a mejorar cada edición de Rock al Parque, para que ojalá dure hasta siempre.

Échele ojo a la programación oficial:

SÁBADO 16 DE AGOSTO

ESCENARIO PLAZA:
01:00PM Show Metal Medellín
02:15PM Savage
03:15PM Arkanot
04:15PM Show Metal Bogotá
05:30PM Deep Silence
06:30PM Withering Void
07:30PM Nile
08:45PM Neurosis
09:50PM Exodus (Invitada internacional)
ESCENARIO LAGO:
01:00PM Ingrand
02:05PM Aire Como Plomo
03:05PM Kontragolpe
04:05PM Beholder
05:05PM Memphis May Fire (Invitada internacional)
06:20PM Patazera
07:20PM HeadCrusher
08:35PM KillSwitch Engage (Invitada internacional)

ESCENARIO TRES PARQUE
02:00PM Guerra Total
03:00PM Info
04:00PM Liturgia
05:05PM Lost Above Ether
06:05PM Luciferian
07:10PM Nosferatu
08:10PM Thy Antichrist

MEDIA TORTA
11:00AM Juan Pablo Vega
12:05PM Volcán
01:20PM Dannicattack
02:20PM Juana Molina
03:35PM Globos de Aire
04:35PM Hoppo! (Invitada internacional)
05:50PM Edson Velandia
06:55PM Gepe (Invitada internacional)
08:10PM Esteman

DOMINGO 17 DE AGOSTO

ESCENARIO PLAZA:
12:00PM Polikarpa y Sus Viciosas
01:05PM Salidos de la Cripta
02:05PM I.R.A.
03:10PM The Casualties (Invitada internacional)
04:25PM The Tryout
05:25PM Pro-Pain
06:40PM El Sagrado
07:40PM Carajo (Invitada internacional)
08:55PM Pestilencia
10:00PM Soulfly (Invitada internacional)

ESCENARIO LAGO:
01:00PM Nawal
02:05PM La Ronera
03:05PM Ras Jahonnan & Natural Selection
04:10PM Job Saas & The Heart Beat
05:10PM Sly & Robbie and The Taxi Gang (Invitada internacional)
06:25PM Skampida
07:30PM Fishbone (Invitada internacional)
08:45PM Alerta Kamarada
09:50PM Mad Professor (Invitada internacional)

ESCENARIO TRES PARQUE:
01:00PM La Sonidera
02:00PM Meridian Brothers
03:05PM Muchachito Bombo Infierno (Invitada internacional)
04:20PM Flora Caníbal
05:20PM Sidestepper
06:25PM Frikstailers (Invitada internacional)
07:40PM El Freaky
08:45PM Outernational (Invitada internacional)
10:00PM ChocQuibTown

LUNES 18 DE AGOSTO

ESCENARIO PLAZA:
11:00AM La Etnnia
12:05PM Járanatambó
01:05PM FatsO
02:15PM Cultura Profética (Invitada internacional)
03:30PM Superlitio
04:45PM No Te Va Gustar (Invitada internacional)
06:00PM Doctor Krápula
07:05PM Molotov (Invitada internacional)
08:20PM Aterciopelados
10:00PM Anthrax (Invitada internacional)

ESCENARIO LAGO:
12:30PM Catedral
01:35PM Möbius
03:35PM Tan Tan Morgan
03:35PM Ágora
04:50PM El Sie7e
05:55PM Nepentes
07:00PM De La Tierra (Invitada internacional)
08:15PM Black Label Society (Invitada internacional)

ESCENARIO TRES PARQUE:
11:45AM Rey Mostaza
12:45PM Cactopus
01:45PM Guadalupe Plata
03:00PM Colombian Blues Society
04:15PM La Gusana Ciega
05:30PM Revolver Plateado
06:30PM Vertical Valley
07:30PM La Derecha

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agosto
1 / 2014