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Ropa interior: 10 relatos sobre el cuerpo, la desilusión y el amor según las mujeres

El primer libro de la periodista Lina Tono son diez relatos de ficción que retratan la voz más íntima de la vida cotidiana de las mujeres.

Foto: Cortesía Planeta / Victoria Holguin

El primer libro de la periodista Lina Tono son diez relatos de ficción que retratan la voz más íntima de la vida cotidiana de las mujeres.

Hay versiones de mujeres. En las calles, caminando con la compra de la semana o contoneándose con virtud de malabarista sobre un par de tacones que las llevan al trabajo. En la televisión, siguiendo un teleprompter o interpretando la versión repasada de una heroína. En casa, en el cuerpo de una madre o en el reflejo propio de un espejo que a veces miente.

También están las versiones de la literatura. La de Gustave Flaubert con los deseos quebradizos de la desbaratada Emma Bovary. La de Tolstoi, con los infortunios exaltados de una Anna Karenina extraviada entre más de 1000 páginas. Las de las enamoradizas y traicionadas que se inventaron las hermanas Brontë y Jane Austen o la de Virginia Woolf, con mujeres desesperando en una ciclotimia silenciosa.

Ropa Interior, el primer libro de la periodista y escritora Lina Tono, es la versión íntima de diez mujeres inseguras, cansadas o tímidas a quienes todavía las amarran los tentáculos feroces de arquetipos imposibles que ni Bovary ni Karenina ni la señora Dalloway soportaron.

Ropa Interior recoge la versión de una niña que extraña a sus padres, de una adolescente maltrecha en sus excesos, de una mujer que siempre tiene un “ven” para un hombre que no le conviene, y la de una esposa que se confiesa con su manicurista. Lina Tono, una cereteana criada en Bogotá, habló sobre su primer libro, su proceso de escritura, las decisiones narrativas, y las preguntas que atravesaron los relatos.

En los relatos aparecen muchas mujeres, pero también se siente como si fuera la misma en distintos momentos ¿los escribió en distintas etapas de su vida o fue todo de corrido?

Siempre me gustó que quedara esa ambigüedad, como que pueden ser muchas mujeres o una sola en diferentes etapas de la vida. Para escribir ficción hay varias posibilidades, yo elegí escribir sobre mi universo, sobre lo que me rodea y que conozco. Lo que hice fue jugar con la realidad y la ficción. Tomé experiencias propias o de personas cercanas y empecé a cambiarlas y a exagerarlas. Eso es lo divertido de la ficción, que uno puede armar un rompecabezas con cualquier cantidad de cosas.

En cuanto al proceso, me buscaron de Planeta, Paula Marulanda, mi editora, me dijo “mi jefe te tiene como entre ojos”. Yo había escrito periodismo: me conocían por ese trabajo. Entonces ella me sugirió “¿por qué no le presentamos un proyecto?”, “de una, es como el sueño de mi vida”, le respondí. Le hice varias propuestas hasta que nos decidimos por una serie de relatos cortos sobre la vida de las mujeres: su relación con el sexo, el amor, el cuerpo, la inseguridad y las ansiedades. Le propuse unas posibles historias: algunas que yo siempre había querido escribir y otras que se me ocurrieron en el camino. Me senté a escribir con disciplina todos los días —que es lo más difícil—.

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¿Por qué decidió hacerlo todo en primera persona? ¿Qué posibilidades narrativas y simbólicas tenía este tipo de narrador para sus relatos?

Leí un libro que fue una gran influencia mientras escribía, El nervio óptico, de María Gainza. Lo tomé como referencia para crear esa ambigüedad, de la que hablábamos al comienzo. En ese libro las mujeres que hablan lo hacen en primera persona.Y me pareció que lograba un nivel de intimidad que yo quería porque la primera persona se pone en confidencia con el lector, se van revelando secretos. Hace unos años tuve un blog que se llama Lecciones de pataleta, lo empecé a escribir más por terapia que por cualquier otra cosa. Ahí conté verdades de mi vida en primera persona y la gente me empezó a decir “gracias por escribir eso porque a mí también me pasa”. De hecho, el comentario más recurrente sobre el libro es eso: “gracias por decir lo que yo no había sabido decir o lo que no me había atrevido a decir”.

Hoy existen cuestionamientos acerca de cómo se ha puesto a la mujer en la literatura, en el cine y en el arte, algunos temen que la creación artística se vea coartada por esta crítica ¿cómo hizo para que las mujeres de sus relatos no cayeran en arquetipos políticamente correctos?

Es un texto de ficción y la ficción no está obligada a ser correcta, eso también lo conversé con mi editora. Con este libro no queríamos perseguir un fin feminista, aunque lo es en la medida en que revela verdades sobre la vida de las mujeres. No es un libro que toma posición. Las mujeres de estos relatos, según la conversación feminista de hoy en día, no están acogidas bajo esa ala, sería bueno que los personajes se encontraran con el feminismo porque les daría la respuesta a algunos de sus problemas. Estas son chicas que están inseguras todo el tiempo, luchando contra sí mismas, encontrándose con el mundo.

En el libro aparecen temas relacionados al cuerpo: el ciclo menstrual, las canas, el placer ¿por qué? Por ejemplo, en el cuento Uñas pintadas ¿por qué poner a hablar a una mujer y a su manicurista sobre la infidelidad?

Me interesaba tocar el tema de la infidelidad y el placer de las mujeres, en esa medida creo que el libro es un poco feminista. Hablar del placer es un acto transgresor en sí. En el cuento Ciclo está presente esta fase ovulatoria en donde la mujer está adueñada de su propio placer y va reconociendo cómo se manifiesta en su cuerpo y en su cabeza.

Pero también quería hablar del tema de la infidelidad de las mujeres porque creo que los hombres tienen claro su papel con la infidelidad, en cambio el de las mujeres no se habla mucho, porque precisamente no se habla de su placer.

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Para hablar de la infidelidad me parecía llamativo poner a la ‘personaja’ en una relación asimétrica con su manicurista, porque aunque Lola es la señora de las uñas que la ha atendido toda su vida, ella no tiene el mismo contexto, vive en otras condiciones, en otro barrio y le está prestando un servicio. Quería exponer qué tipo de posiciones podía haber entre esas dos mujeres sobre la infidelidad y revelar que no había una más correcta que la otra, o mejor que la otra, porque es un tema muy complejo: que tiene un blanco y un negro, pero con los grises flotando en la mitad.

De todas las historias ¿cuál fue la que más le costó escribir?

Técnicamente, la primera que escribí, precisamente porque fue con la que empecé. Ming el emperador es un relato que tuvo muchas versiones, me demoré porque me empecé a autoeditar demasiado en el proceso. En vez de dejar que la escritura fluyera me devolvía y me devolvía hasta que me di cuenta de lo agotada que estaba. Ya después utilicé ese aprendizaje.

Y en cuanto a lo emocional, la verdad es que me divertí, hubo momentos en que incluí cosas muy fuertes para mí y a veces se me salía una lágrima, pero más que todo me divertí. Cuando uno coge algo de la realidad y lo vuelve mejor o lo pone bello o lo ofrece como algo artístico se siente paz. Aunque no lo hice para eso, sí hubo ese side effect.

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Marzo
27 / 2019

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