Las tres generaciones de youtubers

Después de su lanzamiento, YouTube creó su propio sistema de estrellas: los youtubers. En pocos años encontraron su lugar y con el paso del tiempo han cambiado. Diners le cuenta su evolución.

Primero tengo que decir que no soy gran consumidor de youtubers. Salvo Daniel Samper Ospina o La Pulla y uno que otro que se relaciona con mi profesión de periodista, no soy asiduo visitante de estos canales y, más bien, veo el tema desde la distancia; por eso, cuando revisaba el listado de los youtubers colombianos con más suscriptores a diciembre de 2018 me encontré vulnerable ante las preguntas de una experta en el tema.

– ¿Sabe quién es Amara Que Linda?
– No.
– Es la hermana de Ami Rodríguez.
– En el listado dice que Ami es el youtuber con más suscriptores: 8.400.000.
– No puedo creerlo, pensé que era Pautips.
– Ella está de segunda: 8.200.000.
-¿Y sabe quiénes son las del Team Queen?
– No.
– ¿Y los Oxigenados Squad?
– Menos.
– Por lo menos sabrá quién es La Divaza
– Tal vez.

La experta es Mariana, mi hermana, que a los once años conoce de arriba abajo los nombres y novedades de los principales youtubers en Colombia. Me explicó con paciencia que forman grupos entre ellos y que suben videos haciendo cosas similares. El Team Queen, uno de ellos, está compuesto por Nancy Loaiza, La Mafe Méndez, Kika Nieto y Camila Zuluaga. Me aclaró que Oxigenados Squad no es un kit de limpieza sino cinco youtubers que tienen en común tinturarse el pelo: Sofía Castro, Javier Ramírez, Botönet, Puki y La Pereztroica. “¿Esta última habla de historia rusa?”. “No, ella hace retos y vlogs, se puso así porque su apellido es Pérez”, dice.

El primer video que se subió a YouTube se hizo el 23 de abril de 2005 y se llamó “Me at the zoo”. En 19 segundos se ve a un joven delante de unos elefantes explicando porqué le gustan esos animales. En la actualidad tiene más de 50 millones de visitas. “Incluso ese video ya tiene formato de youtuber”, se apresura a decir Antonio García Villarán, doctor en Bellas Artes y youtuber español especializado en arte: “Está frente a la cámara diciendo qué piensa y qué le gusta, claro, sin muchos recursos técnicos, pero eso es de la primera generación”.

El 15 de noviembre de 2018, García Villarán, luego de trabajar la idea con otros colegas de la plataforma en eventos como Cultube y YouTube Madrid Space, publicó un video titulado Las tres generaciones de youtubers españoles, en donde los clasifica en las categorías de salvajes, recolectores y especialistas.

SALVAJES: EXPLORADORES DE UN NUEVO MUNDO

YouTube se lanzó el 14 de febrero de 2005. Los primeros videos tenían poco trabajo de producción, eran contenidos aficionados de gente que experimentaba con las escuetas posibilidades de la naciente plataforma y que seguramente no calculaba el poder mediático que podría lograr, como les ocurrió a Tasha y Dishka, dos amigas que se grabaron en agosto de ese mismo año haciendo la fonomímica de la canción Hey, de Pixies, y en pocas semanas tuvieron millones de visitas. “Solo prendimos la cámara y bailamos raro”, dijo Tasha en una entrevista en 2006.

Entonces YouTube llegó a las manos de todos aquellos que tuvieran una conexión a internet y la gente se encontró con la posibilidad de transmitirse a sí misma, de dar a conocer su cotidianidad, aún no con el propósito de hacer dinero, sino por el simple hecho de verse en la pantalla. En España, los primeros, dice García Villarán, fueron los gamers, aficionados a los videojuegos que transmitían sus partidas. La plataforma se convirtió en un nuevo mundo lleno de contenidos disímiles.

Pero no a todos les gustaba la idea. En su libro El culto del amateur (2007), Andrew Keen señaló que la democratización 2.0, la de la información abierta en la que cualquier persona se vuelve productora de contenido y, por tanto, de cultura, era un riesgo para la institucionalidad cultural y debía estar en manos de intelectuales o, por lo menos, de editores que filtraran el contenido. “La revolución de la web 2.0 está llevándonos a una superficial observación de la realidad, a una estridente opinión más que a un juicio de calidad. Un caos que oculta la información útil. Además, estamos en presencia de una nueva generación de cleptómanos de la propiedad intelectual”, escribió.

Los primeros youtubers no tenían buena fama; Joshua Green y Jean Burgess, dos académicos que han estudiado esta plataforma casi desde su lanzamiento, registraron en el libro YouTube: Digital Media and Society Series esta percepción negativa. “El aumento de la fama en internet de los productores o los contenidos de los ‘videos virales’ está representado por ser lo más mundano, sin gusto, o sin talento de calidad visto en videos amateurs”.

Green y Burgess también muestran la relación inmediata que se hizo de las audiencias y productores de contenido, con la juventud: “De hecho, Kirsten Drotner (2000) sostiene que la gente joven está conectada a los medios por metáforas complementarias de la novedad y el cambio, y por esto, los discursos alrededor de la juventud y los nuevos medios se enredan inevitablemente”.

Estos académicos reconocen que los primeros youtubers no lograron afianzar su fama solo por el contenido de su plataforma, sino porque establecieron relaciones con los medios tradicionales. “En algunos casos los productores de contenidos se vuelven celebridades; pero paradójicamente, no solo son medidos por su propia popularidad sino por la habilidad de pasar a través del filtro de los viejos medios –el contrato de grabación, el festival de cine, el piloto de la televisión, el acuerdo de publicidad”. Después de oficializar la venta de YouTube a Google, en octubre de 2006, Erick Schmidt, uno de los dueños del gigante que absorbió la plataforma, fue categórico al afirmar que “este es el siguiente paso en la evolución de internet”. Comenzaron a surgir figuras como Brooke Brodack, experta en videos virales, considerada como la primera estrella de la plataforma, o Justin Bieber, quien subía videos entonando sus canciones favoritas.

RECOLECTORES: LOS PROFESIONALES

Los youtubers dieron el siguiente paso y no necesitaron de los medios tradicionales para encontrar su lugar, incluso, cuando algunos de ellos, como Germán Garmendia de HolaSoyGermán lanzaron sus propios libros, o Mario Bustamante sus canciones; lo hicieron cuando ya su fama hacía colapsar ferias del libro y otros eventos. “Los llamo los recolectores porque habían visto que la primera generación comenzó a triunfar y pensaron que YouTube podía pagar dinero a los creadores, que las marcas podían llegar y este podría ser un trabajo, así que generaron conciencia comercial”, afirma García Villarán en el video.

Esta generación también encontró un entorno digital más organizado y, por tanto, medible, para monetizar sus contenidos. En 2016 se calculaba que más de mil millones de usuarios interactuaban con YouTube, en 76 idiomas. Hace tres años, cada minuto se subían a la plataforma alrededor de 400 horas de videos. En abril de 2018, Giovanni Stella, gerente de Google para Colombia, le dijo a La República que en el país se ven 200 millones de videos en YouTube al día, y que de cada minuto que se mira un video, 44 segundos son de esta plataforma.

En ese contexto de consumo, según le contó a Portafolio Lina Cáceres, directora de Latinwe, empresa que asesora youtubers, por cada millón de visitas un youtuber colombiano gana cerca de 500 dólares. Sin embargo, no hay una tarifa elaborada por Google; las ganancias dependen, sobre todo, de la publicidad, por eso los valores entre uno y otro pueden cambiar radicalmente.

ESPECIALISTAS: LOS NUEVOS YOUTUBERS

“Me volví youtuber hace un año y medio porque me di cuenta de la potencia que podía tener esa plataforma; antes había hecho presentaciones en escenarios y veía que era muy difícil hacer la convocatoria para que la gente fuese. Una vez hubo 500 personas y fue un exitazo, sobre todo cuando se habla de recitar poesía. Cuando comencé a subir los primeros videos eran 50 o 60 visitas, ahora me parece una cosa exagerada cuando hablamos de cientos de miles y millones. ¿Que si pensé que hablando de arte podía llegar a esa cifra? Por supuesto que no”, narra Antonio García Villarán, quien cuenta con más de 300 mil suscriptores y explica que la tercera generación de youtubers la conforman profesionales especialistas en otras áreas.

En este espacio se perfilan youtubers como Julioprofe, quien logró más de dos millones de seguidores enseñando matemáticas, o Ter, con 323 mil suscriptores interesados en arquitectura. “En la tercera generación se ha roto la barrera de la edad, en la primera eran muy jóvenes; en la segunda también, comenzaron desde los 14 o 15 años y han ido creciendo en la plataforma; en la tercera esto no importa, tengo 42 y estoy en el mismo círculo de los que tienen 30, veintitantos o que son mayores, a mí me ve gente desde los 13 hasta los 50 años”, describe García Villarán.

Para youtubers de tercera generación, como Daniel Samper Ospina, esta clasificación también aplicaría en Colombia. “Aparte de Julioprofe también se me ocurre Mauricio Arroyave, que hace reseñas de libros; nosotros hacemos un contenido más de nicho, diferente al de los otros”, e indica que los propósitos entre este tipo de youtubers o los de audiencias no tan “masivas”, es que “debemos crecer hacia lo hondo, más que hacia los lados, deberíamos concentrarnos en fidelizar a nuestra audiencia más que salir a la caza desesperada de suscriptores, con versatilidad”.

Sobre la posibilidad de una cuarta generación, García Villarán especula que todas las empresas y marcas van a querer tener un youtuber, así que comenzarán a ser más producidos, seleccionados por casting y con guiones establecidos con el objetivo de vender.

Para entender a los youtubers y su producción de contenido como industria cultural y creativa, hay que apartarse de la mala fama con la que nacieron, y reconocer que son el lenguaje de una generación de nativos digitales, como la de Mariana, mi hermana, y la de cientos de millones de niños que han nacido después de 2005 y que crecieron con YouTube y sus posibilidades al alcance de un clic.

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