SUSCRIBIRME

La travesía en mula por Suramérica de Simón Vergara

/
Septiembre
09 / 2021

Este joven domador ha emprendido un viaje de más de 8.000 kilómetros a través del milenario Camino del Inca, que lo llevará desde Colombia hasta Argentina.

Foto: Cortesía Simón Vergara

Este joven domador ha emprendido un viaje de más de 8.000 kilómetros a través del milenario Camino del Inca, que lo llevará desde Colombia hasta Argentina.

Como si se tratara de un presagio, el primer caballo de Simón Vergara se llamaba Tango. Durante su infancia fue su compañero de tardes después del colegio en su casa de Ubaté y fue el primer ejemplar que lo llevó a enamorarse del mundo equino. Un amor que ha convertido en su forma de vida y que lo llevó a emprender, en plena pandemia, un viaje desde Colombia hasta Argentina a lomo de mula.

En pleno siglo XXI, el viaje de Simón parece una hazaña heroica más propia de los tiempos del Libertador Simón Bolívar. Vergara, con tan solo 22 años, planea recorrer en mula parte del Camino del Inca, conocido también como Qhapac Ñan, que pasa por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina. El recorrido completo toma alrededor de un año y medio, suma más de 8.000 kilómetros y lo hace acompañado de sus mulas Cimitarra, Pluma de Oro y Antisana.

Ya han pasado seis meses y 3.200 kilómetros desde que este joven domador salió de su casa en Cundinamarca. Su meta es llegar en enero de 2022 al Festival de Doma y Folclor de Jesús María, en Córdoba, Argentina, para luego galopar a sus anchas durante seis meses y adentrarse en la cultura ecuestre gaucha.

“Mi familia me inculcó el amor por los caballos. Aunque no está vinculada profesionalmente al mundo equino, sí hay una gran pasión por ellos en mi casa. Tuve la fortuna de crecer en una finca. Era lo mejor del mundo –cuenta Simón–. Un tío es criador de caballos de tiro pesado y un amigo organizaba campamentos de verano alrededor del mundo del caballo. Todo esto fue un caldo de cultivo para que se consolidara una pasión, una ‘enfermedad’ como decimos en mi familia.”

viajar en mula por Suramérica
El colombiano emprendió el viaje el 9 de enero de 2021. En la foto, Vergara en el Chimborazo, Ecuador, con el propósito de viajar en mula por Suramérica. / Foto: Cortesía Simón Vergara

Tanto sería su amor, que al terminar el colegio decidió dedicarse al mundo de los caballos por completo. Con el apoyo de sus padres comenzó a estudiar la línea de la doma sin violencia, con el maestro Monty Roberts, creador del método Join Up para entrenar aprovechando el lenguaje corporal de los caballos. 

Quizás no podía ser de otra forma. El mismo Simón Vergara logra camuflar su juventud entre un tono sereno y pausado, entre una barba poblada y un sombrero de vaquero. La ternura que emana de sus palabras es comparable a la calidez con la que se aproxima a sus animales.

“Soy domador y me dedico a viajar a caballo y a hacer cabalgatas. En este mundo no hay reglas. Creas tu propia carrera siguiendo lo que te atrae y vas construyendo tu teoría, tu propio método… es un arte.

En este proceso de formación, Vergara ha visitado Estados Unidos, Brasil y Argentina, donde precisamente tuvo la idea de la aventura que hoy lo tiene recorriendo medio continente en compañía de sus tres mulas. 

“La idea del viaje surgió precisamente en Jesús María, uno de los festivales más grandes de la cultura ecuestre en Latinoamérica. Durante diez días hay muestras de varias regiones de Argentina y se hacen las finales internacionales de la monta de potros salvajes del rodeo gaucho.”

Fueron tres años de planeación en los que Simón vendió su moto, un caballo, una mula y ahorró dinero haciendo, como él mismo dice, “toda clase de maromas, rifas, juegos y espectáculos”.

Aunque al comienzo la idea era viajar con un amigo, finalmente no se dieron las cosas y Simón emprendió el viaje solo. “No es una decisión fácil de tomar. Hay que tener tolerancia a la incertidumbre en muchas cosas que pueden pasar”.

El recorrido

Simón y sus tres mulas cabalgan solo por la mañana, recorren cada día un promedio de 25 kilómetros durante cinco o seis horas. Algunos días, la necesidad de atravesar un páramo o una sierra para encontrar un lugar amable para dormir los hace avanzar hasta 35 kilómetros. El ideal es que las mulas puedan descansar tarde y noche, mientras Simón conversa con los locales o planea el recorrido de la siguiente jornada. 

“El plan es seguir el Camino del Inca, un sistema vial que conectaba todo el imperio incaico, desde el sur de Colombia –donde tenemos 17 kilómetros– hasta Argentina. En el mapa satelital se puede ver, pero en la realidad se tienen que hacer muchos cambios en la ruta porque en algunos lugares no se puede transitar.” 

Por eso, además de consultar los mapas, Simón debe encontrar información local, que a veces resulta difícil y hasta curiosa. “La gente ya no usa esos caminos; todo el mundo utiliza la moto o el carro. Entonces, me recomiendan que no los siga, que no vaya por allá o me dicen que me rinde más por la carretera. Muchas veces no entienden el hecho de viajar por la aventura”.

Empezar en medio de una pandemia global

Emprender esta excursión con las fronteras cerradas por la pandemia ha sido todo un desafío. Inspirado en la terquedad de sus compañeras de viaje, Simón no ha desistido de su propósito y ha tenido que dejarlas varios días en las fronteras de Ecuador y Perú para cumplir los trámites migratorios. Incluso, le ha tocado salir de estos países hacia Colombia para reingresar legalmente en avión y luego volver a recogerlas para continuar su aventura.

En las partes más difíciles, como los parques nacionales donde no hay gente, carreteras ni señal, Simón busca la compañía de un guía. En ciénagas, pantanos o cruces específicos, un baquiano acompaña al cuarteto en caso de necesitar ayuda.

“Tuvimos una experiencia muy fuerte en el páramo ecuatoriano de Antisana. El camino había desaparecido por el invierno y era imposible avanzar. Entonces decidimos devolvernos y salir a la carretera más cercana. Pero no logramos llegar de día y tuvimos que pasar la noche a 4.300 metros de altura con un clima bastante fuerte y salir al día siguiente.” 

Sus tres amores

“La mula es un animal híbrido entre una yegua y un burro, por lo que hereda comportamientos e instintos de las dos especies. Son tercas, pero realmente no es terquedad, sino una sensibilidad extra, una inteligencia superior que hace que su manejo no sea tan sencillo como el de los caballos. Necesitas más paciencia, repetición y refuerzo positivo.”

Vea tambien: Tras los pasos de Pablo Neruda en Chile

Confiado en que esa “sensibilidad extra” lo ayudará en los momentos de incertidumbre, Simón decidió emprender esta expedición con mulas en lugar de caballos e inició su recorrido en enero pasado con dos: Cimitarra y Pluma de Oro. 

“Las mulas son animales demasiado adaptables y por eso las escogí para el viaje. Pueden pasar de un clima demasiado cálido a uno muy frío; soportan cambios de altura, comida, pastura y no sufren. A los caballos les dan más duro esos cambios rápidos.”

Cimitarra es su niña consentida. Desde hace cuatro años está con Simón y basta verle la cara para notar que lo tiene cautivado con su nobleza e inteligencia. Juntos cabalgaron treinta y tres días desde Cartagena hasta Bogotá como parte de una expedición con Caroline Casey, activista irlandesa de la conferencia One Young World. 

Simón Vergara
Cimitarra, Pluma de Oro y Antisana son los nombres de las tres mulas que acompañan al colombiano. / Foto: Cortesía Simón Vergara

Por su parte, Pluma de Oro es un macho de 8 años al que Simón bautizó así por su ligereza y belleza. “Es mucho más dispuesto para el trabajo, va más alegre, con ganas y exigiendo. Tiene unos instintos fuertes, no le gusta que lo consientan mucho ni que le corten el pelo”.

En un principio viajaba solo con dos mulas por la disposición de alimento en algunas regiones. Hay lugares donde el pasto es escaso y la gente lo piensa dos veces para recibirte una noche con tres animales. Pero se presentó la oportunidad y ha sido muy útil un tercer animal para hacer una rotación y así tener a una mula descansando siempre.”

Así, en Ecuador, Antisana se sumó al viaje. Es una mula de cinco años y según Simón parece una adolescente rebelde. “Es la que se escapa, hace chanzas, muerde, juega con las otras”. 

En lo que va del recorrido, el domador ha padecido un par de veces la terquedad de sus coequiperas. “Cuando hay un peligro o sienten algo raro se plantan y toca cambiar de ruta, convencerlas, revisar el terreno, llevarlas caminando o cambiarlas de orden para pasar”.

Los cuidados durante el viaje

Durante el recorrido, el joven bogotano es el único responsable por el cuidado de sí mismo y de sus compañeras. Y no deja nada al azar, cuida celosamente la alimentación y el mantenimiento de sus tres consentidas.

“A raíz del encierro aprendí de talabartería y yo mismo la hice para que fuera liviana, pero totalmente equipada: tiene una pechera para que no se corra hacia atrás en las subidas y un ‘arretranco’ para que no se vaya hacia adelante en las bajadas. Además, necesitaba que fuera ergonómica con el lomo del animal y en materiales naturales.” 

El final de la jornada diaria siempre está determinado por encontrar un lugar con pasto, base de la alimentación de sus mulas y fuente de fibra para que su sistema digestivo funcione con normalidad. “Con este ritmo de viaje las suplemento con lo que encuentre en cada región. En Colombia tuve acceso a concentrado, pero durante el recorrido he tenido que valerme de maíz molido, avena y trigo entero”. 

Por su parte, Simón tampoco se vara. “La gente siempre me ofrece comida y me alimento mucho de los productos locales. Cuando no tengo nada llevo enlatados y huevos que le compro a la gente que me recibe; cocino seis u ocho para comer durante todo el día”.

“Mi estado físico ha mejorado notablemente ya que todo el tiempo me estoy moviendo, ensillando o alimentando las mulas, armando o desarmando la carpa. Además, montar a caballo es uno de los ejercicios más completos después de la natación, ya que se mueve todo el cuerpo y se hace fuerza en las piernas y el abdomen.”

Por el contrario, y como es natural, hay otras partes de su cuerpo que no salen tan favorecidas en esta aventura. “Lo que más se afecta son las nalgas por estar sentado tanto tiempo. Cuando ya me empiezan a doler mucho debo bajarme y caminar un rato”.

“Un paso de mula a la vez”

Al preguntarle cómo se va a devolver, una cierta risa nerviosa lo invade ya que no lo sabe. “No pienso en eso porque no podría dormir. Tengo que devolver a las mulas como sea. Si logro encontrar los fondos para hacerlo en avión, por qué no. Pero esa será la siguiente etapa”.

Aunque el joven ya ha soñado incluso con Europa como un posible destino para continuar su hazaña, prefiere dar un paso a la vez. “Hay que estar concentrado en el día a día. Yo no estoy pensando en llegar a Argentina, sino en llegar al destino de ese día perfecto y enfoco toda mi energía en que todo salga bien en el presente, en el día de hoy”.

A pesar de su juventud, para Simón Vergara este viaje tiene varios significados profundos, que van más allá de la simple emoción que pueda traer una aventura de este tipo. Con esta travesía, el colombiano quiere ayudar a visibilizar las tradiciones olvidadas para inspirar a la gente a sentir orgullo de su propia identidad.

 “El objetivo del viaje no solo es recorrer el Camino del Inca, sino transitarlo como una forma de ayudar a que se mantenga y no desaparezca con el tiempo. Quiero conocer las culturas ecuestres de cada país, como los chalanes de Colombia y Perú, los chagras de Ecuador, los gauchos de Argentina; acercarme al mundo de los caballos en cada país y aprender lo que más pueda en cada lugar. Llegar es el objetivo, hacerlo con la bandera de Colombia en alto y en nombre de todos los amantes de los caballos y de la cultura ecuestre de Suramérica.”  

El Qhapac Ñan o Camino del Inca 

Es un sistema de caminos de más de 30.000 kilómetros que unía los puntos más importantes del imperio de los incas. Esta red de senderos era llamada Qhapac Ñan, palabras de lengua quechua que significan ‘camino del rey o del poderoso’. 

Vea tambien: Punta Cana y Cancún, dos destinos para que regrese al Caribe

Esta obra de ingeniería, que unía las principales ciudades de los incas con Cusco, la capital del imperio, se abre paso por una de las zonas geográficas con más contrastes del mundo, desde la costa del Pacífico hasta los 6.000 metros de altura.

Mientras las mulas descansan, Simón se dedica a conocer la cultura local e interactuar con los pobladores del lugar. / Foto: Cortesía Simón Vergara

La red de caminos incas se extendió por los actuales países de Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Chile y Argentina. Hoy los pobladores siguen usando algunos de sus tramos.

Debido a su importancia histórica, este sistema fue declarado por la Unesco como Patrimonio Mundial en 2014.

El equipo para la travesía

Simón Vergara lleva un carguero militar argentino, que compró especialmente para el viaje por su practicidad, y en este carga:

•Tres mudas de ropa 

•Una estufa de gasolina

•Dos ollas pequeñas 

•Una carpa

•Un sleeping

•Un aislante

•Poncho de aguas y poncho de sol

•Una ruana

•Equipo de grabación: un dron y cámaras

•Un GPS y un teléfono satelital

•Herramienta de herrar y repuestos de herraduras.


¿Se le mediría a viajar en mula por Suramérica? ¿Qué opina de esta travesía que emprendió Simón Vergara?

También le puede interesar: Pablo Rabelo, el colombiano que recorrió Suramérica en moto

¡Quiero recibir el newsletter!

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Septiembre
09 / 2021

Send this to a friend