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¿Cómo se vive en las Islas Malvinas?

Un archipiélago de 12.220 kilómetros cuadrados, dos naciones disputándose su soberanía y dos nombres distintos para una misma gente. Así es la vida en las Malvinas.

Foto: Ricardo 1962 / C.C 0.0

Un archipiélago de 12.220 kilómetros cuadrados, dos naciones disputándose su soberanía y dos nombres distintos para una misma gente. Así es la vida en las Malvinas.

Este mes se cumplieron 80 años desde que, en cabeza del Capitán de Fragata Ernesto R. Villanueva, los argentinos llevaron a cabo un plan secreto para recuperar las Islas Malvinas. Por ese motivo, recordamos este artículo publicado en mayo de 2011 en la Revista Diners sobre la vida en este archipiélago del Atlántico que los británicos llaman Falkland.

Guillermo el Conquistador

Más anodino y barato que su reciente matrimonio, el viaje del teniente de vuelo Wales a las islas Malvinas ha causado una conmoción como no se había visto en la región en los últimos treinta años. Mientras el inmenso helicóptero amarillo aterriza en la principal de las islas, en la ciudad de Buenos Aires un grupo de manifestantes quema banderas británicas y entona estribillos rabiosos para protestar contra su arribo.

Nunca antes el teniente Wales había causado tanta agitación, lo cual no es extraño, pues aparte de la detención de un barco atiborrado de cocaína avaluada en 40 millones de libras esterlinas y la expatriación del cadáver de un soldado británico abatido en Afganistán, sus misiones han sido más las de un aprendiz de piloto que las de un as de guerra capaz de enardecer gobiernos como el que lo acusa de arribar a las islas ataviado como un conquistador.

Bandera Islas Malvinas
Jorono en Pixabay / C.C 0.0

No podemos saber qué piensa el teniente Wales de esas acusaciones, pues el gobierno británico ha prohibido la entrada de la prensa a la isla durante su estadía; lo que sí sabemos es que él habría preferido enrolarse en un rama más activa de la RAF que el escuadrón de búsqueda y rescate, pero su especial condición se lo impide, pues además de ser piloto y polista, el teniente Wales es también Guillermo, Duque de Cambridge, segundo en la línea de sucesión al trono de los dieciséis territorios que conforman la Conmunidad Británica de Naciones, incluido el territorio de ultramar que los ingleses llaman Falkland Islands y los argentinos, Islas Malvinas.

La vida en estas remotas islas

Cuando vi por primera vez la transmisión de una cadena regional llamada Penguin News en la que una mujer de marcado acento británico daba cuenta de la conmoción que la llegada del príncipe a había ocasionado allí, en el pueblo de Port Stanley, supuse que el príncipe no era tan buen piloto como polista y en vez de encaminar su helicóptero hacia el extremo austral de América se había extraviado en los cielos y había terminado aterrizando en algún pueblito de Northumberland, a orillas del mar del norte y a unos pocos pasos de Escocia.

Busqué Port Stanley en el mapa satelital de Google Earth y para mi sorpresa confirmé que esa aldea de autos con volante a la derecha, pub en cada punto cardinal y cabinas telefónicas de un rojo idéntico al de la cruz de San Jorge, era el mismo pueblo ubicado en el extremo occidental de las islas Malvinas, conocido en tierras gauchas como Puerto Argentino.

Fiel a la típica cuadrícula urbana de los ingleses, el centro del pueblo está conformado por un conjunto de casas pintadas de vivos colores que el viento y el mar han deslustrado.

Sin árboles nativos ni influencia latina

Como estas remotas islas carecen de árboles nativos, las casas tuvieron que ser traídas en barco desde Inglaterra a mediados del siglo XIX. Incluso la catedral de St. Mary, que cuenta en su jardín con un emblemático arco de mandíbulas de ballena, tuvo que ser construida con ladrillos importados.

Por las calles deambulan hombres y mujeres que no parecen tener nada en común con los patagones de la vecina Tierra de Fuego. Sus rostros rosados, sus cabellos pajizos y su lengua anglosajona son capaces de convencer a cualquiera de que Port Stanley no se encuentra en Latinoamérica.

Confundido por las apariencias y sorprendido al constatar la existencia de un pueblo en unas islas que yo suponía que tan sólo eran visitadas esporádicamente por aves y ejércitos, me propuse investigar acerca de las personas que viven allí.

Unos extraños habitantes

Los argentinos los llaman kelpers por las algas conocidas como kelp que abundan en las orillas de las islas. Los británicos les dicen bennies, por Benny Hawkins, un conserje rústico y semi-idiota que aparecía en Crossroads, una telenovela muy popular en la década de los ochenta en Gran Bretaña.

Ambos calificativos son repudiados por los habitantes de las islas quienes prefieren el vago y nada original término de “islanders” (isleños), como si las suyas fueran las única islas en el mundo. También los británicos tiene esa idea de sí mismos, pero esa es tan sólo una de las muchas coincidencias que los unen, pues la mayoría de los habitantes de las islas son descendientes de un grupo de jubilados galeses y escoceses que llegaron a principios del siglo XIX.

Veinte años después se unió a este primer grupo una cuadrilla de gauchos uruguayos atraídos por el desarrollo de la industria del pastoreo. Más o menos en esa misma época se instalaron en las islas unos cuantos marineros escandinavos atraídos por el auge de las expediciones balleneras en la región, lo que produjo un crecimiento poblacional de poco más de 3.000 habitantes en un territorio en el que, a diferencia de lo que ocurre en el resto del mundo, siempre ha habido más hombres que mujeres.

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En la actualidad, a los descendientes de esos primeros colonos se les ha sumado una cantidad considerable de personas provenientes de Santa Helena y de Chile. A pesar de la proximidad del continente, la influencia suramericana en las islas es muy poca y apenas puede percibirse en algunos hispanismos, especialmente si se trata de palabras relacionadas con la equitación, como “alizan”, “cabresta” o “cinch”.

«Los isleños se sienten distintos a sus compatriotas»

A pesar de contar con una población igual a la mitad de la del pueblo de Villa de Leyva, los habitantes de las Falkland se consideran una nación con todas las de la ley aunque los valores culturales, sociales y económicos que rigen la vida de los isleños son innegablemente británicos.

Según Lewis Clifton, actual vocero del Concejo Legislativo de las islas, los isleños se sienten distintos a sus compatriotas que viven en el Reino Unido. No deja de ser paradójico, pues desde la llegada de los colonos escoceses y galeses en el XIX, los isleños se han empeñado en desnaturalizar la región hasta convertirla en un extraño remedo de los campos bretones.

Pingüinos
Foto: Terri Stalons en Pixabay / C.C 0.0

Uno de los muchos desarreglos que esta actitud ha ocasionado es la extinción del warrah, un extraño animal que intrigó enormemente a Charles Darwin durante su paso por la isla. Este enigmático canino, único mamífero nativo de las islas, fue erradicado por completo para evitar que amenazara a los rebaños de ovejas traídas de Europa.

Aunque la producción de lana le ha proporcionado cierta riqueza a las islas, la erosión del suelo que provoca el pastoreo ha desprovisto a la región de materia vegetal (la cual ya era bastante escasa antes de la llegada de los colonos). El punto es tal que en las tiendas de víveres contrasta la riqueza de productos de mar con la pobreza de la sección de vegetales y cereales.

De hecho, casi todas las estanterías de las tiendas cuentan únicamente con productos enlatados provenientes de otras partes del mundo. Esta insuficiencia de alimentos explica el apego que tienen los habitantes de las islas por las pastillas de suplementos vitamínicos, que consumen como si se tratara de caramelos.

Una historia agitada

A diferencia de su tío el Conde de York, quien hizo parte de la tripulación del buque Invencible que combatió en la guerra de 1982 contra el ejército argentino, el príncipe Guillermo se encuentra en las islas para completar su entrenamiento como piloto de rescate, pero lo hace justo cuando están por cumplirse treinta años desde que las tropas inglesas expulsaron a los argentinos y retomaron el control sobre el archipiélago.

En ese entonces el mundo fue testigo de una querella bravucona entre la junta militar argentina y el ejército inglés cuyo resultado debilitó profundamente a los primeros y fortaleció ante los ojos de los segundos a una mandataria inflexible que los periodistas soviéticos inmortalizarían con el apodo de la Dama de Hierro. Eso ocurrió hace treinta años y en ese entonces el magistral Jorge Luis Borges supo hacer a un lado sus estrambóticas simpatías políticas para categorizar el conflicto como la disputa por un peine entre dos calvos.

 

 
 
 
 
 
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Elephant seals like to claim their personal piece of beach and are not afraid to start an argument if someone get’s too close. Penguins going for a swim have to be carefull not to distrub these giants sleeping on the beach 🐧 📷 by @galindenba . . . . #elephantseals #elephantseal #seals #sealsofinstagram #wildlife #sealife #marinelife #antarctica #visitantarctica #falklands #islasmalvinas #falklandislands #southgeorgiaisland #iaato #responsibletourism #cruise #expedition #oceans #adventuretravel #lovetheocean #saveouroceans #saveourseas #photography #wildlifephotography #travelphotography #Naturephotography #expeditionphotography #natureshots #waterproofexpeditions

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«Profunda herida nacional»

En efecto, dadas las circunstancias de la época (un régimen criminal en la Argentina imposible de sostenerse por más tiempo y una dura situación económica en el Reino Unido debido a las estrictas medidas de Margaret Thatcher), lo único que parecía justificar la guerra entre las dos naciones era la necesidad compartida por sus mandatarios de encaminar la atención del público hacia otra parte (casi el polo sur, ni más ni menos) y unificar al pueblo en una causa común: la defensa de la soberanía nacional.

Terminado el conflicto, derrocada la dictadura y salvada la crisis económica en Gran Bretaña, las islas quedaron bajo el protectorado de los ingleses y desaparecieron del panorama internacional. Las Malvinas de las que hablan los argentinos se han convertido en un mito, en una profunda herida nacional y en unos cientos de veteranos que pronto llegaron a igualar con sus suicidios el número de bajas durante el conflicto. Así por casi treinta años, hasta que a alguien se le ocurrió buscar allá una de las mejores razones del mundo contemporáneo para empezar un conflicto: petróleo.

El horizonte de las islas

Las firmas petroleras que desde hace siete años están estudiando el sector, estiman que los yacimientos de las islas podrían producir 3.5 millones de barriles de petróleo y nueve trillones de pies cúbicos de gas natural. Muchos consideran que el millonario hallazgo es la razón principal que ha llevado al gobierno argentino a poner una vez más sobre la mesa el tema de la soberanía de las islas, a pesar de que fue Néstor Kirchner, predecesor y difunto marido de la actual mandataria argentina, quien en 2007 rechazó la oferta del gobierno británico para participar en el negocio. Si bien es improbable que un conflicto como el de 1982 se repita, lo que sí queda claro es que una vez empiece la bonanza petrolera en las islas, la vida de sus hoy escasos y anacrónicos habitantes cambiará significativamente.

Las islas sin la gente

A pesar de tantas disputas que se remontan a los tiempos del repartimiento de Sudamérica entre españoles y portugueses, las islas que tantos han reclamado parecen no saber de otra soberanía que la del viento que suena todo el tiempo y en todas partes.

Un archipiélago de 12.220 kilómetros cuadrados, dos naciones disputándose su soberanía y dos nombres distintos para una misma gente; un ir y venir de forasteros en un terreno que parece un pedazo de la luna que cayó al mar por descuido.

Por mucho que unos u otros aseguren que la isla les pertenece, la verdad es que esa tierra no ha formado los rasgos de ningún ser humano. Si algo comparten los isleños con los argentinos es que la mayoría de ellos llegaron a América desde mundos distantes.

 

 
 
 
 
 
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Kid’s probably getting a lecture about approaching strange humans. #52places2019 #falklandislands #islasmalvinas #travel #wildlife #nature #penguins #kingpenguins

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De no ser por la loca codicia de los hombres, los únicos acontecimientos dignos de contar acá serían las marchas de los pingüinos que cubren las costas con sus huevos o el arribo de los gigantescos albatros que se posan majestuosos sobre las rocas. En lugar de eso lo que hoy se observa son las maniobras de unos selectos personajes que por estar buscando siempre un posición más aventajada, se la pasan moviendo sus rebaños de un lado para otro.


¿Cómo se imaginaba la vida en las Islas Malvinas? ¿Las conoce? Déjenos saber sus comentarios a través de nuestras redes sociales @dinersrevista.

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Septiembre
27 / 2021

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