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Isla de Gorgona: una joya natural en el Pacífico colombiano

Una de las islas colombianas en el Pacífico es la joya de Parques Nacionales. No solo porque allí viven especies únicas en el mundo, sino por ser una reserva ambiental.

Foto: Cortesía Procolombia

Una de las islas colombianas en el Pacífico es la joya de Parques Nacionales. No solo porque allí viven especies únicas en el mundo, sino por ser una reserva ambiental.

Valió la pena perderle el miedo a Gorgona, esa isla narrada como cuento de terror a los niños que se portaban mal. “No robe, no mate, no se vuelva malo. De lo contrario, la policía se lo llevará a una isla rodeada de tiburones donde aprenderá que da más fuerza sentirse amado que sentirse fuerte”.

Gorgona

El 85% de la isla está cubierta por selva tropical. Foto cortesía Procolombia.


Entonces uno buscaba en los libros de historia si tanta tristeza y abusos eran ciertos.

Lo fueron.

Mientras bucea usted podrá apreciar la diversidad de corales y especies, como el tiburón de punta blanca. Foto Alejandra de Vengoechea.


Gorgona como prisión empezó a tejerse después del Bogotazo de 1948, cuando los homicidios aumentaron vertiginosamente por la violencia bipartidista (200 mil muertos mal contados hasta 1958) y las cárceles, ya llenas, fueron insuficientes.

El lagarto azul de Gorgona es una especie única en el mundo. Foto cortesía Procolombia.


“¿Qué hacemos con la justicia?”, le preguntó el presidente Alberto Lleras Camargo a su consejero Bernardo Gaitán Mahecha (1924-2018). “Descentralizarla, señor presidente”, fue la respuesta.
Las islas-prisión estaban de moda. Alcatraz, en Estados Unidos; isla del Diablo, en la Guayana Francesa; Presidio Modelo, en la isla de Pinos, Cuba. ¿Por qué no? “Me acuerdo que se hizo una averiguación sobre islas. Había muchas en el Atlántico, pero todas estaban habitadas. La única isla que no tenía habitantes y que se prestaba para eso era la Gorgona”, comenta Gaitán Mahecha en una entrevista que le hizo la historiadora y periodista Silvia Luz Gutiérrez. La construyeron en 1960. La cerraron en 1985.

Ballenas saltando en la noche

La isla se encuentra a 35 kilómetros de la costa del Pacífico colombiano. Foto cortesía Procolombia – Jaime Trujillo.


Lo que pasó adentro está narrado en pocos pero bien investigados libros. “El peor castigo –le explica uno de los presos a Cecilia de Robledo, autora de Isla prisión Gorgona. Crónicas (1997)– es el botellón, un embudo de cemento con un sifón en el piso. Solo cabe uno parado, día y noche al sol y al agua, desnudo. Le arrojan comida, pero casi toda cae al piso, el sifón se tapa y cuando llueve mucho, el agua va subiendo. Si uno no se las arregla, fácilmente se ahoga, se hinchan los pies de estar parado y dan sabañones y calambres. En el día es como el infierno y en las noches el frío hiela los huesos”.

“En Alemania también tenemos una historia que avergüenza”, cuenta Julia Berger, de 24 años, profesora del Colegio Andino, quien visitó Gorgona durante la semana de receso de octubre. “Es importante ver qué pasó, aprender de esto y evitar que suceda de nuevo. ¡Me impacta mucho ver cómo la naturaleza está volviendo a su punto original!”, aseguró durante la visita a uno de los cuatro senderos preparados para el turismo, pues Parques Naturales Nacionales de Colombia (PNN) se ha preocupado por mantener en pie una parte de la prisión, para no olvidar la historia y sus enseñanzas. Ahí están la cocina, la enfermería, los baños, los calabozos, la panadería, el comedor. Un recorrido de media mañana en el que también se atraviesa la antigua huerta.

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Uno de los atractivos de la isla es el avistamiento de ballenas jorobadas. Foto cortesía Procolombia.


Las raíces engullen el cemento de la antigua cárcel, lo desaparecen. Durante los 25 años que duró abierto el penal, 70 % de la isla fue deforestada, pues semanalmente usaban diez toneladas de leña para cocinarles a más de mil personas. Hoy está recuperada y Gorgona es un destino maravilloso. Hay de todo para hacer y es un orgullo para PNN.

Dos planes estrella. El primero, ver ballenas, pero mejor aún, escucharlas cantar bajo el mar cuando se bucea o caretea. Las ballenas yubartas son visitantes regulares de la isla entre junio y octubre. Migran para aparearse y dar a luz en estas aguas tibias que funcionan como casa cuna, útero, vida de familia. Llegan muchas y lucen tan plácidas que a todas horas se les ve desde el balcón del restaurante del hotel. En las noches, el ruido de fondo es de otro mundo: madres de 18 metros de longitud y cuatro toneladas de peso les enseñan a sus hijos cómo saltar.

Gorgona reúne dos de los ecosistemas más diversos del trópico: los arrecifes coralinos y la selva húmeda. Foto cortesía Destino Pacífico.


El segundo. No pierda en la vida la oportunidad de aprender a bucear. Es inolvidable. En Gorgona residen instructores de buceo que enseñan cómo hacerlo de manera segura en los doce puntos de inmersión alrededor de la isla. Carlos López, propietario de la escuela de buceo Cruz del Mar, viene a Gorgona con sus alumnos hace treinta años. Es uno de sus sitios favoritos en el mundo.
“Primero, porque es un parque natural, protegido y seguro, muy bien mantenido seis millas a la redonda, por biólogos y expertos. La fauna en el Pacífico es más grande que en el Atlántico, donde hay más corales pero menos peces. El mar me enseña siempre cosas nuevas. Los animales son demasiado inteligentes. Me encanta ver cómo cazan, habitan, la manera como se defienden. El pez loro, por ejemplo, suelta una baba que lo cubre como si fuera un saquito de dormir. Nadie lo toca”.

Los piqueros de patas azules son una especie de ave marina única en la isla. Foto cortesía Procolombia – Jaime Trujillo.


Voluntario de parques: Colombia lo necesita

A los monos capuchinos que se creen los dueños del hotel nadie los toca tampoco. Divertidos, traviesos, andan por los jardines con sus crías, comen frutos y lo miran todo, mientras los turistas intentan desde temprano avistar pájaros como la fragata, el pelícano, las sulas, el mielero azul, el pájaro hormiguero. De vez en cuando pueden verse los osos perezosos de tres dedos, la rata semiespinosa y el lagarto azul, reptil único en el mundo que los biólogos, habitantes frecuentes de esta isla, han visto poco: cuatro veces en treinta años, explican. Es diminuto, de un azul imposible, tan brillante y bello como un diamante en un pajar. Pero quizás usted logre verlo, y más aún si pasa tiempo en Gorgona en una de las actividades que más se requieren: guardaparque voluntario.

Los lagartos basiliscos forman parte de las 56 especies de reptiles que habitan la isla. Foto cortesía Procolombia.


Iván Moncayo, por ejemplo, es ingeniero civil, tiene 43 años, nació en Nariño. En 2016 fue guardaparque voluntario en Macuire, Guajira, y repitió experiencia en Gorgona en 2019. “La necesidad de que la gente trabaje voluntariamente por el país es grande”, dice, mientras recibe a los turistas que aumentan mes tras mes: entre enero y noviembre de 2019, a Gorgona llegaron 4.552 visitantes.

Moncayo tiene razón. Si una cuarta parte de Colombia –31 millones de hectáreas, es decir, el tamaño de Italia– son áreas protegidas y solo hay un funcionario de PNN disponible por cada 34.300 hectáreas bajo su responsabilidad –cuando el estándar internacional es una persona al cuidado de 6.250 hectáreas– ¿acaso no vale la pena donar tiempo para la sostenibilidad del país? Lo vale.

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Las playas de Gorgona se caracterizan por su arena blanca y la tranquilidad de sus aguas. Foto Sebastián Delgado C. / Shutterstock.


“En dos meses de voluntariado logré mucho. Monitorear el desove de las tortugas marinas, marcar los nidos y reubicarlos porque se encontraban en riesgo de ser llevados por la marea. Recolecté toneladas de basura y las embarqué, reparé varios puentes de madera. Son muy pocos funcionarios y lo que hay que hacer y ver aquí es mucho”, explica Moncayo durante el recorrido con treinta turistas, la mayoría colombianos, a playa Yundigua, otro de los senderos a donde se llega tras una hora de camino lento y reposado. Bosques tupidos, quebradas de aguas dulces y cantos insospechados. Allí se puede caretear lo mismo que en playa Blanca, de aguas tranquilas, cristalinas, el lugar perfecto para pasar el día.

“Al quedar cerca del continente, Gorgona es un parque natural privilegiado de fácil control. Es una barrera contra el cambio climático, pues llueve tanto que la producción de aguas es inmensa: 75 quebradas en invierno. Hay, además, acuerdos firmados con los pescadores. Son 63.000 hectáreas, 3 % isla, 97 % mar, con formaciones coralinas excepcionales y en muy buen estado de conservación. Hay especies únicas: el lagarto azul, el cangrejo pulmonado, los micos capuchinos cariblancos, varios peces. ¡Este es un pequeño Galápagos!”, explica Mateo López, de 45 años, director del programa de Biología de la Universidad Javeriana en Cali, quien viene con frecuencia a investigar corales, su especialidad. Por eso es uno de los tres parques nacionales naturales reconocidos en la Lista Verde por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), un ranking que exalta las mejores prácticas de conservación y cuidado del medioambiente. Así que no lo piense dos veces. Vaya. Que de esos espacios no hay dos y mucho menos entre tanto cambio climático.

Los monos capuchinos están la tanto del paso de los turistas. Foto Sebastián Delgado C. / Shutterstock


¿Dónde hospedarse?

Buena parte de la infraestructura del penal fue remodelada y adecuada para el turismo. Hay, incluso, una piscina de agua dulce proveniente de arroyos cristalinos. Son 16 cabañas sencillas, limpias, y el servicio de internet se paga por horas.

¿Qué comer?

Pargos, meros, pianguas, camarones, pesca artesanal y comida del Pacífico. ¿Es seguro? Totalmente. Armada y Policía permanecen en la isla.

¿Cómo llegar?

Gorgona es un destino de naturaleza para turistas prácticos. ¿No hay agua caliente en las duchas? Suele pasar. Ocasionalmente, una serpiente puede descansar en las instalaciones del hotel. Hay varias. Por eso, el conquistador Francisco Pizarro, en 1525, bautizó como Gorgona esta isla, en honor a la figura de la mitología griega de cuya cabellera salían serpientes.

Lo importante es respetarlas, tomar distancia, no asustarse –ningún accidente se ha presentado con turistas– y siempre llamar a los guardaparques para que las saquen.

Planear unas vacaciones en Gorgona es fácil. La concesión turística que opera en la isla desde 2017 (www.vivegorgona.com) lo hace todo. Hay dos formas de llegar: por vía aérea, desde Cali hasta Guapi (Cauca), ruta que cubre Satena. La lancha que sale del puerto de Guapi lo llevará a Gorgona en hora y media. Por vía terrestre, de Cali a Buenaventura, en tres horas por una carretera en perfecto estado. Del muelle turístico parten lanchas rápidas –cuatro horas y media hasta Gorgona– y otras embarcaciones que salen a las siete de la noche y llegan a la isla a las siete de la mañana. Inolvidable la navegación nocturna bajo la luz de la luna.

El museo

Frente al mar hay una casa de dos pisos y frescos balcones de vivos colores. La historia de Gorgona es antigua y en el primer piso de esta casa, donde PNN suele dar las charlas introductorias a los turistas, todo queda claro. Los primeros habitantes de Gorgona fueron los indígenas de Tumaco-Tolita, destacados orfebres y ceramistas. Luego, en 1524, fue descubierta por el español Diego de Almagro.

En el siglo XIX, Simón Bolívar le regaló Gorgona al general de origen alemán Federico D’Croz por su importante participación en las guerras de independencia. Los dos hijos de D’Croz heredaron la isla. Uno de ellos le vendió su parte a la familia Payán. En 1959, D’Croz y Payán fueron expropiados por el Estado. El 16 de septiembre de 1960, un avión Catalina de las Fuerzas Armadas acuatizó con los primeros doce presos. En 1985 la cárcel fue clausurada y varios funcionarios de Parques empezaron a recoger lo que los presos dejaron, con la idea de armar un museo.

El museo ya existe. Entre otros muchos objetos, es posible ver una galería con fotos del penal, de los prófugos, y varias artesanías.

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Febrero
25 / 2020


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