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El Balcón de los Recuerdos: el café de Salento con una greca de 115 años

Este café, que está próximo a cumplir 50 años es de la familia Araque, es uno de los más tradicionales de Salento. Le contamos su historia.

Foto: Cortesía El Balcón de los Recuerdos

Este café, que está próximo a cumplir 50 años es de la familia Araque, es uno de los más tradicionales de Salento. Le contamos su historia.

El balcón de los Recuerdos queda en toda la esquina de la Calle Real, en una casa típica de arquitectura colonial. La mayoría de las construcciones son en bahareque, color blanco y marcos coloridos.

En este café también confluyen nacionales, extranjeros y los mismos lugareños que reconocen a la familia Araque, los propietarios, como sus vecinos de toda la vida.
Son diez hermanos, una de ellas está en Estados Unidos, un hermano en Cali y el resto viven en Salento y administran el negocio. Un sobrino hace las tortas de chocolate, otro es el mesero, una hermana prepara los desayunos, el otro maneja la greca, el hermano mayor arma los perros calientes y la mamá, a sus 80 años, prepara los buñuelos más famosos de Salento.

La familia pasó a la historia por su legendaria greca de la Victoria Arduino de Turino, Italia que data de 1905, tiene 115 años y hace 60 que está en manos de la familia. Aún funciona. La mayoría de los comensales llegan con ganas de tomarse un café de esa máquina, por la cual a los hermanos Araque les han ofrecido, en una primera oportunidad, 100 mil dólares y la última vez, 250 mil, pero no la vendieron porque para ellos es invaluable. Es el corazón de su establecimiento y una forma de honrar la memoria de su padre, Orlando Araque Arias, quien falleció hace aproximadamente cuatro años.

La poderosa máquina que tiene un águila de bronce en la punta y solo puede ser manipulada por los miembros de la familia.

El balcón de los recuerdos

Según cuenta Martha Araque, una de las hermanas, el café lleva 49 años en manos de la familia. Antes había sido una cantina y hace aproximadamente 15 años funciona como cafetería.

“Este lugar es uno de los más tradicionales del pueblo, siempre tuvo la misma arquitectura y la misma silletería; en realidad no nos interesa modernizarnos porque así se mantiene típico y más acogedor”, comenta.

El balcón de los recuerdos

Martha Araque.

Poco a poco los Araque se han convertido en coleccionistas de grecas, y en total tienen cuatro de estas reliquias: la primera de 1910; la segunda, de 1933; y la tercera, de 1905. Esta última es la gemela de la afamada greca antes mencionada que sería la cuarta y la única al servicio, pues el resto se mantienen en exhibición.
“Mi papá trabajaba en un granero llamado El Dólar, y el dueño, que en ese momento (1970) se iba a Bogotá, le ofreció la greca por 20 mil pesos, incluyendo muebles, discos de música y un refrigerador. La máquina funcionaba con caldera, pero él la mandó a acondicionar para que funcionara con energía y cuando pusieron el gas en el pueblo, la ajustó también para eso”.

Juan Carlos Araque Hurtado, el quinto de los hermanos, recuerda que empezó a manejar esta máquina cuando tenía tan solo diez años de edad, y hoy, a sus 52 años, la sigue manipulando.

 

Vea tambien: Así es el mapa interactivo de los museos de la memoria del mundo

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Y para el frío el mejor Pintadito de Salento preparado por nuestra máquina de 114 años!!!

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“Por ese entonces nos levantábamos a las 5:00 a.m., mi papá le había dejado en alquiler la cantina a un señor Fidel Torres, un arriero reconocido a nivel internacional, y madrugábamos a hacer el aseo y a dejar todo listo. Los campesinos que bajaban recuas de papa que estaba en pleno apogeo, hacían una parada obligatoria en este lugar para tomarse una cerveza”.

 

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“Cuando mi papá compró el café, se lo alquiló a un tío, luego vino don Fidel que lo tuvo por unos ocho años, después estuvo a cargo de unas personas del pueblo y finalmente pasó a manos nuestras entre 1981 y 1982”, dice.

Los hermanos Araque también atesoran tres libros de contabilidad donde los visitantes consignan sus comentarios; en sus páginas guardan todo tipo de garabatos, dibujos y caligrafías en chino, coreano, ruso, francés e inglés, por nombrar algunos.

El balcón de los recuerdos

 

Fabio Rafael, un diseñador gráfico de Portugal pintó la máquina en carboncillo; también escribieron personas de Singapur, Bélgica, Tasmania, Sarajevo, mexicanos y hasta alguien de Salento, Italia, dejó consignado: “Bellísimo bar, bellísimo café, un abrazo de Salento, Italia”.

 

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Hace unos cinco meses se filmó una novela en Alemania y en la historia se narraba la llegada de un crucero a Cartagena que traía consigo a un capitán quien cayó enamorado de una quindiana que luego lo llevaría a visitar Salento, donde se hicieron tomas de la Calle Real.

“Nosotros les alquilamos una de nuestras grecas”, cuenta Martha, quien entre sollozos reconoce que todo el progreso que les ha traído este café se lo deben a su padre. “Era un gran hombre, muy trabajador, entregado a su familia y un ser muy optimista, ‘Si hoy no se vendió un café, bueno, será mañana’, decía”.

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Enero
02 / 2020


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