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Los 25 lugares más bellos de Colombia

Diners conversó con cinco expertos en viajes, quienes nos dieron destinos que son desconocidos para la mayoría de colombianos. ¿Usted qué opina?

Foto: instagram.com/llanoscolombianos/

Diners conversó con cinco expertos en viajes, quienes nos dieron destinos que son desconocidos para la mayoría de colombianos. ¿Usted qué opina?

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 248 noviembre 1990

¿Cuáles son, para usted, los cinco lugares más bellos de Colombia? Cada lector tendrá, probablemente, una lista distinta. Pero hay que advertir, antes que todo, que no nos referimos a ciudades o pueblos de fácil acceso y trajinados por el turismo, sino a sitios un poco desconocidos, o muy desconocidos, acaso exóticos, que abundan a lo largo y ancho de nuestra geografía y que, a pesar de ser hermosos, casi nadie visita.

Le formulamos la pregunta a cinco personajes que han recorrido la patria palmo a palmo. La selección no les resultó fácil, desde luego por exceso y no por sustracción de materia.

Selvas, desiertos, montañas coronadas de nieve, playas de arenas blancas y de olas furiosas o mansas, dos mares ciñendo sus costados, lagunas, ciénagas, ríos caudalosos, una gigantesca llanura, mesetas y valles de múltiples colores, todo esto, y aun mucho más, forma paisajes en los que la naturaleza parece haber dejado su mejor obra.

Si se mira desde otro ángulo, el desconocimiento de ese territorio escondido no es una desventaja sino una ventaja. Pues así, a Colombia, como a pocos países, todavía se la puede ir descubriendo en los rincones extraviados de su extenso mapa.

Agregado a esto el hecho de sus contrastes topográficos y climáticos, se nos ofrece a la vista un panorama prodigioso de lugares espléndidos. Pero se necesita, para disfrutarlo, ser un verdadero andariego y poseer la sensibilidad suficiente para deslumbrarse sólo por el arte de la naturaleza.

Estas cualidades las reúne los cinco personajes que aceptaron hacer su lista para los lectores de Diners. Son ellos Guillermo Alberto González Mosquera, Germán Castro Caycedo, Andrés Hurtado García, Alvaro Baquero Calderón y Mauricio Obregón. Aunque de profesiones y oficios disímiles, se identifican entre sí por su obsesión límite de conocer todo el país.

Ellos han viajado por Colombia como pocos lo han hecho, y han puesto sus pies en puntos desapercibidos para los demás. Aquí están, pues, los cinco lugares predilectos de estos cinco colombianos: en total, más de veinte parajes para deleitar la vista.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA

Educador, fotógrafo, licenciado en letras, alpinista, dueño de 500.000 fotografías, tomadas por él, de distintos lugares de Colombia. Dice que este país es el más bello del mundo, y que toma fotos de Colombia por una urgencia de dejar testimonio de la Colombia que se está destruyendo.

1. Caño Cristales

Es, además, «el río más bello del mundo», dice Hurtado. Sus aguas transparentes son de cinco colores: rojo, amarillo, verde, azul y negro. Este caño se desprende hacia el sur- este de la Macarena y corre hacia el río Guayabero. Para llegar al mismo se debe viajar en avión desde Villavicencio hasta el pueblo de La Macarena. Se desciende por el río Guayabero durante 20 minutos hasta La Cachivera, y luego se camina durante dos horas por la sabana.

2. Raudal de Jirijirimos

Fue escogido en Estados Unidos, por una editorial, como el paisaje más bello del planeta. Pertenece al río Apaporis y se halla en el límite entre Vaupés y la comisaría del Amazonas. Para localizar este sitio hay que salir, también, de la capital del Meta hacia Paco, en carro, y luego se desciende durante dos horas en lancha.

3. Pico La Reina

Con sus 5.600 metros de altura, es el segundo pico de la Sierra Nevada de Santa Marta. Pertenece al Macizo Central de la misma Sierra. Para alcanzar este lugar se sale de Valledupar por Pueblo Bello y Nabusimake, o por Atanquez.

4. Islas del río Caquetá

Las islas de este río parecen diseñadas adrede. Unas se encuentran descendiendo el río Caquetá, desde el raudal de Araracuara. Hallarlas es trabajo de varias horas: viajar en avión a la Araracuara, y luego en lancha.

5. Paisajes campestres de Nariño

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El Santuario de Las Lajas, ubicado en Ipiales en el departamento de Nariño, a 10 km de la frontera con Ecuador, es una maravilla arquitectónica medieval, con una ubicación topográfica entre los riscos de la cordillera de los Andes, razón por la cual, es denominado para muchos como "Un milagro de Dios sobre el abismo". El Santuario está ubicado a unos 7 kilómetros del centro de Ipiales, si decides ir caminando el trayecto toma una hora aproximadamente, esta es una opción recomendada para quienes quieres apreciar con mayor detenimiento los bellos paisajes y de paso oxigenar el cuerpo. La segunda opción es tomar un bus desde la terminal de transportes hasta el parqueadero del santuario, este pasaje tiene un costo de $2.500 y el trayecto toma unos 15 minutos. Foto por: @krystinesc . . Síguenos – – – – – > @mividaviajera . . #TravelRepost #SantuariodeLasLajas #Ipiales #Nariño #Colombia #InspírateaViajar #viajamás #visitcolombia #visitsouthamerica #realismomagico #explorecolombia #colombiawild #colombiaismagicalrealism #colombiatravel #colombiainexplorada #travelbloggers

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Este departamento ofrece los más bellos paisajes campestres del país. Se ubican saliendo de Ipiales; a 300 metros del batallón Grupo Cabal hay una bomba de gasolina que da a un barranco, y mirando hacia el sur aparece la majestuosidad del campo nariñense. Allí, por si fuera poco, está el río Carchi.

GUILLERMO ALBERTO GONZÁLEZ

Senador, exdirector nacional de Acción Comunal y exgerente de la Caja Agraria, en cuyas actividades viajó por más de 800 municipios y por lugares extraviados de las zonas urbanas. Afirma que el país no está en las áreas «plastificadas» sino en los sitios de respeto a la naturaleza, y que tiene la fortuna de que la vida ha sido generosa con él porque le ha dado oportunidad de conocer a toda Colombia. Su lista de los cinco lugares más bellos, diferentes de los de gran afluencia turística son los siguientes:

6. Las salinas de Manaure, La Guajira

Cuando ocurre la deshidratación, en piscinas de escasa profundidad, el ambiente se impregna de un impresionante color, que va del ocre al blanco purísimo de la sal, frente a un mar azul y verde al cual penetran lengüetas también verdes, convertidas en pequeñas penínsulas pobladas de flamingos. Las aves se alinean de manera uniforme, conservando un inesperado orden cromático que va del rosado intenso al más tenue, mientras la brisa caribeña infla con espectacularidad las mantas multicolores de las indígenas guajiras. Además, el viaje es fácil desde Riohacha.

7. Ensenada de Utría, Chocó

En este lugar, el Océano Pacífico forma playas uniformes de infinita longitud. Al fondo, enmarcándola, el verde profundo de la vegetación, con árboles inmensos. Es la selva junto al mar, que se le enlaza con encajes de espuma. No hay construcciones que alteren el paisaje. Hay que llegar a Bahía Solano -por avión y de allí en lancha hasta la ensenada.

8. El Valle del Cauca

Pero visto desde la Hacienda El Paraíso, la misma que inmortalizó Jorge Isaac en María. Desde este sitio se observa el paisaje ilímite del Valle del Cauca, enmarcado en lontananza con las cortinas de la cordillera. Palmeras y otros grandes árboles a los pies, y el mar verde de los cañaduzales como una gran alfombra, y siempre las bandadas de garzas blancas cruzando el cielo azul, que por la tarde se puebla de arreboles. Carretera de Palmira a Buga, 12 kilómetros antes de la población de Ginebra.

9. La Meseta de Túquerres, Nariño

Con más de 2.700 metros sobre el nivel del mar, es una gran colcha de retazos formada por los distintos tonos de los trigales, los potreros pequeños, los cultivos de cereales y los maizales: amarillos y verdes en cuadrículas regulares, que se pueden ver por la carretera de Pasto a Túquerres. También se observan ranchos de paja humeando hacia el cielo, rebaños de ovejas cuidados por indígenas laboriosos y taciturnos, y al fondo del paisaje, los volcanes nevados de Cumbal y Azufral.

10. Isla de Providencia

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O #tbt de hoje vai para a ilha mais paradisíaca que já conhecemos! 🇨🇴 A Ilha de Providencia fica na Colômbia, as saídas são unicamente de San Andrés e são duas formas de visita-la: Indo de catamarã o que leva em torno de 4h ou de avião(teco-teco) que leva em torno de 30 e custo quase o dobro do valor, se tem problema de enjoos vá de avião🤑, pois o trajeto é bem turbulento. . . . . #isladeprovidencia #islasantacatalina #colombia #bogota #tecoteco #catamara #sanandres #colombia #thiviporai #viajandocompouco #euvounajanela #melhoresdestinos #mundodosviajantes #aloha #prefiroviajar #its_brazil #viajandocomgaby #liviajando #falandodeviagem #apenasviaje #amoviajar #destinosesonhos #viagensincriveis #lugaresincriveis #guardandoimagens #luzpraiana #vounajanela

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¿Por qué? Por su mar de siete colores, con los verdes profundos y los azules clarísimos. Por las pequeñas ensenadas, que de repente se nos aparecen albergando las casas de madera con sus construcciones típicas. En fin, por toda la belleza del Caribe y la tradición anglo-africana conjugadas allí.

ÁLVARO BAQUERO CALDERÓN

Piloto con más de 40 años de experiencia, de ellos 29 en la Fuerza Aérea colombiana. Exdirector de la aeronáutica civil, fundador de Satena, creador de escuelas de aviación, Coordinador para Colombia de la transmisión sobre la llegada del hombre a la Luna, asegura que es difícil escoger los cinco sitios más hermosos de Colombia porque, «aunque no se trata de prejuicio patriótico, este país es muy hermoso».

11. Ensenadas de la Sierra Nevada

A partir de la bahía de Taganga, a quince minutos de Santa Marta, comienza una sucesión de entradas del mar al continente, de una belleza espectacular. Bahía Concha, Neguanje, Playa Blanca, el parque Tayrona, en fin, «el lugar más bello de Colombia, por no decir del mundo entero». Y con esta particularidad: en un trayecto muy corto se pasa de temperaturas bajo cero a más de 35 grados, o sea, donde cae la Sierra al mar.

12. Isla del Deseo, Chocó

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#Capurganá #CaboTiburón

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Al frente de Cabo Tiburón, en el Océano Atlántico, se encuentra esta isla, de no más de una fanegada. Se llega a ella caminando, con un mar suave que no pasa de la cintura, y por un trayecto de unas seis cuadras. Corales, cocoteros, aves, paz, tranquilidad, brisa suave, aromas desconocidos, es lo que se encuentra allí. «Ciertamente, este lugar es la materialización de la paz. Mire, las langostas se pueden agarrar con la mano. Además las playas son muy hermosas». Por lancha, desde Acandí, se hace este viaje.

13. Cabo Marzo, Chocó

Son playas con aguas muy cristalinas, algo raro en el Pacífico. El paisaje submarino es precioso, y le muestran a uno un mundo multicolor y viviente, con millares de peces que se le cruzan a uno por entre las piernas. Las playas son verdaderamente paradisíacas, y el agua dulce brota por cualquier parte. La ruta más fácil es llegar a Bahía Solano en avión, y allí tomar una lancha.

14. Represa de Betania, Huila

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En mi lugar feliz

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Aunque es artificial, se trata de un sitio sorprendentemente encantador y espectacular: en unas 7.500 hectáreas que debe tener este lago, aparece en la mitad una serranía que en su trayecto irregular va formando ensenadas e islotes. Se trata, sin duda, de un paisaje con una topografía nueva «que provoca en uno una emoción estética especial». Está a 28 kilómetros de Neiva por la vía El Hobo o Yaguará.

15. Los esteros de los Llanos Orientales

Son esos «oasis» que aparecen de trecho en trecho a lo largo del paisaje llanero. Estas «matas de monte», como llaman a los esteros en esta región, son un verdadero conjunto botánico: palmas en las que anidan aves, y agua para refugio de animales como el venado y el chigüiro. Algo sin par en el continente.

GERMÁN CASTRO CAYCEDO

Periodista ciento por ciento. También reportero ciento por ciento. Razón por la cual, antes de escribir una crónica o de presentar un programa de televisión va al sitio donde se origina el hecho, y así ha conocido el país. Descubrió para el turismo la belleza de Acandí y Moñitos, por ejemplo. No sólo contempla todo a su alrededor, sino que se mete en el alma de la gente para conocer mejor los lugares a donde viaja. Esta es su selección:

16. Bahía Honda, La Guajira

Un paisaje espectacular, con otras bahías más, sitiadas por ese mar violento que es el Caribe, que rompe allí con ocho colores verdes es un «degradé» insospechado, y en olas de tres y cuatro metros cuando no hay tempestad. Y el desierto, que es bellísimo porque no es igual a los demás: por un lado sus arenas de color ladrillo sin vegetación, y por otro la vegetación de los trupillos y el dividivi. Y luego los acantilados y las colinas que caen al Caribe, cortándolo. Se siente ese contraste entre estas colinas rocosas, sin vegetación, y la vida del mar. Es como ese paisaje que nos imaginamos de Marte. Se palpa la violencia del medio. Y es un placer saborearla, sentir que es hermosa. Se llega allá, saliendo de Riohacha por caminos polvorientos y transitando durante casi un día en campero.

17.Ensenada de Utría

Vamos por el Pacífico, que en Colombia es gris oscuro, con frecuentes chubascos y brisa permanente. De repente, los acantilados y la selva se rompen en una puerta de roca roja por donde se vislumbra un lago tranquilo, sereno, pero al mismo tiempo alegre de vida. Enmarcado por colinas tapizadas de vibrante vegetación, con el verde también de la vida, y por donde se descuelgan diez fuentes de agua. Y agréguele a esto el coro de millares de aves que anidan en el bosque. La ensenada es como cuatro veces la Plaza de Bolívar de Bogotá, pero allí se refugia toda la fauna marina: langostas, tortugas, atunes, pargos, y a la mano hay por lo menos 50 clases de frutas, y el árbol del pan, y las siete clases de hierbas para todos los males…

18. Golfo de Urabá

Costado occidental del Chocó: entre Cabo Tiburón y Acandí hay dos bahías, protegidas de los vientos y las mareas, y donde el sobrecogedor silencio se quiebra por truenos, que no son otra cosa que las olas al romper en la playa. La costa es plana y está enmarcada por la selva chocoana que no es aquí pantanosa y tupida. Se puede pasear entre orquídeas y otras flores que forman nichos, separados entre sí por chorros de aguas cristalinas. Esto es un monumental jardín, que el hombre jamás podrá plantar. Allí como en pocos lugares del país, se puede admirar una naturaleza intacta. Se llega en avión a Acandí, y de allí se continúa en lancha hasta las dos bahías.

19. Región del Capanaparo o Caño Negro

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#cañonegro

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Está situada al nororiente de Arauca. Se debe ir en abril, cuando llegan las primeras lluvias. Entonces se humedece la tierra y aparecer los fuegos fatuos, o «bola’ e fuego», como le dicen por allá. El firmamento se pone más limpio, y brilla mejor el lucero «Becerrero» o «Cruz de Mayo», brújula del Llano. También es cuando comienza el trabajo de mano, o sea sacar el ganado a engordar, y se ven grupos de 50 vaqueros con su sombrero «pelo’ e guama» y el pantalón arremangado dedicados a marcar, capar, colear y torear. Es, asimismo, la época en que se forman los esteros y aparecen copos rosados o blancos en los árboles: son las garzas, que van a dormir allí. Y también aparece el espíritu errante de una mujer bella que lleva las «asaduras» por fuera. Porque también es la época de las historias… Hay que ir en avioneta o a caballo desde Arauca.

20. Pueblo Viejo, Boyacá

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Día 10 / 2 Pisba – Pueblo Viejo Lo hermoso del paisaje compensaba la dificultad de algunos de los tramos. Doña Marora nos dijo que nos viéramos en la escuela de Pueblo Viejo pero no la encontrábamos ni tampoco vimos más gente que nos indicara si estábamos cerca o lejos de ahí. Pasadas las 5, por lo alto de las montañas y el mal tiempo, comenzó a oscurecer sobre la trocha y no alcanzábamos a Pablo que se había adelantado. Terminamos llegando a un broche que nos hizo pensar que Pablo no había pasado por ahí. Pero ya era muy oscuro para salir en su búsqueda y supusimos que él había encontrado la trocha para la escuela. Hacia unos metros habíamos pasado por una cada abandonada y recién veíamos una al parecer habitada pero sin nadie en ella. Decidimos buscar la entrada y hallamos por el borde de arriba y justo cuando ya llegábamos llegaba la señora de la casa. Con cuidado y despacio, mientras lograba ella entender qué carajos hacían dos personas en trajes ajustados y bicicletas en la entrada de su finca a oscuras, le explicamos quiénes éramos, qué hacíamos y si de casualidad nos podía prestar un rincón para quedarnos esa noche. Tras masticar lo que le dijimos, porque no podía vernos en lo oscuro, nos convidó adentro para que descargáramos y nos pusiéramos ropa seca. Nos alcanzó un guarapo que supo a gloria y nos dijo que esa era la casa de ella, Eistenia y de Jesús !el de las mulas! que estaba abajo en la escuela con el seminarista (había en la vereda tres jóvenes misioneros por motivo de S.S.) y que ya venía. Cuando llegó le preguntamos por Pablo pero dijo que no lo había visto y que de mulas, nada, que las tenía ocupadas para mañana. Llamamos entonces a doña Marora a ver si las mulas se habían conseguido o si Pablo andaba por allá y la respuesta fue No. Se complicaba la cosa pues sin mulas, por lo que nos habían dicho del camino que seguía, el paso del páramo era prácticamente imposible de hacer en un día con esas ciclas al hombro… #EnBiciPorLaRutaLibertadora #bicentenario #Bike #Colombia

Una publicación compartida por Nelson Cárdenas (@cantarranasur) el

A nueve horas de Socha, en mula, y luego de atravesar el Páramo de Pisba, a unos 300 metros abajo se encuentra este bosque encantado: lagos encerrados por la selva, pero una selva cubierta de una capa de enredaderas, a la vez que la superficie de los lagos es acolchonada por millones y millones de lotos. El camino para llegar a este pueblo está hundido, de tal manera que queda encajonado entre los cerros, cuyas paredes están tapizadas por los helechos y los musgos. A lo largo del camino se tropieza uno con palos, piedras, portones viejos cubiertos de por lo menos seis colores de musgos y diez de algas. Todo, forrado también por gotas de agua, porque esto es una gran fábrica de agua. A partir de las tres de la tarde, la neblina comienza a cubrir este lugar, en medio del bullicio de ranas y pájaros. El pueblo son tres casas, del último arriero, Simón Torres, y sus dos hijos, y las 20 mulas de los tres.

MAURICIO OBREGÓN

Ingeniero aeronáutico, catedrático de Historia de los Descubrimientos en Harvard y Los Andes, en donde fue rector, y navegante por excelencia. Por estos días andaba en una carabela viajando como Colón, desde Puerto de Palos a las Islas Canarias, y diciéndoles a sus compañeros que él es el hombre más feliz sobre la Tierra porque tiene una casita en Santa Marta, en donde no hay luz y puede oír el rugido «del mar más bello del mundo, el Caribe».

21. El Llano

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Un nuevo día inicia en los Llanos Casanareños 😍

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«Cualquier parte del Llano es bella, porque embruja. Uno monta un caballo y se va por la inmensidad. Llega la tarde, se acuesta en una hamaca o se va de cacería o escucha su música, o la historia de sus gentes, y poco a poco, sin darse cuenta, se va amañando, hasta el punto de no querer salir de allí».

22. Sabana de Bogotá

«Es un milagro de frescura en mitad del trópico. El problema es que no se la coma Bogotá, como lo hizo Ciudad de México con el valle en donde estaba asentada. Hay que evitar esto, que la ciudad se desparrame por la Sabana».

23. El Darién chocoano

Comprobé que Colón llegó a Sapzurro, y da la casualidad de que esta es también una pequeña ensenada, protegida por un cercado bellísimo de vegetación. Ahora hay vuelos periódicos a este lugar».

24. El río Amazonas

«En cualquier lugar de su orilla colombiana, yo siento que las nubes vienen de muy lejos y que estoy en el centro de un enorme continente, como es Suramérica, mejor dicho en la carne de la chuleta, porque esta región tiene forma de chuleta Y al mismo tiempo estoy en alta mar: porque el Amazonas es un mar”

25. El Mar Caribe de Cartagena y Santa Marta

«Dios sólo creó tres mares a la escala humana, el Mediterráneo, el de Filipinas y el Caribe. Mares que uno los puede admirar porque no tienen las dimensiones de un océano. Digo que el Caribe visto desde Cartagena porque desde este balcón que forman las murallas y la parte colonial, sentado así en el balcón de la historia, uno puede ver y admirar el sitio donde ocurrió uno de los capítulos más fascinantes de nuestra vida pasada. Es un absoluto deleite. Y esto mismo ocurre en Santa Marta».

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Mayo
09 / 2019

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