Cinco planes para hacer en el barrio San Antonio de Cali

El barrio San Antonio, de Cali, es el lugar predilecto de turistas, estudiantes, artesanos y enamorados. Tiene una bohemia similar a la de muchas capitales del mundo, pero con la gran diferencia de que su ambiente está cargado de vecindad.

Los residentes se conocen entre sí, se llaman por el nombre y transmiten ese calorcito de comunidad que pareciera estar en vías de extinción.

El mirador de San Antonio está entre los planes favoritos de los visitantes de la ciudad, porque desde allí caen atardeceres románticos que le roban a los novios sus besos, le sacan al joven y a su guitarra las mejores melodías.

En la parte alta del mirador está la famosa capilla de San Antonio de estilo barroco inspirado en las capillas de las haciendas del Valle del Cauca. Es un templo sencillo y que enmarca perfectamente bien con la presencia de una monja joven y de ojos cristalinos que observa con tristeza al mundo que hay más allá de la iglesia.

En la parte baja del mirador no faltan las parejas que bailan salsa de manera enérgica, mientras un grupo de extranjeros aplaude y paga por el show.

El lugar está colmado de restaurantes y cafés agradables, teatros viejos y nuevos, centros culturales y casas con arquitecturas que pasan por el Art Déco, estilos neoclásicos, eclécticos y republicanos.

San Antonio fue declarado, por acuerdo municipal, como patrimonio cultural y arquitectónico desde 1985; como hito urbano y área de interés patrimonial y de preservación urbanística en el año 2000 y la capilla de San Antonio como monumento nacional en 1993.

También cuentan con el parque del acueducto que empezó a construirse en 1915 y que culminó en 1927. El parque tiene 22 hectáreas y cerca de 70 especies de aves, además de un sendero especial para transitar. Don Ricardo Enrique Cerón Negro, vive en el barrio hace 77 años y a la edad de 16 tomaba fotos en blanco y negro a familias, parejas y amigos que transitaban por allí. Él aún anhela aquellos tiempos cuando se podía caminar por esos parajes con libertad.

Bajando del cerro, se le puede preguntar a cualquier vecino por las tiendas La Socia y La Colina, las más antiguas del barrio y cuyos propietarios hacen parte de la historia de San Antonio, porque como tantos residentes, llevan allí más de 40 años.

Álvaro Bolaños tiene el pelo blanco y pareciera mirar al vacío mientras come solitario sus papas fritas con jugo en la tienda La Socia, como le llaman a su esposa. Dudo que el señor pueda hablar. La señora ríe y comenta: “ahí quien lo ve, él conoce toda la historia del barrio”.

De repente el señor se voltea y empieza a narrar con voz fuerte y ademanes enérgicos, que la tienda tiene 35 años y que por aquel entonces no había nada, el lugar era un peladero con uno que otro rancho por el que transitaban caballos y gallinas que los mismos habitantes criaban.

Don Álvaro a sus 82 años de edad nació en ese mismo predio que por ese entonces tendría unos 500 m², y que como casi todos, fue comprado a la diócesis. Su casa costó 160 pesos. Fue el tiempo de las carboneras. “Mi papá comerciaba y salía a vender carbón a caballo y también vendía miel de purga y salvado de trigo. Sembró plátano, árboles de guanábano, ciruelas y chirimoyas”, recuerda.

La Socia es una tienda típica de barrio con sillas de plástico, donde se puede comprar aceite, sal y cositas para la casa. La pared está llena de fotos viejas con recuerdos de lo que era Cali.

La tienda La Colina, por su parte, abrió sus puertas el 20 de julio de 1942. Los dueños eran los hermanos Luis Ignacio y Miguel Castro, quienes fallecieron. Luego el negocio pasó a ser administrado por Luis Eduardo Castro, uno de los hijos.

Cuando su padre vivía, el establecimiento era una tienda común donde se vendía carne y otros alimentos, pero tras su muerte el establecimiento estuvo quieto por cerca de tres años hasta que el hijo mayor, Samuel Castro, en 2003, en diálogo con el grupo bohemio ‘Los garbimbas’, decidió mantenerlo abierto.

La tienda se convirtió en el lugar de reunión para pintores, periodistas, poetas, cienastas y docentes universitarios. Incluso Ricardo Duque, productor de cine y Carlos Mayolo también fueron visitantes.

La Oficina de Turismo de la Alcaldía de Cali incluyó esta tienda en su recorrido sobre los lugares que cualquier viajero debería visitar en la ciudad.

En la misma colina está el peculiar monumento a la maceta que reproduce un palito cargado de juguetes, golosinas blancas y el infaltable ringlete o molino con serpentinas que los padrinos por tradición aún les siguen regalando a sus ahijados. En 2013, la golosina fue declarada patrimonio inmaterial del país.

Los abuelos del barrio recuerdan el haber corrido por las pendientes de la colina con sus ringletes que giraba al compás del viento y que aún hoy los niños siguen usando. En ese tiempo, recuerda Jaime Rodríguez, vecino del barrio, nos lanzábamos en rollitos en la parte alta de la colina al lado de la capilla y hoy en día la diversión sigue, pero además de niños, se sumaron también los adultos que se lanzan sobre cajas de cerveza.

La casa escondida

Harold Antonio Medina, está titulado como arquitecto por la Universidad San Buenaventura de Cali y por la Universidad Politécnica de Cataluña. Vivió varios años en Europa y es un viajero empedernido, así como un coleccionista de arte que, después de un tiempo, quiso regresar a su tierra natal y encontró en San Antonio un lugar no muy lejano a Europa, pero con el valor del vecindario.

Luego emprendió la tarea de restaurar su casa en colaboración con el interiorista y decorador Gregory Mercer. La propiedad que data de principios del siglo XX y que una vez fue un establo, también fue el hogar de un capellán de la iglesia de San Antonio, una fábrica de carbón y más tarde un inquilinato. Sus muros de adobe permanecen prácticamente intactos.

Harold y Gregory coleccionan especialmente arte religioso y tienen piezas que datan del siglo XVI europeo, también arte latinoamericano y moderno. “De las cosas que más amo es un San José de Sevilla del siglo XVII que me dio un sacerdote a cambio de un trabajo”. La casa tiene arte oriental, pinturas impresionistas, sillas de monasterios italianos con figuras talladas en sus patas, arte americano, lámparas de Art Déco y Art Nouveau, obras originales firmadas por David Manzur entre otros y una colección de espejos de diferentes partes del mundo, ángeles de Florencia, Italia, y una larga lista más.

La Linterna

En plena era digital el cartelismo se mantiene vivo. Ese es el caso de La Linterna que por muchos años fue el taller tipográfico encargado de hacer los carteles para grandes conciertos de bandas como Guns N’ Roses, Metallica, Kiss y Elton John.

Algunas marcas como Nike, Comcel, Movistar, Águila Roja y el Teatro Nacional también estuvieron entre sus clientes.
Se trata de un sitio romántico con máquinas que datan de 1870. No se sabe a ciencia cierta cuándo abrieron sus puertas, pero se cree que fue entre fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX.

 

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La fachada más famosa de San Antonio

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El lugar llegó a ser furor hasta que en 1990 abrieron un nuevo punto en Bogotá, pero luego con la llegada del Windows XP y la posibilidad de imprimir desde el computador, se complejizó la competencia y aún más con el acceso a internet y de las redes sociales.

Ante ese contexto, La Linterna pasó entonces a convertirse, con ayuda de artistas y diseñadores, en una propuesta artística que no compite con nadie. Han tenido varias exposiciones, entre ellas: Tipos, tintas y rock and roll como homenaje al género musical; FlashBack, un tributo al cine de los años 80; Váyalo en honor a la salsa clásica y La linterna mundialista en relación al fútbol. También venden camisetas, billeteras, agendas y calendarios, entre otros.

El taller de La Linterna en pleno funcionamiento.


Sus dueños son tres mosqueteros, Héctor Iván Otálvaro, Olmedo Franco y Jaime García, quienes le compraron el lugar a sus anteriores dueños a cambio de su indemnización y no dejaron fallecer este espacio que ahora pasó a convertirse en una de las propuestas artísticas y de memoria más importantes de San Antonio.

‘Ecobarrio’

Los sábados se realiza el mercado agroecológico en el monumento a la maceta con siete carpas donde se ofrecen alimentos y en una de ellas se hacen muestras de video y talleres que aportan al ‘Ecobarrio’, un modelo en el que San Antonio es pionero en Cali. El Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma) creó la iniciativa en la que la comunidad se une para implementar acciones que mitiguen las consecuencias del cambio climático.

La estrategia surge en convenio interadministrativo entre la Corporación Autonoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y la Universidad del Valle, para que estas casas tengan usos sostenibles. También les han ofrecido a los vecinos diplomados y asesorías prácticas en reciclaje con ecotecnias para el manejo de suelo, de agua, rotación de cultivos, construcción de huertas urbanas, manejo de plagas, preparación de abonos, fertilizantes, creación de jardines verticales y de compostajes. Hasta el momento van 80 huertas urbanas en solares y patios y la escuela principal del barrio tiene el 100% de energía solar con paneles.

La idea, comenta Humberto Eduardo Scafidi, líder histórico del barrio y coordinador ambiental de la comuna 3 de la que hace parte San Antonio, es que los residuos orgánicos con su gran potencial de fertilización se queden en el barrio.

San Antonio cuenta también con La Milpa, un proyecto pedagógico de huerta ecológica y colectiva donde los vecinos aprenden a producir sus propios alimentos, medicinas y tienen un compostaje.
Así que San Antonio es un compendio de arte, bohemia, memoria y trabajo comunitario que vale la pena recorrer con los sentidos bien despiertos para poder adentrarse en su forma tan particular de ser como vecindario.

Tómese un tiempito y disfrute de eso que ya casi no queda.

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