SUSCRIBIRME
INICIO//Viajes//Para Viajeros//Beijing, la ciudad que se abre al mundo

Beijing, la ciudad que se abre al mundo

La capital de China es una urbe gigante, centro de la segunda economía del planeta y llena de contrastes entre lo milenario y lo contemporáneo. Poco a poco empieza a recibir turistas que con curiosidad se atreven a explorarla. Diners la recorrió paso a paso.

Foto: Shutterstock/ hxdly

La capital de China es una urbe gigante, centro de la segunda economía del planeta y llena de contrastes entre lo milenario y lo contemporáneo. Poco a poco empieza a recibir turistas que con curiosidad se atreven a explorarla. Diners la recorrió paso a paso.

Los chinos aman el juego. En las calles y en los parques de Beijing las personas mayores se reúnen para jugar cartas y xiangqi, el ajedrez local parecido a las damas chinas que algunos practican en Colombia. Quizás por esto la ciudad está diseñada como si fuera un juego, con anillos y líneas trazadas alrededor de la mítica plaza de Tiananmén.

La mejor manera para abordar la ciudad es entender que el metro, el medio de transporte óptimo para el turista, sigue esta lógica de líneas y anillos. La mayoría de las zonas de interés están sobre la línea uno y el segundo anillo.

Una vez entendida esa dinámica, lo segundo que el viajero debe saber es que Beijing tiene un pie en la tradición y otro en el futuro. Y, a menudo, se mezclan. Los chinos aman la tecnología, pero jamás olvidan que su cultura no comenzó en el siglo XIX, pues ellos ya eran grandes navegantes cuando los europeos no habían llegado a América.


El templo del Cielo fue construido en 1420. Foto: xiquinhosilva/ Vía Flickr (CC BY 2.0).


Una de sus tradiciones más antiguas es tomar té. A diferencia de los occidentales, preparan la infusión sin bolsitas y con las hierbas al natural. Sin embargo, en Dongsi Shitiao, zona ubicada al noreste del segundo anillo, existen robots que preparan y venden té en la calle. Un brazo mecánico elabora la bebida que el usuario elige después de recibir las instrucciones mediante un teclado.

La mala noticia es que la máquina habla chino, precisamente el tercer aspecto que el viajero debe saber: este idioma es lejano, lleno de sonidos que no hemos escuchado jamás. Así que resulta fundamental tener una buena app traductora, como la de Baidu.

Aquí aparece una cuarta indicación clave. En este país asiático, Google, Facebook, Gmail, Twitter e Instagram están bloqueados, así que conseguir una buena VPN, un sistema de desbloqueo, le permitirá no perder la costumbre de depender del móvil. Se requiere cierto talento geek para sobrevivir en China o simplemente deberá recordar cómo funcionaban las cosas en el siglo XX, cuando los teléfonos móviles e internet solo estaban en las películas de ciencia ficción.


Uno de los puntos comerciales más antiguos de la ciudad es Dashilan West. Foto: Woe/ Shutterstock.


Los chinos pagan todo a través de WeChat, la versión local de WhatsApp, que tiene una billetera recargable desde la cuenta bancaria. Al pagar se escanea el código QR. De hecho, los mendigos, que en la ciudad son escasos, tienen un código al lado de sus puestos de trabajo para facilitar la labor de sus donantes, al igual que los artistas callejeros. Vale la pena aclarar que para el viajero no es fácil usar la aplicación de WeChat, a no ser que tenga una cuenta bancaria en el país asiático. El efectivo sigue siendo una herramienta válida y el regateo es una disciplina bien vista en todo el país.

Si alguien quisiera ir de compras, Xidan (línea uno) es un buen sitio para empezar. El comercio activo y enorme es una de las primeras imágenes que se perciben en esta zona de la ciudad. Por esta época, las vitrinas están llenas de cerditos rojos de peluche y de todos los materiales imaginables, pues según el calendario chino, este es el Año del Cerdo. Sus calles son impecables. No hay papeles en el piso y es común ver camiones que hidratan el asfalto como si se tratara de jardines. Los avisos de neón con modelos orientales y occidentales parecen observar a los caminantes desde su fría distancia de pixeles.


El viajero debe saber que Beijing tiene un pie en la tradición y otro en el futuro. Foto: Linlypu/ Shutterstock.


En Xidan también se encuentran los androides que trabajan para la policía y se movilizan en este sector donde la dimensión de los almacenes, los centros comerciales y las marcas de primera línea no tienen nada que envidiar a otras capitales del mundo.

Los robots son una versión mejorada de R2D2, el droide de Star Wars. Ruedan por las calles y lucen una pantalla con información. Se les acusa de monitorear las identidades de los transeúntes y de tener armas de electrochoque, pero de momento, antes que objetos amenazantes, son artificios que no llaman mucho la atención en las calles, donde los compradores están más pendientes de dónde comer que de ser interceptados por el auxiliar mecánico de la policía.

Algunos turistas aseguran que “Beijing es como Nueva York, pero con todos los avisos en chino”. El tráfico es pesado y las motos eléctricas, que abundan, son expertas en subirse a los andenes y rodar por las cebras. Sin embargo, es una ciudad muy segura. En las noches puede parecer un poco oscura por el escaso alumbrado público, pero no hay de qué temer.

Después de caminar una tarde por cualquiera de las zonas comerciales de Beijing, como Dongsi Shitiao, no se quede con las ganas de probar un pato pekinés, unos baozi, empanadas al vapor, de carne o verduras, los jiaozi, exquisitos raviolis, y el hot pot, un interesante plato local, llamado también fondue chino, porque en una olla hirviendo se cocinan lentamente las carnes, pescados y verduras que se hayan pedido.


El palacio de Verano es un jardín imperial de varias dinastías, fue construido por los franceses y los ingleses en 1860 y restaurado por la emperatriz Cixi. Foto: Xiquinhosilva/ Vía Flickr (CC BY 2.0).


Mientras realiza largas caminatas por esta ciudad, uno puede apreciar el optimismo de la gente. Hay dinero, se consigue con trabajo duro, como en cualquier otra gran urbe del mundo, y se puede gastar en alguno de los centros comerciales que se despliegan de manera vertical sobre y bajo la tierra. Uno de estos edificios puede tener seis pisos hacia arriba, pero otras tres o cuatro plantas subterráneas, sin contar los parqueaderos. La estación de Qingnianlu, línea 6, tiene un acceso directo a uno de estos centros comerciales.

Por ahora los chinos parecen felices y al verlos caminar dan la sensación de que creyeran que falta mucho tiempo para que la fiesta se acabe. Sin duda, quieren seguir abriéndose al mundo como lo hacen desde hace cuarenta años, gracias a la política de apertura liderada por Deng Xiaoping.


Los dumplings son trozos de masa que se rellenan, hornean y sirven como entradas. Foto: tab62/ Shutterstock.


EN CASA DE LOS EMPERADORES

La ciudad no es solo un reto para el futuro. El pasado vive en ella a través de los complejos imperiales que las dinastías labraron a lo largo del tiempo. El palacio de Verano y Ciudad Prohibida son los puntos clave para entender algo de la historia china. El primero es un jardín imperial de varias dinastías. Su principal atractivo radica en encontrarse rodeado de naturaleza, como el lago Kunming y de caminos empedrados. El segundo, una serie de palacios donde las diversas dinastías, desde la Ming hasta la Quing, administraron el poder.


La Ciudad Prohibida está compuesta por una serie de palacios donde las diversas dinastías, desde la Ming hasta la Quing, administraron el poder. Foto: Roman Boed/ Vía Flickr (CC BY 2.0).


Ambos albergan historias y anécdotas de la cultura china y su áspera relación con Occidente. El palacio de Verano, por ejemplo, fue destruido por los franceses e ingleses en 1860 y restaurado por la emperatriz Cixi.


Tomar el té de todos los días forma parte de la tradición en China. Foto: Tlvanova/ Shutterstock.


Los tejados son uno de los principales elementos de la arquitectura china. La simbología es clave en ellos. Hay detalles como los caracteres que están inscritos, varios son poemas o símbolos de buenos augurios. En los bordes es común ver pequeñas estatuas de dragones, guerreros y animales en fila; el número de figuras indica la importancia del edificio. A más elementos, más jerarquía.


El palacio de la Pureza Celestial. Foto: China-6257/ Flickr (CC BY 2.0).


Ciudad Prohibida se ubica en el centro de Beijing y es otro complejo de palacios donde se pueden apreciar más de cerca telares, máscaras, implementos de guerra y las impresionantes esculturas de jade, así como la reproducción detallada de una explotación minera en la que el artista reprodujo los mineros, los árboles y las carretas. Es la maqueta de una obra pero hecha en jade, la hermosa piedra verde que, a costos muy altos, aún se consigue en los mercados para turistas como el de Xidan o la Nueva Ruta de la Seda, cerca de la estación de Yong’anli.


Foto: R Scapinello/ Shutterstock.


Si quiere conocer un poco la vida espiritual de los chinos, puede ir a ver La Pagoda Blanca, dentro del parque Beihai. Fue un regalo del Tíbet a los emperadores, y es un conjunto vertical de templos donde se puede ver a los feligreses mientras oran y dan ofrendas a las innumerables estatuas que adornan el lugar. El Templo de los Lamas también es un sitio interesante para conocer la historia de la religión budista y su iconografía.


Casi 300 millones de personas visitaron Beijing en 2017 y el gobierno plantea ventajas tributarias para que la cifra siga creciendo. Foto: Songquan Deng/ Shutterstock.

Vea tambien: Las reinas del crimen: película recomendada


LAS SONRISAS DE BEIJING

Hay muchos prejuicios en Occidente sobre China y su gente. Sin embargo, Beijing deja una sensación de optimismo en quienes la visitan. Según la agencia de noticias estatal Xinhua, en 2017, unos 297 millones de turistas visitaron esta ciudad, lo que representa un aumento del 4,3 % respecto al año anterior. Y el gobierno ya anunció una serie de ventajas tributarias y planes para que el número de viajeros siga en aumento.


Algunas compras las puede hacer en Quinmen Main Street Mall. Foto: Michael Gordon/ Shutterstock.


La capital del país concentra el buen momento económico que atraviesa China. Se nota en la seguridad en las calles, el impresionante sistema de metro y en la amabilidad de los locales hacia los turistas. China es la segunda economía en tamaño del mundo, después de Estados Unidos, y la prosperidad se percibe en las calles.

Como lo recuerda el diario El País, de España, “si tras la muerte de Mao el PIB de China representaba el 1,75 % de la economía mundial, en 2018 se ha multiplicado por 82 y supone el 15 % de la riqueza global, o 12,24 billones de dólares. La esperanza de vida ha pasado de 65,8 a 76,4 años. Más de 800 millones de personas han abandonado la pobreza”.


Uno de los planes que no puede dejar de hacer es alquilar una bicicleta y recorrer la ciudad. Foto: N K/ Shutterstock.


Los chinos saludan estos datos y se sienten orgullosos de ellos. El resto del mundo, especialmente Estados Unidos y la Unión Europea recelan el crecimiento chino y muchos intelectuales se preguntan si este sistema autocrático es el mejor ejemplo de desarrollo para el mundo.


El buen momento por el que pasa Beijing lo refleja el optimismo de sus turistas y locales. Foto: ChameleonsEye/ Shutterstock.


Más allá del debate político hay una realidad. China ha construido ciudades seguras y confortables como Beijing o Shanghái y el turista occidental ahora puede tomar uno o dos aviones para ver cómo un país de campesinos en bicicleta y vestidos de overoles azules ha quedado en el pasado, para construir un momento en el que la alta tecnología y el desarrollo económico están a la vista. Los chinos sonríen.


El hot pot es un método tradicional de cocina china en el que se preparan caldos y platos para compartir. Foto: Romas_photo/ Shutterstock.


DÓNDE DORMIR

NUO HOTEL: situado en el Lido, es uno de los más lujosos de la ciudad. Se inspira en la dinastía Ming para decorar cada espacio. Tiene siete restaurantes de primer nivel, como N’ Joy.

THE OPPOSITE HOUSE: del arquitecto Kengo Kuma, en el barrio Sanlitun, cuenta con 99 habitaciones minimalistas. Tiene una terraza perfecta para cenar al aire libre.

I EAST BEIJING: en el barrio Jiangtai. Cuenta con el restaurante Feast, que ofrece un brunch imperdible.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Dinner with all my friends

Una publicación compartida por Stephen Hendry (@s_hendry775) el

DÓNDE COMER

Vea tambien: Nelson Mandela, el hombre que unió a un pueblo

DA DONG ROAST DUCK RESTAURANT
Gigante, como todo en esta ciudad, ofrece un pato exquisito.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

. 잊을 수 없는 맛 엉엉 잘먹었습니다😭 #dadong #베이징카오야 #북경오리

Una publicación compartida por @ 2yeseu1 el

KING’S JOY

Un restaurante vegetariano de gran nivel.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por 💎✿크리스탈✿💎 (@_crystalwang_) el

TEMPLE RESTAURANT

Al lado de la Ciudad Prohibida, es una elección perfecta para aquellos que quieren encontrar cocina internacional con un toque local. Tiene una de las mejores cavas de vino de Asia.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

#templerestaurantbeijing special day

Una publicación compartida por ylstay (@ylstay) el

UN PLAN A LAS AFUERAS DE LA CIUDAD

La Gran Muralla china está a unos 45 minutos por tren desde Beijing. El mejor punto para acceder a ella es la estación de Badaling, donde la edificación, que ha sido restaurada, se convierte en un sitio óptimo para las fotos y las selfis de recuerdo.

Para recorrer la muralla hay dos opciones: a pie o en teleférico. Si se escoge la primera alternativa hay que tener en cuenta que es una construcción con subidas e inclinaciones que exigen un buen estado físico. Siendo un reto para las piernas, lo mejor es llevar agua para la travesía, y zapatos deportivos.

Los dos elementos que más se destacan en el recorrido son los riscos de color naranja que acompañan parte del viaje, y la extensión de la construcción. En los puntos altos, el observador puede notar que la serpiente de piedra no tiene límite. En algún momento, cuando el viento es lo único que se escucha, uno no puede precisar dónde empieza y dónde termina ese dragón de roca que protegió alguna vez la ciudad.

RECOMENDACIONES PARA TURISTAS

La mejor época para visitar esta ciudad es en otoño. Durante el resto del año la ciudad vive entre un calor apremiante o un frío excesivo.

El arriendo de una vivienda es muy costoso, con precios comparables a Londres y París.

Si al turista le interesa la historia, quizá deba leer algunos libros, manuales o guías turísticas en internet pues la museografía china no es muy buena. El español de las audioguías no es óptimo y no ofrecen tantos detalles como los que alguien ávido de conocimiento quisiera.

Los chinos suelen escupir con frecuencia por la calle y toma tiempo acostumbrarse a ese sonido. Aunque en los hoteles hay baños, en muchos centros comerciales y restaurantes hay letrinas.

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Marzo
04 / 2019

Send this to a friend