La Habana, un viaje al pasado en presente

Recorra con nosotros este destino fascinante que, por múltiples razones, está en el referente de los viajeros de muchas generaciones.

Viajar a Cuba es devolverse en el tiempo. Es entrar en otra dimensión que se rebobina como en las viejas películas de acetato de hace más de medio siglo; es retomar lo básico, lo arcaico, donde parece que el reloj se hubiese detenido y donde todo avanza a paso de tortuga. Es olvidarse del Internet como un protagonista en la vida diaria y darle paso a lo desconocido. En un planeta conectado veinticuatro siete y sin barreras geográficas, donde la vida se comparte, se publica, se comenta en tiempo real y todo se soluciona con el teléfono móvil, aparece La Habana, un destino repleto de historia y cultura y el último bastión del comunismo, donde la magia está en ir sin rumbo, perderse en las calles sin mapas, rescatar lo antiguo; preguntar a los transeúntes una dirección, el restaurante más recomendado o simplemente permitirse vivir el momento sin el afán de liberarlo a la red bajo el sol del Malecón.

 

Al tocar tierra y desembarcar de un vuelo de tres horas desde la capital colombiana, pareciera que empiezan a rodar escenas que evocan los años 60, donde solo el rastro de los años hacen mella sobre las edificaciones que parecen más suspendidas en el tiempo que sobre verdaderas bases de cemento. Han pasado ya seis décadas de un modelo de sociedad que a primera vista deja la sensación que no fue viable pero que sigue llevando la batuta de la isla.

Cuando se sale del aeropuerto José Martí por primera vez, se entiende que la Habana es una ciudad para descubrirla paso a paso. Caminando por sus calles llenas de laberintos y sin ese estrés continuo del tráfico. No existe. No es de esta época. Los pocos carros que andan por sus calles tienen más de 40 o 50 años sobre sus ruedas. Se pueden ver los famosos “almendrones” que son los populares Cadillac, Chevrolet o Pontiac y que ruedan por la isla como servicio de transporte compartido. Para quienes quieran dar un paseo, están los descapotables con asientos de piel y que son pintados de llamativos colores como rosa, verde limón, azul celeste y amarillo pastel.

En la Habana se anda es en los “coco taxi”, también son uno de los medios de transporte más llamativos y pintorescos de la isla, se trata de una motocicleta cubierta de una carrocería redonda amarilla y de tres ruedas que nació en la década de los 90 y es actualmente utilizada tanto por turistas como por los cubanos.

A La Habana hay que ir sin prisa, preparados para vivirla al aire libre, a pie y sintiendo el viento al caminar por sus misteriosas calles y edificios escarapelados que parecen estar a punto de colapsar. Sentarse al borde del Malecón es una experiencia única, es el punto de encuentro de locales que se reúnen a la puesta del sol para saludarse, hablar o tomar algo, así como de músicos, poetas, pescadores y parejas que recitan su amor con la inmensidad del océano como testigo.

Caminar por el Paseo del Prado, construido en 1772 es adentrarse en un bulevar arbolado marcado de historia en donde predomina la arquitectura colonial y lo rodean leones de bronce. Durante el recorrido de casi 2 kilómetros, se puede apreciar monumentos como El Castillo de la Punta, El Capitolio, El Parque Central, La Fuente de la India y el Árbol de la Fraternidad.

A la Habana hay que ir desconectados de las redes sociales. De la esclavitud de los móviles, los mensajes electrónicos y los emoticones del chat. Pero sobretodo, hay que ir sin miedo ni prevención a recorrerla. A descubrirla, a detenerse como lo han hecho los cubanos durante 60 largos años y entender que no se está en el montaje de un escenario para una producción cinematográfica de medio siglo atrás, sino en vivo y en directo en las calles que recorrió escritores como Ernest Hemingway a quien los cubanos admiran tanto como al propio Che Guevara. Sus novelas y relatos dejaron huella para la eternidad de dos lugares que como todo lo demás en Cuba no les pasa el tiempo: los bares La Floridita, cuna donde nació para el resto de la humanidad el Daiquirí o la Bodeguita del Medio, cuyas paredes están forradas de garabatos del relato del Viejo y el mar, de firmas de célebres escritores, jefes de Estado y por supuesto de todos aquellos que pasan por su estrecho salón para degustar unos cuantos mojitos. Hemingway se bebió a Cuba como los turistas se beben sus historias sin aliento porque cada calle, cada edificio, cada muralla tiene una historia para contar.

Si de playas se trata, Cuba está en los rankings mundiales con su joya; Varadero. A una hora de recorrido de La Habana en un carro particular, sin aire acondicionado y conducido por un amable cubano, nos adentramos en una carretera recta que nos llevará al paraíso y donde a medida que se consumen los kilómetros, se puede olfatear la vida local, niños que juegan béisbol en la orilla de la costa, hombres y mujeres que se desplazan a sus trabajos en coches jalonados por caballos y el inconfundible aroma a ron que sale de fábricas cercanas. Varadero, ha sido considerada por miles de viajeros como la tercera mejor playa del mundo, sus aguas turquesas, tranquilas y cristalinas que parecen piscinas infinitas, así como una arena suave y dorada le atribuyen ese título.

Antes de viajar

  • Además de tener los tiquetes y hotel reservados, se debe adquirir una tarjeta de turista para poder ingresar a la isla. El valor promedio de este documento es de 25 a 30 dólares y se puede comprar, bien sea en el Consulado de Cuba en Bogotá o directamente en el aeropuerto. 
  • Para hacer el viaje más cómodo y evitar contratiempos con el equipaje, se recomienda llevar maleta de mano o carry on. Los tiempos en el aeropuerto para la entrega de maleta suele tomar entre dos y tres horas. 
  • Los gastos en transporte puede ser elevado si se planea ir de La Habana a Varadero y sus alrededores. Para hacerlo está la alternativa de tomar un taxi directo por valores que oscilan entre los 70 y 120 CUC dependiendo del número de personas o tomar un bus por la empresa nacional Viazul por valor de 10 CUC (aproximadamente 10 dólares) por persona el trayecto Habana- Varadero.
  • Se recomienda cambiar los dólares a la moneda local en el aeropuerto, pues en la ciudad el dólar es castigado por el bloqueo económico de Estados Unidos.

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