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Descubra Tulum de la mano de Jenny López

La modelo y bloguera colombiana sucumbió a los encantos de este mágico pueblo mexicano, donde las playas y el mar Caribe son telón de fondo para maravillosas experiencias. Diners la acompañó en su viaje.

Foto: Tato Gómez y Natalia Ramírez

La modelo y bloguera colombiana sucumbió a los encantos de este mágico pueblo mexicano, donde las playas y el mar Caribe son telón de fondo para maravillosas experiencias. Diners la acompañó en su viaje.

A poco más de una hora en carro al sur de Cancún, sobre la Riviera Maya, se encuentra este paraíso. A primera vista, su perfecta imperfección parece producida, como si se tratara del set de una película. Tiene un encanto rústico, y en sus austeras construcciones de madera frente al mar, se evidencia la huella del tiempo –la pintura está pelada por el salitre y el óxido comienza a cubrir las piezas de metal–. Sin embargo, esta falta de mantenimiento funciona tan bien que parece intencional.

En este lugar –que en los últimos años se ha convertido en destino predilecto de estrellas de cine y millonarios–, donde la selva exuberante se encuentra con playas de arena blanca y agua turquesa y cristalina, no hay monumentales complejos hoteleros ni grandes multitudes. Hay ruinas ancestrales, vestigios de una ciudad amurallada de la cultura maya.


La modelo colombiana eligió Tulum como destino porque estéticamente le pareció interesante. Aquí en la playa del hotel Posada Margherita.


De ahí viene su nombre, Tulum en maya significa pared. Tiene un aire de exclusividad, sin ser pretencioso, y es sofisticado sin recurrir a los excesos. Muchos describen el ambiente como hippie-chic, y los locales son colonos de diferentes procedencias, que poco a poco han llegado, al igual que los turistas, atraídos por su belleza.

“Llegamos por casualidad, se nos complicó un viaje que teníamos planeado a las Bahamas, y por coincidencia, terminamos aquí”, explica Jenny López, una de las modelos colombianas más reconocidas a nivel internacional, radicada hace veinte años en Miami.

Aunque ha sido imagen de importantes marcas de lujo y ha aparecido en la portada de las más reconocidas revistas, su pasión por la moda y estilo único la han convertido en it girl y bloguera. Con sus seguidores en Instagram comparte consejos, hallazgos curiosos, reinterpreta las últimas tendencias y las pone en escena.


En la piscina del hotel Tiki Tiki Tulum, con un vestido de baño de Verdelimón.


Ese fue uno de los principales objetivos del viaje: buscar destinos donde hacer fotos impactantes. “El año pasado con mi equipo de trabajo decidimos visitar lugares especiales, donde pudiéramos crear contenido editorial para mis redes sociales. Habíamos estado en La Habana, Cuba y en Portofino, Italia”.

Varias personas le habían hablado de Tulum, por eso cuando su productora lo propuso como alternativa, no lo dudó. “Lo amé desde que llegué, simplemente me encantó. La gente es maravillosa, tiene buena onda, y hay una energía increíble. Estéticamente es espectacular, la locación perfecta para lo que queríamos hacer”.


Una de las habitaciones Posada Margherita.


Los primeros días se hospedaron en Posada Margherita. Ubicada sobre la playa, es una construcción rústica con techos de paja y rodeada por palmeras y jardines interiores, donde la vegetación nativa y plantas en macetas de barro marcan los senderos que llevan a las diferentes áreas del lugar.


Con un vestido de la firma norteamericana Alexis, una cartera de Ballen Pellettiere y aretes de Mochi, de Dubái, en el lobby del hotel.


“Es un hotel boutique divino, de un italiano que vive en Tulum hace años. Sus ocho habitaciones tienen una decoración ecléctica y acogedora, porque está hecha con elementos cotidianos, como libros viejos, muebles de madera reciclada y linos italianos.

La comida es buenísima, especialmente la pasta fresca. Recomiendo los tagliatelle con salsa roja y langostinos. Además, tiene una pequeña boutique que me encantó, porque venden Zimmerman, una de mis marcas favoritas”. Luego pasaron al hotel Tiki Tiki Tulum en el pueblo. “Tiene una estética art déco fantástica, con toques retro y una piscina divina. Además, la gente que trabaja allí es encantadora, y cuenta con muy buenas tarifas. Creo que es el secreto mejor guardado de la ciudad”.

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Pink Flamingo, un frappe de sandía.


A OTRO RITMO

En Tulum nadie tiene afán, y las actividades se planean y suceden de acuerdo con el sol. Al amanecer, la mayoría de los hoteles ofrece clases de yoga en la playa, uno de los grandes atractivos del lugar. Luego, hay varias opciones para desayunar, entre ellas –la light y saludable– se encuentra el bowl de acai, del Hotelito Azul, justo al lado de Posada Margherita. Y para quienes buscan algo más contundente están los huevos rancheros con fríjoles y chile, que ofrecen en varios restaurantes.

En la mañana es recomendable disfrutar del paisaje, la tranquilidad y la belleza de la naturaleza, algo que puede hacerse perfectamente desde una silla sobre la arena. Para refrescarse, hay puestos de helados y jugos frescos, así como cabañas para resguardarse del sol mientras se mece en un columpio o una hamaca.


Antes de salir a cenar, con un top de la firma australiana Zimmermann, una de sus marcas favoritas, y un sombrero de SensiStudio.


“Es un lugar relajado, puedes estar todo el día en vestido de baño y pareo en la playa o en la piscina, y es la etiqueta aceptada en la mayoría de los restaurantes a la hora del almuerzo”.

La escena gastronómica de Tulum ha llamado la atención de expertos y aficionados, incluso el año pasado el reconocido chef danés René Redzepi, abrió un pop up de Noma durante siete semanas. A la hora del almuerzo, para un plan relajado pero nutritivo, existen varias opciones. Una de ellas es Charlys Vegan Tacos.


Bowl de acai con frutos rojos, en Ojo de Aguam en el Hotelito Azul.


Ubicado en medio de la selva, se considera el lugar ideal para probar un nuevo concepto de cocina mexicana. Todo en el menú es vegano, y uno de los platos recomendados por la casa es el plátano caramelizado con pepitas o guacamole con totopos, acompañado con agua fresca de tamarindo.

Para una experiencia frente al mar, bajo una palapa con decoración estilo mediterráneo, está El Pez, que como su nombre lo indica se especializa en comida de mar. En la carta hay desde tartare de atún, con limón, soya y agave, hasta tacos de langostinos con aguacate, ensalada de repollo y aceite de chile, o pulpo a la parrilla con chile guajillo, lentejas y salsa verde. Imperdibles también los cocteles a cargo del famoso mixólogo Jasper Soffer, es legendario el Spicy Señorita, una mezcla de tequila, pimiento, cilantro, chipotle y limón.


Con un top de Moda Zeta, en un carro antiguo.


NOCHES CULTURALES

Y aunque lo mejor de unas vacaciones en un lugar como este es no tener que cumplir horarios ni seguir una agenda de actividades, sí hay que programar una visita a las ruinas. El yacimiento arqueológico está a tres kilómetros del centro del pueblo.


La pluma roja es una pieza del artista italiano Francesco Ballestrazzi.


Lo ideal consiste en llegar en carro, ojalá a las ocho de la mañana, hora en que abren el parque, lo que garantiza que no haya multitudes, y que el calor no sea agobiante. Redescubiertas en 1841, los vestigios de estas edificaciones, que datan entre 1200 y 1450, fueron un centro de culto para el llamado “dios descendiente”.

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Entre los edificios más importantes están El Castillo, situado en un acantilado sobre el mar y el Templo de los Frescos, cuyos muros internos están decorados con pinturas, todo esto con el mar Caribe de fondo.


Durante el día, solo es necesario llevar pareo y vestido de baño, aquí con uno de la marca brasilera Patbo.


Para quienes aprecian la cultura y la naturaleza, bien vale la pena darse una vuelta por el complejo natural Azulik, particularmente por IK LAB, un espacio de arte contemporáneo dirigido por Santiago Rumney Guggenheim, descendiente de la célebre familia de coleccionistas de arte. Su arquitectura, inspirada en el entorno natural de la península de Yucatán, crea un planteamiento innovador al trazar un vínculo directo entre las obras en exposición y el espacio físico.

Tras un día de aventura y expedición, es un placer regresar al pueblo cuando empieza a caer el sol, y en el horizonte aparecen colores que van desde el naranja intenso hasta el rosa pálido. “Un buen plan consiste en caminar por los mercaditos locales, visitar las tiendas de artesanías, y las Concept Stores (tiendas de concepto) en la playa”. Al caer la noche comienza la fiesta, y hay varios lugares donde celebrar.

“Para salir no se requiere una gran producción: un vestido largo boho, sandalias bajitas, look natural y accesorios XL, con una clucth bag o una mochila que le impriman carácter a la propuesta son más que suficiente”.


En las tardes, un buen plan es salir a caminar al pueblo y recorrer los mercados de artesanías.


Hartwood es uno de los restaurantes a los que no puede dejar de ir, solo abre de miércoles a sábado en la noche, y el menú cambia a diario, dependiendo de la pesca del día, o lo que ofrezca el mercado local. Se recomienda reservar con un mes de anticipación, y más vale hacerlo, puesto que es común ver una fila eterna frente a la puerta.

Creado por una pareja de Nueva York, este lugar al aire libre, en medio de la selva, es completamente sostenible, su energía proviene de paneles solares. Además, está dentro de los World 50 Best Restaurants de Diners Club, y René Redzepi lo llama “el lugar con el que sueño”. ¿Qué mejor recomendación que esa?


La vegetación y los jardines hacen parte de la decoración y ambientación en diferentes espacios en hoteles, tiendas y restaurantes.


Los cocteles de Casa Jaguar –también en una zona selvática al aire libre– son su principal atractivo, aunque tienen un espectacular horno de leña donde preparan la pesca del día con un toque mexicano. Es reconocido por los ingredientes frescos que ponen en sus mezclas, como la María Sandía, que tiene mezcal, sandía, lima y sal de gusano en el filo del vaso.


La arena blanca y las aguas cristalinas son uno de los principales atractivos del este lugar.


“En realidad, la oferta de Tulum resulta bien amplia, si se tiene en cuenta su tamaño, por lo que es aconsejable que antes de viajar se vean todas las opciones que hay y se vaya con una idea clara en mente, teniendo en cuenta sus gustos, preferencias y presupuesto”.


Jenny Asegura que regresaría una y mil veces a Tulum.


Para Jenny, una semana en este lugar no fue suficiente. Se le quedaron muchas cosas por hacer. “Regresaría una y mil veces. Este lugar es mágico, parece detenido en el tiempo, al llegar aquí, uno se siente desconectado de todo lo demás. Los problemas y preocupaciones quedan atrás, y son reemplazados por la buena energía de este lugar y su gente”.

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Julio
30 / 2018

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