Guachaca: Un paraíso cerca a Santa Marta

Cerca de Santa Marta, en una antigua plantación de coco y a la orilla del mar, existe un oasis llamado Guachaca, donde es posible desconectarse de todo.

A una hora del frenesí urbano de Santa Marta, apartado del bullicio del turismo y del comercio informal que invade las playas, existe un pequeño edén donde las palmeras se bambolean al ritmo de las olas, la arena pasa de blanca a dorada, los cangrejos en sigilo se asoman al borde de sus escondites y las tortugas, maestras como nadie de la paciencia, desovan sus huevos cada año.

Allí llegan a diario viajeros y aventureros en busca de un rincón donde puedan desconectarse del agitado y agobiante mundo moderno y convivir con la naturaleza. Llegan para refugiarse en el sosiego del entorno y contemplar extasiados que la vida es una mezcla de esos pequeños detalles. Un lugar que invita a poner el celular en modo avión, relajar la mente y encender los sentidos.


Para muchos su nombre es desconocido. Poca información se encuentra en los buscadores virtuales. Parece un lugar olvidado en medio la naturaleza. Sin embargo, no es tan así. Como esas cosas irónicas y curiosas de la vida, este lugar es más conocido por los viajeros extranjeros que los colombianos. Se trata de las playas de Guachaca, un pequeño municipio del Magdalena que desde hace poco tiempo se ha convertido en el hogar de hostales y hospedajes frente al mar. El lugar donde están asentados “La Brisa Tranquila”, “Tayrona Tented Lodge” y “Costeño Beach Hostel”.

Sus llamativos nombres reflejan esa multiculturalidad de los turistas que lo visitan y de sus propietarios. Es esa mezcla entre comer arepa de huevo y un croissant de chocolate, cuando el sol ilumina las mañanas.

Son kilómetros de playa de la Costa Caribe en donde han surgido diversos alojamientos que ofrecen experiencias sencillas basadas en el disfrute del medio ambiente y de lo natural. Estructuras rústicas hechas con madera por artesanos locales que años atrás trabajaban en antiguas plantaciones de coco; amplios bungalows con vista al mar, dormitorios compartidos o cabañas sostenidas por paneles solares, hacen parte del menú de opciones para pasar la noche.

En Guachaca se puede practicar yoga con la luz tenue del atardecer, realizar largas caminatas sobre la costa, organizar partidos de voleibol como un rito de presentación en sociedad entre los viajeros que van relatando sus historias de viajes y experiencias en este lugar todavía protegido por la naturaleza.


También es posible practicar surf cuando el viento aumenta la velocidad y las olas se mecen con más intensidad. Y como si le faltara algún elemento más al día, se pueden tomar turnos de masajes relajantes frente al mar o simplemente dejar todo a un lado y dormir la siesta en la tranquilidad de una hamaca.

La mayoría de sus visitantes son europeos, canadienses, australianos o americanos. La mayoría llegan por recomendaciones de amigos que han vivido la experiencia de Guachaca y se han enamorado eternamente del lugar. Incluso, algunos de ellos decidieron echar raíces en estas tierras para abrir hostales con sentido social, como es el caso de Costeño Beach Hostal.


Costeño fue fundado por dos hermanos canadienses que hace diez años visitaron Santa Marta y sus alrededores. Tuvieron la fortuna de conocer estas tierras y tuvieron la visión de impulsar el turismo y de paso contribuir con la comunidad que habita en sus alrededores.

Hoy los hermanos Colm y Brian Rea tienen dentro del hostal una escuela de surf y un programa de voluntariado donde hombres y mujeres de diferentes países realizan trabajo sociale con los niños de la zona: dictan clases de inglés, de teatro, yoga, entre otros. Aunque el turismo ha venido creciendo, los hermanos Rea creen que es importante asegurarse que los recién llegados preserven el espíritu de esta tierra que los convenció de llamar “hogar”.

¿Cómo llegar?

El inicio de esta travesía empieza con un vuelo rumbo a Santa Marta. Luego tiene la alternativa de tomar un taxi por valor de aproximadamente 80 mil pesos o, dirigirse al Mercado Público y subirse en un bus por 8 mil pesos, con destino a la Guajira.

Si el recorrido se realiza en transporte privado, le tomará una hora estar parado al frente de ese pequeño edén. Si es en un bus, hay que bajarse en el kilómetro 36 y sobre la carretera, un aviso pintado a mano y en un rústico pedazo de madera, anuncia la ubicación de Guachaca. Para llegar puede caminar, pero esto le tomará una hora apróximadamente o puede tomar un moto taxi, por 5 mil pesos.

Sabores

La variedad de ingredientes tropicales y productos de temporada, permiten que la comida en estos lugares sea un manjar para el paladar. Al desayuno se puede disfrutar de frutas de todos los sabores y colores, así como huevos en diferentes preparaciones, arepa, pancakes de avena, granola y jugos naturales con frutas cultivadas en la zona. El pescado fresco acompañado de arroz con coco, patacón y ensalada no puede faltar en el almuerzo.

En lugares como Costeño Beach la comida es exquisita, los platos son inspirados en recetas locales y preparados en función del menú diario del chef. Durante la tarde, el bar ofrece snacks saludables, tortas de banano, galletas con nueces, empanadas horneadas y cocteles refrescantes, así como su propia cerveza artesanal “Surf Monkey”.

Para el chef de Costeño Beach, Juan Pablo Ramírez, a la hora de diseñar el menú se tiene en cuenta las diferentes nacionalidades que los visitan y la adaptación de muchos de esos platos a la gastronomía colombiana, siempre se incluyen diversas opciones que complazcan el gusto de los comensales, desde lo más típico, hasta platos vegetarianos y veganos.

Para tener en cuenta:

-Los tres hostales mencionados están a aproximadamente 15 minutos de la entrada de El Zaino del Parque Nacional Tayrona.

-Llevar dinero en efectivo, pues no hay cajeros automáticos cerca. Algunos alojamientos reciben tarjeta de crédito.

-Lo que no puede faltar en la maleta: repelente de insectos y bloqueador solar.

-En algunos hospedajes la estadía de menores de edad y mascotas no está permitida, verificar antes de reservar según la necesidad.

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