Fascinantes, míticas e innovadoras, estas cinco ciudades combinan paisajes y arquitectura inusual, sincretismo religioso y una historia de conquistas, multiculturalismo y diversidad que les ha permitido reinventarse para ofrecer experiencias atemporales y alimentar el espíritu viajero.

Évora / Portugal

Claustro de la catedral de Évora, la más grande de Portugal. Foto: Stockphotosart/Shutterstock

En medio de un paisaje de bodegas de vino y castillos medievales en el valle del Alentejo, se encuentra una construcción circular de megalitos que parece de otra dimensión. El Crómlech de los Almendros es el Stonehenge portugués y data del sexto milenio a. C. Los 95 monolitos organizados en círculos con grabados de figuras antropomorfas, planetas y animales se consideran uno de los primeros asentamientos en la península ibérica, y son la puerta de entrada para una de las ciudades más románticas de Portugal.

Las murallas y calles empedradas son parte del pasado vivo en Évora, declarada Patrimonio de la Humanidad por Unesco en 1968. Foto: Filipe B. Varela/Shutterstock

Monasterios medievales, ruinas romanas, fuertes moros y palacios reales le dan a esta ciudad de centro amurallado, casas blancas con azulejos y balcones de hierro forjado e iglesias góticas, un aire de museo de curiosidades. El centro histórico tiene un acueducto elevado con construcciones convertidas en cafés y tiendas dentro de sus arcos, y una capilla totalmente recubierta de huesos humanos, la Capella dos osos, que a la entrada recibe a los visitantes con un mensaje que dice “los huesos que estamos acá te esperamos”.

La presencia de varios conventos dio origen a actividades artesanales que todavía se preservan, como la producción de aceite de oliva, panes y tortas. La Pastelaria Conventual Pão de Rala es un buen lugar para probar el pão de rala, una torta local de almendras, yemas, limón y azúcar.

Detalles del altar en la Capella dos ossos. Foto: Eduardo Estellez/Shutterstock

En una caminata de medio día se pueden visitar Sé, la catedral estilo fortaleza medieval de granito rosado; el convento dos Lóios, una estructura gótica convertida ahora en hotel con una galería del Renacimiento; y el templo de Diana, una estructura romana del siglo II con 14 columnas corintias en pie.

¿Dónde quedarse?

El ADC Hotel dentro de la Ciudad Amurallada ocupa un edificio del siglo XVIII, que solía ser una fábrica de aceites, en el que cada cuarto está decorado de distinta manera por artistas y artesanos de la zona.

Chiloé / Chile

Vista al Canal Dalcahue del Hotel Parque Quiquilco/Foto: Cortesía hotel Parque Quiquilco

Los palafitos, casas con largas patas de madera sobre cuerpos de agua, y las iglesias de madera, patrimonio de la Unesco, dan la bienvenida a este archipiélago en la Patagonia chilena, que no tiene comunicación por tierra con el resto del país, y que es lugar de origen de más de 400 variedades de papas.

Muelle infinito en una de las lagunas de Chiloé. Foto: Hugo Brizard/Shutterstock

Las leyendas indígenas de los mapuches, las historias de brujas alemanas y el catolicismo han creado una mitología, parte curanderos, parte criaturas mágicas y leyendas naturales, que se ha convertido en una marca registrada de las islas. Todavía se habla de las sociedades secretas y los poderes invisibles y es posible hacer una cita con brujos y hechiceros para curar los espíritus. La isla principal tiene dieciséis iglesias pintadas en colores vivos, construidas sin puntillas en un estilo único gracias al ingenio de los carpinteros locales.

Barcos pesqueros frente al muelle del Mercado de Dalahue. Foto: Ángela Lang

Se dice que los misioneros, originalmente jesuitas y luego franciscanos, trajeron los planos para simular a las europeas, y los chilotes los ejecutaron adaptando los materiales y las técnicas de construcción de barcos para las cúpulas.

La iglesia de San Judas Tadeo de Curaco de Vélez tuvo que ser restaurada después de un incendio. Foto: Ángela Lang

Con lagos como Cucao y ecosistemas endémicos, el Parque Nacional es un paraíso para montar a caballo o en bicicleta. En los mercados de Castro y Dalcahue se pueden probar los moluscos ahumados y las empanadas de almeja. También son un buen lugar para conseguir artesanías de lana de oveja.

¿Dónde quedarse?

El hotel Parque Quilquico, en el interior de la Península de Rilán, tiene una vista espectacular y ha ganado premios de arquitectura por su estilo chilote contemporáneo.

Puducherry / India

El Matrimandir, una esfera para meditar con hermosos jardines, es el corazón de Auroville. Foto: Ángela Lang

Esta ex colonia francesa en el estado de Tamil Nadu, en el sur de India, conserva la arquitectura mediterránea y la influencia de sus colonizadores en una escena artística y gourmet que mezcla lo mejor de las dos culturas. El corazón de la ciudad es una rambla sobre el golfo de Bengala que en las mañanas y las noches se vuelve peatonal para que los residentes hagan ejercicio y disfruten de la brisa marina.

La iglesia Notre Dame des Anges en la rambla. Foto: Shutterstock

Los Kolams, dibujos auspiciosos con tiza en el suelo que se hacen a diario, acompañan a los faroles de estrellas y las lucecitas que decoran las calles del White Town y el Heritage Town, barrios cercanos a la bahía donde conviven iglesias católicas –como la del Sagrado Corazón–, templos hinduistas con elefantes vivos a la entrada –como el de Ganesha– y el Ashram, con las tumbas de Sri Aurobindo y La Madre –el poeta independentista y la mística francesa–.

Las torres ornamentales en los templos estilo dravídico del sur de India se llaman gopuram o gopuras. Foto: saiko3p/Shutterstock

Esta última pareja creó hace cincuenta años Auroville, una comunidad de investigación espiritual con una escuela muy prestigiosa y varias industrias de productos locales. Su intención es promover una comunidad solidaria y ecológica, que cuenta actualmente con alrededor de 3.000 residentes de diferentes lugares del mundo. No se utiliza dinero, todo funciona por intercambio y se producen textiles, alimentos y cosméticos de exportación.

Lakshmi, el elefante del templo, descansando de su labor de dar bendiciones en la puerta. Foto: Marco Saroldi/Shutterstock

Arquitectos y ambientalistas han creado conjuntos como Auromodel, con casas totalmente redondas; Solar Kitchen, un comedor con una de las cocinas de energía solar más grandes del mundo o Luminosidad, un edificio que funciona completamente con aguas recicladas, y alberga a Goyo, uno de los mejores restaurantes del país con comida coreano-india donde se come en silencio.

¿Dónde quedarse?

Una excelente opción es el Gratitude, en el White Town de Puducherry, una casa tamil-francesa, patrimonio arquitectónico.
En Auroville, Quiet Healing Center, un spa en la costa con edificios de minicúpulas y una excelente oferta de comida orgánica y tratamientos.

Pátzcuaro / México

Muralla del Templo del Sagrario. Foto: Gabriela M. García Soto/Shutterstock

Pátzcuaro significa puerta de entrada en purépecha, la lengua de los indígenas de esta comunidad mexicana, en el estado de Michoacán. Es reconocido por ser uno de los centros de celebración del Día de Muertos. El lago del mismo nombre y sus pequeñas islas eran un centro ceremonial sagrado donde se creía que las almas iban a descansar después de la muerte. Todavía se puede visitar en lancha.

Maquillaje tradicional de calaca o catrina del Día de los Muertos. Foto: Dina Julayeva/Shutterstock

La ciudad fue creada en la Colonia por el obispo Vasco de Quiroga, quien promovió el respeto de las tradiciones de los locales y el sincretismo. El pueblo blanco con marcos de puertas y ventanas rojas y caligrafía negra y roja uniforme en los letreros reúne a varios artesanos locales del cobre, el cuero y los textiles. En la noche de los muertos, entre el 1 y el 2 de noviembre, todo se decora con flores como cempasúchil, crisantemos y flor de terciopelo y se hacen caminos de velas a los cementerios, donde se pasa la noche con homenajes a los difuntos que incluyen platillos, oraciones y vestimentas especiales.

La isla de Janitzio vista desde el lago Pátzcuaro. Foto: Foto José de Jesus Churion/Shutterstock

Muy cerca se encuentran otros asentamientos como Santa Fe de la Laguna, hogar del mercado tradicional y Tzintzuntzan, el mejor lugar para degustar los tacos de charales, pescados fritos miniatura del lago y los uchepos, tamales de maíz dulce, estrellas de la gastronomía de la zona. Morelia, la capital del estado, que preserva la arquitectura colonial y construcciones hermosas en cantera rosa como la catedral o el Palacio Clavijero, se encuentra a un par de horas.

¿Dónde quedarse?

Frente a la isla La Pacanda, el hotel de lujo Hacienda Ucazanaztacua aprovecha la calma y el misticismo de la zona.
En Morelia, el hotel Los Juaninos, en una construcción colonial con vista a la catedral en el centro histórico, es una excelente opción.

Chefchaouen / Marruecos

Vista panorámica del centro de Chefchaouen. Foto: Elias Harrak/Shutterstock

Esta pequeña ciudad en la falda de las montañas de la cordillera del Rif en el norte de Marruecos ofrece una sobredosis de color y estímulos sensoriales. De piso a techo, las calles, las paredes, las escaleras y puertas de la Medina, el barrio más antiguo, están pintadas de azul. Organizada montaña arriba hacia los manantiales donde todavía se encuentran lavaderos de piedra, su forma es muy irregular y curiosa.

Detalle de las puertas en la medina. Foto: Vixit/Shutterstock

Con más de veinte mezquitas y once zaouias, una especie de cofradías con tumbas de líderes místicos, se considera una ciudad santa. Las leyendas urbanas dicen que son las mujeres las que mantienen el tono y pintan mientras las personas duermen. Que es azul para espantar los mosquitos. Que fueron los judíos refugiados de España los que la empezaron a pintar de ese color para diferenciarla del verde clásico musulmán. La ciudad se creó como un campamento militar bereber para combatir la colonización portuguesa y luego de estar cerrada para extranjeros se abrió a fin de recibir a los refugiados expulsados de las guerras en España.

La antigua muralla de Chefchaouen. Foto:Attract/Shutterstock

El canto de la llamada a la oración se escucha cinco veces al día y se mezcla con las voces de comerciantes y de los visitantes. Durante el día vale la pena perderse por los callejones estrechos, disfrutar del pan de los hornos comunales que se encuentran por toda la Medina, y gozar de las tiendas del zoco, el mercado de especias y artesanías de cuero, tejidos y cerámicas.

Textiles y trajes en la medina de Chefchaouen. Foto: Zzvet/Shutterstock

La plaza central, Uta al-Hammam, tiene una de las mezquitas más antiguas de la ciudad y la alcazaba, un ejemplo de arquitectura clásica de la zona, es un museo etnográfico con una colección preciosa de arte popular, instrumentos y vestuario local.

¿Dónde quedarse?

Casa Hassan, una pequeña posada dentro del la Medina, es una buena opción para la estadía o para disfrutar de una cena tradicional con cuscús o un tajín.

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