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Bogotá: ¿Por qué critican a la urbe más avanzada de Latinoamérica?

Es difícil escribir sobre Bogotá, esta ciudad que siento mía (tanto como otras en las que he vivido y crecido) sin caer en la subjetividad. Hace apenas un mes que volví a trabajar en ella, después de veinte años de ires y venires en los que he habitado otras tres ciudades en tres países diferentes. Al volver me he puesto a verla con cuidado. Me he dado cuenta de que tengo el mal del viajero eterno, nunca he vuelto por completo, a ningún lado, ni siquiera a esta ciudad donde nací.

Y ese ir y volver me ha permitido ver las cosas desde cierta perspectiva, lejos de la de buena parte de los habitantes de esta ciudad, que están convencidos de que sus problemas son tan únicos y tan terribles que no paran de mirarse su ombligo bogotano y gritar a los cuatro vientos que su ombligo es diferente.

Arranco por una definición: bogotano no es solo el que nace aquí, bogotano incluye nacidos e hijos adoptados (bogoteños, en buen caleño o paisa) recibidos con los brazos abiertos por esta ciudad, que es como una de esas matronas que siempre tiene lugar y comida para todos en su casa. Una madre a la que pocos, nacidos y no nacidos, parecen agradecerle su afecto.

Voy a concentrarme en describir unos problemas básicos que desde mi punto de vista afectan la vida de Bogotá y la forma en que los ciudadanos interactúan con la ciudad.

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1. La criticadera

El deporte oficial de los habitantes de Bogotá. Lo que los paisas tienen en exceso, a los bogotanos se los negó la vida y con creces: la capacidad para ver lo bueno de la ciudad.

No hay habitante de esta ciudad con el que me encuentre que no pierda la oportunidad desde el primer minuto, de mostrarme y resaltar todos los problemas que tiene desde los huecos, la inseguridad, el tráfico etc…que al final incluye un culpable de una lista de muchos, casi siempre «los demás» o «los otros».

Si la persona es de derecha, la culpa lo tienen los gobiernos de izquierda que han desbaratado la ciudad. Si la persona es de izquierda son los ricos y los godos que han hecho todo para beneficio propio y no han dejado gobernar.

Hay una evidente polarización de la ciudad en la que todos tienen derecho a criticar y donde nadie hace las cosas bien.  Lo cual sin duda tiene implicaciones serias, no solo para el ánimo de la ciudad, sino para el escaso sentido de pertenencia que tienen los bogotanos por lo suyo.

2. Todas las otras ciudades son mejores que Bogotá

Desde Leticia hasta Titiribí o la caótica Nueva York (que parece encantarles a tantos bogotanos que allá no pelean por el tráfico, la suciedad o la agresividad de sus habitantes…todo eso les parece chic allá) son más deseables que este destierro horrible en esta ciudad gótica.

También está el eterno homesick de los venientes de otras regiones para quienes cuyos pueblos o ciudades son un pedazo del cielo en el planeta tierra, mientras esta, la ciudad que les da trabajo o educación, nada más ni nada menos, que el infierno mismo.

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Todas las ciudades y pueblos son mil veces mejores que Bogotá, y en eso los más acérrimos muchas veces son los mismos nacidos aquí. Parece que todos asumieran que haber nacido o vivir en Bogotá es un karma que están pagando por un pecado que no cometieron.

Es una convicción colectiva

Este es el peor vividero del mundo en el cual se sufre y se vive estoicamente, «porque aquí está el trabajo y la plata». Hace poco conocí una joven de Armenia que me decía que nunca había estado en Bogotá pero que le sorprendía por qué nunca se había encontrado con nadie que le dijera algo bueno de la ciudad.

A mí no me sorprendió, de hecho me hizo pensar que los bogotanos, nacidos y no nacidos, le dan palo a la ciudad y no se detienen un segundo a evaluar si lo malo que «reciben» es más grande que las cosas buenas que les da la ciudad.

La verdad sobre Bogotá

Cualquiera que haya vivido en otra ciudad de Colombia sabe que la oferta cultural, urbana, de servicios, parques, bibliotecas de Bogotá es superior (per cápita) a la ofrecida por cualquier otra ciudad en el país. Días atrás llegó a mis manos una revista chilena, donde les preguntaban a ejecutivos de la región aspectos de todas las capitales latinoamericanas (desarrollo, cultura, calidez, oferta educativa, seguridad).

En todos los aspectos, Bogotá, entre más de veinte ciudades, aparecía siempre en el segundo, tercer o cuarto lugar y en algunos en el primer lugar (oferta cultural), por debajo únicamente o por encima, de Buenos Aires y México.

Bogotá siempre tiene dos de las diez mejores universidades de Latinoamérica; los mejores colegios del país; un sistema de bibliotecas que ciudades de países desarrollados envidian y la ciclovía como uno de los modos más democráticos de recreación que se han inventado, cuenta también con una de las redes de ciclorutas más largas del mundo.

Hay tanto que mencionar, pero tan poco que ven los habitantes, que es como un hombre que hace lo que sea para verse bien, pero su mujer siempre le va a decir que está feito y que hay otros mejores que él.

Eso me dejó ver que hay cosas que algunas personas de afuera (especialmente de fuera del país) pueden ver que los bogotanos no pueden o no quieren, y esto incluye a muchos amigos que he oído ilustrar a visitantes sobre problemas de la ciudad mientras los visitantes insisten en hablar de lo bueno que han visto.

3. La neurosis colectiva

Dos amigos porteños me decían que en Bogotá la gente tiene el mismo problema de Buenos Aires: todo el mundo tiene afán.

El problema, es que así sepan para dónde van físicamente, en realidad no es claro si la gente misma sabe qué quiere de la vida. Me da la impresión de que la gente en Bogotá se cree la vida más de lo necesario y pelean en las calles, se echan los carros encima, los peatones luchan por la vía con los otros peatones y con los carros.

Un aparato de neurosis colectiva donde nadie gana absolutamente nada. Y una neurosis innecesaria, cualquiera que haya vivido en ciudades como Washington DC, Sao Paulo o el DC México sabe que los atascos de tráfico de Bogotá son un juego de niños.

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Los problemas que se desencadenan por Bogotá

Seguro esto de la neurosis tiene matices. Hay gente que tiene reuniones, citas médicas, problemas personales y muchas razones para ir de afán, pero eso no requiere pasar por encima de los demás.

En un mes he visto peleas en el tráfico, en los buses, entre peatones, entre conductores. Todos, simbólicamente, se creen más importantes que el otro y viven tratando de demostrarle eso al resto de la ciudad. Entendí que esta es una ciudad donde la gente llega a abrirse paso a los codazos, y eso se refleja en la movilidad y en la forma en que bogotanos nacidos y no nacidos interactúan.

Una competencia bárbara que viene desde el principio, desde cuando muchos campesinos y gentes de la mal llamada provincia (mis padres) llegaron a esta urbe, a pelear con ella. Eso ha generado un territorialismo sin límites donde nadie quiere la ciudad pero todos quieren todo de ella.

4. Una Bogotá diversa

He vivido en otros lugares que quiero y he aprendido a respetar y a valorar mucho, pero también me acuerdo dónde empezó todo y fue en esta ciudad en la que aprendí de diversidad, de crecer con gente de muchas regiones y culturas.

Un lugar increíblemente urbano, la ciudad del Rock al Parque, del Festival de teatro, la Feria del Libro, las bicicletas, de la «Luis Ángel», Monserrate, las flores de la sabana, una ciudad para todos.

Sé que tenemos problemas, un sistema de transporte detestable y anárquico, unos gobernantes a los que muy seguido les queda grande la ciudad, pero con trabajo se logrará. Como decía un fabuloso exjefe caleño mío: «Bogotá va a quedar bonita cuando la acaben».  

Yo realmente creo que sí … ojalá sea pronto (risas)… Cada vez que vuelvo a Bogotá le veo algo hermoso, algo que solo ella tiene, sé que mi ojo es el del hijo pródigo que después de veinte años volvió, pero que no se cansa de agradecer todo lo que empezó aquí.

Ojalá nuestros hijos algún día se monten en un avión que aterrice en El Dorado, y así puedan ver lo bella que te ves desde el aire, a ver si con la distancia tus hijos propios y adoptivos aprenden a valorarte.

*Las opiniones del autor solo lo comprometen a él. No están ligadas con la empresa que representa.

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Óscar Mena

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