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¿Cómo es navegar en crucero?

Navegar en crucero es una experiencia intensa en multiculturalidad y empatía. Historias de convivencia que las Naciones Unidas envidiaría.

Foto: Alonso Reyes on Unsplash

Navegar en crucero es una experiencia intensa en multiculturalidad y empatía. Historias de convivencia que las Naciones Unidas envidiaría.

Son un ejemplo de convivencia digno de imitar. Un encuentro crudo y cotidiano entre dos mundos –quienes pagan por estar allí y a quienes les pagan por ello– y la mayor diversidad de orígenes, razas, lenguas, edades y religiones que se pueda encontrar por metro cuadrado. Una verdadera torre de Babel del siglo XXI. Navegar en crucero es tener una vida en el interior de estos monstruos flotantes que pueden alcanzar más de 200.000 toneladas y albergar hasta 9.000 personas, es intensa, no importa en cuál de los dos mundos se esté. Y para personas curiosas como yo, fascinante.

Navegar en crucero, una experiencia que debe tener

 

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La primera vez que viajé en un crucero fue a Alaska. Penetrar esa inmensidad azul y helada por otros medios no es fácil. Recorrerla con otros 2.000 pasajeros a bordo de un hotel flotante de 12 pisos como el Celebrity Infinity.

Con días en altamar en los que nos sentábamos a leer en el balcón de nuestra cabina y a ver pasar lentamente montañas nevadas, glaciares, pájaros y animales marinos, fue una experiencia enriquecedora que nos proporcionó una dimensión distinta del mundo.

No solo por la incomparable sensación que produce estar en uno de los extremos de la tierra, rodeado de rocas heladas que no sabemos si existirán mañana o desaparecerán bajo la devastadora inclemencia del cambio climático.

Lo fue también porque nos acercó a seres maravillosos que, siempre con una sonrisa, llenaron nuestros días de pequeños placeres, desde los restaurantes, la piscina, el bar, el gimnasio o el spa.

Provenientes en su mayoría de países del llamado tercer mundo –como Indonesia, FilipinasIndiaCroaciaUzbekistán y América Latina, con un alto porcentaje de colombianos–, nos alimentaron permanentemente con su gentileza y sus historias de pobreza material y riqueza humana.

El trabajar a bordo de un crucero

Difícil olvidar, por ejemplo, a una madre ucraniana que tenía un bebé de apenas pocos meses y –como muchos de sus compañeros– trabajaba a bordo cuatro meses continuos, para descansar luego dos.

Silva, nuestro mesero indio a bordo del Century cuando estuvimos en el Báltico y quien hizo de la celebración del cumpleaños de nuestra hija una ocasión única en medio de tantos extraños.

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Ludwig Lozano, un colombiano extraordinario, casado con una croata que conoció a bordo, y que llegó a Miami en 1990 con 80 dólares y a puro pulso se construyó en el mundo de los cruceros una carrera que lo que llevó a ser jefe de Alimentos y Bebidas en la cadena Celebrity.

Y es que mientras a otros los deleita el intercambio cultural con los demás pasajeros –también de gran diversidad de orígenes y culturas– a nuestras hijas y a nosotros nos resulta fascinante aprender de otros mundos a través de estas pequeñas historias de gente grandiosa.

Las actividades dentro de un crucero

Gracias particularmente a ellos, estas gigantescas moles de cifras inimaginables se convierten en pequeñas y esplendorosas ciudades con servicios sorprendentes. Allure of the Seas de Royal Caribbean, el crucero más grande del mundo, con 225.000 toneladas y capacidad para 6.300 huéspedes y 2.400 tripulantes, tiene 16 pisos, 24 ascensores para pasajeros y 2.700 cabinas, supera en altura la torre Eiffel y su longitud equivale a tres y medio campos de fútbol.

Sus huéspedes pueden hacer canopy a través de una cuerda de 30 metros de largo, suspendida a nueve cubiertas de altura; tienen a su disposición dos simuladores de surf, dos paredes de escalada de 13 metros de alto, una cancha de basquetbol de tamaño oficial, una pista de patinaje sobre el hielo y un campo de minigolf.

Naturalmente no todos los barcos tienen tantas opciones, pero la mayoría de los grandes cruceros ofrecen una gran variedad de actividades, que resulta particularmente llamativa para quienes necesitan estar en constante acción como mis hijas adolescentes que, poco amigas de las actividades organizadas, se dedicaron por cuenta propia a explorar cada rincón y organizar su propia agenda con tranquilidad y autonomía.

Navegar en crucero también es para aventureros

Esta libertad de movimiento sumada a una inmersión profunda en la diversidad, constituyó un motivo adicional para proponer repetir la experiencia. El siguiente año escogimos el Báltico, dos años después el Mediterráneo y próximamente queremos ir de Santiago de Chile a Buenos Aires.

Aunque un crucero no es el medio ideal para conocer a fondo una ciudad, pues con contadas excepciones como San Petersburgo o Estambul, la permanencia en cada una suele ser de un día, sí hemos encontrado que es el escenario ideal para compartir unos días tranquilos en familia, sin tener que empacar y desempacar maletas, correr a tomar aviones, y buscar dónde comer o qué hacer.

Los cruceros tienen excursiones para todo tipo de viajero, perfectamente organizadas para quienes quieren dejar en manos de otros el itinerario. A nosotros nos gusta andar a paso propio. Por eso solemos buscar cómo recorrer a nuestro antojo cada puerto.

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En ciudades pequeñas como Niza tomamos un bus que nos llevó hasta Monte Carlo y sus alrededores, mientras en Sorrento alquilamos un convertible para recorrer la costa amalfitana.

La comida del crucero

 

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En estos barcos, la riqueza culinaria es otra de forma de expresión de la multiculturalidad. En el más joven en altamar, el Celebrity Reflection –por ejemplo–, además del comedor principal donde cada noche se sirve un sorprendente menú con platos provenientes de distintas regiones del mundo, se puede escoger entre un formidable restaurante francés –Murano–, uno italiano –Tuscan Grille–, uno asiático –Qsine–, el Lawn Club Grill, un restaurante al aire libre en medio de un gran jardín con pasto natural donde se ofrece BBQ, y Blu, un restaurante de comida fresca y natural.

Inmensos si se miran desde tierra, pero diminutos comparados con la inmensidad del océano en que circulan. Los cruceros son una explosión de diversidad –tanto de personas como de sabores, paisajes y experiencias–.

Tal es el mundo de posibilidades que ofrecen. De ser un medio de transporte se convierten en una herramienta para moldear la experiencia de cada uno. Hasta el punto de que se pueda repetir una ruta infinitas veces, y en cada una de ellas disfrutar de un viaje completamente diferente.

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Abril
17 / 2021

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