El cuarto de hora de Santa Marta

Locales tradicionales de dulces
En el Centro Histórico hay lugares especiales
Locales con diseños audaces conviven con los de diseño tradicional en el centro
Rescatada por un grupo de extranjeros que decidieron reconquistarl, esta ciudad está convirtiéndose en uno de los parajes más atractivos de la costa.
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Algunas noticias para entender el nuevo ritmo de Santa Marta: en el mes de noviembre de 2013 se publicó un estudio en la revista Science, donde se afirma que el Parque Nacional Sierra Nevada de Santa Marta es el entorno natural más “irremplazable” del mundo, entre 78 entornos naturales. Hace pocos meses, Tony Wheeler, creador de la guía de viajes Lonely Planet, incluyó a Ciudad Perdida entre sus quince lugares del mundo favoritos, aun por encima de Machu Picchu. Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, en el 2012 más de 500 empresarios extranjeros y 5.000 nacionales invirtieron más de ocho millones de dólares en comercio en Santa Marta. Esta ciudad ofrece el valor por metro cuadrado más económico del país frente al mar, en comparación con Cartagena o Barranquilla. En el 2012, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) escogió en Colombia a Bogotá, Medellín y Santa Marta para la realización de proyectos de transformación urbana, y se encuentra trabajando desde hace meses con la Alcaldía de la ciudad en el Plan 2025, el POT y la implementación de la campaña ciudadana mundial “Yo mejoro mi ciudad”.

Podríamos decir que el cuarto de hora de Santa Marta empezó hace más o menos tres años; se siente distinta, vibra a otros ritmos, tiene nuevos rostros y una cara que mostrar al mundo. Del habitual turismo de El Rodadero, se ha pasado a una diversidad de experiencias que llenan y superan las expectativas de los viajeros más exigentes. Historia, confort y oferta gastronómica en el Centro Histórico; turismo de naturaleza, arqueología y diversidad en la sierra; playas vírgenes y paradisiacas en el corredor del Parque Tayrona; turismo de playa con grandes hoteles o boutiques en Bello Horizonte, y maravillas subacuáticas en el buceo de Taganga.

Los símbolos de la transformación arquitectónica, cultural y social se aprecian en la restauración de casas coloniales y republicanas; las enormes edificaciones de lujo que se levantan en Bello Horizonte y El Rodadero, o el inicio de proyectos de las cadenas hoteleras más reconocidas en el mundo. Adicionalmente, y como un hecho relevante, se han creado reservas biológicas privadas en la Sierra Nevada de Santa Marta (como El Dorado), y poco a poco el trabajo de ONG nacionales e internacionales con los indígenas y comunidades vulnerables está dando pequeños frutos. Pese a las tímidas acciones de los gobiernos nacional y local en el tema de protección de la naturaleza y la historia, las iniciativas privadas brindan esperanza en que quizá el desarrollo pueda ir de la mano del cuidado del patrimonio natural, material e inmaterial.

Desde su fundación, en 1525, esta tierra ha invitado a la exploración. Siempre fue un testigo de excepción de la historia de construcción de la nación. Pero nunca antes los ojos del mundo se habían posado en Santa Marta. Quizá haya sido por su activo puerto en el contexto del TLC, quizá por una bonanza del sector inmobiliario, quizá por una apuesta del país por promocionarse como destino turístico, pero lo que se oye de boca de los extranjeros es que este lugar está lleno de experiencias, naturaleza y es un destino de inversión.

La reconquista

El lugar que encarna con mayor intensidad esta transformación es el Centro Histórico. Hace cinco años se puso en marcha desde la Alcaldía el Plan Centro, cuyo propósito era la recuperación de las plazas principales, la peatonalización y la restauración de las construcciones más emblemáticas. Esta iniciativa se vio respaldada por la inversión de extranjeros, quienes vieron el potencial turístico de la ciudad y apostaron a su desarrollo. Primero nacieron, de la mano de los foráneos, hostales como La Brisa Loca y Aluna, que trajeron a los turistas de nuevo al corazón de la ciudad y llamaron la atención de las guías para viajeros internacionales. Luego vinieron los restaurantes Basilea, El Santo, Ouzo, Lulo, El Bistro y Made in Spain. Más adelante, en una apuesta por viajeros que buscaban comodidad, nacieron los hoteles boutique Casa Verde y Casa del Farol. Y en los últimos dos años se han creado soluciones de vivienda como Casa del Río y Edificio 1525 que, de la mano de arquitectos reconocidos en el país, han cambiado la forma de habitar el Centro.

Es necesario reconocerlo: los extranjeros han impreso un nuevo ritmo en la ciudad. Han creado negocios innovadores con estándares internacionales, han convencido a los turistas de diversas latitudes a venir a Santa Marta; han creado una escuela empírica de servicio y cuidado de los visitantes; se han comprometido con la ciudad en el mejoramiento de la seguridad, y con iniciativas propias han contribuido a disminuir la inequidad y mejorar la gobernanza. Además han rescatado territorios de las manos de la delincuencia con inversión, cultura y creatividad, como es el caso de la calle 12.

Los extranjeros y los locales inspirados por ellos han comprendido la importancia de las iniciativas privadas para transformar lo público. Son conscientes de los desafíos de contaminación, inequidad, drogas y prostitución, pero han optado por ofrecer opciones de desarrollo y así han transformado la ciudad. Hoy, caminar por el Centro Histórico es un viaje a la diversidad de culturas; a un abanico de experiencias gastronómicas; a una cita con la historia en hoteles construidos con gusto y originalidad, y al diálogo del pasado y el presente, donde la restauración está buscando rescatar los pasos de los fantasmas.

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