Un altar a Portugal

POR: Giovanny Gómez
 / marzo 7 2013
POR: Giovanny Gómez

Se llama Rodrigo Pinzón y es actualmente el coordinador de ceremonial diplomático de la Dirección de Protocolo de la Cancillería. Su anterior misión fue acompañar al embajador Plinio Apuleyo Mendoza en Portugal. Aunque lo tenía en la sangre, pues su abuela descendía de portugueses de Curazao llegados a Cartagena, nunca había conocido este país. Pero bastaron esos años para que quedara completamente flechado con Portugal.

De allá regresó con un contenedor cargado de mármoles, vajillas y cristalería, azulejos, jarrones, arte sacro e historias sobre la Virgen del Sagrado Corazón, que no es otra que Fátima cuyo corazón en la mano ilumina el mundo y de Santo Antonio –así se llama allí y defienden su denominación a capa y espada–. Cuenta que por el río Tajo, que cruza Lisboa, nadaban delfines y recita los mitos del amor frustrado entre el rey Pedro y su prometida Inés, a la que el padre del heredero del trono mandó matar, y por la cual el símbolo de Portugal es el corazón y su palacio la Quinta de Lágrimas, pues nunca dejó de llorarla.

De repente, oyéndolo contar esos relatos de tristeza se hace natural que el fado sea la máxima expresión de la nostalgia y haya sido cantado por las más bellas voces o descrito por las grandes plumas portuguesas como Fernando Pessoa, Antonio Lobo Antunes o el nobel José Saramago que, a propósito, tendremos el honor de leer en esta nueva edición de la Feria del Libro de Bogotá ya que Portugal es el país invitado de honor. Entrar a su casa es hacer un viaje por el tiempo y la geografía que resulta fascinante.

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marzo
7 / 2013