Victoria Fernández: la colombiana que trajo a Haider Ackermann

Victoria Fernández es colombiana pero vive en Europa desde hace cuatro décadas. Su pasión consiste en armar rompecabezas difíciles en el mundo de la moda y del arte para volver realidad exigentes proyectos.
 
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POR: Giovanny Gómez

Como hemos acordado vernos para conversar en su apartamento de Bogotá, supuse que llevar un par de textos en el bolso y dejarlos como si nada, encima de la mesa redonda de Victoria Fernández, sería apenas un gesto natural. Probablemente se confundirían con las revistas que van saliendo a medida que transcurre la charla en un ambiente que amortigua la luz, hasta en el tono de voz. Quizá sea el efecto de los textiles diversos, hermosos, multiétnicos que reposan en sillones, sofás, cortinas, colchas y alfombras.

Victoria Fernández lleva un delicado vestido azul oscuro de la chilena María Cornejo y sus tacones suenan sobre el piso de madera cuando se levanta para alcanzarme las ediciones de Vogue y The Telegraph News donde ha quedado registrada para siempre como la mujer celebridad que es, protagonista o partícipe de múltiples anécdotas del ambiente artístico contemporáneo. Posee una fotogenia extraña que le permite contar quién es sin musitar una palabra, con solo mirar bajo el ala de un Panamá hat o apoyar su codo sobre una baranda de hierro una tarde en París, vestida con el magnífico Delfos negro y plisado de Fortuny que tiene la doble fortuna de poseer, o simplemente retando la cámara de Tom Ford… Y aquí está, con su pelo corto “desde que decidí salir de Popayán” –remarca– y sus manos sin guantes porque estamos resguardadas en la casa, “no salgo a la calle sin ellos. La piel es un gran tesoro y evito el sol”.

Habla su español colombiano con acento propio de la viajera que se fue y se fundió culturalmente en otro continente distinto al suyo. Está muy concentrada en la conversación, con un gesto serio que acoge las palabras. La supongo así cuando coordina anualmente la Feria de Arte Contemporáneo PAD en Londres, en asocio con su fundador Patrick Perrin, y cuando prepara su salto a Los Ángeles con similar misión en 2014. Y ahora sí repara en uno de los libros que traje: El tratado de la vida elegante, escrito por Honoré de Balzac en 1830. Lo toca, sonríe rápido. Se nota que está acostumbrada a una vida llena de guiños, de entendimientos tácitos, de complicidades. Los que tiene con el fotógrafo Mario Testino, por ejemplo, uno de sus íntimos con el que suele desarrollar este y este otro proyecto.

Acaricia la portada bella de esta edición hecha por El panteón portátil de Impedimenta, pero antes de que suceda nada, nos encontramos ante una tina maravillosa, blanca, larga y antigua como una balsa, que reposa en su baño. Me apoyo en el respaldo de una antigua silla de teatro para escuchar cómo ha ido decantando el entorno físico del hogar que tuvo en Londres por décadas, el que ahora ha hecho en París y el que temporalmente la acoge cada año unas semanas en Bogotá. Luego entramos en el armario donde reposan muy ordenadas sus prendas, sus objetos personales. Es inevitable admirar el Givenchy rojo y el negro que cuelgan ajenos, como detenidos en el tiempo. Victoria Fernández viste usualmente de negro. Hace doce años vendió a la casa de subastasChristie’s el contenido de su anterior armario. Fue la “venta de la década” como la llamó Vogue. Piezas de diseñador únicas, muy valiosas para registrar momentos inolvidables de la moda del siglo XX, llenas de color. “Fue un momento vital de cambio. Nada de color a partir de ahí. Inicié otra etapa, con otras prioridades”, explica.

Entonces sí, ambas nos miramos y comenzamos a desgranar los aforismos de Balzac. Victoria Fernández acepta pespuntear la actitud que asume en su vida desde las sentencias de este Tratado de la vida elegante:

Balzac escribe: “La apostura de un hombre se adivina en su manera de llevar el bastón”.
Victoria Fernández comenta: “Esa apostura está en el gusto por las cosas. La actitud es estar en armonía con las cosas que te rodean. Y la actitud se tiene o no se tiene, se trata de una seguridad intrínseca a la persona. El bolso hoy en día, por ejemplo, se volvió un estatus de seguridad, y muchas chicas no pueden siquiera cargarlo por su enorme tamaño. Esa desproporción es muy notoria”.

Existen tres tipos de vidas: “La vida ocupada, la vida de artista y la vida elegante”.
Mira divertida a su alrededor: “Mi vida es una mezcla de todas ellas. Tengo una vida ocupada pues me dedico a ayudar a realizar la visión de los artistas y transmitir sus mensajes; tengo una vida artística porque poseo una formación cultural que me permite acompañar a otros artistas, y una vida elegante porque mi infancia transcurrió en una ciudad cargada de historia, Popayán, cuando las relaciones personales mantenían un trasfondo de nobleza. Me eduqué en el colegio de San José de Tarbes donde llevaba guantes y sombrero; una época en la que me vestía mi abuela con su dedicación a la costura. Gracias a la influencia de mi padre, me interesé por escudriñar el pasado hasta que logré estudiar Historia del Arte en Londres. Luego vino mi inmenso gusto por la moda, la posibilidad de traducir mi personalidad vistiéndome. Para mí, todos los días son ocasiones especiales y no considero si voy a comprar el pan o acudir a un evento”.

“La vida elegante es, en una amplia acepción del término, el arte de animar el descanso”.
Para Victoria Fernández “el descanso y el sueño son componentes esenciales en mi vida. Si no hago bien las dos cosas no funciono. Pero hay algo más: se trata de saber parar. Soy muy consciente de esto porque soy hiperactiva. Viajar y estar en medio de la naturaleza me ayudan a recuperar el silencio, a detenerme y observar. Eso me lleva a tener espacio, soledad y silencio”.

“El artista es siempre grande. Posee una elegancia y una vida propias, porque todo en él refleja su inteligencia y su gloria. Hay tantos artistas como vidas caracterizadas por ideas nuevas. Para ellos, la fashion debe ser algo sin fuerza: esos seres indomables lo modelan todo a su manera. Si se apoderan de una figura grotesca, es para transfigurarla”.
Suspira y dice: “El verdadero artista hace lo que indica Balzac, pero tristemente el arte contemporáneo se ha vuelto con frecuencia una operación de mercadeo. De manera que encuentro muchos artistas que se limitan a producir y no a crear. Sin embargo, un verdadero artista es –a mi juicio– Haider Ackermann, que logra hacer soñar al público. El diseñador produce transformaciones con sus desfiles a través de pasarelas infinitas. Ackermann te lleva más allá con su sensibilidad innata”.

“La vida elegante es saber hacerse digno de la fortuna propia”.
“Mi propia fortuna es saber transmitir nobleza en todo lo que hago. Debo respetarme a mí misma y a los demás. En el mundo de personas creativas en que me muevo hay muchos egos en juego. Saber calmar el ego es siempre un propósito íntimo. Mis amigos más cercanos forman parte de esta fortuna”.

ANTE UN BREVE CUESTIONARIO PROUST

¿Cuál es su mayor extravagancia?
La curiosidad.

¿Qué es lo que más le incomoda de su apariencia?
Mis manos.

¿A qué persona viva admira profundamente?
Admiro más a personajes históricos que a contemporáneos.

¿En qué estado mental pasa la mayor parte de su tiempo?
Alegría.

¿Qué considera su mayor logro?
Tener libertad.

¿Cuál es la cualidad que más valora de sus amigos?
Respeto y lealtad.

¿Cuál es su idea de la perfecta felicidad?
Vivir en paz, que suele ser tan difícil.

¿Cuál es su posesión más preciada?
Mi espíritu y la piel.

¿Cuál es su eslogan?
Menos es más.

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julio
18 / 2013