Los protagonistas de ArtBo

POR: Giovanny Gómez
 / octubre 23 2011
POR: Giovanny Gómez

Adriana Salazar, artista 
Tiene las manos delicadas y el cuerpo menudo. Y unas gafas de niña dispuesta a ver el mundo desde otra dimensión. Ese aspecto de la artista Adriana Salazar representa algo más profundo que una simple percepción física, y más ahora que regresó de una residencia artística en el Japón y aprendió, en el otro lado del mundo, que la naturaleza puede ser parte de su obra de poéticos y extraños artefactos mecánicos. Enseres inútiles que representan bien la sociedad que Chaplin planteó en su cinta de 1936, Tiempos modernos, y que dan cuenta de la repetición de nuestras acciones como seres humanos.
En Japón, durante el invierno, Adriana caminó por los bosques helados y secos y entendió que la vegetación muere pero puede reanimarse. Durante la feria, sus dispositivos mecánicos recuperarán las plantas aledañas a Bogotá, que ella misma recopiló recorriendo las calles, y construirá una muestra de varias piezas con las que buscará reanimar lo que ya no tiene vida. Un paso adelante en su obra. Pequeño dice ella, quien se ve en el mundo del arte “apenas como un grano de arena en una playa”, aunque la vida y su trabajo le hayan dado la posibilidad de viajar y de consagrarse en el país y en el exterior. Lo expresa con calma, tratando de no repetirse en lo que dice y de avanzar en su trabajo. Obvio. Esta bogotana con formación en escultura y maestría en Bellas Artes no puede dejar de pensar en sus máquinas torpes e ingenuas, que cuentan el paso del tiempo y los comportamientos humanos, tan parecidas a todo lo que conocemos, a todo lo que somos.
La Galería.

www.adrianasalazar.net

Esteban Peña, artista
Decidió –lo dice con énfasis, como cuando alguien se despide con fuerza para ser visto entre la multitud– “poner toda la carne en el asador” en su más reciente trabajo. Quizás porque era su despedida temporal del país: pocos días después de acabar la propuesta viajó a Londres a estudiar una maestría en Saint Marteen College of Art, y durante dos años no volverá al país. Eso le implicó trabajar –paralelo a las vueltas de visas y papeles– en dos obras para ArtBo: una serie de retratos de Michael Jackson que dan la impresión a lo lejos de estar hechos en blanco y negro, solo para descubrir sus colores de cerca, y una pintura gigantesca en torno al invierno que azotó al país. Dos técnicas, dos miradas, un mismo interés: redescubrir y reutilizar las imágenes que todos hemos visto para darles una estética diferente. Reciclaje visual. Reinvención de lo conocido.
La primera forma parte de su manera de reinterpretar el dibujo a partir de colores básicos y la segunda, construida también con colores primarios, está humedecida con agua y las imágenes tomadas de una inundación están intervenidas y chorreadas. Casi como lluvia. O lágrimas. Que de alguna manera representan la despedida breve de este artista que estudió artes plásticas en la Universidad de los Andes y ha sido docente en la U. Jorge Tadeo Lozano. La única manera de “medir el aceite es probándose frente a los grandes en el exterior”, dice. Allá está. El tiempo dirá cómo le fue con ese enfrentamiento.
Nueveochenta Arte Contemporáneo.

http://esteban-pena.com/

Carlos Castro Arias, artista
Carlos Castro ha creado piezas de belleza corroída, de estética gastada, de vejez renovada. ¿Una ironía? Sí, porque él lo pretende así. Como armar una máquina musical construida con cuchillos decomisados por la policía, que toca una melodía romana de hace diecinueve siglos. O una escultura que parte del cuerpo disecado de una perra criolla, que actualiza la tan simbólica figura de Rómulo y Remo bebiendo leche de una loba en la fundación de Roma, y que habla de la supervivencia hoy en día más allá de la raza.
Puede parecer una afirmación obvia, pero hay que decirla: el mundo está lleno de historia. De hecho, está más cargado de pasado que de porvenir imaginable. Y cada uno de los hechos históricos sigue existiendo porque deja tras de sí una carga emocional y la posibilidad de reinventarse. Esa teoría del reciclaje cobra un mayor sentido en el trabajo de Carlos Castro Arias, quien volvió de cursar dos años de maestría en Arte en Estados Unidos. Joven, con pinta de roquero y con ojos del color del agua, parte de las referencias históricas para crear temas actuales. Eso le implica reconvertir un mueble Luis XV de tocador para volverlo un juego de rana. O usar los marcos del registro del agua para crear pequeños acuarios. En suma, romper con lo conocido, cuestionar y quebrar el mismo pasado. Y ponerlo a su servicio.
LA Galería.

www.carloscastroarias.com

Catalina Ortiz, artista
Es sutil. Esa palabra podría definirla perfectamente. Sutil por como habla, por la forma de vestir, porque no vive de aspavientos y porque el lenguaje que utiliza en su obra también lo es. Mezcla el dibujo con el collage y le interesa explorar el espacio individual. “Hago un énfasis en el territorio emocional de los seres humanos. Las emociones son el origen primario de todo lo que sucede. Quiero que el espectador sienta eso”, dice Catalina Ortiz, licenciada en Artes Plásticas, quien trabajó como productora fotográfica de Axxis antes de tomar la decisión de dedicarse al arte. Ella ve el mundo más allá de las noticias y de las causas y efectos. “Todo el contenido social de una persona es básico como el sistema binario”, afirma. Todos queremos querer y que nos quieran, en otras palabras.
Por eso decidió crear los abecedarios emocionales. Porque cada vez que se pronuncia una palabra se forja una imagen en la mente. Ella, al revés, quiso renombrar la imagen a partir de un concepto emocional. E incluyó palabras como Monólogo, Herida o Territorio. “Me interesa abstraer el sentimiento, burlarme, hacer paralelos”. Y lograr que el espectador replantee lo que conoce y lo que sabe seguro. Y así, transformar las palabras y las emociones al mismo tiempo. Sutilmente, por supuesto.
Galería El Museo.

Nicolás Consuegra, artista
Hay objetos que nadie ve. El televisor es uno de ellos. Nicolás Consuegra, artista graduado de Los Andes con una maestría en Artes en Nueva York, asegura que la gente ve la televisión, la pantalla y su contenido, pero olvida el aparato como tal después de instalado en la sala. Así que este joven de rostro amable y maneras tranquilas que trabaja la pintura, la escultura y el video, decidió crear para ArtBo una serie de objetos tridimensionales que simularan los conocidos televisores de rayos catódicos, que hace menos de cinco años eran actuales, pero que ya entraron en desuso. “El televisor es invisible. Busco devolverle la tridimensionalidad a esta caja visual”.
Y no solo darle dimensiones a eso o a fotos para que cobren un nuevo sentido, sino desmitificar los tempos de cambio que dejan atrás tantos objetos conocidos. A Consuegra, además, le preocupa crear a partir de lo que los demás han creado. O crear colectivamente. “Quiero dislocar la noción del artista que lo hace todo. Tengo carpinteros y ellos interpretan y abstraen la idea, e intervienen las piezas. Es una manera de transmitir el saber, y de dejar abierto al azar parte del trabajo del artista”. Dentro de su proceso, quiere dejar abierta la posibilidad de lo fortuito y de la sorpresa. Y volver a hacer las cosas a partir de lo que otros han hecho.
Galería Jenny Villa.

www.nicolasconsuegra.com

Santiago Rueda, curador
A las manos del investigador histórico y ensayista Santiago Rueda llegó el trabajo de 211 artistas jóvenes, todos ansiosos por formar parte del pabellón Artecámara, en ArtBo. Solo veintiuna nuevas figuras lograron clasificar su propuesta. Detrás de esa selección acuciosa estuvo este curador, ganador de premios nacionales de ensayo y crítica, y doctorado en Historia del Arte, para quien el talento nacional está tan desbordado que se podrían hacer tres salones similares con el triple de elegidos. “Sin embargo, esto es como una película: uno puede tener muchos participando ante cámara, pero la historia solo puede concentrarse en los protagonistas”.
Su mirada le permitió darse cuenta de que entre las temáticas de los jóvenes hay un interés marcado por contar cómo nos está desmembrando la tecnología, cómo se descree de los medios y se les critica por su manipulación, y cómo la virtualidad está pulverizando la concepción del cuerpo. Otros temas insistentes fueron la arquitectura como un reflejo de la mente, las presiones financieras que afectan a las personas comunes en la calle, y un fuerte interés por volver a la pintura. “Nuestros artistas vienen de las universidades y están siempre cercanos a las academias, por lo que nuestro arte es reflexivo e intelectualizado. En nuestro país, la idea tiene importancia”. Su trabajo se concentra en elegir las mejores.
Artecámara. Artbo

Catalina Casas, galerista
Le apasiona el arte. Para Catalina Casas es una obsesión. Sobre todo si se toma tan en serio su trabajo como para decidir que la galería Casas Riegner esté en las mejores ferias y las mejores colecciones del mundo. Una obsesión que se le metió en la cabeza desde cuando decidió montar, diez años atrás y recién casada, su propia galería en Miami como una consecuencia natural de ser hija de un papá coleccionista y de una mamá fotógrafa, y entendió que se metía en un tema difícil, de arduas batallas por hacerse un nombre, que la obligaría a ser muy seria y armar una verdadera plataforma para poder abrirse campo en el mapa internacional.
Luego de cuatro años en Miami, abrió las puertas en Bogotá, siempre con la decisión de promover el arte contemporáneo. Su ojo clínico como directora la ha llevado a enfrentar artistas en un mismo espacio para crear diálogos visuales, a traer propuestas de otros países para ampliar la visión local, a invitar curadores y directores de museo de talla mundial, y a apoyar artistas contemporáneos. “Pasamos por un gran momento en el arte. La galería es una plataforma para darnos a conocer al mundo”, dice, con absoluta claridad de su propósito. Uno de tantos, ya que su agenda es intensa: tiene viajes, exposiciones en camino, una fundación para mujeres con cáncer y el arte rondando siempre en su cabeza.
Galería Casas Riegner. En ArtBo expone las obras de Luis Roldán, Johanna Calle, José Antonio Suárez Londoño, Bernardo Ortiz y Antonio Caro.
Katy Hernández y Beatriz López, galeristas
Katy estudió historia del arte en México. Beatriz, literatura en Bogotá. La primera se dedicó a desentrañar archivos de fotografías y a realizar investigaciones. La segunda, a trabajar en la curaduría del arte contemporáneo. Cuando se unieron para crear la galería La Central, decidieron promover el arte joven nacional en el mundo y refrescar la escena local. Simple. Pero una tarea con dimensiones casi titánicas para un par de jóvenes de aspecto descomplicado y pinta relajada, que les implica trabajar de lleno en su proyecto para poder trascender las barreras nacionales. Ya hoy hay quienes las miran con total respeto y aseguran que resonarán muy duro dentro de muy poco. Y ellas se toman en serio esa credibilidad.
De hecho, montaron un modelo interdisciplinario para difundir proyectos que planteen relaciones originales con su entorno, y han decidido participar en ferias internacionales como Maco, Arco, Pinta y ArtRio, colaborar con otros espacios en el continente, proponer una actitud original en la escena local y no parar. Ni por un momento. Por eso estarán en ArtBo, y seguirán viajando para conquistar un espacio para el arte. Simple. Y nada fácil. Pero ellas se toman tan en serio su trabajo que están seguras de que lo lograrán.
Galería La Central. En ArtBo expone las obras de Carlos Bonil, Carolina Caycedo, Felipe Arturo, Pía Camil, Mateo Rivano y Miltos Manetas.
María Paz Gaviria, historiadora del arte y coleccionista
En su infancia, el arte era un juego. César y Ana Milena, sus padres, la llevaban a todas las exposiciones posibles. Así que su niñez se forjó entre muñecas y un mundo de artistas que le permitían juguetear alrededor de sus obras o detenerse frente a ellas para descifrarlas con la inocencia de los años jóvenes. Sus padres le permitían opinar y eso le posibilitó verlo todo desde un punto de vista emocional y reactivo, sin preconcepciones ni criterios previos, sino con la naturalidad del goce. Aquello permanece intacto. Aún hoy, para ella, el arte es un juego en el sentido de que la divierte y encuentra goce al abordarlo. Pero ahora es algo más: una pasión. Por eso mismo, esta historiadora del arte de sonrisa fácil y estilo refinado comenzó a atesorar pequeñas obras que le gustaban. A coleccionarlas. En principio, para ayudar a consolidar la colección de su padre, pero ahora simplemente porque despierta algo en ella.
“Uno no toma la decisión de volverse coleccionista. Es orgánico y se va dando en el camino”. María Paz elige lo que se lleva para sí sin rigurosidad definida. Más bien, igual a como lo hacía en su infancia. “Tengo un gusto diverso, pero me inclino por lo contemporáneo y las nuevas propuestas”. Lo que la sorprenda, en definitiva. El problema es uno solo: “Siempre existe la necesidad de encontrar y descubrir una cosa nueva. Y yo no soy de decisiones tomadas, sino de búsqueda permanente”. Más que acumular, siente que con su participación se involucra y apoya el arte nacional. “En una sociedad convulsionada como la colombiana, más que una inversión, es un aporte a los artistas”, dice. Y por ende al arte, y por lo tanto al país. Y también, recalca, mientras sonríe, “al alma propia”.

Ana Sokoloff, asesora
Vive y se desvive por el arte. Con la rigurosidad que le da vivir en Nueva York y trabajar de lleno en la metrópoli, Ana Sokoloff se ha convertido en una de las más importantes asesoras actuales para coleccionistas, museos y artistas, y eso la ha llevado a convertirse en el enlace que saca de dudas a los que no saben qué elegir. No le gusta admitir su vital papel, pero de alguna manera también ella sabe que oficia como la voz de la conciencia de todos los relatos, que sabe susurrar al oído la mejor elección. Tiene tanto de sicóloga como de consejera. Tanto de amiga como de académica. Tanto de conocedora como de ojo asombrado a la hora de asomarse a una nueva obra de arte. Muchos dicen que tiene el mejor ojo del mercado y que le basta una foto tomada con un celular para discernir el valor real de una obra.
Conocedora en profundidad del mundo artístico, con su talante estricto organiza viajes para coleccionistas a eventos y países latinoamericanos con la intención de que entiendan la cultura local. Trae a los patronos, a las juntas directivas de los museos y arma visitas guiadas para que se acerquen a obras desconocidas en otros países. Porque ama lo que hace. Y quiere incentivar el conocimiento por el arte de Latinoamérica. “Sueño con la gente que ama el arte y que se emociona adquiriendo, comprando y participando en este mundo. Yo acompaño el sueño de los que sueñan y en algún momento me meto en él”. Ella discierne qué es importante, hace el estudio, organiza la logística, participa en la etapa de negociación y no deja que su cliente se equivoque. Ana Sokoloff es la sicoanalista del artista y del coleccionista. Los entiende a todos y los reconcilia a través del arte.

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octubre
23 / 2011